Cosecha De Mujeres
Las Muertas de Ciudad Juárez
Para mi mamá, Tere, y toda mi familia; a la memoria de Monique Nicole,
y las demás estrellitas que se apagaron.
Las Muertas de Ciudad Juárez
Como conejos asustados nuestras lenguas
Enmudecen: voces inaudibles que rondan
Los confines de la muerte: donde la sangre
Del otro es aire envenenado: luz hiriente
Vivimos -como Henry Miller lo expusiera-
En el tiempo de la crueldad: en la edad
De los verdugos: y sólo contamos con las palabras Para separar el mito de la historia
El dolor de sus revelaciones: aquí estamos
Tratando de vivir a la altura de sus vidas
Buscando ser fieles a su ausencia
Jurando que la impunidad es una etapa temporal No el fragor que cubre nuestros pasos
No la polvareda de cenizas que carece de nombre Por ello sólo pedimos contar lo que sabemos Dar a conocer el relato veraz de cada herida Los sueños insepultos que la justicia nos debe.
Gabriel Trujillo Muño z
Un solo homicidio debería de ser indignante por sí mismo, pero los más de cuatrocientos asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y en el estado de Chihuahua en una década conforman uno de los más graves episodios criminales del país, una verdadera cosecha sangrienta de mujeres.
Agredidas sexualmente, mutiladas y asesinadas, sus cadáveres aparecen días, semanas o meses después de su desaparición en terrenos baldíos o lugares poco frecuentados, y las víctimas son en su mayoría de extracción social baja, trabajadoras inmigrantes y, con frecuencia, recién llegadas.
Las mujeres asesinadas parecen no importarle a nadie, sólo así se explica la indiferencia gubernamental y la constante ineficiencia policíaca para esclarecer estos crímenes. Aunque las teorías y las líneas de investigación abundan (muchas de ellas con hipótesis absurdas, ridículas y mostrando un evidente sexismo), ni las autoridades locales ni las federales han podido o querido hacer nada.