Falsa prometida
Capítulo 6
6
B lake
PENSÉ en lo que estaba haciendo durante el resto del viaje. Chloe Hansen era toda una mujer. Y era un misterio. Tenía un presentimiento de que ella iba a complicarme la vida. Joder, ya estaba complicada. ¿Un compromiso falso?
Si era tan caliente como pensaba, si ella era tan buena en la cama como me imaginaba, entonces estaba en peligro; podía engancharme y no quería que sucediera eso. Yo había visto a mis padres luchar entre ellos y actuar bien en público hasta que nos mudamos y pudieron despedazarse en la corte.
Mi papá había engañado a mi mamá múltiples veces. Yo no quería que la historia se repitiera y ser ese tipo de hombre. Claro, era divertido dormir por ahí y no tenía problema en admitir que era uno de mis pasatiempos. Pero yo no engañaba. El matrimonio es sagrado y yo sería leal con la mujer que me case. Algún día. Esa era parte de la razón por la cual no quería sentar cabeza. No quería cometer el mismo error que había cometido mi padre. Yo aprendí temprano a disfrutar del sexo y evitar una conexión permanente.
Mi vida y mi éxito hacían que fuera sencillo. Era joven y tenía dinero. Al estar soltero, las vaginas me llovían y la idea de quedarme con solo una mujer no tenía ningún sentido.
—¿Qué sucede ahora? —le pregunté. Tenía curiosidad por saber el siguiente paso.
—Seguimos el plan.
Podíamos continuar con lo que estábamos haciendo, pero ella me apuntaba para eventos de servicio público y para una aparición en una recaudación de fondos para un refugio de mujeres. Y nos verían juntos ahí.
—Yo estaré en el juego, por supuesto… en todos. De ahora en adelante seré tu mayor fanática. Tom me invitó a estar en su palco.
Y solo Ralph Dodge, Tom Lassiter, su abogado y el jefe de Chloe sabrían que esto no era real. Yo esperaba no ceder a tanta presión. Esto iba a ser difícil para mí, especialmente si Chloe seguía alejándose.
La prensa retrocedió.
—Supongo que tomaron lo que necesitaban. —Ella sacó mi mano de su pierna y la colocó en mi regazo—. Cuando lleguemos a tu casa, vamos a entrar. Después de ese beso público, la prensa esperará que vayamos directo a la cama. Que me pusieras la mano en el trasero fue perfecto. El chico malo no puede quitarle las manos de encima a su chica. Esperamos un poco y luego ordenamos comida.
—¿Les hacemos creer que nos acostamos? —Aunque yo deseaba que sucediera en realidad y en secreto.
—Estarán seguros de que dormimos juntos, pero tenemos que asegurarnos de que parezca algo muy apasionado. Se supone que esto es un nuevo romance —dijo ella—. Amor joven. Y como dijiste, tú no eres del tipo que propone y luego espera a la luna de miel para acostarse con la novia. Van a asumir que no podemos aguantarnos ni un momento.
—¿Te quedarás en casa? —Mi corazón comenzó a acelerarse al pensar en tenerla en mi cama.
Ella asintió.
—Me iré temprano en la mañana y tomaré un taxi hasta mi casa para cambiarme para trabajar.
—¿Vas a ir a la oficina?
—¿Vas a practicar y las reuniones de equipo?
—Por supuesto. Hay un juego el fin de semana. Pasado mañana. —De hecho estaba ansioso.
—Tengo mucho trabajo por hacer. Estoy manejando tus relaciones públicas. Mi interna va a ayudar. El sábado estaré viendo todo como una buena prometida. Renunciar a mi trabajo no es parte del compromiso. Si de verdad nos casáramos, yo no abandonaría mi carrera para ser una ama de casa.
No, claro que no. Me gustaba saber que tenía su propia vida. Otros intereses.
—Esta noche voy a traer una maleta.
—¿Te vas a mudar? —Otros intereses, pero al final del día iba a venir a mi casa, conmigo. Ella frunció el ceño.
—Eso es lo que esperan que suceda. Ir de un lado a otro… ¿cuál es el punto? Estamos pretendiendo que el cortejo fuera secreto. Hasta ahora.
Yo me reí.
—Esto será acogedor.
Esa era una palabra que describía cómo sería cuando ella estuviera en mi cama cada noche.
Cuando nos bajamos en mi casa, noté otros coches aparcados en la calle. Otros dos encontraron lugar para detenerse para que los fotógrafos pudieran bajar y rodearnos mientras avanzábamos a la puerta. Yo sentí una oleada de ira al ver a estos imbéciles esperando como buitres por una buena historia, luego me calmé cuando recordé que esto era lo que queríamos que sucediera en primer lugar.
—¿Puedes hacer una declaración, Blake? —gritó un hombre mientras tomaba fotografías.
—Acabo de hacer una —dije yo mientras avanzábamos hacia la casa. Que se jodiera ese imbécil, pensé yo. Los reporteros estaban llegando en hordas, lanzándonos más preguntas. Chloe no dijo ni una palabra, solo sonreía y sostenía mi brazo.
