La novela perdida de Lord Byron

John Crowley · Apéndice

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La novela perdida de Lord Byron

Notas

[1] Su padre el laird: La maldad de los antepasados Byron se ha convertido en leyenda, y como tal contiene una gran dosis de falsedades. Se dice que el propio Lord Byron disfrutaba asombrando a sus amistades con relatos de su ancestro, William, el quinto lord, que dilapidó la fortuna y asesinó a un hombre en un duelo irregular. El propio padre de Lord Byron, Jack el Loco, fue capaz de arruinar sus propiedades primero, y, después, las de su segunda esposa (la madre de Lord Byron) en un período de tiempo sorprendentemente breve. Huyó al continente para escapar de los acreedores cuando su hijo apenas había cumplido dos años, y nunca volvieron a verlo; murió en el extranjero a la edad de treinta y cuatro años, sin un penique, y puede que por propia mano. Cuando yo tenía dos años, mi padre abandonó Inglaterra

para siempre; murió en Grecia a los treinta y seis años. <<

[*] Sane: sano, en inglés. (N. del t.) <<

[*] Juego de palabras imposible de traducir entre black-mail, chantaje en inglés, y

mail, correo. (N. del t.) <<

[2] las propiedades escocesas de su esposa: Lord Byron se complace en situar esta escena en un entorno muy similar a su abadía de Newstead, en Nottinghamshire, para acomodarlo al lugar del que se consideraba originario; de hecho, solía decir por ejemplo «nosotros los escoceses…», cosa que hacía a menudo. Su madre, Catherine Gordon, era escocesa y tenía tierras en Gight (propiedades que su esposo vendió para saldar deudas) y, desde los diez años, él vivió en Aberdeen, y nadó en las aguas del Dee. Su madre, decía, se sentía desmesuradamente orgullosa de sus antepasados

Estuardo, y miraba por encima del hombro a los Byron del sur. <<

[3] gotas de Kendal: Es de todos sabido que Lord Byron se aficionó al láudano en su último tiempo de estancia en Inglaterra. Lo combinaba con estimulantes tales como el clarete o el brandy. Era un remedio de sobra conocido que combatía tanto los males mentales como físicos, aunque en estos tiempos se prefiera el uso de la morfina a las gotas negras ya pasadas de moda. Mis propios médicos me recomendaron un régimen consistente en alternar opiáceos con estimulantes que en ocasiones ha resultado beneficioso, aunque la perspectiva de reducir de forma deliberada la exaltación mental mediante el uso de narcóticos resulte a menudo repulsiva, incluso para quien

conoce las consecuencias de una huida tan rápida y eficaz. <<

[4] a mano las pistolas: Lord Byron era un excelente tirador, por mucho que tuviera la costumbre de asegurar que le temblaba el pulso. Se había entrenado para apretar el gatillo en el momento justo. Cuando era niña, se temía que mi padre enviara a unos agentes a la casa de mi madre con intención de secuestrarme; que posiblemente él mismo iba a regresar a Inglaterra con dicho propósito. Mi abuela, lady Noel, guardaba un par de pistolas cargadas junto a la cama para frustrar estos planes. Pensar que esa dulce y amable dama pudiera llegar a utilizarlas se me antoja ahora tan divertido como la convicción que demostraba al comentar la existencia de tan

siniestras intenciones. <<

[5] oso amaestrado de su padre: Byron tuvo un oso cuando estuvo en Cambridge, y por un tiempo lo guardaba en la abadía de Newstead, donde entretenía a sus amistades. Lord Byron siempre se vio rodeado de animales en todas las casas en las que residió, sobre todo perros, sus favoritos, aunque el poeta Shelley recordaba haberse topado con una grulla, una cabra, un burro y varios gatos, además de perros, en su casa de Pisa. Sentía amor y respeto por los animales, un atributo que descubrí en mí misma mucho antes de saber que lo compartía con mi padre. Los animales, a los que Descartes consideraba automata, incapaces de albergar mayores sentimientos que un mecanismo, serán algún día como nosotros, o nosotros seremos como ellos, de

un modo tal que ahora no podemos siquiera concebir. <<

[6] sonambulismos: Lord Byron no podía conocer las especulaciones del doctor Elliotson y otros respecto a lo que el doctor llama una «enfermedad del sueño», estado similar al experimentado por un santo o un poeta, durante el cual se suceden las visiones más vívidas, como las de los palacios y las damiselas de Coleridge en Nether Stowey hasta que lo despertó alguien procedente de Porlock. Conozco bien esas regiones, tan poéticas de por sí. Las visiones de Coleridge también se veían estimuladas por el uso del opio. Son de sobra conocidos los buenos resultados del doctor Elliotson en el uso de esas técnicas de sueño especial denominadas mesméricas (aunque yo prefiera llamarlas hipnóticas). La luz y el tratamiento fantástico del tema en las últimas páginas de esta obra proceden de la incomprensible ignorancia de la autora en el desarrollo de esta ciencia en nuestros días; no obstante,

privilegio de poetas, mi padre era capaz de ver más allá en sus posibilidades. <<

[7] Albania: El viaje de juventud de Lord Byron a Albania, narrado en las Peregrinaciones de Childe Harold, periplo emprendido en un momento en que pocos ingleses se habían aventurado en la región, sirvió de banderín de su fama y notoriedad. En efecto, amaba la acción, era impermeable a la incomodidad y a lo que el doctor Johnson denomina «el deseo de ser complacido», lo cual es patrimonio del buen viajero. No puedo tener la certeza de que sus descripciones de tierras, gentes y costumbres sean muy ajustadas, ni que derivasen de su propia experiencia, después

de todo bastante breve. No obstante, sigo investigando el particular. <<

[8] pacha: Alí Pachá (1741-1822, hasta donde puedo determinar), a quien Byron visitó en la capital de Tepelene durante su viaje a Albania. En la correspondencia que envió a su madre, Byron describe su figura, y también a sus nietos maquillados, tal

como aparecen en el relato. <<

[9] un largo kilt blanco de suave lana: Describe exactamente el traje albanés que se compró mi padre cuando estuvo en ese país; con dicho atuendo típico fue retratado por Phillips. El cuadro colgaba sobre el manto de la chimenea de la casa de mi abuela en Kirkby Mallory, donde durante un tiempo después de mi nacimiento residimos mi madre y yo con ella. El cuadro estaba cubierto con una tela de gamuza verde, y no se me permitió mirarlo, quizá por temor a la funesta influencia que pudiera tener sobre mi joven ser. Tal santuario, corrida la tela sobre lo más sagrado, igual que el velo cubre el pergamino de la Escritura en un templo judío, más bien debía de generar una gran fascinación en lugar de ejercer el efecto contrario. Tentar en vez de proteger, y quizá así fue, pero el caso es que no recuerdo haber visto el cuadro en esa casa, y sólo cuando me fue entregado, tras casarme, se me hizo partícipe de cómo lo ocultaron.

Extraños son los caminos de los parientes celosos y atentos. <<

[*] «Lots of love», en inglés, significa montones de amor, y «laugh out loud», ríete

bien fuerte. (N. del t.) <<

[1] bastinado: En respuesta a mi pregunta, el señor John Cam Hobhouse, ahora lord Broughton, que acompañó a Byron en sus viajes de juventud, me ha informado de que el relato de Lord Byron referente a esta repugnante e inverosímil práctica es preciso, y refleja con detalle una escena que ambos presenciaron estando en Turquía.

<<

[2] una compañía de mujeres: El señor Thomas Moore, en su biografía del poeta, incluye una carta de Byron a su madre escrita desde Albania, en la que habla precisamente de eso, de mujeres partiendo piedras en la vía pública, tratadas como animales de carga, trabajando mientras sus hombres disfrutaban de la guerra y la caza. Como hombre joven que era, podía censurarlo, pero era a la vez lo bastante inconsciente de la injusticia como para escribir: «no es una labor tan dura en un clima tan agradable», un sentimiento que es inimaginable que aquellas mujeres

compartieran y del que el propio autor se arrepentiría más adelante. <<

[3] por supuesto podía nadar: Lord Byron está en lo cierto al asegurar que los caballos pueden nadar, y que en ocasiones lo hacen por puro placer. Lo sé por propia experiencia. Padecí una larga enfermedad de niña que me impidió montar, incluso andar sin ayuda, y cuando me recuperé me convertí en una amazona temeraria. En

más de una ocasión llevé a mi caballo favorito al mar, para su visible deleite. <<

[4] toro de Teseo: Referencia al vengativo toro del mar, invocado por el incesto de Fedra con su hijo adoptivo. De hecho, es su hijo, Hipólito, quien acaba muerto por el toro en lugar de Teseo, un raro desliz de Lord Byron, que conocía bien la cultura clásica. Dejo constancia de ello porque yo no tengo los mismos conocimientos al

respecto que tenía mi padre, y me alegra haber reparado en ello. <<

[17] Missolonghi: Fue en la población griega de Missolonghi donde murió Lord Byron, mártir de la causa por la libertad de Grecia. Llama la atención el hecho de que, en la ficción, sitúe a sus personajes tan cerca de tan fatídico lugar. Existe un misterio en esta coincidencia, misterio que con el paso de los siglos podría ser

resuelto a través de medios de naturaleza matemática que aún desconocemos. <<

[1] las ruinas de una abadía: El retrato que traza Lord Byron en estas páginas corresponde al antiguo hogar de su familia en Nottinghamshire, la abadía de Newstead, que él vendió para saldar deudas cuando era joven, lo cual lamentaría posteriormente (o eso tengo entendido). No siempre fue un lugar feliz. La fortuna que podía haber permitido a los Byron mantener su hogar fue embargada por los auditores de Cromwell, y nunca se devolvió. No puede culparse al antepasado de Lord Byron, el quinto lord, conocido como el Malvado Byron, del perjuicio sufrido por la propiedad, ni por la venta de buena parte del mobiliario, etc., dado que tan adusto caballero no tenía de hecho recursos para mantener una propiedad que no podía vender, y que, por mucho que la apreciara mi padre, él mismo no pudo mantener.

