El indiano

G. H. Guarch · Capítulo 37 de 39

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El indiano

Adenda a la historia

El Indiano se escribió entre el 20 de septiembre

y el 20 de diciembre de 2015

 

Algunos de los que hayan leído esta narración querrán saber algo más. La línea de genealogía resumida que me conduce desde el protagonista es la siguiente: Pedro Guarch Miralles (1773-1838) (protagonista de la narración) > Pedro Guarch Salom (1803-1872) > Juan Guarch San Millán (1845-1923) > Juan Guarch de la Torre (1880-1963) > María del Carmen Guarch de la Roza (1919-2002) > G. H. Guarch (1945) (autor de la narración).

Añadiré que Pedro y Antonio siguieron con su comercio de negros en la polacra conocida como La Constantinopla, aunque nunca llegaron a ir a África con ella. No les fue preciso, pues llegaron a un acuerdo con varios tratantes que adquirían la ominosa y muy rentable mercancía en las playas de Costa de Marfil y Guinea, y la transportaban jugándose el tipo contra la armada inglesa hasta ciertas bahías naturales en Antigua y Jamaica. Allí se elegía a los que valían la pena, y por ellos pagaban al contado o en oro al peso. De allí, La Constantinopla los trasladaba a los mercados de esclavos de las Antillas y de determinadas ciudades como Cartagena de Indias, La Guaira, Belem, incluso Fortaleza y Natal en Brasil, dejando muy buenos réditos teniendo en cuenta el gran riesgo que corrían. A los cuarenta y cinco se retiraron para reinvertir en Puerto Rico, donde volvieron a adquirir la Hacienda San José y prosiguieron con el ingenio de azúcar. Pedro Guarch Salom casó con Francisca de Paula Caracena, la hija de Rosalía Caracena, propietaria de una importadora de vinos en Londres que su padre había conocido en aquella ciudad. Enviudó de ella y volvió a contraer matrimonio con Magdalena San Millán. En cuanto a Pelegrín, hombre más pausado y tranquilo, se dedicó a los negocios de bolsa en Barcelona. La herencia Salom le había dejado el suficiente dinero para iniciarlos. También se encargó de los de sus hermanas, Francisca, Carmen y Dolores. Esta última era la que más se parecía a su madre, algunos decían que como una gota de agua, pero los que habían conocido a Bella Salom aseguraban que esta había tenido un encanto personal muy especial que ninguna de sus hijas había heredado.

Francisco Guarch Salom fue un intelectual. No hay mucho que contar de él porque se dedicó a estudiar y a leer. Nada hizo que llamara la atención, pero cuentan que tuvo una vida tranquila y murió de viejo.

El doctor Rapallo, esto es, el padre León S. J., fue expulsado de la orden. Murió en Miami a los noventa y cinco años, estudiando las costumbres de los seminolas. Su obra desapareció con él en el incendio que arrasó su casa.

Casimiro de la Hacienda llegó a ser el negro más considerado de Puerto Rico. Tuvo familia y colocó a todos los hijos, que lucharon siempre por conseguir la abolición, hasta que finalmente se llevó a cabo en un solemne acto celebrado en la Asamblea Nacional de Puerto Rico, el 22 de marzo de 1873, treinta y cinco años después de la muerte de Pedro Guarch Miralles, asistiendo a la misma su hijo mayor Jacobo Pelegrín Guarch Salom, que colaboró activamente en la causa.

En cuanto a Tecla de la Hacienda, se convirtió en curandera. Muchos iban a buscarla para que les recetara las hierbas adecuadas, o les confeccionara el mejunje que necesitaban para sus dolencias. Adquirió fama y vivió hasta finales de siglo en Caguas. Ella aseguraba que los años que estuvo sirviendo a Bella Salom fueron los mejores de su vida, y que nunca había conocido a nadie tan obstinado y terco como don Pedro Guarch, pero que a pesar de ello, aquel hombre se adelantó casi medio siglo al liberar a sus esclavos cumpliendo con la voluntad de su esposa, una elegante mujer a la que todos allí conocían como la dama de Puerto Rico.