Falsa prometida

Jessa James · Capítulo 10 de 14

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Falsa prometida

Capítulo 10

10

 

C hloe

H ABÍA SIDO UN ERROR, un enorme y colosal error haber tenido sexo con Blake Collins. Mucho más porque tuve sexo con él tres malditas veces. Cuando me fui, me dedicó una impactante sonrisa. Era una sonrisa de satisfacción consigo mismo que me hizo pensar que lo había arruinado y ahora él había ganado o algo así. Yo sacudí mi cabeza y miré hacia el techo con frustración.

Permití que me tuviera, y era lo que él había querido desde el comienzo. Por eso fue que me pidió que interpretara a su prometida. Quería llevarme a la cama, mostrarme que no podía resistirme a él. Fui una completa idiota al caer en sus trucos. Yo no era una fanática del autodesprecio, pero iba a martirizarme mentalmente después de esto.

Que él hubiera tenido razón desde el principio hacía que me doliera más. Ahora que había hecho lo que él quiso, permitirle tenerme y hacerle ver lo mucho que lo deseaba, todo se acabaría. Él podría seguir actuando en público, pero en privado iba a querer que admitiera que el chico malo podía obtener a cualquier mujer que deseara, incluyéndome.

Y yo no podía evitarlo. Ahora tenía que estar mucho más atenta que nunca enfrente de las cámaras, aunque lo que quería era enterrarme en un hoyo y rendirme. El segundo juego de las eliminatorias se acercaba y yo tenía un papel que interpretar: la prometida leal que anima a su héroe para que alcance la victoria.

Yo me fui a casa y saqué mi laptop para trabajar, enfocándome en cosas triviales que me distraerían del hecho de que el sexo con Blake había sido increíble. Había disfrutado cada segundo con él. Nunca me había corrido de esa forma; nunca me había corrido dos veces con un hombre en una misma noche. Mi mente siguió perdiéndose en los recuerdos. Mi cerebro me mostraba su cuerpo desnudo encima de mí, sudoroso y duro. Y fue algo más que simple sexo. Estar con él me hizo sentir mejor que nunca, tenía una confianza sexual que no sabía que existía. Saber que él me deseaba fue emocionante. Yo había excitado a la estrella del hockey, el sexy chico malo, y estaba orgullosa de eso. Ahora él se había acostado conmigo. Estaba atrapada por mi propio deseo porque quería que él usara mi cuerpo como un juguete sexual. Si dejaba que me follara de nuevo, él pensaría que era mi dueño; si no lo hacía, él podría reírse porque ya había obtenido lo que quería, y me asustaba.

Cuando el teléfono sonó, me alegró la distracción. Era Ralph Dodge.

—Tu plan está funcionando —dijo él—. Por supuesto, Blake tiene que jugar mejor, pero los patrocinios están listos si renovamos su contrato.

Yo suspiré de alivio.

—Maravilloso. ¿Cómo va eso?

—Hablé con Tom y está feliz por su imagen. Si Blake juega mejor hoy, podemos estar seguros de que renovará. La oferta que Tom haga dependerá de lo bien que juegue hoy. Mientras que el juego de hoy vaya bien, quiere renovar de inmediato. En ese caso podemos terminar temprano el juego de relaciones públicas.

Yo sabía que sería un alivio para Ralph. Obtener esos contratos era el objetivo de todo esto. Sabía que debería estar feliz… bastante feliz. Mi plan estaba funcionando como lo había planeado. Había mantenido a Blake controlado y las ofertas estarían pronto sobre la mesa. Él podría firmar los contratos y nosotros nos separaríamos.

—Eso es genial, Ralph. Se lo voy a contar a Blake después del juego.

—Buena idea —dijo él.

La idea hizo que mi estómago se encogiera dolorosamente. No quería que todo terminara. Quería… quería que Blake me amara. Se estaba terminando todo antes de que comenzara, y detestaba la idea de tener que despedirme de él.

Quería que este chico malo me amara. ¿Qué tonta esperaría que un mujeriego como él se conformara con una mujer? Él nunca había mostrado interés en sentar cabeza, ¿qué me hacía diferente a mí? Nada, estaba segura. Yo no estaba interesada en compartirlo con otras mujeres. Yo estaba hambrienta y deseosa de él. Yo lo deseaba. Él me había follado, pero no me conformaría con eso. No era suficiente. Yo necesitaba una relación más profunda con él. Quería ser su mejor amiga. Quería que fuéramos juntos a ver películas o a restaurantes cuando no fuera una actuación y poder bromear, reírnos y regresar a casa para follarnos libremente al final de la noche.