Hace poco he visitado el lugar, donde nunca antes había estado, y al cual fuimos invitados mi marido y yo por su actual propietario, el coronel Wildman, el más civilizado de los hombres. Afable anfitrión, devoto de mi padre y de su recuerdo, está restaurando la abadía hasta tal punto que superará incluso la gloria de tiempos pasados, y se ha tomado la molestia de conservar hasta la última reliquia del tiempo que vivió allí mi padre. Admito que al principio recorrí los espléndidos salones e inspeccioné los terrenos de cultivo con el ánimo algo abatido. Parecía el mausoleo de mi estirpe, donde la historia yacía bajo una lápida para no ser alcanzada jamás por la mano o el pensamiento de los vivos. Sentía que yo misma me convertía en piedra. Al mismo tiempo no pude librarme de la impresión de que todo aquello debería ser MÍO: un sentimiento que distaba mucho de ser agradable, pero no entraba tampoco en el terreno de la envidia. Era de profunda melancolía, como de las oportunidades que se dejan escapar, o de un deber que se descuida y que ya no es posible atender.

Al día siguiente salí temprano de la casa y, como el joven Alí, recorrí a solas el así llamado Bosque del Diablo, donde el malvado quinto lord gustaba colocar estatuas de faunos y sátiros como dispuestos para una bacanal, y que en la actualidad están tan cubiertos de musgo y arbustos que no pueden ofender a nadie. Allí me encontró el coronel Wildman (el caballero tenía la impresión de que había algo que me angustiaba) y hablamos largo y tendido, de los Byron, del amor que sentía por su antiguo compañero de escuela, de mí misma, todo lo cual escuchó con la mayor amabilidad y paciencia. Lo que se había aferrado a mí, o, erróneamente, yo a ello, parecía estar a punto de caer o echar a volar allí mismo. Sé que soy la descendiente de una estirpe que me ha dejado algo más que tierras y piedras, una naturaleza que yo he vivido en mi interior como dentro de una mansión de múltiples estancias, algunas gastadas por el tiempo, derruidas o reconstruidas por otros para su uso y disfrute,

pero no todas exploradas, no, ni siquiera a estas alturas. <<

[2] una serie de lagos conectados: Oscuro, profundo y muy frío sigue siendo el lago, y

 

las aves siguen durmiendo en él. <<

[3] Canaletto, etc.: Resulta interesante comparar el retrato que hace Lord Byron de esta devastada y maltratada abadía con el que traza en los últimos cantos de su Don Juan. En ese poema, su propia Newstead es reinventada como hubiera deseado que fuera, llena de confort y esplendor, incluidos retratos de los antepasados, atestada de invitados de altura y con el antiguo bosque intacto. Ese retrato es tanto mejor respecto al estado real de su casa, como éste es peor. Así suele suceder con los relatos que

hacemos de las cosas reales. <<

[4] un negro perro terranova: Lord Byron tuvo un perro en su juventud al que quería mucho y que se llamaba Boatswain, aunque no sabría decir por qué. Murió consumido por la locura, y Lord Byron cuidó de él durante su larga agonía, hasta que

expiró, limpiando los espumarajos de su hocico con su propia mano. <<

[5] un olmo: Este imponente árbol sigue en pie, un poco más anciano, en el parque de Newstead. Los nombres grabados en él corresponden a mi padre y a su hermanastra, la honorable lady Augusta Leigh. Yo llevo su nombre entre los míos, y sólo eso. La dama ha muerto recientemente, y jamás tuve ocasión de mantener esa conversación

con ella que me hubiera permitido conocerla. De mortuis nil nisi bonum. <<

[6] el viejo Jock: Lord Byron era muy devoto de un anciano sirviente de Newstead llamado Joe Murray. En un retrato que cuelga hoy en día en Newstead, se aprecian las mejillas sonrojadas, la sonrisa amable y la larga pipa de arcilla que el autor traslada a su equivalente escocés. Byron nunca conoció a su padre, y quizá el viejo Joe Murray,

y otros más adelante, habrían de llenar ese hueco. <<

[7] Ida: Lord Byron asistió a la escuela Harrow desde 1801 hasta 1805, y dijo haberla odiado durante sus primeros cursos a pesar de que al final, durante su último año de estancia allí, se reconcilió con ella. El doctor Joseph Drury, el director al que se enfrentó al principio y que más tarde acabaría por admirar y apreciar, dejó constancia de su impresión de que le habían confiado la educación de un «potro salvaje de montaña». El hecho es que la cojera de Lord Byron supuso una fuente de problemas, no sólo por el hecho de impedirle tomar parte en los deportes y los juegos, sino por las burlas y los desprecios de los otros muchachos. Siempre tenía que demostrar que era tan fuerte y valiente como cualquiera de ellos. Su exacerbado sentido del amour-propre lo llevó a enfrentarse con todos aquellos, incluidos profesores, que creía que lo habían ofendido, y en ocasiones hubo que sacarlo de entre sus compañeros para alojarlo en casa del director. No hace falta un alarde de imaginación para trasladar la deformidad del joven Lord Byron a la naturaleza alienada de su creación imaginaria. La escuela Harrow, que he visitado en una ocasión, y que de vez en cuando he visto al pasar de lejos, sigue estando en una colina que siempre me ha dado la impresión de

desolada y solitaria, no sé por qué razón. <<

[8] su lápida favorita: Hay en el cementerio de Harrow-on-the-Hill, junto a la iglesia donde en tiempos los jóvenes alumnos acudían a misa, una lápida llana desde donde puede observarse el paisaje del valle. Se la conoce por the Peachey stone, sin duda por quien yace debajo. Ahora se indica a quienes visitan el lugar que ahí era donde el joven poeta gustaba de retirarse, y donde por primera vez empezó a pensar en escribir sus versos. Tal como suele suceder con estas cosas, se ha malinterpretado la naturaleza de esta tumba, pues hay quienes creen que es la tumba de Byron, lo cual no es cierto. Su tumba está en la parroquia de la iglesia de Hucknall Torkard, en su

región natal de Nottinghamshire, con sus antepasados. <<

[9] Lord Corydon: Este personaje combina los caracteres de lord Clare, el mejor amigo de Byron en Harrow, y de John Edelston, un miembro del coro de Cambridge, que no tenía ni quince años cuando Byron desarrolló un gran afecto por él. De lord Clare dijo en una carta a Moore: «Siempre lo he querido (desde que tenía trece años, en Harrow) más que a ningún otro hombre en el mundo.» Edelston era pobre, matiz que Byron parece haber aportado a esa mezcla de los dos jóvenes más queridos por

