Falsa prometida
Capítulo 2
2
B lake
D ISFRUTÉ MUCHO la reacción en la cara de Chloe cuando le insistí en que interpretara a mi prometida. Ella era demasiado sexy y el atleta tonto la había sorprendido. Por supuesto, luego me sorprendió al aceptar cuando yo pensaba que llevaba las de ganar. Ella aceptó lo que le dije y ahora tenía que aceptar yo. Irme con ella.
No me gustaba el plan para nada, pero como el dueño del equipo y las empresas con el dinero para los patrocinios estaban empeñados en que necesitábamos crear un Blake Collins nuevo y mejorado, no tuve muchas opciones.
Al menos esta Chloe presentaba un desafío, un desafío adorable y con hermosas piernas que parecía resistir mi encanto a la perfección. De hecho, estaba seguro de que ni siquiera le gustaba. Ella me miraba con una sonrisa profesional que decía solo eres un cliente, no el jugador millonario de hockey con movimientos expertos dentro y fuera del hielo.
Quitarle esa sonrisa falsa de su cara fue mi razón para insistir en que ella interpretara a la novia. No, la prometida. Ahora que había comenzado el juego, yo tendría tiempo para hacerla mía. No parecía un mal plan; acceso garantizado a una hermosa mujer que había deseado desde el momento en que había tocado su mano.
Yo no salía con mujeres profesionales y por supuesto que nunca había planeado hacer que una fuera mi prometida, pero si lograba que abriera sus piernas para mí, apostaba a que sería un viaje salvaje. Ella daría lo mismo que yo le daría. Sería apasionada, salvaje. Joder, debajo de ese traje perfecto, su cuerpo se curvaba en direcciones hermosas. Y si tenía que jugar este estúpido juego, entonces podía usar el tiempo para acercarme a ella, romper su resistencia, quitarle esa falda y esa blusa modesta. La imaginaba rogándome que la follara. Solo lo haría si me lo rogaba.
Yo me moví, intentando esconder mi erección.
Ella, tras aceptar el trabajo, se movió hacia la puerta.
—Podemos comenzar de inmediato.
—¿Ahora? —No esperaba que fuera tan trabajadora. Sí, ella necesitaba calmarse un poco y unos cuantos orgasmos podrían funcionarle. Sería tan divertido verla toda satisfecha y sudorosa por mis dedos, mi boca. Mi polla.
—Esta noche —dijo ella, sacándome de mis pensamientos—. Si tienes algo planeado, cancélalo. Me vas a llevar a cenar. Nos conocimos y tuvimos un buen entendimiento. Nos verán algunas veces y luego yo estaré en el juego del sábado y haremos un anuncio.
—¿Tan deprisa? Podría tenerte en mi cama, eso sería creíble, ¿pero un anillo? ¿Tan deprisa?
Yo la vi sonrojarse y me pregunté cómo se vería debajo de esa blusa.
—No podremos ver lo bien que está funcionando hasta después del anuncio oficial y convencer a los ejecutivos tomará tiempo. Y no me vas a tener en tu cama.
Ralph asintió.
—Necesita ser deprisa.
Ella miró a Ralph. Si las miradas pudieran matar, el viejo Ralphie ya estaría muerto.
—El anillo —tartamudeó Ralph—. No la cama.
Ella me entregó una tarjeta.
—Ahí tienes mi número de teléfono y mi dirección. Espero que me recojas a las siete.
—¿A dónde te voy a llevar? —Yo pensé, a la mierda, ella es la profesional, dejaré que tome las decisiones fuera de la cama, pero dentro, escuchará mis órdenes. Sin importar lo que me tome, la tendré. La electricidad entre ambos era palpable… y en esta área, yo era el profesional.
—The Stanley Cup —dijo ella—. Tú has la reservación.
Yo me reí. Su elección tenía sentido; el restaurante era de Johnny Lance, un exjugador de los Blizzards. Y como lo decía el nombre del restaurante, era un lugar para jugadores de hockey, dueños de equipos y fanáticos.
Ralph lo aprobó.
—Eso hará que el rumor se riegue velozmente.
Ella asintió.
—Con público que queremos.
Yo me levanté y miré a Ralph:
—Yo haré mi parte, Ralphie y tú haz lo tuyo. —Asintió—. Tengo algo de trabajo que hacer antes de nuestra cita esta noche.
—Te veo a las siete —dijo ella, manteniendo la puerta de su oficina abierta para mí—. Vístete bien.
Sí tenía trabajo por hacer. Fui a casa y llamé al restaurante de Johnny, hice una reservación para dos y miré algunos vídeos de los últimos dos juegos de Winnipeg. El sábado seríamos el equipo local para el primer juego de las eliminatorias. Yo estudié los movimientos de mi número opuesto, mirando movimientos que pudieran decirme qué esperar.
Pero me distraje con una rubia de largas piernas y curvas de infarto.
Cuando apagué los vídeos —los cuales no pude ver bien—, hice una llamada.
—No iré esta noche —le dije a la hermosa pelirroja que respondió—. Problemas de negocios.
—¿Cuándo te veré?
Yo suspiré, pensando en los tres meses que tenía por delante.
—No tengo idea, pero no será por algún tiempo.
—¡Imbécil! —dijo ella y me colgó.
Ella solo era una cara bonita, un cuerpo sexy y una chica que me había pasado su número de teléfono. Había muchas de ellas, pero igual sentí una punzada. Ella era algo seguro. Si yo quería mojar mi pene, sabía dónde ir. Pero eso no era parte del plan y no podía arriesgarme a arruinar esta operación que era bastante cara. La única vagina que tendría era si lograba atravesar el exterior profesional y frío de Chloe y ella parecía tener mejores defensas que Winnipeg. Yo suspiré, me levanté del sofá, me estiré y sonreí.
Me gustaban los desafíos.
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