Cosecha De Mujeres

Diana W. Valdez · Capítulo 2 de 11

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Cosecha De Mujeres

Prologo

Ciudad Juárez es un lugar en donde abundan las maquiladoras que consiguen mano de obra barata, principalmente de mujeres jóvenes, sin otorgar ningún tipo de seguridad social. Una ciudad en la que los flujos migratorios y el boom de las maquiladoras en las décadas de 1970 y 1980

contribuyeron a un espectacular crecimiento de la población fronteriza en asentamientos irregulares, en especial de población femenina.

Y si a estas características sumamos el machismo, la explotación, la desigualdad, el prejuicio, la ignorancia, el fenómeno del narcotráfico, los intereses políticos, así como las profundas posiciones racistas y clasistas que caracterizan a gran parte de la sociedad, todo esto parece conformar un entorno socioeconómico propicio para la violencia y la impunidad.

Cosecha de mujeres no sólo aporta nuevos datos para actualizar esta estadística macabra, sino que también nos involucra en las historias de muchas de estas jóvenes mujeres asesinadas y de sus desesperadas familias por encontrar respuestas que expliquen estas crueles muertes.

Nadie puede permanecer indiferente o impasible ante esta enumeración de eventos trágicos que apabullan y mueven a la indignación y a la necesidad de hacer algo, aunque sólo sea exigir elemental justicia para las víctimas de estos asesinatos y medidas de verdad eficaces para garantizar que no haya una víctima más.

Durante años Diana Washington Valdez ha cubierto como reportera los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y los sucesos relacionados con el cartel de los Carrillo Fuentes.

La Texas Associated Press Managing Editors Association la premió con el primer lugar por su serie de artículos publicados bajo el título "Death Stalks the Border" (La muerte acecha la frontera) en junio de 2002 en El Paso Times.

Ha trabajado en varios medios de información de Estados Unidos y ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su labor periodística. Es licenciada en periodismo y maestra en ciencia política por The University of Texas en El Paso.

PROLOGO

La saña con que las mataban fue lo que al principio me llamó la atención. Ese día invernal de febrero de 1999, permanecí despierta hasta la madrugada, leyendo una serie de relatos que describían muerte por muerte.

Así comenzó todo. Pese a las afirmaciones de las autoridades, estos crímenes no tenían nada de normal y ya eran demasiados. Desde 1993, jovencitas, incluso niñas de sólo 12 años, eran violadas, estranguladas y mutiladas. Durante los últimos diez años, más de 400 mujeres han sido asesinadas y una cantidad indeterminada de ellas permanece en calidad de desaparecidas.

Una de las víctimas, Gladys Janeth Fierro, de 12 años, fue secuestrada en mayo de 1993, y al poco tiempo, la encontraron muerta. Sufrió abuso sexual y fue estrangulada. En septiembre de 1995, el cadáver de otra estudiante, Silvia Rivera Morales, de 17, fue localizado en un terreno al sur del Aeropuerto Internacional de Ciudad Juárez. Su seno derecho había sido cortado y el izquierdo mordisqueado por dentadura humana. Eso le hicieron a otras víctimas ese mismo año en uno de los predios en disputa, propiedad de familias influyentes.

Sagrario González, de 17 años, quien trabajó como obrera en una maquiladora, desapareció en abril de 1998 al salir de su trabajo. Después de varios días, su cuerpo fue encontrado en un lote baldío ubicado al oriente de la fábrica donde trabajaba. Las autoridades establecieron que la joven fue ultrajada, estrangulada y apuñalada. En 1996, otras ocho mujeres fueron localizadas en una región desértica de Juárez conocida como Lomas de Poleo, cerca de El Paso, Texas.

El hallazgo de estos cadáveres en las tierras conocidas como Lote Bravo y Lomas de Poleo se incluyó en los expedientes analizados por los perfiladores de criminales del FBI durante su visita a Juárez, en marzo de 1999. Los expertos de Estados Unidos fueron enviados a la frontera luego de que el presidente mexicano, en ese entonces Ernesto Zedillo, y el presidente estadounidense Bill Clinton abordaran el caso de los crímenes contra mujeres en Juárez, durante su encuentro en la ciudad de Mérida, Yucatán, en febrero de 1999. Sin embargo, cinco años después, los asesinatos de las mujeres en Juárez de nuevo fueron tema de diálogo entre los dos mandatarios, George W. Bush y Vicente Fox.

Según declaraciones de funcionarios mexicanos, se grabó un gran triángulo en las espaldas de algunas de las víctimas, mediante un cuchillo o algún otro instrumento cortante. En Asia, un triángulo es un símbolo vinculado con los políticos de ultraderecha. También ha sido utilizado por algunas sociedades y logias secretas, incluso hasta por los nazis.

Me resultaron muy inquietantes los relatos que leí esa noche de 1999.

Aunque no todos los crímenes estaban relacionados entre sí, en los hechos todos ellos mostraban una extrema violencia. En apariencia, las víctimas eran escogidas y sus secuestros estaban muy bien organizados. Las mujeres desaparecían en la zona centro, a plena luz del día, sin que nadie oyera u observara algún detalle en particular. Al principio, creí que esos crímenes eran obra de un par de depravados asesinos bajo protección policíaca, gracias a sus vínculos con el bajo mundo. Había indicios de ello. Después, tuve conocimiento de que existía algo mucho más turbio y complejo detrás de esta cosecha de muerte. Al parecer los criminales eran hombres poderosos que gozaban de influencia en las más elevadas esferas del gobierno mexicano. Pero los investigadores mexicanos, quienes sabían que estos hombres escogían a sus víctimas entre las jovencitas miembros de familias muy pobres, nada hicieron para frenarlos. Una antropóloga de Brasil describió a esta agrupación y a sus cómplices como una "cofradía"

que se valía de estas muertes para demarcar su territorio y sellar un pacto de silencio, mientras que una socióloga de Juárez calificó estos asesinatos como feminicidios y les atribuyó tinte sexual. Homicidas en serie, pandillas salvajes y "puchadores" de droga también se consideraron responsables pero lograron eludir su responsabilidad en los asesinatos de las mujeres en Juárez.

Los crímenes que convirtieron a esta ciudad fronteriza en la capital mundial de los asesinatos de mujeres no comenzaron de la noche a la mañana. Tuvieron sus inicios en la guerra sucia de México, cuando apenas se iniciaba una red de cayos del narcotráfico, empresarios, militares, policías y funcionarios corruptos. Y estas muertes estaban surgiendo en otros lugares de México y Centroamérica. El terror y la desenfrenada violencia vinculada al cartel de los Carrillo Fuentes fueron de gran utilidad para encubrir a los poderosos juniors, a quienes un funcionario federal atribuyó la comisión de estos asesinatos para proteger sus intereses financieros. Por muchos años, los sospechosos permanecerían ocultos. Pero al final, el velo fue descubierto y esto provocó una serie de amenazas. En el año 2004, tres policías mexicanos me enviaron un mensaje de advertencia para que detuviera y abandonara mi investigación. Otra fuente mexicana me reveló que "Los juniors están preocupados; no quieren que sus nombres sean divulgados"