él. <<

[10] algunos han muerto: John Wingfield, que estuvo con Byron en Harrow, moriría más tarde en combate. También él, y el dolor que causó a Byron su muerte, deben de

formar parte de la historia que explica de lord Corydon y de su destino. <<

[1] Viola y Sebastian: En la comedia de Shakespeare Noche de Reyes, son dos hermanos que embarrancan en la costa de Iliria, la cual, curiosamente, forma parte de Albania, aunque es de suponer que el Bardo nada supiera de esto. El conocimiento que tenía Lord Byron de Shakespeare era muy amplio, aunque no profundo, y su costumbre de citar (o de citar parcialmente) sus versos era una constante de su

correspondencia, aunque en la ficción eso pueda parecer un defecto. <<

[2] los últimos días de lady Sane: Como prueba de que el presente manuscrito es un primer borrador, basta con señalar que esta dama, de cuya muerte se habla en este capítulo, aparece descrita como viva en la primera página de la historia, aunque recluida y enajenada, la noche del asesinato de su marido. Se tiene a Lord Byron por un escritor rápido y, a menudo, descuidado. Es verdad que le hubiera bastado con echar un vistazo a las primeras páginas para reparar en este error, de lo que se deduce que no repasó el manuscrito. Escribió a conciencia, aunque con suma rapidez. Las diversas correcciones, marcas, interpolaciones, etc., del manuscrito original no se han conservado en la copia en limpio, aunque por lo que a mí respecta, nada he cambiado,

ni siquiera su gramática, aun cuando ésta pudiera ser errónea. <<

[3] una iglesia modesta y muy antigua: Los Byron descansan en la cripta de la iglesia de Hucknall, cerca de Newstead. Lord Byron exagera al describirla como un amontonamiento de piedras, aunque la iglesia necesite de una restauración. Bajé por la escalera tal como hizo el héroe de Lord Byron para ver a sus antepasados, y los míos, en la penumbra. Puse la mano sobre él, o sobre el ataúd que contiene sus restos

mortales. Nunca he temido a la muerte; tampoco él lo hizo. <<

[4] carece de propiedad alguna: No es ninguna suerte —y Lord Byron no era el único que pensaba así— recibir un título sin los medios necesarios para mantenerlo. El actual Lord Byron, almirante y oficial de Su Majestad, no recibió ninguna herencia de mi padre, la cual fue a parar a manos de mi madre y de la hermanastra de aquél, la señora Leigh; las propiedades, sin embargo, habían desaparecido hacía tiempo. De joven disfruté de la hospitalidad del actual lord; mi madre, debido a sus constantes achaques, no siempre podía atender mis necesidades, y él me ofreció generosamente tanto su tiempo como su atención. No parece haber heredado el carácter de su primo,

mi padre, ni el del padre de mi padre, El loco Jack Byron. <<

[5] vaca lechera: Se suele pensar que mi padre quiso recuperar la fortuna y poner en orden sus asuntos, que pasaban por graves apuros, contrayendo matrimonio con mi madre, lo cual hubiera supuesto por su parte una maniobra fría y calculadora. Mi madre poseía un modesto patrimonio y tenía ciertas perspectivas de futuro. No obstante, si mis indagaciones al respecto son de fiar, diría más bien que Lord Byron creía ser el más rico de los dos, puesto que daba por sentada la venta de la abadía de Newstead por un centenar de miles de libras, o más, lo cual le hubiera provisto de una suma considerable de cara a su matrimonio con quien entonces era la señorita Milbanke. No fue sino hasta después, cuando la venta de Newstead resultó no ser tan buen negocio, cuando Lord Byron consideró sumamente ventajosa su situación

matrimonial. Sus razones para la boda fueron otras, aunque no sabría decir cuáles. <<

[6] en virginal meditación: Referencia a El sueño de una noche de verano, de Shakespeare. Consúltese la nota anterior al respecto. Es posible que se me haya escapado la presencia de otras citas del Bardo en el presente texto; otras son tan

conocidas que no justifican una nota. <<

[7] delgado como una vara: Según apuntan quienes le conocieron bien, Lord Byron tenía tendencia a engordar, y sentía horror ante dicha perspectiva, de modo que recurría a toda suerte de medios para combatirlo: comía ensaladas rociadas con vinagre, vinos ligeros mezclados con soda, etc. En nuestros tiempos, más de una doncella que tuviera el mismo objetivo, carecería de la fuerza de voluntad necesaria

para seguir su régimen. <<

[8] se lució: He sabido que, a pesar de su cojera, Lord Byron jugó en una ocasión con los alumnos de Harrow contra Eton al criquet, y que lo hizo de forma destacada. De su capacidad para nadar, nada tengo que añadir a lo que es de sobra conocido por todos: es el nadador más famoso desde Leandro, cuya hazaña en el Helesponto imitó. Yo soy incapaz de nadar, y me hundiría cual Ofelia si por algún motivo me cayera algún día al agua; aunque soy capaz de patinar sobre el agua como la mejor, cuando

la masa de agua ha cambiado de estado. <<

[9] Roscius el Joven: Referencia a William Betty, el niño actor (en realidad era adolescente), cuya belleza y fuerza cautivó a nuestros abuelos; se decía que se parecía a mi padre, aunque al acudir a una función suya en Londres, Lord Byron declaró que no se lo había parecido. Sin duda, Lord Byron se manejaba bien en el famoso día de los ejercicios de Oratoria en Harrow. Puede decirse que toda su vida representó el papel de sí mismo, y que nadie lo hubiera representado mejor —aunque muchos lo

hayan intentado desde entonces. <<

[1] Atenas de los pantanos: Lord Byron asistió brevemente a la Universidad de Cambridge, aunque no llegó a licenciarse. Allí conoció, entre otros, al señor Scrope Berdmore Davies y al señor John Cam Hobhouse, quien se contaría entre sus mejores amigos. El señor Davies aparecerá más adelante encarnado en el personaje de Peter Piper, una de las creaciones más cómicas de esta historia, aunque no sé hasta qué

punto se parecerá a la persona real. <<

[2] estanque calmado: Hay una encañizada en el río Cam, sobre Grantchester, que aún hoy se conoce como «laguna de Byron». Me pregunto si no debería compilarse en un Almanaque una guía acerca de todos los lugares relacionados con él, de aquí a Constantinopla. Y no me refiero sólo a los reales, sino también a los supuestos, de modo que todo aquel que así lo desee pueda emprender el peregrinaje de forma más

conveniente. Si tal guía existe, lo cierto es que ha escapado a mi conocimiento. <<

[3] mi familia: Me parece algo muy notable que, en toda la novela, no haya una sola familia completa: padre, madre e hijos. Los escritores, por supuesto, están en su derecho, y tienen el poder, de simplificar sus historias, de talar los árboles genealógicos de las familias que puedan crear y, mediante una conveniente caída del caballo, o unas fiebres repentinas, introducir las circunstancias que crean oportunas para el progreso de la narración. Aun así me pregunto si mi padre estaba capacitado para concebir una familia intacta, una que no obedeciera a un modelo raro o

incompleto. <<

[4] carro de Sisera: No sé a qué puede referirse este comentario, y no he encontrado referencia alguna en los libros consultados. Creo que un escritor más bien resulta perjudicado al recurrir a comparaciones de las que el lector normal y corriente no

tiene la menor idea. <<

[5] la letra d: Desgracia, degeneración, dolor, decadencia, depresión, desesperación, decepción, disgusto, detrimento, depravación, descomposición, defunción,

desolación, decrepitud, desuso, duda, por poner algunos ejemplos. <<

[1] Negro hercúleo: Aquellos lectores que lleguen a esta nota antes de concluir la historia no sabrán que este personaje es originario de las Indias Occidentales, víctima, o beneficiario, de esa infusión de vida artificial que, según la superstición de las tierras caribeñas, es capaz de convertir a un cadáver en un trabajador inmortal carente de alma. (Respecto a quién lo ha revivido, si de vivo es en verdad su condición, se anunciará con el tiempo.) Esta inverosímil creencia fue revelada a ojos del público inglés por primera vez por Robert Southey en su historia de Brasil, la cual pudo ser la fuente de la que Lord Byron extrajo la leyenda; en tal caso, la conexión resulta llamativa, puesto que Southey era una bête noire de mi padre, y su vida y carrera política, una fuente constante de inspiración para su ingenio y sarcasmo, devuelto, se dice, mediante los anatemas y ataques que el por entonces Poeta Laureado dedicó a mi padre y a toda su obra. Todo eso pertenece al pasado, pues ambos han muerto. Recuerdo que Southey quiso crear, junto con el poeta Coleridge, una colonia que viviera en perfecta armonía y felicidad a orillas del Susquehanna, en América; como también lo quería yo, cuando apenas era una niña.

Yo creo que el fenómeno del zombi constituye otro aspecto de ese Sueño Hipnótico explorado y descrito en otra parte de la novela de un modo tan precursor: y diría que las personas sumidas por inteligentes maestros o poderosos brujos en semejante

estado parecen, a ojos de otros, estar entre la vida y la muerte. <<

[2] la señorita Edgeworth: Según afirmaba él mismo, Lord Byron era un insaciable lector de novelas. Tanto era así que aseguraba haber leído cinco mil, lo que el señor Hobhouse dice que es imposible; afirma también este caballero que Lord Byron daba una novela por leída con tan sólo echarle un vistazo. También era poco escrupuloso en lo que a la exageración se refiere, defecto que comparto, pues ya de niña se me castigaba cuando el objeto de la exageración no era apropiado (como la devoción filial, o los impulsos religiosos, o el dolor ante los sufrimientos de aquellos que recurrían a mi compasión). No me cuesta nada creer que Lord Byron hubiera leído mucho; no tenía reparos en lo que a literatura se refiere, y no por ello tenía en menos

su propia obra, que contaba con la aprobación de muchos lectores. <<

[3] lord Edward Fitzgerald: La historia aquí contada es cierta. Este patriota irlandés, muerto en el levantamiento de 1798, tuvo un sirviente negro y corrió estas aventuras en Norteamérica. Todo ello se narra en la biografía de ese lord escrita por el ubicuo señor Thomas Moore, quien en ocasiones puede parecer una sombra de Lord Byron, sin el cual él no hubiera existido, aunque ésta parezca una aseveración injusta para el autor de Lallah Rookh y muchas otras preciosas canciones. Sin embargo, es cierto que Lord Byron, mucho antes de conocer a Moore, o tener conocimiento de primera mano de los asuntos irlandeses, se enamoró de la caballeresca figura (tal como él la percibía) de Fitzgerald, y declaró con ocasión de la revuelta irlandesa de 1798 que, de haber sido un hombre adulto, se habría convertido en un lord Edward Fitzgerald inglés. Lady Byron me puso al corriente de algunos pormenores del almacén de anécdotas que le confió su difunto marido.

