
Arroz y tartana
Doña Manuela Pajares baja al Mercado de Valencia en Nochebuena con el aire de quien todavía manda, aunque en su casa el dinero se va en pagarés e hipotecas. Viuda dos veces, sostiene un tren de vida que no puede pagar: cree que las apariencias casarán bien a sus hijas. Las Tres Rosas, la tienda de tejidos de su primer marido, es hoy de Antonio Cuadros, antiguo dependiente que se pasa las tardes en la Bolsa y se burla del comercio a la antigua. Quien lleva el mostrador y avala los pagarés de su madre es Juanito, el hijo mayor, nacido en la tienda y sin más ambición que ser comerciante. Arroz y tartana es el dicho valenciano para quien vive de aparentar. Con ella abrió Blasco Ibáñez su ciclo valenciano: mucho mercado, mucha calle y una ruina que se ve venir.





