Falsa prometida
Capítulo 4
4
B lake
CUANDO RECOGÍ A CHLOE, lucía increíble en un vestido negro seductor y brillante que hacía imposible ignorar sus hermosas curvas. Mi pene pulsó detrás de mis pantalones de vestir. Ciertamente lo aprobaba. Su cabello rubio estaba suelto y pasaba sus hombros, marcando su cara, y mis dedos estaban ansiosos de tocarla. No tenía idea cómo había logrado para que estuviera tan sedoso y perfecto. Me imaginé follándola por detrás mientras cogía su cabello con un puño. Ese pensamiento no me iba a llevar a ningún lado, pero a mi polla no le importaba.
—Hora de trabajar —dijo ella, sacándome de mis pensamientos sobre follarla.
Caminando a mi lado hasta el coche, noté que ella era más alta que la mayoría de mujeres, pero solo me llegaba a la nariz, incluso con tacones. Una chica con piernas largas y delgadas siempre me ponía duro, y ella no era la excepción.
Mi corazón comenzó a acelerarse y sentí que una oleada de calor recorría mi cuerpo, algo que no estaba acostumbrado a sentir cuando estaba con otras mujeres. Por lo que había visto de Chloe, era puro fuego y a mí me encantaba el desafío.
El deseo crecía dentro de mí mientras ella se movía como caramelo hacia mi coche deportivo. Me dio un vistazo de sus muslos cremosos cuando se acomodó en el asiento y tuve que preguntarme cuán suaves se sentirían en mis labios. Tragué mientras suprimía la sensación del deseo que quería controlarme. La quería en mi cama, quería saborearla con mi lengua.
Cuando estábamos sentados en el restaurante, el dueño, Johnny, vino a nuestra mesa. Yo le presenté a Chloe y él le regaló una enorme sonrisa.
—Ella es mi novia —le dije—. Cuidado.
Su expresión de asombro lo dijo todo.
—¿Novia? ¿Una chica con la que vas en serio por más de una noche?
—Así parece —dije yo. Joder. ¿Por qué me sentía como un imbécil por su pregunta? Y enfrente de Chloe. Ella sabía que yo era un mujeriego, pero Johnny no tenía por qué señalarlo.
Él me sonrió.
—Mantén los ojos abiertos con este, cariño. Tienes un desafío entre manos.
Maldito. Una cosa era tener una chica nueva del brazo todas las noches, pero otra cosa era que Johnny me hiciera parecer un imbécil. Yo no le prometía nada a ninguna de las mujeres que me follaba y era cuidadoso de alejarme por completo antes de pasar a la siguiente. Ellas sabían en lo que se metían.
Yo levanté una mano. Sentí que necesitaba explicarle a Chloe, como si quisiera impresionarla aunque todo fuera una farsa.
—Esto es diferente, Johnny.
Johnny parecía aturdido por un momento, luego asintió como si ya lo hubiera escuchado antes. Como si no me creyera.
—Como dije, Chloe, buena suerte con este. —Me guiñó el ojo y se fue caminando.
—Es difícil de convencer —le dije. Ella lucía aun más hermosa bajo las luces tenues del restaurante. Ojos azul pálido, labios perfectos y pómulos altos. Pero tenía algo que le faltaba a la mayoría de las mujeres con las que había estado. Cerebro. Ella era atractiva e inteligente.
—No tienes un historial que inspire confianza. No te preocupes, yo lo sé todo.
Por primera vez, me sentí un poco avergonzado de mi historial de mujeres. Quería gustarle a Chloe. Joder, por alguna razón quería que me respetara.
—Es por eso que tendrás que fingir tanto hasta que la gente crea que tú mismo te lo crees. No creo que vaya a ser fácil para ti.
Ella tenía razón. A menos que cortejara seriamente a Chloe Hansen, este plan no saldría bien, pero si yo quería que Tommy renovara mi contrato, tenía que jugar a la perfección. El hockey era lo más importante en el mundo para mí. La realidad era que yo podía buscar vaginas o jugar hockey, pero no ambas.