Sin duda fue durante su posterior y larga amistad con el señor Thomas Moore cuando Lord Byron conoció la historia aquí contada. Sus motivos para incluirla en su novela están menos claros. Quizá tan sólo le movió a hacerlo la visión de América que

aparece en ella. Lo ignoro. <<

[4] madame de Genlis: La comtesse de Genlis fue tutora de los hijos del duque de Chartres, y al menos uno de los hijos de ella se supone que debía de ser del duque. Es la conocida autora de Madame de Maintenon, Mémoires, etc. Como muchos otros de su generación, Lord Byron aseguraba despreciar a la escritora procedente de la nobleza, a esas «mujeres amantes de los garabatos» tan admiradas en su época. Hizo una excepción con madame de Staël, y sospecho que, en esto como en tantas otras

cosas, su burlesca actitud era más una pose que un comportamiento meditado. <<

[5] Buonaparte: Así lo escribía siempre Lord Byron. De joven se dejó embriagar por la figura de Napoleón, aunque, al igual que muchos de sus coetáneos finalmente el emperador supuso una decepción como libertador de Europa. Se convirtió en un dictador peor que aquel al que derrocó, y en lugar de apartar a los reyes del mundo, se limitó a ceñir las coronas en las frentes de sus necios familiares. En los poemas y la correspondencia de Lord Byron abundan las alusiones a este héroe de su juventud, y cualquiera que ponga en duda la complejidad de la mente del poeta, o la sutileza de su juicio, sólo tiene que reunirlos y ver con qué variedad, sin contradicción, se representa a Napoleón: como un sueño de gloria, o de justicia y esperanza; como una afrenta merecida para el mundo civilizado; como una figura de autoengaño con tintes cómicos, y como un tirano salpicado de sangre. Con qué gusto cambiaría todos los dramas en verso de Byron por uno solo que tuviera como protagonista a Napoleón.

<<

[6] la cubierta de un barco: No había nada que él apreciara más que estar en un barco, tanto por el hecho de dejar atrás lo que ya no quería, o lo que ya no lo quería a él, como para poner rumbo a lo desconocido. Por un instante, amaba de nuevo todo aquello que había perdido, o desechado; y aún no podía decepcionarle aquello que aún no conocía. Yo me cuento entre lo que abandonó. No fue del todo su elección aunque sí en gran parte. No lo negaría, si pudiera preguntarle; pero no puedo, y en

eso tiene algo que ver… la muerte. <<

[1] la pasada contienda: Cuando Byron viajó a España en el año 1809, los ingleses acababan de entrar en la península Ibérica. Ambienta esta aventura al final de la guerra, bastante después de su paso por allí. Observo que sitúa la batalla de Salamanca (1812) «no hace ni una década», lo cual, si bien no es tan específico como cabría esperar, nos sirve de marco a la escritura de esta parte de la historia hacia 1822. A finales de 1821 abandonó Rávena para instalarse en Pisa, de donde más tarde partiría hacia Grecia. Creo que el manuscrito de esta historia podría haberlo redactado, con ciertas interrupciones, desde la época de su estancia en Suiza, tras separarse de lady Byron, hasta parte del tiempo que residió y que se perdió en esa

ciudad. Claro que no son más que especulaciones. <<

[2] que aún no era duque: Que Lord Byron creyera posible publicar una novela en la que el duque de Wellington figurase como personaje, en la cual obtuviera una de sus más famosas victorias en parte gracias a la información de un tránsfuga, por otra parte totalmente imaginario, me sugiere que, por la época en la que describe estos incidentes, Lord Byron había aceptado que el libro no podría publicarse bajo esta forma, de modo que se sentía libre para escribir lo que quisiera, porque el conjunto acabaría siendo pasto de las llamas, o del futuro, pero no llegaría al público de aquel entonces. Este hecho serviría también para explicar por qué, como dicen sus biógrafos, no hizo mención alguna de su obra, sobre todo teniendo en cuenta que sí hablaba de sus otros trabajos en la correspondencia que dirigía a su editor y a otras

personas. <<

[3] paraguas: Lo que leo en Peninsular War, de Napier, corrobora que Lord Byron está en lo cierto en lo que a los movimientos de las tropas se refiere, el transcurso de la batalla, los efectos del tiempo atmosférico e, incluso, en el detalle de los paraguas de los oficiales. Me han contado que le enorgullecía ser preciso con los hechos, y que le gustaba investigar hasta el último detalle del aparejo de un barco, la composición de un gobierno extranjero o las costumbres y la moda de un pueblo. No es una gran virtud, y no siempre la ejercitaba. También yo la comparto, y tampoco yo hago uso de

ella siempre que se da la circunstancia. No la utilizo tanto como debería. <<

[4] Frere: En efecto, John Hookham Frere fue cónsul británico en España cuando se libró la batalla de Salamanca. Ocupaba ya ese puesto cuando Lord Byron viajó a España en 1809, de camino a Gibraltar para tomar un barco hacia Grecia. Ignoro por qué incluye Lord Byron a este personaje en la novela, e ignoro si ambos habían

llegado siquiera a conocerse. <<

[1] una joven dama: Se trata de un incidente tomado de la vida real. Lady Caroline Lamb sobornaría a un sirviente para introducirse en las habitaciones de Lord Byron, a veces disfrazada de paje (véase el décimo capítulo, donde se describe un incidente

basado en las extravagancias de esta apasionada dama). <<

[2] discurso de ingreso: Escribir sobre Londres y la fama adquirida a edad temprana pudo recordar a Lord Byron su propio discurso de ingreso en la Cámara de los Lores, denuncia encendida de una propuesta de ley que pedía la pena capital por el crimen de atentar contra la maquinaria, crimen por el cual se detenía a diario a desesperados obreros en su propio condado de Nottinghamshire. Que la vida de esos desdichados fuera inferior al precio de la maquinaria era increíble; por otra parte, esos hombres eran incapaces de ver el futuro, sólo la crueldad con que éste entraba en sus vidas. Hoy en día, sus descendientes trabajan en las fábricas y miles de bienes son producidos gracias a una maquinaria que ellos, o quienes en su día los defendieron,

siquiera pudieron haber concebido. <<

[3] no demostrada: Veredicto posible en los tribunales escoceses. Es probable que tal fuera el de la corte descrito en el relato por Lord Byron, juicio en el que, si bien todos los hechos parecen claros, los motivos siguen sin conocerse, incluso para quien

comparece ante el tribunal y para el propio juez. <<

[4] Guardián: Tal como ya se ha comentado, el terranova de Byron se llamaba Boatswain. En su tumba en Newstead, tumba que tuve el privilegio de visitar, figuran las siguientes palabras de Byron:

Para señalar los restos mortales de un Amigo estas piedras se alzan;

No tuve más que Uno, y aquí yace.

Al comentarle recientemente que había visto este monumento en mi visita a Newstead, el leal amigo de mi padre, el señor Hobhouse, lord Broughton, me contó que cuando Byron compuso el epitafio, estaba en persona a su lado y, no muy complacido con aquel sentimiento, sugirió a Byron este cambio: «No tuve más que uno, y aquí miento.*»

