El Dia D

Anthony Beevor · Capítulo 17 de 25 · parte 2/3

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El Dia D

Capítulo 23

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

Cuerpo.45

Aunque algunas zonas de la región parecían no haber sufrido prácticamente los estragos de la guerra, en otras las escenas de destrucción eran espantosas. Casi todos los que vieron la localidad de Aunay- Bretaña y la Operación Bluecoat 495

sur-Odon quedaron conmocionados. Este importante pueblo llevaba sufriendo bombardeos desde el 11 de junio, y acaba de ser arrasado de nuevo por la artillería del XXX Cuerpo. «Aparte de la torre con chapitel de la iglesia y tres cascos de casas, está completamente arrasado», anotó en su diario un oficial de caballería.46 Otro oficial, en este caso de artillería, estaba consternado por haber participado en aquel desastre. «Tenías que aprender realmente a distanciarte de ese tipo de cosas si querías cumplir con tus obligaciones militares», comentaría más tarde. «Lo único que podías hacer era disparar y rogar a Dios que los franceses se hubieran marchado ya.»47

La aparición de supervivientes en los pueblos arrasados por las bombas y los proyectiles de los morteros siempre parecía un milagro. André Heintz, de la Resistencia de Caen, había seguido hasta las ruinas de Villers-Bocage a los equipos encargados de limpiar los campos de minas. Al llegar pudo contemplar los restos de los tanques alemanes y británicos de la batalla de

junio, aplastados unos contra otros. Describió aquel espectáculo como «un amasijo de acero».48 Descubrió

que en el castillo de Villers, situado en un extremo del pueblo, el vizconde de Rugy, alcalde de la localidad, había dado cobijo a doscientas personas en un sótano parecido a un túnel. El estado de todas ellas era

«patético». En otro pueblecito, un soldado del 4.° de Infantería Ligera (Somerset) tuvo que apartarse de su grupo un momento para hacer sus necesidades. Sus botas militares con clavos resbalaron al cruzar entre un montón de escombros. Al caer, su mano dio con algo blando. Era la mano herida de una niña. Entonces oyó la orden de su jefe de patrulla: «¡A formar, muchachos! ¡Es hora de seguir adelante!». Todo lo que pudo hacer fue garabatear en la losa una cruz y. las letras R. I. P.49

Los soldados, conmovidos a menudo por los animales, no fueron indiferentes a la situación en la que se encontraban las bestias abandonadas.

Las vacas sin ordeñar se morían de dolor. Permanecían quietas para evitar cualquier movimiento que les hiciera balancear las ubres. Los muchachos procedentes de zonas rurales se ponían a ordeñarlas inmediatamente para aliviar su presión. Un oficial médico quedó conmovido ante una tristísima escena: «Un potrillo se movía describiendo un pequeño círculo alrededor de su madre que acababa 496

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de morir. Con sus cascos había dejado la hierba chafada, dibujando ese mismo círculo, y el animal no quería apartarse de su madre».50

Mientras por la derecha la 11.a División Acorazada seguía combatiendo contra la 10.a SS Panzer-Division Frundsberg al este de Vire, junto a la cota de Perrier, y la División Acorazada de la Guardia abría una gran brecha en el frente alemán, el XXX Cuerpo se acercaba por fin a Mont Pincon. La infantería montada en tanques respiraba a duras penas debido a la espesa capa de polvo rojizo que cubría esa zona. El ataque estaba previsto para el lunes 6 de agosto. Muchos soldados y suboficiales recordaron que ese día era fiesta en Inglaterra. Así comenzaron a evocar imágenes de sus familias y del mar, pero apenas tuvieron tiempo de seguir con sus sueños. El enérgico general Thomas de la 43.a División (Wessex) no dejaba de ejercer la máxima presión sobre sus subordinados, como recordaría el oficial al mando de uno de los regimientos acorazados que le prestaban apoyo. «Los comandantes de las brigadas y los batallones de la 43.a División tenían bastante miedo de Von Thoma, quien a su vez los irritaba de mala manera

cuando insistía en que debían "pelear en sus batallas", y no los dejaba en paz una vez dadas las últimas órdenes del plan.»51

Julius Neave, al frente de un escuadrón del 13.°/18.° de Húsares, estaba resignado a librar otra dura batalla. «Pretendemos conquistar M[ont].

P[incon] —la altura más importante de Normandía— con una brigada de infantería con las fuerzas mermadas y un regimiento acorazado exhausto.»52 Incluso durante la reunión de jefes celebrada en el cuartel general, se vieron sorprendidos por el «feroz bombardeo»

de los morteros alemanes.

La infantería estaba aún más desmoralizada ante aquella perspectiva.