Tendría que hacer algo dramático cuando todo esto terminara. Tendría que hacer algún tipo de cambio, pero no tenía idea qué. Necesitaba algún pasatiempo que me distrajera y me ayudara a olvidar.

Blake Collins se había metido dentro de mí física y mentalmente, y necesitaba tiempo para poder descubrir cómo quería que fuera la vida sin él. El vacío sería enorme, pero yo sabía que el tiempo lo curaría y sanaría. Frank no me diría nada si me tomaba un mes después de un trabajo grande como este, así que al menos podía esperar eso. Podría ir a un lugar bonito… uno de esos resorts que se encargaban de todo y tú te concentrabas en tu bronceado mientras los guapos bartenders te servían margaritas. Tal vez conociera algún chico que no fuera un deportista, que no fuera un problemático, que me cargara y me llevar a la cama y…

El problema era que yo no quería nada así. No quería que mi tiempo con Blake terminara. No quería desquitarme con un bartender sexy en una playa de arena blanca. Ver el anillo de compromiso en mi dedo hizo que me doliera de nuevo el estómago. Como para recalcarme mis sentimientos, el anillo brillaba como nunca, con brillos de colores increíbles. Quería que el anillo de compromiso fuera real y mantenerlo en mi dedo para siempre. Quería que significara algo y quería que Blake me viera con los mismos ojos con los que yo lo veía ahora.

«¡No seas idiota!», me dije. Sacudí mi cabeza intentando regresar a la realidad. Blake Collins no quería a alguien como yo, excepto para una noche en su cama y para usarme para su placer. Me lo dije mientras miraba mi reflejo, el reflejo de mis ojos tristes en el espejo. El único problema era que no me creía ni una sola palabra.

 

BLAKE

 

ERA un día glorioso y me sentía de maravilla. Desde el momento en que salí de la casa y me subí al taxi, sabía que las cosas habían cambiado. Y en el momento en que entré a la pista de hielo, supe que este juego iba a ser mío. No tenía idea cómo lo sabía, incluso antes de que soltaran el disco, pero lo sabía. Era como si todo estuviera bien… como si todas las estrellas estuvieran alineadas o una mierda así. El sol brillaba, los pájaros cantaban. Era hora de mencionar todos esos clichés sobre sentirse bien.

Yo estaba encendido ese día y listo para entrar en modo bestia. Winnipeg lo sintió y eso los descoordinó. El miedo estaba en sus ojos mientras yo me lanzaba hacia ellos. Sentía que estaba jugando con un equipo de menores; podía leer su lenguaje corporal y cuando no podía hacerlo, me encargaba de que leyeran el mío, derribándolos para que se lo pensaran dos veces antes de meterse conmigo. Permití que mi amor por el juego tomara el control de mi mente y de mi cuerpo.

Fue una matanza, y las eliminatorias quedaron empatadas. Sabía que podía seguir. Y sabía por qué. Su nombre era Chloe y ella era el combustible de mi fuego.

Había estado enfadado, molesto de que se hubiera ido en la mañana de esa forma. Yo quería pasar el día con ella en la cama, levantarnos para desayunar y luego regresar para meterme en ella. Quería estar con ella. Me sentía como un niño mimado que no se estaba saliendo con la suya cuando ella se fue, y no quería que se fuera, pero sabía que tenía que dejar de pensar así.

Ella tenía razón y yo lo sabía. Tenía un juego por jugar, y mi concentración tenía que estar ahí. Eran las eliminatorias, y Chloe me dijo que pateara traseros, así que era lo que iba a hacer. Yo siempre quería patear traseros, pero hoy sentía que tenía al mundo conmigo e iba a ir por todo.

Chloe estaba parada fuera de los vestuarios, en el área de seguridad, parecía nerviosa.

—¿Qué sucede? —le pregunté.

—Se acabó —dijo ella, con sus ojos suaves y tristes por dentro, pero su duro caparazón intentaba aguantar.