Era un decisión difícil. Chloe representaba a los peces gordos corporativos y odiaba la idea de que ella comprendiera mi debilidad por las mujeres. No, ella lo sabía, especialmente después de la pequeña visita de Johnny.
Yo ignoré su preocupación.
—No te preocupes por mí. Probablemente no me conozcas o creas lo que has leído sobre mí, pero yo cumpliré con mi parte. —Sentía que necesitaba mantener mi estilo, mi exterior rudo. No estaba listo para que ninguna mujer, sin importar quién, rompiera mis barreras.
Ella me estudió por un minuto.
—Está bien. Te creeré. Además, tengo tres meses para descubrirlo por mí misma. Pero esto no es una broma. Una vez que todos sepan que estás saliendo conmigo, especialmente después de nuestro compromiso, la prensa estará vigilándonos como halcones. Yo soy desconocida y no será tan intenso para mí, pero ellos estarán esperando que te equivoques. Vas a ver a los reporteros acechando, esperando atraparte con otra mujer. Sin importar lo inteligente que pienses que eres, no puedes escaparte y salirte con la tuya.
—A pesar de lo que pienses, yo nunca he engañado a una mujer —dije lento y claro—. Y no vale la pena perder la oportunidad de jugar hockey por follarme a alguien —dije yo.
—¿Y antes sí? —preguntó ella.
Buen punto.
Yo me encogí de hombros.
—Estoy cambiado, ¿recuerdas?
—Bueno, pero será mejor que te prepares porque algunos de esos reporteros intentarán ponerte una trampa. —Ella tomó un trago de su vino.
Yo fruncí el ceño.
—¿De qué forma?
—De muchas formas. —Ella pasó su dedo por el borde de la copa y yo miré el movimiento. Mi pene se estremecía, ansioso de realizar el mismo movimiento dentro de ella. Lo bueno era que estaba sentado. De lo contrario no podría ocultar mi erección.
—Podrían pagarle a una mujer para que me engañes con ella y cuando lo hagas… bueno, si eso sucede, tu carrera está acabada.
Mierda. Ella tenía razón. Podría ser la primera cosa en la que estábamos de acuerdo.
—El día del juego será el peor —le dije yo.
Ella arqueó una de sus cejas.
—¿Por qué?
—Ahí es cuando las mujeres están sobre nosotros, los jugadores. Se nos lanzan encima cuando dejamos el área de seguridad y salimos hacia el aparcamiento. Quieren autógrafos, pero muchas quieren una noche caliente, y la prensa lo sabe.
Los juegos siempre me tenían tenso, y mientras más duro el juego… bueno, Winnipeg jugaba tan duro como nosotros, lo cual era bueno para mí y para los fanáticos. Pero después del juego, quería acostarme con alguien porque la adrenalina no había desaparecido. Ya me había acostumbrado a tener muchas mujeres alrededor que querían acostarse conmigo y los días de juego era fácil conseguirlas. Tenía condones en mi casillero para poder llevarme algunos en el bolsillo cuando me iba. Siempre sabía que estarían afuera esperando al equipo. Algunas meterían su número de teléfono en mi mano o en mi bolsillo. Algunas me rozarían con sus cuerpos y me harían sugerencias sucias y maravillosas. Darles una llamada desde mi coche y decirles dónde encontrarnos nunca fue un problema.
Sin embargo, algunas sí causaban problemas.
Hace algunas semanas había estado con una morena curvilínea con cabello hasta los hombros y labios sensuales, quien había ido a mi lado todo el camino hasta mi coche, susurrándome en mi oído que haría lo que quisiera justo ahí en el aparcamiento. Yo podría ser un poco salvaje, pero no follaba en público, así que fuimos a una fiesta. Una fiesta alocada donde los policías intervinieron.
Resulta que la mujer tenía drogas. Y quería ir a la fiesta para venderlas. A ella la atraparon y a muchos de nosotros nos llevaron al centro a dar una declaración. No me acusaron de nada, pero la prensa se enteró que yo había llegado con ella a la fiesta y al leer los tabloides se podría llegar a pensar que me habían acusado de tráfico de drogas.