«Cuanto más cerca estábamos de nuestro objetivo», escribió el cabo Proctor, «más imponente nos parecía la misión. Las tierras bajas de las laderas eran campos de cultivo divididos por enormes setos en pequeñas parcelas. En lo alto había bosques. La cima parecía estar cubierta de aulagas. Fuera del alcance de la vista, en la cresta de la colina, había unas instalaciones de radar alemanas que debían ser des- Bretaña y la Operación Bluecoat 497

truidas, A los pies del monte discurría un arroyo que íbamos a tener que cruzar».53 El día era sofocante y caluroso.

La artillería abrió una cortina de fuego a las 15:00 horas. Los del 4.°

Somerset avanzaron por la izquierda, y el 5.° Batallón del Regimiento Wiltshire, por la derecha. Unos cien metros después del arroyo, sus flancos y el frente se vieron sorprendidos por el fuego intenso de las ametralladoras.

Todas las compañías que iban a la cabeza quedaron inmovilizadas por la lluvia de proyectiles. Algunos hombres dieron marcha atrás con la intención de refugiarse en la orilla del riachuelo, que se llenó muy pronto de soldados.

«Enseguida fue evidente que éramos muchos los que buscábamos algo de protección», escribió el sargento Partridge del Regimiento Somerset.54 Los del Somerset y los del Wiltshire esperaban que los alemanes se quedasen sin municiones, pero la intensidad de sus disparos no disminuía nunca. Los del Wiltshire fueron de los más castigados y se quedaron sin su oficial al mando. El sargento primero de la compañía de Partridge perdió su nariz de un disparo. Cuando vio que se tambaleaba hacia atrás mientras sostenía unas vendas de campaña apretadas contra la cara, Partridge acudió en su ayuda y lo acompañó hasta el puesto de socorro del regimiento, situado cerca del cuartel general del batallón. Allí se enteró de que el comandante Thomas, oficial al frente de la Compañía B, había sido abatido al lanzarse

solo al asalto de una ametralladora alemana. «Muy valeroso», escribió Partridge, «pero hacía tiempo que había aprendido que los soldados muertos no ganan batallas, y mi principal obligación era seguir con vida y preservar las vidas de todos los que me fuera posible».

Llegó una orden tajante del oficial al mando diciendo que había demasiados suboficiales en el puesto de socorro. «Por favor, reúnanse con sus tropas.» Partridge reconoció que se trataba de un reproche bien merecido. Regresó a la Sección 17, donde encontró a «cuatro tíos en una trinchera abandonada llorando a lágrima viva». Aquellos recién llegados no eran unos adolescentes, sino hombres de treinta y muchos años, «demasiado viejos para vivir la vida que llevamos». Procedían de una unidad antiaérea desmantelada, y habían sido mandados por delante sin entrenamiento de infantería en un desesperado intento de rellenar los batallones de primera línea.

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Poco antes del anochecer, un Sherman del 13.°/18.° logró cruzar el arroyo y proporcionar fuego de cobertura, pero las posiciones de las ametralladoras alemanas estaban muy bien camufladas. Se adoptó un plan diferente. Una vez hubo caído la noche, las compañías fueron reorganizadas. Empezaron a avanzar detrás de una cortina de humo en fila de a uno lo más sigilosamente posible. Se comprobó el equipo de cada hombre para asegurarse de que no hubiera nada que hiciera ruido.

Aunque no creían que pudieran pasar sin que nadie los viera o los oyera, continuaron subiendo por la ladera. Podían oír las voces de los alemanes a uno y otro lado, pero por fortuna no se toparon con ninguna de esas posiciones de ametralladora. Las dos primeras compañías del 4.°

Regimiento Somerset llegaron a la cima, y no tardaron en unírseles las otras dos. Intentaron abrir trincheras con el fin de prepararse para el inevitable contraataque alemán, pero comprobaron que el suelo era de roca.

El sargento Partridge oyó un ruido de lo que parecía un Pan-ther o un Tiger. Entre murmullos hizo llegar al hombre encargado del arma antitanque que le pasara el lanzagranadas PIAT

(lanzador antitanque de infantería, PIAT por sus siglas en inglés). Pero el soldado se disculpó. El PIAT era demasiado pesado para subirlo por la colina y lo había dejado atrás. Partridge mostró un gran dominio de sí mismo al no estrangularlo en el acto. En realidad, el tanque que les causaba

tanta alarma en la oscuridad pertenecía casi con toda certeza al 13.°/18.° de Húsares, uno de cuyos escuadrones había encontrado una ruta hasta lo alto del Mont Pincon a primera hora de la noche. En medio de la confusión, no sabían, al parecer, que la infantería ya había llegado a la cima, y pedían por radio que les enviaran apoyo. Su oficial al mando les mandó otro escuadrón, al tiempo que solicitaba urgentemente refuerzos de infantería. El 7 de agosto por la mañana, la altura más elevada de Normandía estaba por fin en manos de los británicos. En realidad, los alemanes se habían esfumado. Su retirada respondía a un intento absolutamente necesario de recortar sus líneas, en parte con el fin de compensar el traslado de la 1.a División Acorazada de la SS para el contraataque que se preparaba en Mortain.