—¿A qué te refieres? —Me encogí de hombros.

—Jugaste el mejor juego de tu vida. Tom le enviará una oferta de contrato a Ralph mañana. Los patrocinios también están casi listos. —Ella giró el anillo en su dedo—. Así que el juego, el que hemos estado jugando, está por terminar. Solo unos días más y te podré entregar esto. Has obtenido todo lo que querías. Felicitaciones. —Ella dijo lo último sin emoción y me clavó una daga en mi corazón.

—Oh, claro —dije yo, cortante. Yo miré su cara y comencé a comprender—. ¿Crees que lo de anoche solo fue para lograr que te acostaras conmigo, que tuviéramos sexo? —Yo me incliné hasta que nuestras caras estaban solo separadas por una o dos centímetros. Podía sentir su aliento.

—¿Qué más? —Ella se encogió de hombros. Yo suspiré.

—Sí quiero ese anillo de regreso.

—Por supuesto. Cuando todo esté firmado. Luego podremos cancelar esta boda.

—No.

Ella comenzó.

—Por supuesto. Vas a querer regresar a tu vida.

—No puedes retroceder el tiempo, Chloe. Tu plan, este juego que jugamos, cambió muchas cosas. —Yo la miré profundamente.

—No comprendo. —Ella me miró confundida. No podía creer que siguiera sin comprender lo que estaba intentando decirle.

—Con lo que ha sucedido, ahora que has entrado a mi vida puedo ver las cosas de una manera diferente. Yo no jugué mejor solo porque me sentía bien. Hoy me sentía diferente sobre la vida a otro nivel. No solo sucedió esta mañana, por supuesto, me tomó un tiempo darme cuenta lo que estaba sucediendo.

—¿Y qué estaba sucediendo? —Sse cruzó de brazos. Era obstinada, pero yo estaba decidido a romper sus defensas.

—Que me estaba enamorando de ti. Aprendí que mi deseo por ti, por estar contigo, es insaciable. —Acaricié su cabello con afecto.

—Pero… —Ella intentó protestar una vez más, así que la presioné.

—Sí quiero ese anillo de regreso, pero solo porque es parte de esta estúpida farsa que jugamos. Quiero deshacerme de él. —Me metí la mano en mi bolsillo y saqué una caja—. Saqué este anillo de mi caja fuerte esta mañana. No tiene tanto estilo como ese, pero era de mi abuela. —Yo lo sostuve para ella.

Ella abrió la caja y su boca se abrió; sus ojos brillaron maravillados.

—Es hermoso.

—Podemos regresar el otro o venderlo.

Ella parpadeó.

—¿Quieres que yo tenga este anillo?

—Bueno, lo que quiero es que aceptes casarte conmigo. De verdad. — Al decirlo, me arrodillé para proponerle matrimonio a la mujer que ahora amaba incondicionalmente.

Ella se quedó tiesa mirándome. Me pregunté si mi corazón se había detenido o si fue el mundo que se había congelado.

 

Chloe

 

ESTABA segura de que debía parecer una completa tonta, parada ahí, mirando a Blake de esa forma. Me quedé boquiabierta mirando el anillo, sorprendida e insegura de cómo reaccionar. Todo lo que podía hacer era mirar el anillo y las palabras se quedaron en mi garganta. No podía mirarlo a los ojos porque sabía que iba a llorar.

—Quiero que te cases conmigo —dijo él de nuevo. Intentaba convencerme de algo que yo ya sabía que sentía en el fondo. Su sonrisa tenía algo muy juvenil en ella; él estaba emocionado y con esperanza.

—Tengo que pensarlo —dije yo y sacudí mi cabeza; su sonrisa se esfumó, colapsó y desapareció. Pero era verdad. Apenas podía respirar, mucho menos pensar. No podía decirle que sí sin pensarlo, sin importar lo que mi corazón estuviera intentando decirme.

—Claro —dijo él. Blake tomó la pequeña caja negra con el anillo y la metió en su bolsillo. Yo vi el dolor en sus ojos. Esperaba que yo explotara de emoción y entusiasmo, pero estaba tan abrumada por él que, aunque me estaba ofreciendo lo que tanto había deseado, aunque sabía que era exactamente lo que quería, yo necesitaba tener la cabeza clara para estar segura. Necesitaba tiempo para saber de verdad si él estaba hablando en serio.