Fue entonces que comprendí que las personas que firmaban los cheques para mí estaban más preocupadas por mi imagen que yo. Por eso contrataron a Chloe para que me cuidara.
Por esta noche y por las próximas semanas, eso significaba salir con ella.
—Yo asistiré a todos los juegos —me dijo—. Haré que la seguridad me deje entrar cuando salgas de los vestuarios. Estaré contigo cuando camines a tu coche. De hecho, no conducirás. Voy a contratar un transporte de ahora en adelante.
Suspiré. Eso funcionaría… desafortunadamente. Tendría que pretender que iba a acostarme con mi prometida, pero en realidad, había una gran posibilidad de que fuera a tener bolas azules por tres meses.
Sin embargo, lo que sí podía hacer era recorrer el cuerpo de Chloe con mis ojos y eso hice. Intenté ocultar que lo hacía. No quería que pareciera que estaba imaginándomela desnuda. Lo estaba haciendo, pero Chloe no necesitaba saberlo. Todavía no la conocía bien. No sabía qué podía provocarla, pero ya estaba comprendiendo la realidad de lo que estábamos haciendo. No podía imaginarme sin jugar para los Blizzards y no lograr que renovaran mi contrato. Tom sabía que yo haría lo que fuera para lograrlo. Pero odiaba que Chloe fuera la jefa y me tuviera cogido de las bolas.
Todos los ojos estarían enfocados en mí y yo no tendría ninguna oportunidad de arruinarlo. Esta era mi única oportunidad de no arruinarlo. Me había metido en este embrollo y tenía que hacer lo que dijera Chloe para poder arreglarlo. El pensarlo me hizo sudar. Me preocupaba mucho que esto funcionara. Solo esperaba que Chloe supiera lo que estaba haciendo. Ella afirmaba ser la mejor en esto y yo estaba listo para verla en acción.
Mientras que yo estuve tenso durante toda la cena, ella actuó con total normalidad. Yo solo tenía que esperar y desahogar mis frustraciones y agredir a otras personas. En el hielo. Era uno de los pocos trabajos donde ese tipo de comportamiento era aceptable. Me pagaban muy bien para hacerlo.
Nos interrumpieron un par de veces durante la cena, primero por Randall, un compañero del equipo que quería conocer a Chloe. Randall jugaba como ala derecha. Era bueno, pero no podía decir que me agradara. Y tampoco me gustaba la forma en que miraba a Chloe, como si pensara que era totalmente follable y estuviera perdiendo su tiempo conmigo.
—Estás fuera de tu liga, Blake —susurró Randall mientras se iba—. Deberías pasarme la jugada.
—Púdrete —contesté yo. Mi sangre hervía, pero me mordí la lengua y mantuve la calma, aunque eso me estuviera matando.
Chloe lo escuchó. Esa sonrisa de sabelotodo estaba de regreso en su cara. Vi el brillo en sus ojos azules y vi que me sostuvo la mirada sin problemas. Esa confianza la hacía más caliente y yo la miré de nuevo, permitiendo que mis ojos saborearan la curva de sus senos que se revelaba por el pequeño escote de su vestido provocador. Afortunadamente, sabía que Randall no tendría oportunidad con Chloe ya que ella estaría ocupada siendo mi prometida por los próximos tres meses. Mi pene pulsó al saber que nadie más la tendría.
Luego se acercó Bert Walker, quien escribía una columna para Chronicle como comentador deportivo, pero principalmente se dedicaba a los chismes. Le gustaba cubrir la escena, escribir sobre contratos y mierdas de negocios. Esa era su excusa para acercarse, pero yo estaba seguro de que habría un artículo sobre mi cita en la próxima edición.
—Y, supongo que Tom no está contento con tu publicidad reciente — dijo él, sin siquiera presentarse. Yo tuve que hacerlo por él. Bert nunca había sido muy sutil.
—Él está muy feliz. Es atención, Bert.
—Nada que pueda vender en este mercado, Blake. Es una nueva era, la era de la superestrella corporativa y pulida, ¿no lo cree, señorita Hansen?