Bretaña y la Operación Bluecoat

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La Operación Bluecoat había sido el punto culminante de una dura batalla en una y otra ladera. El 4.° Regimiento Somerset había perdido

«más hombres en cinco semanas que [los que perdería] en los nueve meses siguientes hasta el final de la guerra».ss Más al oeste, en dirección a Vire, la 10.a División Acorazada de la SS Frundsberg había sido pulverizada por la 11.a División Acorazada y la División Acorazada de la Guardia. El cuartel general de Eberbach había informado la noche anterior de «duros ataques del enemigo a lo largo de casi todo el frente». En un último esfuerzo, la Frundsberg había lanzado un contraataque contra la 11.a División Acorazada al sur de Presles en un intento de cerrar la brecha existente entre el 7.° Ejército y la Panzergruppe West.

Al día siguiente, cuando la Panzergruppe West se convirtió oficialmente por orden de Hitler en el 7.° Ejército Acorazado, Eberbach comunicó que en la 10.a División Acorazada de la SS sólo había «tres tanques utilizables». Tenía que retirarla de la primera línea. El «espíritu de lucha»

de su ejército era «insatisfactorio» como consecuencia de las «pérdidas, de la retirada y del agotamiento». No cabía ni siquiera plantear el repliegue del II Cuerpo Acorazado, o de la 12.a División de la SS HitlerJugend, o de la 21.a División Acorazada para que participaran en el contraataque de Mortain. Hasta Kluge advirtió que «era ya una decisión grave retirar la 1.a División Acorazada de la SS».57 Ese mismo día, el Grupo de Ejército B

comunicó que desde la invasión había sufrido 151.487 bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos. Y había recibido menos de 20.000 reemplazos.58

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La contraofensiva de Mortain

El 2 de agosto, justo antes de la medianoche, el general de artillería Warlimont llegó al castillo de La Roche-Guyon procedente de Prusia oriental. Había volado hasta Estrasburgo, donde lo aguardaba un coche oficial. Sus órdenes eran hacer una evaluación de la gran ofensiva americana, pero aquel día la Panzergruppe West había estado mucho más preocupada por el embate de los británicos contra Vire, junto con el ataque del XXX Cuerpo de Ejército. «La situación es todavía más grave», comunicó Eberbach. «Los aliados intentan empalmar las distintas cuñas de penetración por el flanco occidental y por el centro del frente.»1

La noche antes de que Warlimont abandonara la Wolfsschanze, él y Jodl habían sido convocados por Hitler. Habían discutido la opción de la retirada al bajo Sena, pero los meandros y las revueltas del río hacían que la línea resultara muy difícil de defender.2 El Führer estaba indeciso. Era sumamente reacio a desaprovechar el contacto-con España y Portugal, con la consiguiente pérdida de materias primas. Replegarse habría supuesto también el fin de las bases de submarinos en la costa del Atlántico. Hitler se mostró más realista de lo que esperaba Warlimont, aunque le dio órdenes sumamente estrictas de no discutir el asunto con Kluge. «En cuanto está preparada una línea de defensa por detrás de la línea del frente», comentó el Führer, «mis generales no piensan más que en replegarse a ella».3

Tras mantener una conversación con Kluge, Warlimont visitó diversos cuarteles generales de campaña. Vio al general Eberbach, de la La contraofensiva de Mortain

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Panzergruppe West, y a Sepp Dietrich, del I Cuerpo Acorazado de la SS, en el frente de Caen. Parece que el bullicioso Meindl fue el que habló con más franqueza, especialmente cuando Warlimont realizó el dramático relato de las ocasiones en que había estado a punto de ser alcanzado por los cazas aliados durante el viaje. Meindl diría luego de Warlimont: «Pertenecía a la serie de soldaditos de juguete en cuyas manos el hado había puesto nuestra fortuna».4 Todos los oficiales con los que habló Warlimont estaban

«descorazonados» por el abrumador efecto del poderío aéreo de los aliados.

El 4 de agosto por la mañana, Warlimont regresó al cuartel general de Kluge en La Roche-Guyon. Acababa de ser recibida una orden de Hitler en la que se decía que debían concentrar todas las divisiones acorazadas y

atacar Avranches con el fin de cortar las líneas de comunicación de Patton.

La operación iba a llamarse Lüttich. El propio Kluge ya había considerado llevar a cabo un plan similar, pero temía

«no poder aguantar la línea y lanzar al mismo tiempo la contraofensiva».5 Pero como se sospechaba que había estado complicado en la conjura de la bomba, Kluge no estaba en condiciones de oponerse a la voluntad del Führer.