*Juego de palabras intraducible entre «yacer» y «mentir», dos de los significados en

inglés del verbo to lie. (N. del t.) <<

[5] vals: Puede suponerse que Lord Byron se sentía hors de combat en lo que al baile se refiere, pero las suposiciones habituales respecto a su destreza o ineptitud debida al estado de sus pie y pierna, a menudo eran equivocadas. Dedicó una sátira al vals: «Seductor vals, aunque en tu costa natal Incluso Werther te consideró en parte prostituta», etc., que resulta ambiguo su propósito moral, tal como suele suceder con

todos sus versos a la vez cómicos y serios que llegó a componer. <<

[6] pálida muchacha de cabello rubio: Me contó mi madre que su primera respuesta a Lord Byron de que no quería conocerle, al contrario que el resto de la sociedad, espoleó su vanidad y su interés por ella. Nunca tendré la versión de los hechos de mi padre, pero en estas líneas Byron parece trasladar un sentimiento parecido a su héroe,

lo que supone una curiosa confirmación. <<

[1] ennui: Afortunado, el espíritu humano que es inmune a los caprichos del Azar. No hay exaltación como la de la certeza de tener un sistema perfecto para apostar, ya sea en las carreras o en el tapete. Lamentablemente, el único método que se acerca es el que procede de la experiencia que se obtiene al jugar y jugar. La exaltación, en sí misma tan obsesiva como el resultado, y la demostración de que el sistema de uno es acertado serían, en mi opinión, tales recompensas que superarían la suma del dinero ganado en Newcastle o en Saint-Leger. Por supuesto, el coste a pagar sería el doble

de amargo que la simple suma de dinero perdido. <<

[2] Weeks’s Museum: Décadas más tarde, la dama plateada aquí descrita caería en manos de Charles Babbage, quien la haría bailar, asentir y gesticular ante sus invitados en su casa, un hogar lleno a rebosar de maravillas, tanto mecánicas como intelectuales. Se había enamorado de la dama cuando no era más que un chiquillo, y ella formaba parte de una exposición en el Merlin’s Museum, del que el Weeks’s era sucesor. No obstante, recuerdo que estaba desmontada cuando la compró, una caja de piezas que llevaba años almacenada en la buhardilla del Weeks’s. Corrió de su cuenta, como un Pigmalión, devolverle la vida. Ella no había bailado en público desde 1803, cuando cerró el Merlin’s. ¿Cómo pudo haberla visto Byron? ¿O acaso la inventó, a pesar de que existía antes de que él la imaginara? Es un absoluto misterio.

<<

[3] craneólogo: La frenología de la pasada generación, la cual cautivó la imaginación de muchos, entre ellos lady Byron, se antoja ahora inadecuada ante la incomparable complejidad del órgano cerebral y, por otra parte, sus principios no se basan en un resultado experimental concreto, sino únicamente en la suposición. Tengo la esperanza de que algún día puedan registrarse los entresijos del cerebro, de tal modo que sea posible aplicar ecuaciones matemáticas al resultado. En resumen: proponer una o varias leyes para la interacción mutua de las moléculas cerebrales, equivalente a la ley de la gravitación para el mundo planetario y sideral, un Cálculo del Sistema Nervioso. La principal dificultad, que no contemplaban los frenólogos, ignorancia que emponzoñaba su sistema, estriba en el diseño de experimentos prácticos. Debo adquirir mayor destreza en la manipulación a la hora de realizar pruebas y demás, en materiales difíciles, por ejemplo, el cerebro, la sangre y los nervios de los animales. Con el tiempo me atrevo a decir que lo lograré. Espero así poder legar a las generaciones futuras para la aplicación industria atención un sistema wch.

Tengo mucho dolor esta semana Dependo más de las gotas que antes Debo corregir

todo esto y lo haré si soy capaz Ahora voy a dejarlo por esta noche <<

[4] un joven lord de ojos oscuros: Aquí Lord Byron se permite el lujo de intervenir en su propia novela, y dibujarse a sí mismo como alguien un poco tontaina. Según parece se sometió, en efecto, a un examen frenológico por parte del doctor Jacob Spurzheim, un famoso alemán, quien le hizo precisamente el diagnóstico que Lord Byron pone aquí en boca del ficticio lord.

Creo que es de suma importancia, aunque pueda antojarse insignificante, el hecho de que Lord Byron pudiera verse en ocasiones con comicidad, y pudiera reírse de sí mismo, de sus aventuras, de sus ambiciones e, incluso, de su carácter, mientras que lady Byron estaba siempre en guardia por cómo la verían y comprenderían los demás. Estoy convencida de que los desvelos de ella le parecían entonces algo natural, universal, de lo cual no tuvo que ser del todo inconsciente, o por ello pensaba que la forma ridiculizante y exagerada que tenía Lord Byron de contar sus propios desatinos, lo que no era más que un intento de entretener, constituía la admisión de las mayores debilidades y pecados concebibles. No hubo forma de reconciliar dos

naturalezas tan opuestas entre sí. <<

[5] coronel Culpeper: En su obra Curiosidades de la literatura, el señor Isaac Disraeli cuenta esta historia, aunque no sé si Lord Byron la descubriría con la lectura de este libro o en alguna otra parte. La encontré por casualidad, si es que de casualidad puede hablarse cuando un nombre sin importancia más que para uno mismo aparece en dos

lugares distintos y sin relación entre sí en el transcurso de una semana. <<

[6] el Fancy: El salvaje deporte aquí descrito ha desaparecido junto con la lucha de osos y otras malvadas prácticas de nuestros abuelos. Moore cuenta que Lord Byron tomó lecciones de boxeo del propio Caballero Jackson, y que se convirtió en un alumno hábil. Unos caballeros deportistas a los que consulté me confirmaron que todos los nombres incluidos en esta parte de la novela pertenecen a boxeadores de la época, o no muy anteriores a ella, a pesar de que Lord Byron los contemple como pertenecientes al pasado, lo cual, teniendo en cuenta cuándo escribió esta historia, era

justo lo que eran. <<

[1] las obras se estrenaban en los teatros: A Lord Byron le gustaba el teatro, y durante un tiempo, al poco de casarse, fue miembro del comité del Drury Lane, encargado de escoger las nuevas representaciones, aunque las que él escribió nunca estuvieron destinadas al teatro. De hecho, se molestó mucho cuando uno de sus dramas, escrito para la intimidad, se representó en Londres sin su permiso y en contra de su voluntad. Creo que lamentaría mucho saber que hoy en día a alguien se le ocurra intentarlo. Sus

obras no son muy adecuadas para ello, exceptuando Manfred y quizá Caín. <<

[2] Argos: Se refiere al ser de un centenar de ojos destinado a vigilar al amor de Júpiter, Io, y no al barco de Jasón, que se llamaba Argo. Argos nunca dormía, lo que justifica la burla del texto. El lector encontrará de nuevo la figura en el capítulo

duodécimo. <<

[3] Magnetismo Animal: El supuesto flujo o propiedad de los seres vivos (sin excluir los árboles y las flores) que el señor Mesmer y sus seguidores aseguraban controlar mediante sus baños y manipulaciones. Como muchas otras cosas que se daban por hechos probados, la creencia persiste, y el término se emplea en diversos contextos,

relacionado por lo general con la atracción sexual. <<

[4] la propia autora: Lady Byron tenía por costumbre guardar copias de las cartas que enviaba. Aun si éstas eran fruto de un torrente de sentimientos, tenía luego la sangre fría de transcribirlas y, si se producía un desacuerdo respecto a lo escrito por parte de cualquier destinatario de su correspondencia, podía de este modo refrescarles la memoria. A veces desearía poseer tales costumbres reflexivas, no perder el pasado,

tal como sucede en ocasiones, oh, confusa telaraña. <<

[5] Un joven oficial: Lady Caroline Lamb solía acudir a las habitaciones de mi padre disfrazada de valet, con el pelo corto, tal como se describe aquí. Esa anécdota es tan bien conocida como Beatrice y Benedick, o Lara y Kaled, o… Cabe esperar que en el

futuro se olvide. <<

[6] dos críos igual de rollizos: El relato de Lord Byron vuela con mayor rapidez que el propio tiempo. No había transcurrido el tiempo suficiente entre la batalla de Salamanca y su estancia, la cual se afirma que fue poco antes de la batalla de Waterloo, para que este personaje se casara y tuviera dos hijos. Al parecer, a Lord

Byron le gustaban mucho los niños, y disfrutaba en su compañía. <<

[7] Fide in Sane: El lema de los Byron es Crede Byron. Esta bonita frase, «Confía en Byron», parece haber sido reflejada en el del libro, puesto que éste podría significar «Tengo fe en Sane», aunque, ingeniosamente, también podría significar «Ten por seguro que él está (o yo estoy) loco». (Mi agradecimiento a C. B. por su ayuda con el

latín, lengua de la que nada sé.) <<

[8] Psique: Psique amaba al dios del Amor, pero le advirtieron de que nunca lo mirara durante las visitas nocturnas que éste le hacía. Cuando sus tres hermanas la animaron a romper esta regla (porque, dijeron, su amante podía muy bien ser un monstruo, o un demonio), Psique encendió una vela para mirarlo mientras dormía, y vio que era un dios. Pero al caer la ardiente cera sobre él, despertó, y todo se echó a perder. Después de muchas pruebas, el dios y su amor tuvieron un final feliz, aunque no son muchos los que recuerdan este final, menos memorable que el momento en que se arruinó el idilio. Mientras que los finales felices guardan grandes similitudes, los desastres

pueden ser únicos. <<

[1] un lugar sombrío y gris: Mis padres se casaron en Seaham, Durham, que en efecto está situado en un acantilado que mira al mar del Norte. Adoro ese lugar, y allí pasé mis primeros años de vida. Fue en el jardín de esa casa, recuerdo, caminando con mi madre, donde pregunté por qué no tenía papá como otras niñas (era un asunto que me intrigaba), a lo que ella me ordenó, imbuida de una circunspecta seriedad, que nunca más volviera a tocar ese tema. Creo que a partir de entonces acusé un temor que no había sentido antes, y del que nunca he logrado librarme del todo. Sé que eso se volvió contra mi madre, aunque no conozco su nombre, ni esté segura de cuál es su