Sentí una oleada de alivio cuando cerramos la puerta detrás de nosotros. Podíamos ver a los reporteros moviéndose por fuera de la casa y fui a cerrar las cortinas.
—Bien —dijo ella, acomodándose en el sofá.
—¿Ahora qué?
—Como estamos en casa y aliviados de decirles a todo el mundo que estamos locamente enamorados, nos vamos a la cama.
—Me gusta eso —dije yo. Sus labios formaron una sonrisa. Pensé por un segundo que quizás ella también estaba entusiasmada al respecto.
—Entonces esperamos un poco antes de ordenar la comida. ¿Te gusta la comida hindú?
—No mucho.
—Una lástima. ¿Comida china? ¿Pizza?
Yo podía comer pizza para el desayuno, almuerzo y la cena.
Eso me ganó un encogimiento de hombros mientras ella miraba alrededor.
—¿Dónde está tu habitación?
Yo le asentí hacia la puerta.
—Por ahí. —Le sonreí y ella solo puso sus ojos en blanco.
—Vamos. —Ella se levantó y camino hacia la puerta, luego entró en la habitación. Yo la seguí mientras movía sus caderas y me preguntaba lo que tenía en mente. Estaba seguro de que no sería lo que quería. Me lamí los labios e intenté usar una visión de rayos x para imaginar cómo lucía su trasero desnudo.
Ella se sentó en la cama. Me irritaba el darme cuenta lo excitado que me ponía verla vestida en mi cama. Estar constantemente a su alrededor sería el infierno, una tortura para la cual no estaba acostumbrado o preparado. La mayoría de las chicas no podían despegarse de mi pene por dos segundos. Yo no sabía cómo reaccionar ante una mujer que no quería lanzarse encima de mí al instante.
—¿Entonces, nos sentamos aquí? —le pregunté. Pensé en que tendría que masturbarme luego en la ducha para soltar algo de tanta tensión sexual.
Ella sacudió su cabeza.
—Tenemos una audiencia ahí afuera y necesitan algo de teatro para que salten a las conclusiones que queremos.
—Que estamos aquí follando como locos.
—No pueden escribir solo que nos quedamos adentro. Necesitamos darles un poco más.
—¿De verdad vas a hacer esto al ciento por ciento, verdad?
—Nunca hago nada con menos. Así es como logras triunfar.
Yo me senté junto a ella. Estar con ella me calentaba siempre, sin importar cómo me sentía con respecto a ella, sin importar lo mucho que me decía que sería un problema. Era casi imposible para mí pensar en Chloe como en las otras mujeres que había traído a mi habitación o a cualquier otra habitación. Chloe era compleja, fuerte y embriagadora. Chloe era diferente. Parte de su atractivo era su fortaleza.
En vez de ser algo que se interpusiera entre nosotros, eso me atraía a ella. Chloe era, a su modo, muy parecida a mí. Ella hacía lo que amaba, lo hacía muy bien y eso estaba afectando su vida personal. Yo lo entendía y me sentía atraído a ella por la similitud que compartíamos. Al igual que yo, no parecía tener una vida personal. No tenía tiempo para ella. Quizás disfrutaba pasar solo una noche con alguien o quizás solo evitaba todo tipo de compromisos. Sabía, tras haber estado alrededor de ella por días, que nunca había recibido o hecho ninguna llamada personal. Ella había hablado con su jefe, con el interno de su oficina, con Ralph y con Tom Lassiter… pero era todo. Ella había asumido este rol sin necesidad de arreglar nada en su vida.
Y me hacía pensar en mis emociones, en vez de solo lanzarme y no preocuparme por las ramificaciones de mis acciones. Yo era cuidadoso con Chloe. Todavía la deseaba, pero al estar sentado en mi cama junto a ella, sabía que mi plan, mi intención de que me rogara de que le metiera mi duro pene, era una tontería. No tenía sentido.
¿Qué es lo que quería?
Increíblemente, yo quería gustarle… que pensara bien de mí. Sentía la necesidad de impresionarla y asombrarla. Quería que le importara cuál era mi imagen y quería asegurarme de que ella no pensara que era un imbécil después de todo esto. Por supuesto, no significaba que no quisiera que me rogara que la follara. Cada vez que la veía, cada vez que hacía cualquier cosa simple que hacía que la notara, como aclararse la garganta, una lujuria despertaba dentro de mí. Y sin embargo… estar a solas con una mujer y no intentar algo no era mi estilo. Pero mi estilo nunca había conocido a Chloe Hansen.
Nos sentamos en silencio por un rato. Yo estaba perdido en mis pensamientos. La tarde había sido agotadora, estresante, y mis emociones me tenían confundido. Luego ella sonrió.
—¿Tienes una camiseta grande?
—Claro. ¿Para qué?
—Si se supone que estamos aquí follando, quiero algo para usar durante la cena. Debería dejar que los reporteros me vean, solo un pequeño vistazo, usando nada más que una de tus camisetas. Quizás cuando la cena llegue y yo abra la puerta por la pizza. —Ella arrugó su nariz. Yo sonreí.
—¿Qué tal una chaqueta de hockey? Tiene mi número.