Desde la reunión mantenida con Jodl y Warlimont, la actitud de Hitler se había vuelto más rígida y ahora rechazaba cualquier idea de retirada. El jugador que había en él, junto con su afición por lo teatral, le había inspirado una de sus fantasías sobre el mapa. Había estado contemplando los símbolos de las divisiones sobre el papel, negándose al mismo tiempo a reconocer que la mayoría de ellas habían quedado reducidas a una fracción de la que era teóricamente su fuerza. Para él, la idea de aislar al 3.er Ejército de Patton resultaba irresistible. Justificaba además su idea de aguantar en Normandía aduciendo que casi todas las divisiones de infantería carecían de medios de transporte mecanizados. La retirada las habría dejado, pues, a merced de las divisiones blindadas estadounidenses y de las fuerzas aéreas aliadas. Al mismo tiempo, cuando planeó la Operación Lüttich, se negó a tener en cuenta el poderío aéreo de los aliados. Semejante actitud era típica de su propensión a ver sólo lo que le convenía. 502

ElDía D

El tiempo corría en su contra, como sabía Kluge mucho mejor que Hitler. El 4 de agosto por la noche, Patton regresó de Bretaña y se entrevistó con Haislip, comandante del XV Cuerpo. Bradley había dado órdenes al 3.er Ejército de que atacara por el este, a lo largo del frente abierto de los alemanes. Menos de dos horas después, Haislip informaba a los comandantes de sus divisiones de que a la mañana siguiente iban a lanzar una ofensiva. La 79.a División de Infantería debía tomar Laval, mientras que la 90.a debía tomar la ciudad de Ma-yenne, un poco más al norte.

Patton se había mostrado bastante mordaz al referirse a la 90.a División de Infantería tras encontrársela en la carretera, al este de Avranches, tres días antes. «La división está en malas condiciones, hay poca disciplina, los hombres están sucios y los oficiales son apáticos, muchos de ellos se quitan las insignias y disimulan las marcas de sus cascos. Vi a un teniente de artillería saltar de su jeep y esconderse en una zanja cuando un avión voló sobre ellos a gran altura y se puso a disparar un poco.»6 Pero a las órdenes

de su nuevo comandante, el general Raymond McLain, la 90.a División demostraría enseguida cómo una formación baja de moral podía dar un giro de ciento ochenta grados gracias a un buen liderazgo y a un cambio de las circunstancias. El 5 de agosto, la 90.a tomó la ciudad de Mayenne en sólo seis horas. El principal puente sobre el río había sido minado, pero

«un chico francés de unos quince años se subió al puente y cortó los cables».7 La 79.a tomó Laval a la mañana siguiente. El ataque de los americanos contra Bretaña, aunque no hubieran logrado conquistar ningún puerto importante, había servido en cualquier caso para distraer a los alemanes de la amenaza real que se cernía sobre su flanco sur. No habían esperado nunca que el 3.cr Ejército avanzara hacia el este con tanta rapidez.

Patton seguía desdeñando en privado la preocupación de Bradley por la posibilidad de que los alemanes lanzaran una gran contraofensiva al norte de su posición, cerca de Mortain. «Personalmente no doy mucho crédito a esa posibilidad», había anotado en su diario el 1 de agosto, cuando Bradley le había planteado el asunto. Al día siguiente se puso hecho una furia cuando Bradley ordenó que se reforzara el extremo del frente, en las cercanías de Fougéres. Patton pensaba que La contraofensiva de Mortain 503

Bradley estaba siendo tan excesivamente cauteloso como lo habían sido los británicos. Pero el instinto de Bradley era acertado, aunque en ese momento no tuviera informaciones del servicio de inteligencia que confirmaran sus sospechas.*8

Para Patton, el problema más urgente era de orden logístico. Sus divisiones acorazadas andaban escasas de combustible y sus fuentes de aprovisionamiento seguían estando al norte de Avranches. En la retaguardia las carreteras estaban atascadas de columnas de camiones de pertrechos y de tropas. La policía militar se veía sobrepasada cuando intentaba controlar de algún modo el tráfico que pasaba por el cuello de botella de Avranches veinticuatro horas de veinticuatro. Incluso los comandantes de las divisiones y los distintos cuerpos de ejército intentaban sortear el caos como podían. «Aproximadamente 13.000 camiones, tanques, jeeps, semiorugas y obuses cruzaban por el puente de Pontaubault, a una media de un vehículo cada treinta segundos.»9 La Luftwaffe, que había recibido la orden de hacer todo tipo de sacrificios para atacar la ruta de Avranches, efectuaba incursiones aéreas de día y de noche con bombarderos y cazabombarderos.

Pero los americanos, que habían sobrestimado sus necesidades de

batallones de artillería antiaérea en Normandía, pudieron concentrar una potencia de fuego formidable en torno a los principales puentes al sur de Avranches.