origen. <<

[2] electrifica: Era un pasatiempo de nuestros abuelos reunir a un grupo numeroso de gente en círculo, ya fuera cogidos de manos o aferrados a una cadena metálica, para administrar una sacudida eléctrica por medio de una silla Leyden o un artilugio similar a la primera persona, lo que hacía que todas las demás saltaran al mismo tiempo para divertimento generalizado. Lady Byron dice que Lord Byron sentía un temor particular a las sacudidas, incluso a las insignificantes que podían darse con el roce de manos después de pisar una alfombra gruesa. En una ocasión, por lo visto, renunció a pertenecer a un club porque estaba así alfombrado y era necesario

estrechar muchas manos. <<

[3] cortinas carmesí: Así eran, según parece, las cortinas de lord y lady Byron en el lecho de matrimonio en Halnaby. El malvado Samuel Rogers (el «poeta Banquero»), que se llamaba a sí mismo amigo de mi padre, difundió la historia de que, al despertarse de noche y ver el fuego arder a través de las cortinas, Lord Byron creyó

estar en el Infierno, casado con Proserpina. <<

[4] un ácido y un álcali… Fuego y Hielo: No me cabe duda de que este párrafo es una descripción exacta, sin invención alguna, de los sentimientos de mi padre en aquel momento, sentimientos de los que no era entonces consciente, y quizá no pudo describir hasta pasados unos años. Toda la agudeza, que mantenía a raya el dolor, posteriormente ejercitada. Mueve a compasión; compasión por lo que sentía,

compasión, también, por ser capaz de plasmarlo con tanta honestidad. <<

[5] desesperación: Lord Byron revela con franqueza, a quienquiera que haya escuchado las hablillas que circulan respecto a sus relaciones con su esposa, que él fue tan responsable como víctima, y que, como era responsable, era culpable de las peores cosas, al menos hasta que lady Byron, sus agentes y partidarios conspiraron (tal como él lo entendía) para apartarme de su lado y poner fin a su matrimonio. El relato de estos sucesos que recogió en sus Memorias debió de estar cuidadosamente destinado a apoyar su versión, al contrario que éste. Qué extraño pues que las Memorias fueran quemadas por lo mucho que podían perjudicar su fama de cara a la

posteridad, mientras esto sobrevive. ¡Si es que sobrevive! <<

[6] bebé al que no podía considerar suyo: Hay días en que no sé por qué sigo escribiendo estas notas. Aquí aparezco yo, según parece, o mi simulacrum, nacida de él, pero que él no podía considerar suyo, puesto que estaba dividido, igual que cualquier escritor de novelas quizá debe de estar, en una parte noble y otra malvada, enfrentadas ambas entre sí. Yo soy el fruto de la peor parte. No hay crueldad en su comportamiento en vida hacia mí que se me antoje peor que ésta, no preocuparse por qué destino, qué males o desgracias puedan acontecer a quienes le amaron o conocieron, cuando los recuerda para esta historia. Palos y piedras, exclaman los niños, pueden romperme los huesos, pero los nombres jamás me harán daño. Ah, no.

Él se dijo a sí mismo que las palabras eran cosas. <<

[7] mentiras: Lord Byron siempre argumentó que había abandonado Inglaterra debido a que los rumores sobre sus pecados y delitos tras su separación de lady Byron imposibilitaban su vida en sociedad, que afrentas o vergüenzas constantes eran susurradas por doquier, y que todo ello lo condenaba al ostracismo. Puede que sea cierto, aunque he sabido, gracias a sus viejos amigos, que había hombres de los que se decían cosas peores y que sin embargo vivían con bastante tranquilidad sin ser marginados. Lord Byron tenía muchos defensores que no creían lo que se decía de él. Convertimos nuestras persecuciones en la causa de lo que de todos modos haríamos.

<<

[8] Brougham: Lord Byron estaba convencido de que el señor Henry Brougham, que actuó como consejero legal de lady Byron en el momento de la separación, fue uno de los que argumentó en contra de la reconciliación, y también que fue la fuente de los rumores (los verdaderos y los falsos) de lo que había sucedido entre Lord Byron y su esposa para que se separaran. Lo cierto es que se le conocía por el apodo de Chronique Scandaleuse, por su tendencia a contar historias, pero la obsesión que tenía Lord Byron con él era quizá injusta. (Fue él, por cierto, quien más tarde defendería a la reina Carlota en su juicio ante la Cámara de los Lores, una disputa matrimonial de diferente índole.) Byron le dijo a Thomas Moore que si alguna vez regresaba a Inglaterra se vería obligado, por su honor, a retar en duelo a Henry

Brougham. <<

[9] chirría: Esta palabra hace referencia al sonido de una gaita, agudo y continuo. No sé por qué razón la emplea Lord Byron en esta frase, quizá por error (aunque no se me ocurre por qué palabra sustituirla), o quizá porque la visión del trazo de la tinta se

le antoja la línea sinuosa de un sonido continuo. <<

[10] más cariño por ella que yo: Me parece oír en esta posdata la voz de mi madre. Como si realmente ella le hubiera escrito y él jamás hubiera olvidado, o destruido, la

carta. Ahora lloro y no sé por quién. <<

[11] un malvado mago: Ignoro si se trata de un cuento antiguo de origen albanés, o es

fruto de la imaginación del propio Lord Byron. <<

[12] América: Recuerdo, ahora que leo esta palabra, que soñé un día en el futuro, no el mío, sino un estado futuro del mundo. Abrían este libro allí, lo estudiaban, y yo pensaba que quizá estas notas debían ser enumeradas, por si acaso se encontraba demasiado pronto la clave. En ese futuro vi que quienes poseían el texto leían los números como nosotros leemos las letras, y las ecuaciones como nosotros leemos las frases. El contenido del libro era para ellos nítido con sólo una mirada. Idea absurda. Vi sus dedos pasar sobre las páginas y los números, como los ciegos pasan los dedos sobre las letras alzadas de esos textos confeccionados especialmente para ellos; y los números se convertían en palabras ante sus ojos. Y si he contado mal, nada no tendrá el menor sentido, pero ya es demasiado tarde para volver a empezar. Pero si todo lo he cifrado mal y aun así el resultado del descifrado es un libro, puede que sea un libro diferente, desconocido, escrito por nadie, absurdo. ¿Qué posibilidades hay de que aparezca una sola frase coherente? Demasiado elevadas para calcularlas. Pero qué

libro, qué libro. <<

[0] Ahora no sé si llegaré a terminar estas notas. No puedo mirar atrás. Todo este mes no he hecho más que estar tumbada de espaldas, y cuando eso no me aliviaba, paseaba por mi casa, del salón a la escalera, en busca de no sé qué remedio posible. Mi viejo amigo el opio no me ha sido tan leal como solía, y temo haberle exigido demasiado. Hay tanto que hacer aún. Cuando cierro los ojos veo cartas y números, como cuando uno se retira tras una larga velada jugando a las cartas y sólo ve naipes,

pipas, rostros. No tiene sentido. Quiero el mar, dormir, empezar de nuevo mañana. <<

[1] Alpes: No habían transcurrido dos años de la muerte de mi padre cuando me llevaron de viaje las constantes acompañantes de mi madre, tres damas a quienes yo me complacía en llamar las Furias, por la intensidad de las atenciones que me dispensaban y el incesante cuidado con que me observaban e informaban a mi madre del menor indicio de debilidad ancestral, o de incontinencia moral. Yo tenía entonces once años. Primero viajamos a Suiza, al lago que mi padre llamaba siempre lago Leman (como se hacía antaño), en cuyas costas había vivido tras separarse de su esposa. Yo no lo sabía, porque apenas sabía nada, entonces casi ni sabía que él había vivido y fallecido. Ahora miro atrás y me veo a mí misma, recogiendo piedras y plantas en esas costas, puesto que desde la infancia me encantó saber cosas, y aprender de qué estaba compuesto el mundo y sus partes; sé que estuve cerca del lugar donde él solía pasear, y que es casi como si el tiempo se hubiera doblado y, al estar yo donde él estuvo una vez, todavía estuviéramos juntos.