—Tómate tu tiempo —dijo él, dedicándome una sonrisa sin entusiasmo.

Me volteé y lo dejé ahí, apretando la caja con el hermoso, brillante y maravilloso anillo. También era especial porque le había pertenecido a su abuela, lo cual tenía un significado. Él había pensado que yo valía lo suficiente como para que lo tuviera y me escogió contra todo pronóstico. Yo sabía qué hacer. Era beneficioso para todos que me fuera y me tomara el tiempo para pensarlo. Yo lo quería, pero ese era mi cuerpo hablando, no mi cabeza. Nosotros no nos parecíamos en nada, él era la noche y yo el día. Veníamos de lugares tan diferentes, un matrimonio así… ¿cómo podrías sobrevivir?

Volví a pensar en la conversación que tuve con la hija de Tom Lassiter, Daphne. Recordé lo que me dijo que había hecho su mamá sobre — entrenarlo— para que supiera cómo comportarse. ¿Quería ser yo una esposa molesta? ¿Quería cambiar cómo era él?

Era doloroso alejarme y tener esa incertidumbre sin resolver. Y maldición, yo vivía mi vida escuchando lo que me decía mi cabeza. Me había permitido tener éxito en mi trabajo y una vida personal vacía. ¿Qué tipo de idiota se arriesgaría en los negocios e iba por lo seguro en el amor? El universo encontraría un camino para nosotros.

Yo me volteé y lo vi ahí parado, mi guerrero, y me di cuenta de que no le pediría que cambiara. Él era un hombre que tomaba sus propias decisiones y yo amaba su confianza y su actitud arrogante de macho alfa. Amaba que él no fuera tímido con lo que quería.

La pregunta no era si yo cambiaría a Blake. La pregunta real era ¿cambiaría él por mí? Y la respuesta era no. Yo era igual de terca que él. Si él estuviera en mi mundo y en mi cama, ¿jugaría con mis reglas?

Tendría que hacerlo.

¿Sabía él eso?

—Blake… —dije yo.

Él me miró serio, no mostró nada, pero yo sabía la respuesta. Sí, él sabía las reglas del juego, él las sabía y aun así quería jugar. Había deseo en sus ojos y hambre y algo vulnerable que nunca había visto antes. Fue su dolor lo que me quebró. Él me estaba ofreciendo todo, esperando ser herido.

—¿Qué, bebé?

—Lo pensé y… la respuesta es sí.

Una luz apareció en sus ojos y una pequeña sonrisa en sus labios.

—¿Te casarás conmigo?

—Sí. —Yo le sonreí y me acerqué hasta que casi estuvimos tocándonos. Mi corazón estaba por salirse de mi pecho.

—Bien, porque sin hacerlo nuestro compromiso apestaría. —Yo me reí por nuestra pequeña broma. Él me rodeó y se paró detrás de mí, me rodeó con sus enormes brazos y me empujó contra su duro cuerpo. Yo sentí mi cuerpo excitándose.

—Cuando la temporada termine, cuando les hayas pateado los traseros a Winnipeg en el hielo, podemos anunciar la fecha de nuestra boda en la ceremonia, después de que obtengas el trofeo. —Yo lo miré, feliz de planear nuestro futuro juntos.

Él besó mi cuello.

—Podemos tener nuestra luna de miel en Tahití. Leí sobre un lugar con cabañas y playas privadas en una isla privada. Sin nada de hielo.

—Sí, suena delicioso. —Prácticamente me arrullé en sus brazos y en sus manos, las cuales tocaban mis piernas y estaban subiendo por mi falda para tocarme a través de mis bragas de seda. Se sentía delicioso—. Soñé con un resort así, con una cabaña con techo de paja. Podemos tener una gran boda aquí y luego huir a nuestra isla privada, donde podremos caminar desnudos.

—¿Caminar? —Sus dedos atravesaron mis bragas y se metieron en mi vagina húmeda. —Yo pretendo aprovechar cada momento contigo, Chloe. Voy a follar esta dulce vagina tanto que no vas a poder ni caminar—. Él movió sus caderas para tocar mi trasero con su entrepierna, haciéndome sentir su erección.

—Suena maravilloso —dije, intentando respirar en medio del placer.