Mientras daba comienzo el avance hacia el este del 3.er Ejército de Patton, el l.er Ejército de Hodges continuaba acorralando a los alemanes al sur de Vire. Por la derecha, la 1.a División de Infantería norteamericana recibió la orden de avanzar hacia Mortain y luego crear un nexo de unión con las fuerzas de Patton situadas al sur. La 1.a División de Huebner había tomado Mortain y había asegurado

* El único indicio de que los alemanes pudieran estar planeando algo llegó el 2 de agosto a través de Ultra. El comunicado decía que la 2.a División Acorazada había llevado a cabo «movimientos de retirada» en el disputadísimo sector situado al sur de Vire, y que la posición de la 1.a División Acorazada no había cambiado.

[T N AD E FE 3 /6 5 .]

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la principal altura que dominaba la ciudad, la Colina 314, llamada los Rochers de Montjoie. Cuando el comandante del cuerpo de ejército al que pertenecía, el general Collins, le recordó la importancia de la cota, Huebner pudo darle una respuesta satisfactoria:

—Joe, ya la tengo.10

Mortain era una localidad tranquila en medio de un paisaje espectacular.

La población, alargada y estrecha, se hallaba situada en lo alto de la ladera oeste de la colina de Montjoie, con el barranco del río Canee a sus pies. En el extremo norte del pueblo había dos cascadas. La mayor parte de las casas tenían una vista magnífica del barranco y de las empinadas colinas situadas al fondo. Avranches se encontraba a menos de 30 km a vuelo de pájaro.

Los franceses que habían intentado escapar de los combates que se libraban más al norte habían buscado refugio allí. La mayoría había llegado a pie, pues los alemanes habían requisado sus bicicletas y sus carretas para huir. Los refugiados envidiaban a los habitantes de Mortain porque su ciudad no había sufrido ningún daño. Los que podían permitírselo, almorzaban agradablemente en el Hotel Saint-Michel y soñaban con la paz venidera. Los únicos signos de la guerra eran los aviones aliados que volaban sobre sus cabezas. Los alemanes de las inmediaciones eran prácticamente invisibles durante el día, y sólo aparecían cuando oscurecía.

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Desde detrás de las cortinas, otros habitantes de la comarca observaban la retirada de los alemanes hacia Domfront. «Algunas tropas siguen en buen estado, otras se encuentran completamente relajadas, hombres a caballo, en carretas, empujando carretillas. Todo eso nos recuerda el éxodo del 40.»n Cuando los alemanes ordenaban a los.ha-bitantes de las aldeas y los pueblos evacuar sus poblaciones, el alcalde les aconsejaba simplemente esconderse en los pajares y en el campo. Cuando los combates estaban cerca, las madres comprobaban que sus hijos llevaran etiquetas cosidas a la ropa con la dirección de algún pariente, por si a ellas las mataban.

El 5 de agosto por la noche, el general Huebner recibió la orden de trasladar la 1.a División de Infantería a Mayenne. Al mismo tiempo, la 30.a División de Infantería, de reserva cerca de Tessy-sur-Vire, debía trasladarse de inmediato a Mortain en camiones para relevar

La contraofensiva de Mortain

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a las tropas de Huebner. Pero se tardó algún tiempo en reunir los medios de transporte necesarios y, por si fuera poco, las carreteras estaban tan atascadas

que los convoyes de la 30.a División avanzaban a una media de poco más de 5

km por hora. Sus primeros efectivos no llegaron a Mortain hasta el 6 de agosto a media mañana. Los oficiales de la 1.a División les informaron de la situación. El sector estaba tranquilo, excepto por algunas salvas de artillería y la actividad de algunas 506

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patrullas en el flanco de la colina de Montjoie. No ocultaron, sin embargo, su sorpresa ante el hecho de que la noche anterior la Luftwaffe atacara Mortain con bombas y cargas incendiarias. El ataque no había sido muy efectivo, de modo que nadie lo consideró significativo. Cuando el coronel Hammond D. Birks, el oficial la mando del 120.° Regimiento de Infantería, llegó a Mortain, se encontró las tiendas abiertas y los hoteles llenos de gente. A algunos de sus hombres les

«pareció un lugar excelente para disfrutar de un pequeño descanso y un poco de relax», comentó.12 Pero de repente dio la sensación de que el ambiente cambiaba por completo. «Cuando llegamos aquí», escribiría luego un sanitario del 120.° Regimiento de Infantería, «los pocos franceses que quedaban en el pueblo empezaron de pronto a desaparecer. Llegó a nuestros oídos el rumor de que los franceses habían sido avisados de que los alemanes estaban a punto de atacar y habían ido a refugiarse a unas cuevas situadas cerca del pueblo. Esta información parecía totalmente increíble y seguimos tumbados ociosamente en la hierba».13

