La clave Pinner
La clave Pinner
Andrés Pérez Domínguez
La clave Pinner
ePub r1.0
Titivillus 05.07.2019
Andrés Pérez Domínguez, 2004
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
Índice de contenido
Cubierta
La clave Pinner
Prólogo
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Sobre el autor
Para mi padre,
que me compraba libros.
Para mi abuelo Andrés (1906-1997),
que también fue miliciano.
Dije que sí, me acomodé en el interior frotándome las manos, y antes de que se me ocurriera decidir dónde iría comprendí que el idioma inusual y sonoro que me hablaba el conductor era el duro español de mi adolescencia.
Beltenebros,
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
¿Qué te imaginas que son los espías: sacerdotes, santos y mártires? Son una lamentable procesión de memos vanidosos y traidores, además; sí: maricas, sádicos, borrachos, gente que juega a pieles rojas y cow-boys para iluminar sus putrefactas vidas. ¿Crees que están sentados como monjes, en Londres, sopesando el bien y el mal? Yo habría matado a Mundt si hubiera podido; le odio; pero ahora no. Da la casualidad de que le necesitan. Le necesitan para que la gran masa de imbéciles que admiras pueda dormir tranquilamente en sus camas por la noche. Le necesitan para la seguridad de la gente corriente y moliente como tú y como yo.
El espía que surgió del frío,
JOHN LE CARRÉ
A principios de mayo se llevó a cabo la famosa operación Mincemeat, que consistió en abandonar el cuerpo de un muchacho muerto vestido con uniforme de oficial de «marines» frente a las costas del sur de España. Fue descubierto por pescadores que entregaron el cadáver a las autoridades españolas, las que a su vez entregaron los documentos que encontraron entre sus ropas a los representantes alemanes de la Abwehr. Entre los documentos, figuraba una carta ficticia de sir Archibald Nye al general Alexander, comandante de las fuerzas del Medio Oriente, en que detallaba los deseos de Londres de realizar el planeado ataque en el Mediterráneo oriental, aludiendo a que también el sur de Francia figuraba entre las posibilidades.
Juego de topos,
DESMOND BRISTOW
No, éste no es el final de la guerra, ni tan siquiera el principio del fin. Es, tal vez, el final del principio.
WINSTON CHURCHILL