
El comendador Mendoza
Don Fadrique López de Mendoza vuelve a su Andalucía natal en 1794, cincuentón, con la fortuna hecha lejos de casa y la cabeza llena de lecturas de los enciclopedistas. En el pueblo le espera algo que no había previsto: Clara, la hija de doña Blanca Roldán, es también hija suya, y la madre, encerrada en una devoción áspera, ha decidido que la muchacha repare una falta que no cometió, o metiéndose monja o casándose con el pariente mayor a quien en rigor tocaba la hacienda. Clara, entretanto, quiere a un estudiante rondeño que cursa leyes en Sevilla.
Valera lleva ese pulso entre dos conciencias sin levantar nunca la voz, con ironía cortés y un castellano de limpieza poco común. La salida que encuentra el comendador le sale carísima, y ahí está el nervio del libro.