El 2.° Batallón del 120.° Regimiento se apeó de los camiones en la calle mayor de Mortain y escaló la parte rocosa de la cresta de Montjoie para ocupar las posiciones de la 1.° División alrededor de la Colina 314. Su oficial al mando, el teniente coronel Hardaway, tomó la desafortunada decisión de establecer su puesto de mando en el Grand Hotel, en el casco urbano, y no en lo alto de la Colina 314, junto con su batallón. Otras compañías se situaron en los puestos de bloqueo que conducían a la ciudad por el norte y por el sur. Un batallón fue enviado también al sureste de la población para asegurar la pequeña localidad de Barenton.14

La mayoría de las divisiones alemanas estaban ya escondidas en sus puestos de reunión en el sector Sourdeval-Mortain. La división Das Reichyh. 116.a Acorazada se habían retirado el día 3 de agosto aprovechando la oscuridad. La 1.a División Acorazada de la SS Leibstandarte AdolfHitler se había replegado también abandonando la línea sur de Caen para unirse al ataque, pero tenía un largo camino que recorrer. Los restos de la 17.a División de Granaderos Acorazados Gótz von La contraofensiva de Mortain 507

Berlichingen fueron enviados a reforzar la Das Reich, cuya misión era cubrir el flanco sur de la ofensiva y atacar Mortain. Por el centro, la principal fuerza debía estar formada por la 2.a División Acorazada, que tenía que dirigirse sin dilación a Juvigny-le-Tertre, otros 25 km más allá. En el flanco norte, la 116.a División Acorazada debía atacar desde las proximidades de Mont Furgón, al este de Sourdeval. En cuanto llegara a su destino, la 1.a División Acorazada Leibstandarte AdolfHitler debía pasar entre las otras unidades cuando éstas rompieran las líneas de los americanos, y proseguir sin dilación hacia Avranches. Jodl advirtió a Kluge que Hitler deseaba que el ataque se hiciera con la máxima fuerza y le dijo que retrasara la ofensiva hasta el 8 de agosto. Pero Kluge, que acababa de enterarse de que los americanos avanzaban desde el río Mayenne hacia Le Mans, pensó que no podía esperar. Detrás de Le Mans se enconaba la base de aprovisionamiento del 7.a Ejército de Alencon.

Kluge, Hausser y su jefe del Estado Mayor, Gersdorff estudiaron esta amenaza. Los alemanes habían capturado un mapa americano que mostraba una ofensiva desde Le Mans contra París, pero no hacia el norte, lo que habría supuesto dejarlos aislados. Este hecho los indujo a pensar que los aliados no pretendían rodearlos. Los feroces ataques británicos fueron «los mayores obstáculos a la hora de tomar la decisión», anotó Gersdorff. Hitler no mostraba demasiada preocupación por el avance del 3.er Ejército. En su opinión, sólo significaba que la ofensiva no serviría más que para aislar un número todavía mayor de tropas americanas.

Kluge veía la ofensiva de Avranches como un medio de perjudicar a los aliados antes de retirarse al Loira por el sur y al Sena por el este. Hitler, por su parte, con su optimismo enloquecido, la veía como un primer paso hacia el restablecimiento del frente existente en Nor-mandía a comienzos de julio. El OKW prometió mil cazas en apoyo de la operación, pero ninguno de los máximos comandantes creía que fuera a cumplir su palabra. «Habían sido engañados muchas veces en el pasado y pensaban que iban a ser engañados de nuevo», reconocería Warlimont una vez acabada la guerra.15 Pero él mismo había sido uno de los que habían engañado a Hitler, convenciendo a los generales de que la situación era mejor de lo que en realidad era. 508

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La Operación Lüttich debía ser dirigida por el general de las tropas acorazadas, barón Hans von Funck, comandante del XLVII Pan-zerkorps, que causaba desagrado a todo el mundo. El teniente general conde Gerhard von Schwerin, el hombre intelectualmente presumido que estaba al mando de la 116.a División Acorazada, ya había tenido una serie de furibundas peleas con

Funck por la forma en que había manejado el contraataque al oeste del Vire el 28 de julio. Funck había acusado a la 116.a División Acorazada de

«resistencia pasiva, cobardía e incompetencia».16 Schwerin se había enzarzado ahora en una nueva discusión con Funck por la lucha para mantener el punto de partida de la Operación Lüttich. La 84.a División de Infantería, recién llegada a la zona y situada a su derecha, que supuestamente debía encargarse de ese sector, estaba empezando a ceder debido a la reanudación de los ataques americanos. Además Funck creía equivocadamente que Schwerin no había trasladado a la 2.a División Acorazada un batallón de Panther, como le habían ordenado. Exigió que Schwerin fuera relevado del mando. Como el ataque estaba a punto de comenzar, el Oberstgruppenführer Hausser se negó. Es evidente que todos los oficiales de mayor rango estaban muy nerviosos.