Ella sonrió.
—Señor Walker, la mayoría de las mujeres siempre sentirán atracción por los chicos malos, aunque sea una fantasía. Los anunciantes lo saben. Puede que no logren vender camionetas de cuatro asientos, pero si quieren acceder a las mamás futboleras, no pueden ignorarlo.
Él se rio.
—Tiene razón, señorita Hansen, tiene razón. —Y luego, después de conseguir lo que había venido a buscar, él nos dejó.
—La historia de mañana será sobre la mujer caliente de relaciones públicas que le gustan los chicos malos —le dije a ella. Chloe ladeó su cabeza y sonrió con diversión.
—¿Eso va bien con nuestra historia, cierto? La cena está funcionando a la perfección.
Yo miré esos senos adorables levantarse y caer. Quería cogerlos, sopesarlos, mirar cómo sus pezones se endurecían bajo mis pulgares, chuparlos hasta que estuvieran rojos y estuviera cerca de correrse.
Yo aclaré mi garganta.
—¿Qué sucede después de la cena?
—¿Además del postre?
¿Estaba insinuando algo? ¿Era una pista? Esta mujer me estaba jodiendo. Yo le levanté una ceja.
Chloe parecía como un postre delicioso y caro y yo me encontré imaginándome si le quitara el vestido, tocando sus senos y permitiendo que el vestido cayera al suelo, dejándola solo en sus bragas y en sus tacones altos. Si yo la llevara a la cama y la tuviera rogándome que la follara, solo entonces podría mantener mi salud mental. Podría funcionar, hacer pensar al mundo que ella me estaba controlando mientras yo llevaba el mando a puertas cerradas.
Ella movió su cabeza.
—Después de la cena me llevarás a casa.
Yo miré su boca. Sus labios tenían una media sonrisa, media mueca. Su cara estaba más relajada que en la oficina, era más sensual.
—Yo debería entrar —acepté yo—. Si se supone que somos una pareja, no solo te dejaría.
—¿No lo harías? —bromeó ella.
—Aquí estamos, enamorados… por supuesto que entraría. —Yo puse mis antebrazos en la mesa, acercándome—. Como dijiste, nunca sabes cuándo la prensa estará mirando.
—No van a ver mucho con las persianas cerradas. —Ah, no le gustaba el sexo público. Eso me parecía bien. Cuando la tuviera desnuda, yo no quería que nadie más la mirara. Su cuerpo y sus gemidos de deseo serían solo míos.
—Me verán entrar. —Yo me encogí de hombros—. Si yo anunciara el compromiso con una mujer con la que pensaran que no me he acostado… bueno, creo que sería más fácil convencerlos de que me volví religioso de la noche a la mañana.
Sin importar lo que hiciera, ella no podría deshacer mi pasado.
—Eso es cierto —dijo ella.
A ella no parecía importarle que la mirara o tenerme en su apartamento y yo me preguntaba si era lo que ella tenía en mente. Era muy inteligente, pero esto era un trabajo para ella. Yo era el trabajo. No alguien para pasar una noche. O un romance de tres meses.
—Conocer a Randall y al escritor fue un excelente comienzo. Nos presentamos como pareja y tenemos que mantener el acto desde ahora.
Yo quería decirle el pensamiento que había pasado por mi cabeza: alrededor de esta mujer mi pene se mantiene arriba.
—Entonces, cuando lleguemos a mi casa, entrarás conmigo. Deberías quedarte un poco, irte probablemente temprano en la mañana.
Ella no era del tipo que follaba después de la primera cita. Eso era obvio. Pero teníamos tres meses. Yo bebí mi vino y me pregunté si tenía algún secreto salvaje que mantuviera escondido, algo que pudiera surgir una vez que nos conociéramos mejor. Chloe no podía ser una reina de hielo, no con ese cuerpo, no con esa sonrisa confiada. Todo lo que necesitaba era encontrar la llave para desbloquearla y poder entrar entre esas hermosas piernas. Al menos me daría algo que hacer, un objetivo deseable que perseguir hasta que los malditos contratos estuvieran firmados.
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