—Supongo que significa que tenemos mucho por hacer. Necesito ganar estas eliminatorias y la mejor forma de hacerlo es ganar los próximos tres juegos, luego tenemos que planear una boda y la recepción…

Moví mis caderas y sentí su duro pene contra mi trasero.

—Tú gana las eliminatorias y yo me encargo de esos detalles.

—Una buena división de labores. Supongo que me darás mis tareas.

Yo me reí.

—Tu primera tarea como mi esposo es embarazarme. —Deseaba un bebé.

Me volteó y me besó con fuerza, empujándome contra la pared. Cogió mi blusa, jaló el elástico del cuello y lo bajó por mis hombros, desnudó mis pechos y puso su boca en un pezón, chupándolo con fuerza. Levantó mi falda hasta la cintura y puso su mano entre mis piernas, deslizando mis bragas a un lado y metiéndome un dedo. Yo gemí.

—¿Qué estás haciendo?—Estamos en un área semipública.

Con su cuerpo empujándome contra la pared, se desajustó sus pantalones y sacó su pene hinchado. Nunca había estado tan grande o tan hermoso, y me encantaba que iba a ser mío por el resto de mi vida.

—Embarazarte es un trabajo muy importante.

Yo me estiré deseosa y rodeé mis dedos alrededor de su pene.

—Es demasiado temprano para pensar en eso. No quiero estar enorme y con un bebé en nuestra luna de miel.

—No, pero es el calentamiento para las eliminatorias. Necesitamos practicar.

Él sacó un condón de su bolsillo y me lo dio.

—¿Así es como te follas a tus fanáticas? —le pregunté mientras se lo colocaba—. ¿Solo las follas en las esquinas?

—Es como solía hacerlo a veces, pero ahora tienes un contrato exclusivo.

Él levantó mi pierna y metió su duro pene dentro de mí, luego cogió la otra pierna y me alzó. Mientras rodeaba su cintura con mis tacones, sujetó mi trasero y gemí de placer mientras me empalaba con su duro y grueso pene. Se sentía increíblemente caliente cuando me penetraba contra la pared. Luego colocó mis brazos sobre mi cabeza mientras me penetraba. Mi chico malo me estaba tomando justo ahí en el estadio, follándome con fuerza. Mientras su pene se movía dentro de mí, la suave carne de su enorme pene masajeaba mi piel, excitándome.

—Joder —me escuché gemir.

Todo mi cuerpo se tensó y el lugar comenzó a dar vueltas. Yo me corrí con fuerza, casi con violencia.

—¡Maldición, Chloe! —gimió él—. Esto es increíble.

Sentí su pene pulsar dentro de mí; él puso su boca en mi cuello y me mordió mientras se corría.

Cuando suspiró con suavidad, yo le besé la mejilla.

—Claro que me casaré contigo, Blake Collins.

 

BLAKE

 

ERA difícil de creer que el día finalmente había llegado. Quién iba a creer que yo sería del tipo de hombre que sentaba cabeza con una mujer por la que me había enamorado, pero era real y había sucedido. Chloe y yo nos casamos en poco tiempo. Nunca había sido tan feliz en mi vida y ella era la pieza restante del rompecabezas que nunca supe que necesitaba hasta que la encontré. Encajaba en mi vida a la perfección y era una gran compañera y fanática. Solo la necesitaba a ella.

Estuvimos comprometidos por seis meses, contando el tiempo del falso compromiso, y seguía lujurioso cada vez que la veía. Su sonrisa cálida, sus ojos embriagadores y su hermoso cabello rubio me dejaban al borde del deseo, y no podía creer que ella era toda mía. Su tacto seguía excitándome al instante, y me di cuenta de que nunca me cansaría de ella. Aunque notaba a otras mujeres, yo tenía a la que deseaba. Ella siempre era la mujer más hermosa en cada lugar en donde entrábamos.

Incluso no pude evitar quedar hipnotizado cuando la vi bailando con Tom Lassiter. Ella era fascinante.

—Sabes, esto no es muy halagador —dijo Daphne. Yo estaba bailando con ella y bajé la mirada para ver su linda cara—. Me tienes en tus brazos, aquí tan cerca y no me has estado prestando nada de atención. Eso podría formar un trauma.

—Lo siento —dije yo y me reí.

Ella se rio.