El 6 de agosto, a las 15:20, menos de cuatro horas antes de la hora a la que debía dar comienzo la ofensiva, el mariscal Von Kluge recibió un comunicado por radio que empezaba de un modo conocido por todos: «El Führer ha ordenado...». La Operación Lüttich, decía, no debe ser dirigida por el general Von Funck, sino por el general Eberbach. Hitler odiaba a Funck porque había sido oficial del Estado Mayor personal del Generaloberst barón Werner von Fritsch, al que el Führer había destituido en 1938. En 1942, Funck estaba destinado a asumir el mando del Afrika Korps, pero Hitler nombró en su lugar a Rommel.17

Kluge quedó aterrado ante aquella decisión. Llamó inmediatamente por teléfono al OKW en Prusia oriental para protestar diciendo que un cambio de mando unas pocas horas antes de que diera comienzo la ofensiva era

«prácticamente imposible». Cuando le respondieron que la operación debía ser retrasada, como quería el Führer, Kluge contestó: «El ataque debe llevarse a cabo esta noche. Si esperamos más, tendríamos que hacer frente a un grave deterioro La contraofensiva de Mortain

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de nuestra situación. La demora de un solo día acarrea el peligro de que las fuerzas aéreas del enemigo destruyan las zonas de reunión».18

Kluge logró persuadir al OKW de posponer la cesión del mando a Eberbach, pero tenía además otros quebraderos de cabeza. Los elementos avanzados de la 1.a División Acorazada de la SS heibstandarte AdolfHitler no habían llegado más que hasta Flers. Kluge llamó por teléfono al cuartel general del 7.° Ejército para decir que tenía dudas de poder llegar a tiempo. Aunque la Leibstandarte había empezado a replegarse el 4 de agosto por la noche, su traslado a la zona de Mortain se había visto retrasado por una repentina acometida de los canadienses, y luego por los atascos de tráfico y un violento ataque aéreo. Pese a los temores

que abrigaba Kluge de que se produjeran incursiones de bombardeo en sus zonas de encuentro, la jornada experimentó «muy poca actividad aérea».19 La 2.a División Acorazada de la SS Das Reich estaba bien escondida bajo las hayas y los robles del antiguo bosque de Mortain, una cresta frondosa de forma alargada situada al sureste de la localidad. A la derecha tenía al Regimiento de Granaderos Acorazados Führer, en el centro al grupo de combate de la 17.a División de Granaderos Acorazados de la SS Gótz von Berli-chingen, y a la izquierda estaba el Regimiento Deutschland, apoyado por el 2.° Regimiento Acorazado de la SS, dispuesto a doblar hacia el suroeste después de pasar por Mortain. La 30.a División de Infantería norteamericana, situada en Mortain y sus inmediaciones, todavía ignoraba casi por completo lo que se avecinaba. La 4.a de Infantería, que estaba en la reserva, anotó en.su diario de operaciones:

«La guerra parece prácticamente acabada».20

Este optimismo se vio estimulado por la noticia de que Turquía había roto sus relaciones con Alemania, por los intentos de Finlandia, Bulgaria «y posiblemente Hungría» de salir de la guerra, por los avances de los americanos hacia Brest y Mayenne, y por la llegada del Ejército Rojo a las afueras de Varsovia y a la frontera de Prusia oriental. El 6

de agosto, el 12.° Regimiento de Infantería de la división finalmente se retiró a descansar en un «bonito vivaque cerca del pintoresco pue-blecito de Brécey.

Enseguida se tomaron disposiciones para la insta-5io ElDía D

lación de duchas, espectáculos, películas y chicas "donuts" de la Cruz Roja.

Por primera vez desde el Día D los chicos de ojos hundidos y mejillas demacradas del 12.° grupo de combate pudieron relajarse».21

Aquella tarde y noche, los decodificadores de Bletchley Park empezaron a trabajar febrilmente en una verdadera oleada de interceptaciones. Habían pedido a la Luftwaffe que proporcionara protección nocturna con cazas a la 2.a División Acorazada de la SS con vistas a un ataque sobre Mortain y sus alrededores. La 2.a y la 116.a División Acorazada, así como la Leibstandarte, fueron identificadas también como integrantes de un ataque cuyo punto de partida se hallaba entre Mortain y Sourdeval.22 Aunque más escéptico frente a las informaciones de Ultra que la mayoría de los comandantes, a Bradley no le quedaba la menor duda respecto a la seriedad del ataque.23 Se aseguró de que todos los batallones de artillería disponibles fueran enviados urgentemente al sector amenazado, entre los ríos Sée y Sélune. Se remitió un mensaje a la 30.a División de Infantería instándole a reforzar el batallón de la Colina 314, que dominaba Mortain, pero parece que no llegó a tiempo. Por el noroeste, el alcalde de Le Mesnil-Tove advirtió al oficial al mando de una

compañía del 117.° Regimiento de Infantería de la 30.a División que había tropas alemanas con tanques escondidas en los bosques en las cercanías de Bellefontaine, detrás de las líneas americanas. Cuando el comandante de la compañía informó

de la noticia, el cuartel general de su división le respondió que «dejara de propagar rumores».24

