
La niña de Luzmela
Don Manuel de la Torre vuelve a su pueblo cántabro con una niña de luto. La presenta como ahijada, nunca como lo que es: su hija. Al morir, su testamento reparte la fortuna entre su hermana Rebeca, que solo la usufructúa mientras trate bien a la niña, y Salvador, el médico al que él educó. Carmen no hereda nada. Sin nombre y sin dinero en la casona de Rucanto, estorba: mientras viva, esa familia no puede tocar el capital. De ahí, años de humillación. De su parte están Salvador y Rita, el ama de llaves. Espina se dio a conocer con este libro en 1909. Prosa lenta, atenta al paisaje de La Montaña y sobre todo a lo que Carmen calla. Quien busque acción se aburrirá; quien quiera ver cómo aguanta una niña maltratada sin levantar la voz, encontrará bastante.