Hay una villa, bastante cerca de donde residíamos entonces (las Furias y yo), que es el lugar donde Lord B. y los Shelley se reunieron en una ocasión, después de abandonar Inglaterra Lord B. Estuve a punto de visitar el lugar cuando paseaba por ahí, aunque nada sabía acerca de eso. En la villa, si hacemos caso de lo que explica la señora Shelley en el prefacio de su novela Frankenstein, o el moderno Prometeo, los tres amigos empezaron a escribir por separado una obra en prosa. Se da por sentado que Byron abandonó la escritura de la suya. No sé si ésa será la presente historia. Quizá el Futuro, si la recupera (tal como espero asegurarme de que suceda), podría descubrir alguna prueba que demuestre que es la misma novela que empezó a escribir en esa villa, y que luego ocultó. Estaba oculta, y lo oculto no se destruye, mientras

que lo patente puede ser destruido. <<

[2] El reinado de aquel pachá: Alí Pachá, a quien se refiere este «pachá», fue asesinado por un espía turco en 1822. Que Byron no aluda a este incidente sugiere

que aún no había tenido lugar cuando escribió estas páginas. <<

[3] Amazonas: La mayoría de los escritores sitúan a las legendarias Amazonas en Escitia. Euhemero fue el griego que enseñó que las historias de los dioses y las divinidades surgieron sencillamente de los informes exagerados de los hechos de reyes y guerreros heroicos de la Antigüedad. No sé si el relato de Byron de las prácticas de los albaneses está basado en hechos o es fruto de su invención; su compañero de viaje en Albania (un viaje breve para todo lo que más tarde escribiría relacionado con esta zona) fue el actual lord Broughton, quien aún no ha respondido a

mi petición de información respecto a este particular. <<

[4] se liberó la alegría: «¡Adelante con el baile! Que se libere la alegría»,

Peregrinaciones de Childe Harold. <<

[5] hijos de Adán: Se perfila aquí el argumento del drama de Lord B. Caín, donde la amante esposa de Caín es también su hermana. Aunque la hermana de esta historia es más bien una hermanastra, igual que la única hermana de Lord B., la señora Augusta Leigh. Él escogió para la hermana-esposa de Caín el nombre de Adah. Augusta,

Adah, Ada Augusta, ada, adusta. <<

[6] hambriento y marchito corazón: «El marchito corazón inquebrantable.» Lara. <<

[7] pira: Me sorprende que, a pesar de que todas las pruebas que he podido recabar afirman que estas páginas fueron escritas antes de que Lord Byron residiera en Pisa y Livorno, y, por tanto, antes de que Shelley muriera ahogado, he aquí la pira junto al mar, la amada figura consumida por las llamas, etc., todo tan parecido a cómo debió ser que no puedo evitar sentir algo extraordinario cada vez que lo leo. Transcribo las palabras que escribió Lord Byron al señor Moore acerca de aquel día en Lerici, cuando los cadáveres de Shelley y su amigo Williams fueron quemados: «No puedes hacerte una idea del extraordinario efecto de semejante pira funeraria, en una costa desierta, con las montañas al fondo y el mar enfrente, y el singular aspecto que la sal y el incienso proporcionan a las llamas.» Y el caso es que él sí tenía una idea de antemano, y una muy exacta, de cómo era. Se dice que Shelley fue visto caminando por los bosques cerca de su casa en Livorno, pero cuando sus amigos lo saludaron, éste no se volvió y siguió su camino; esto sucedía precisamente el mismo día en que salió a navegar y se ahogó. ¿Qué es, pues, el Tiempo? ¿Discurre acaso en un único sentido? ¿O es como un arroyo cuyas aguas empujan a unas cosas con mayor rapidez que a otras, hojas, ramas y piedras que pueden cambiar de lugar y pasar unas junto a otras, chocar, trabarse, incluso siendo arrastradas por la corriente? A veces creo que llevamos muchas vidas entre el nacimiento y la muerte, y que sólo somos conscientes de una, o quizá de dos; las otras discurren paralelas, invisibles, o corren hacia atrás mientras aquella que nos ocupa lo hace hacia delante. No hay modo de expresar esto con palabras; sólo en sueños, o gracias al poder de ciertos estimulantes, es posible experimentar ese estado en que dos cosas pueden, pese a todo, ocupar un mismo

lugar. <<

[1] osezno sin lamer: Palabras dichas por el vengativo y jorobado duque de Gloucester en la Tercera Parte de Enrique VI, de Shakespeare. Hace referencia a la vieja creencia de que los oseznos nacen como bultos informes, y es la madre quien «les da forma a lametazos». El texto no aclara cómo es posible que este personaje de Byron, que ha vivido en una cabaña de las Tierras Bajas, junto al mar, y llevado a cabo las empresas más degradantes, pueda conocer diversas frases shakespearianas. Es de suponer que

lo apropiado de la cita sea una explicación más plausible. <<

[2] viejos y furibundos profetas: A lo largo de su vida, Lord B. se enfrentó a la religión de los calvinistas del norte, en la que se había educado al principio; denunció una y otra vez lo absurdo de sus doctrinas, y con sus actos demostró su desprecio por su rigidez. Sin embargo, por mucho que lo intentara, no podía expurgar de su corazón lo que le enseñaron en su más tierna infancia. A quienes no se vean implicados en tales lides, puede parecerles una penosa pérdida de energía mental. Byron forcejeaba con un Jehová en cuya existencia no creía; mejor hubiera sido dejar que pasara de largo, como el cruel Dios de los asirios, de quien (eso me parece) Jehová fue el primogénito. Pero no voy a entrar en disputas. La bondad y la piedad deben

acompañarme todos los días de mi vida: de no ser así, nada vale. <<

[3] una ancestral ciencia de la vida y la muerte: Véase la nota referente a la primera aparición del zombi en el capítulo 6. Puede resultar interesante recordar que, por lo que yo sé, no existen referencias a lo sobrenatural en las obras de Lord Byron. Dramas tales como Manfred y Caín, los cuales podrían contradecir esta afirmación, podrían ser, deberían ser, considerados filosóficos en lugar de sobrenaturales. Relatos que retratan de forma realista nuestra vida cotidiana y nuestra experiencia histórica; no creo que haya ninguno en el que aparezcan fantasmas, profecías, venganzas, ángeles, etc., etc. Este zombi es el supuesto fruto de una ciencia misteriosa pero natural, cuya verosimilitud podría ponerse en duda, pero que no traspasa los límites

de la Naturaleza. <<

[4] Anteo: De niña vi en un álbum un grabado de Pollaiuolo en el que Hércules estrangulaba al gigante Anteo, a quien ha levantado del suelo y abraza a la altura del pecho para dejarlo sin aliento. Se trata de una imagen terrible, y al mirarlo me quedé

sin respiración. Lord Byron debe de referirse a esta escena. <<

[5] de haber podido desear algo: Qué extraño resulta pensar en seres capaces de actuar y de sufrir, a pesar de no ser conscientes de ello. Es una especie de maldición, que también podría constituir un alivio. El zombi, la bailarina de relojería, el sonámbulo. Hacer lo que uno debe hacer sin sentir el dolor que deriva de ello, ni nada en absoluto.

Visión propia del opio, de que el mundo natural es un mecanismo de relojería, y yo lo había descubierto: el canto de los pájaros y el movimiento de las hojas mecidas por el viento, incluso el rocío, todo ello ciego resultado de mecanismos y engranajes; si rompes cualquier cosa, encontrarás en su interior un monstruosamente diminuto engranaje mecánico, engranaje dentro de un engranaje dentro de un engranaje. Babbage cerca, diciendo: «Engranajes diminutos como granos de arena». Sensaciones de asco, cuán equivocado debe de ser esto, pero en el sueño era tan… desagradable como cuando se quiebra un nido de hormigas. No, no —los mecanismos no son diminutos, sino infinitesimales, y vivos—, una forma de existencia diferente, tal

como se descubrirá. <<

[1] lit de repos: Cuando Byron abandonó Inglaterra, en la primavera de 1816, viajó en un coche construido especialmente para parecerse en todo lo posible al carruaje que Napoleón abandonó en Genappe durante su huida tras la derrota en Rusia. No era pequeño ni cómodo, tal como aparece descrito en la novela, sino enorme y negro, y

tenía fallos mecánicos, de modo que en seguida lo abandonó. <<

[2] joven caballero: Lord Broughton (John Cam Hobhouse) me cuenta que esta historia tan extendida acerca del señor S. B. Davies es totalmente cierta, y que dicho señor disfrutaba viajando en el carruaje desde Cambridge, donde enseñaba, hasta Londres, donde disfrutaba de su afición: el juego. El señor Charles Babbage tenía un coche parecido, en el que viajaba al continente. Lo había diseñado él mismo, y era lo bastante estable como para transportar precisos instrumentos científicos. Lo llamó Dormobile. Creo que quienes gustan de estos coches híbridos suelen citarse durante los veranos para examinar los vehículos de recreo ajenos y celebrar su itinerante

estilo de vida. <<

[3] suerte: S. B. Davies perdió en efecto grandes sumas de dinero (lord Broughton sugiere una cifra que podría rondar las decenas de millares de libras), a pesar de su destreza y sangre fría en el juego. También pidió prestadas ciertas sumas de dinero a sus amistades, cuyos pagos no satisfizo antes de huir al continente. Se trata de la única ocasión, según parece, en la que el señor Davies se comportó de forma deshonrosa en un campo de la actividad humana donde lo deshonroso y lo deshonesto suelen darse cita; un campo que depende aún de que la mayoría mantenga la promesa dada y pague las deudas al menos la mayor parte del tiempo, a riesgo de que las carreras, las mesas de juego, las casas de apuestas y los corredores de apuestas se