El inicio del ataque, que originalmente debía producirse a las 18:00, fue retrasado varias veces por la demora de la Leibstandarte. Además, se hicieron cambios de última hora en las formaciones, sobre todo porque otras unidades que debían reforzar la operación no llegaron a tiempo a consecuencia de la presión de los aliados en otros lugares del frente. Kluge, que quiso hacer unos cambios de última hora en el plan, fue persuadido de que dejara las cosas como estaban. Por último, a media noche, el avance dio comienzo sin preparación de artillería. El plan consistía en infiltrarse lo más posible detrás de las líneas enemigas antes del amanecer.

La contraofensiva de Mortain

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El primer choque tuvo lugar en el flanco norte, antes incluso de que diera comienzo oficialmente la Operación Lüttich. A las 22:30 del 6

de agosto, dos motocicletas semioruga alemanas se saltaron un puesto de bloqueo de la 39.° Regimiento de Infantería al este de Chérencé-le-Roussel, pero fueron puestas fuera de combate por otra compañía un poco más adelante en la propia carretera.25 Todo quedó

entonces tranquilo, pero alrededor de la media noche se oyó ruido de tanques por la carretera situada un kilómetro más al sur que conducía de Bellefontaine a Le Mesnil-Tóve. Nadie lo asoció con el anterior aviso del alcalde.

Dos horas más tarde, a las 02:00 del lunes 7 de julio, el batallón del valle fue atacado por unos soldados de infantería alemanes provenientes de Mont Furgón, un poco más al norte, y más contingentes de infantería con apoyo de tanques de la 116.a División Acorazada procedentes del este. Con el refuerzo de unos cuantos Sherman del 746.° Batallón de Tanques, la agresión pudo ser repelida.

Los americanos seguían dando por supuesto que se trataba simplemente de un ataque localizado. Pero pronto quedó patente que el principal eje del avance alemán estaba situado en la pequeña carretera situada al sur, que atravesaba Le Mesnil-Tóve. Se trataba de la columna norte de la 2.a División Acorazada y a las 05:00 los alemanes se habían dispersado por todo el pueblo y se dirigían a Le Mesnil-Adelée. El avance de la columna sur de la 2.a División Acorazada se retrasó hasta las 05:00. En Saint-Barthélemy, parte del 117.° Regimiento de Infantería oyó el ominoso ruido de los blindados avanzando, pero la niebla era

tan espesa que la visibilidad se había reducido a poco más de veinte metros.

Mientras que algunos puestos de bloqueo fuera de la localidad fueron rebasados con facilidad, una posición antitanque logró cortar el paso a un destacamento de Panther, poniendo a dos fuera de combate. Otros grupos de Panther, con apoyo de infantería, lanzaron ataques desde otras direcciones, entre ellos un destacamento avanzado de la 1.a División Acorazada de la SS. La infantería americana tuvo que librar duros combates con la ayuda de bazookas. Resistió

«extraordinariamente bien», como reconocería más tarde el general Von Lüttwitz, de la 2.a División Acorazada.26

En Saint-Barthélemy entraron ocho Panther y se detuvieron en la calle mayor, justo delante del cuartel general avanzado del teniente 5i2

El Día D

coronel Frankland, del l.er Batallón del 117.° de Infantería. Uno de sus oficiales se asomó a la ventana y vio de pronto un Panther en la calle. Entonces oyeron ruidos en la parte de atrás de la casa. Frankland fue a investigar y comprobó que dos de sus radiotelegrafistas eran obligados a marchar con las manos en alto. Abatió de un tiro a dos soldados de la SS que los conminaban a salir y vio otro Panther en la calle, en la parte posterior de la casa.

Sorprendentemente, el grupo de combate de Frankland logró salir huyendo por una ventana y reunirse con una de las compañías. Ante la acometida de los granaderos acorazados de la SS, la mayoría del batallón de Frankland emprendió la retirada, saltando los setos y escabullándose por las cunetas.27

Aunque el batallón de Frankland había sido rebasado, la feroz defensa de Saint-Barthélemy que realizaron causó un retraso esencial al avance de la 2.a División Acorazada hacia Juvigny-le-Tertre. Los Panther no reanudaron su avance hasta última hora de la mañana. Esta circunstancia dio a los americanos tiempo para traer refuerzos a toda prisa, especialmente para bloquear a la columna norte en Le-Mesnil-Adelée, a cuatro kilómetros al oeste de Le-Mesnil-Tóve.

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