—Es algo patético ver que el chico malo del equipo no puede dejar de pensar en su nueva esposa por cinco minutos. Dulce, pero patético.

—Chloe dice que es romántico. ¿Quién iba a pensar que yo podría ser así? —Yo me reí de nuevo.

Daphne tocó mi mejilla.

—Ella tiene razón. Lo es y yo te estoy molestando. ¿Qué tan seguido tengo oportunidad de atormentarte, Blake? Por supuesto, debo admitir que Chloe es una mujer inteligente, sexy y muy afortunada.

Siempre me gustó Daphne. Era una buena chica. Parecía mucho más sabía de lo que debería ser a su edad.

—Bueno, ella es inteligente y sexy. Supongo que yo soy el que tiene suerte.

—Por supuesto que la tienes. Y será mejor que tengas eso en mente, porque si no la tratas bien, te voy a patear el trasero.

—Apuesto a que podrías. —Me reí. Para ser una chica que acababa de cumplir diecinueve, Daphne sabía muy bien cómo funcionaba todo en el matrimonio. Yo sabía que ella se casaría un día con alguien muy afortunado —. Como pretendo adorarla, supongo que no tengo nada de qué preocuparme.

—Entonces todo está claro. —Me guiñó el ojo.

Tom y Chloe estaban bailando cerca y Daphne se giró hacia su padre.

—Baila conmigo, papi. Blake está sufriendo por su esposa y es tan empalagoso que voy a vomitar.

—Bien por mí —dijo Tom—. Igual me quedó con una mujer adorable en mis brazos.

—Claro que sí —dije yo, feliz de tener a Chloe de regreso en mis brazos. Yo la hice girar como la princesa que era, mirando su hermosa figura y sabiendo que era perfecta, todo lo que quería en una compañera de vida. Su vestido blanco de boda era hermoso, largo y fluía con flores y perlas que decoraban la parte inferior. Ella parecía como si hubiera salido de un cuento de hadas.

—Te amo —dijo ella. Yo sentí mi corazón palpitar. Nunca me cansaría de escucharlo y era maravilloso ser amado. Ni siquiera sabía lo que me estaba perdiendo, pero ahora sabía que nunca podría vivir sin su compañía —. Imagina, en veinticuatro horas estaremos en Tahití.

No podía dejar de imaginarme a Chloe en un hermoso y caliente bikini negro en la arena. Yo le pondría bronceador por toda su piel y vería cómo sus ojos se encendían con deseo. Luego la llevaría a la tabla de surf, pondría la cuerda para amarrarla a un lado y la follaría mientras las olas sonaban a nuestro alrededor.

—Espero que no hayas olvidado las maldades que prometiste hacerme. —Ella presionó sus curvas hacia mí con una sonrisa y besó mis labios con delicadeza enfrente de todos.

—Ninguna, son tan malas como te puedes imaginar. — Yo sonreí y ella se sonrojó.

Puso sus labios en mi oído.

—¿Qué me vas a hacer, esposo?

Prácticamente gruñí mientras empujaba mi duro pene contra su vestido, asegurándome que supiera lo mucho que la deseaba.

—Te voy a follar en la playa y en el agua. Te voy a mantener desnuda por una semana y te tomaré en todas las posiciones. Eres mía ahora, Chloe. Por completo. Y yo tengo una buena imaginación.

Mi pene pulsó mientras sus labios tocaban mi cuello.

—Me encanta cómo piensas, mi amor, pero todo lo que escucho son palabras. Quiero algo de acción.

—Por la forma que me inspiras, eso no debe ser un problema. Tienes una cierta magia.

—Me alegro de que lo notaras. —Ella dejó que su mano tocara mi bulto de forma ligera y sutil. Me esperaba una vida llena de diversión con esta deliciosa mujer.

Dudaba que fuera posible que me aburriera de la magia de Chloe. Ella tenía una maravillosa imaginación cuando se trataba de estar juntos, y yo me aseguraba de apreciar y saborear cada momento. Yo no iba a aprovecharme de nuestro amor. No nos conocíamos por mucho tiempo, pero la llama estaba ardiendo fuerte dentro de nuestros corazones; la conexión y la química fue instantánea. Yo nunca tuve ninguna duda de que había tomado la decisión correcta al escoger a Chloe como mi esposa.

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