—Perfecto.
Fui al armario y saqué una. Definitivamente pensó en todo; ningún detalle del plan se le olvidó. Era a prueba de todo y yo la admiraba.
—¿Les das estas a tus seguidoras, no?
Yo asentí.
—Solía hacerlo. —El primer paso para intentar que pensara mejor sobre mí.
Ella se rio.
—¿Antes de que encontraras el amor verdadero?
—Sí. —Algo sobre eso no parecía gracioso en este momento.
—Entonces es perfecto. La novia usurpa los premios de las fanáticas. — Yo la miré levantarse, sosteniendo la camisa—. Iré a cambiarme.
La miré. Ella me miró. Me tomó un momento comprender a lo que se refería. No tenía intención de cambiarse enfrente de mí.
—Oh, lo siento. Estaré en la sala.
—Dame cinco minutos —dijo ella—. Luego regresa.
Sentí que el piso se movía bajo mis pies. Yo había aceptado este engaño porque parecía que no tenía alternativa. Había insistido en que ella tomara este rol para poder follarla, para poder obtener algo más que su trabajo de todo esto. Pero me estaba saliendo mal. Ella ganaba más control en todo. Y yo estaba perdiendo la poca concentración que tenía; solo seguía el juego de… ser un buen chico y ni siquiera molestarme. Era como estar atrapado en una corriente poderosa.
Era incómodo.
Cuando regresé cinco minutos después, la encontré parada al lado de las puertas de vidrio deslizantes que daban al patio y llevaba mi camisa. Sus ropas estaban por la habitación, como si hubieran sido arrancadas. La cama estaba revuelta. Ella me miró.
—Desvístete.
—¿Qué?
—Quiero que añadas tu ropa a este desastre y luego te subas a la cama.
—¿Quieres que me desnude?
Ella se rio.
—Así es usualmente como son las personas cuando se quitan la ropa.
No había nada sexy en la situación.
—¿Qué sucede?
—Voy a abrir las cortinas y voy a salir al patio.
Yo fruncí el ceño.
—¿Recuerdas que hay reporteros ahí afuera?
—Ese es el punto. Yo saldré y actuaré como si me hubieran sorprendido con la guardia baja y dejaré que tomen fotografías de mí después de un momento íntimo.
—Un momento, por favor —protesté yo.
—Ellos podrán confirmar sus especulaciones y tendrán fotos candentes de nosotros para compartir con sus lectores.
—¿Y cómo van a arreglar mi imagen las fotografías mías cuando duermo desnudo con otra chica en mi dormitorio? ¿Arreglar mi imagen es el objetivo, cierto? —Yo estaba enfadado porque tomaba decisiones con las que yo no estaba de acuerdo. ¿Y por qué tenía que estar yo desnudo y ella no? No era justo.
—Esta es la transición. La idea no es pretender que te has convertido en un santo, Blake, solo que encontraste a la chica adecuada. Creo que no lo comprendes. —Ella tenía razón. Yo no entendía todo este concepto y me frustraba cada vez más—. Todavía sigues siendo un jugador de hockey caliente y estilo macho. Esa parte de tu imagen no cambiará. Todo lo que les estamos diciendo es que las fiestas salvajes se acabaron. Me has descubierto a mí y al amor verdadero. No queremos que piensen que te he cortado las bolas, solo que te vas a quedar conmigo. Luego serás lo suficientemente aburrido como para ser un modelo a seguir. Que tengas una novia nueva no es nada, pero que le seas fiel es algo totalmente diferente. Y, primero, ellos necesitan algo más convincente que asegure que esto es real, especialmente porque soy un tipo diferente de mujer.
—Entonces, quieres que me desnude, ¿por qué?
Yo atrapé una contracción involuntaria en su ceja.
—Por la causa.
—El problema es… —Yo desabroché mis pantalones y los abrí. Mi duro pene salió por mi bóxer, luciendo más hambriento que satisfecho. Ella miró lo directamente y vi su sonrisa delgada y divertida dibujarse en su cara — … si estoy desnudo, todos los que me fotografíen se darán cuenta que no he follado.
Sus ojos estaban fijos en mi entrepierna.
—Entiendo cómo funciona. Quiero que termines de desvestirte y te acuestes de tu lado con la espalda a la puerta, como si estuvieras dormido. Nadie va a ver esa cosa.
Ouch, ella llamó a mi pene «esa cosa». Me dolió. Suspiré y comencé a desajustarme la corbata y sacarme la camisa. Supe en ese momento que si ella caminara hacia mí y tocara mi pene, si ella rodeara sus adorables dedos alrededor y lo apretara, yo me correría justo en ese momento, lo cual me hizo pensar que si tuviera mi semen cubriéndole el frente de esa camisa sería más convincente, pero no dije nada. Estaba haciendo lo que me ordenaba.
«El contrato», me recordé yo.
Chloe seguía mirándome cuando me subí a la cama. Sentí su mirada en mi espalda. Quería que me tocara y lo deseaba como nunca había deseado nada antes, pero la lujuria tornaba más confusos mis pensamientos.
—Hora del show —susurró ella.
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