esfumen de la noche a la mañana. <<

[4] enloquecido: Cuán conveniente y quizá incluso encantador debe de ser poder visitar a los enemigos de uno (o a sus sombras), y someterlos a desastres que incluso a los dioses les costaría imaginar, y hacerlo a golpe de pluma. Casi me parece oírlo

reír, y (también casi) su risa me hace temblar. <<

[5] problemas matemáticos: Era una sátira recurrente en Lord Byron (vide doña Inés en Don Juan) que mi madre apareciera representada con una mente fría y calculadora, abstracta y matemática, devota de los números. De hecho, la dama posee escasos conocimientos de la Matemática general o superior, y tampoco finge tenerlos; la única razón por la que Lord Byron le confía tales se debe a que tampoco él era muy

ducho en la materia. <<

[6] único ojo: De la historia de Perseo y Andrómeda. No eran malvadas, sólo que le tenían miedo a todo. Me mantuvieron en la ignorancia de sus temores por mí, a que yo pudiera ser raptada, pero los niños (aunque lo olvidemos al convertirnos en padres) pueden saber, o percibir, más de lo que sus guardianes suponen. Entrevi que era, o podía ser, objeto de los planes de mi lejano padre, y recuerdo la emoción del terror y la esperanza, un sentimiento encontrado por decirlo de algún modo, cuando el paso de un carruaje, o una tardía llamada a la puerta, me empujaban a creer que la tan

esperada abducción estaba al caer. Incluso ahora… <<

[7] de que cojeaba: El señor Moore narra en sus Memorias que la señora de Mercer Elphinstone le contó que Lord Byron escogió Venecia como lugar de residencia

porque, como allí nadie camina, sus limitaciones no resultarían tan llamativas. <<

[8] señora Radcliffe: Cuando Lord Byron era joven no había nadie que no leyera las novelas italianas de la señora Radcliffe, como El italiano. Tengo dos en la librería de mi estudio, de cuando era joven. He contemplado los lomos tanto tiempo que tengo la sensación de haberlas leído, pero no estoy segura, y ahora no tengo fuerzas para

averiguarlo. <<

[9] cavaliere servente: Algunas de las cartas más divertidas de Lord Byron describen cómo servía a la dama con la que mantuvo su última relación, la condesa Teresa Guiccioli, ahora marquesa de Boissy. La condesa, que por entonces aún lo era, viajó a Londres en 1835, durante el verano en que se celebró mi propia boda. Por supuesto no pude conocerla, pero el señor Babbage sí lo hizo, en la mansión Gore; el doctor Lardiner, a cuya lectura del ensayo sobre el Motor Diferencial asistí, y el señor Edward Bulwer, ahora amigo mío, la conocieron asimismo en esa ocasión, y gracias a ellos pude enterarme más tarde del patético incidente de cuando decidió acudir a mi boda; por algún motivo, ella supuso que la ceremonia iba a celebrarse en la iglesia de San Jorge, en Hanover Square, y allí aguardó un rato, expectante, en el día señalado. Mi boda, sin embargo, se llevó a cabo en el salón de una casa particular, a unas millas de distancia. Había necesitado de un permiso especial, que también mi madre obtuvo para su propia boda en Seaham. Esa boda privada se celebró a instancias de mi madre, por orden suya, orden que nosotros (mi marido y yo) acatamos, qué extraño.

Se me ocurre ahora que hay aquí otro camino por el cual el manuscrito de la novela de Lord Byron podría haber llegado a los patriotas italianos en Londres, todos ellos conocidos del señor Babbage —el hermano de la marquesa era un patriota, y un exaltado que acompañó a mi padre a Grecia y que estaba con él cuando murió. Podría considerarse la posibilidad de que el manuscrito hubiera pasado a manos de ella, quien no habría dicho nada al respecto, porque su recuerdo de mi padre es el de un ángel sobre cuya reputación no cabe mácula o sombra alguna.

Si muriera antes que la dama, tachad esto. <<

[1] no había caballos: Los caballos de Lord Byron eran famosos en Venecia, donde es cierto que escaseaban y resultaban, por lo general, inútiles. Los tenía en una cuadra del Lido, la gran ribera que se extiende ante el Adriático, y cuando vivía allí, cabalgaba casi a diario. Lo cierto es que le gustaba mucho montar, tanto como nadar,

y a caballo no tenía rival. <<

[2] carbonari: Lord Byron fue admitido en esta sociedad y asistió a sus reuniones; en su casa almacenaba armas y también pólvora de Manton que había adquirido para las mismas. Siempre miraba a los conspiradores italianos con frialdad, y comprendía sus incapacidades: por ejemplo su impulsividad latina; a pesar de ello se unió a su causa

y nunca titubeó. Uno de ellos, no obstante, uno de ellos… <<

[3] Jacques-Armand: He descubierto que esta historia aparece en Mémoires sur la vie privée de Marie-Antoinette, de Mme. Campan (1822). No sé si Lord Byron la sacaría

de ese libro. <<

[4] un poeta inglés: Esta observación apareció publicada en un periódico italiano, en el que se hizo esta asociación a la que Lord Byron muy bien pudo aspirar en el pasado, aunque poco halagüeña debía de resultarle en ese momento, lo que debió de divertirle mucho. El reconocimiento deseado, recibido por la razón equivocada,

vanidad de los deseos humanos. <<

[5] podría haber muerto: Es sabido que Lord Byron tuvo una hija de Claire Clairmont, hermanastra de Mary Shelley, a quien llamó Allegra. Murió a los cinco años como consecuencia de unas fiebres, en el convento al que lord B. la llevó para educarse. Ignoro, y no hay modo de saberlo, si esta historia se escribió antes de morir ella. Lord B. se había hecho cargo de la niña, que entonces estaba viviendo con los Shelley, quienes habían perdido a más de un hijo a causa de diversas enfermedades; quizá creyó que en compañía de ellos la niña tenía menos esperanzas de sobrevivir. Lord Byron la quería, la consentía, y la convirtió en engreída, incontrolable y peleona. Sin embargo, no la confió a las monjas para librarse de ella, sino para prepararla para la única vida que podía imaginar que llevaría: una vida italiana, una boda italiana, razón por la cual le asignó una dote antes de que ella… ¿Y si hubiera sido yo? Esa niña, mi hermana, apenas un año y un mes más pequeña que yo, él la quería y no pudo o quiso tenerla a su lado… Habló de llevarla consigo a América. ¿Y si de algún modo había planeado sacarme de Inglaterra, y llevarme de viaje con él? Pienso o pensé en esto, y a menudo. En ese caso, hubiera muerto yo en un convento italiano, despachada a Inglaterra en un pequeño ataúd, enterrada tal como él pidió en la iglesia de Harrow. El rector se negó a enterrarla dentro de la iglesia o a erigir una lápida junto al muro de la misma, así que está enterrada en una tumba sin nombre en el cementerio. Él escribió: «Yo iré a ella, pero ella no volverá a mí.» No, no soy yo quien yace

enterrada en el cementerio de Harrow sin un nombre que señale el lugar. <<

[6] era perfecta: Se dice que preguntó esto mismo en mi caso, que pidió a la comadrona que me levantara la ropa para verme las piernas y los pies, de ahí podría haber surgido eso que se cuenta sin ser verdad. Sé que no lo es que, cuando dejaron a mi madre en cama y me entregaron a ella, entrara él en la habitación, borracho, y preguntase: «¿Está muerta? ¿Ha muerto, pues?» No hizo tal, mi madre no dijo que lo hubiera hecho. Preguntó si yo era perfecta. Era normal que lo hiciera, porque él no lo era.

Hoy me duele mucho. A mi lado la Biblia de mi madre… <<

[1] Mesmer, Puységur, Combe y Spurzheim: Esta miscelánea es tan aleatoria como corresponde a la de cualquier curandero. Anton Mesmer es, por supuesto, quien desarrolló la ahora popular teoría del Magnetismo Animal; Armand Puységur fue su seguidor; George Combe fue el moderno desarrollador de la Frenología; Johann Casper Spurzheim, el doctor frenólogo que examinó a mi padre (consúltese nota

anterior, no recuerdo el capítulo ni puedo buscarlo ahora). <<

[2] un motor a vapor: El capitán Trelawney dice que alguien solicitó a Lord Byron invertir en una máquina voladora impulsada por un motor a vapor, y que éste no aceptó. Incluso ahora, ese tipo de artefacto no sería posible. Una vez, de niña, pensé

que… <<

[3] suplicado a Alá: Perdí su amor y, también, su guía, pero no sólo para mí, también el amor y la guía que hubiera podido ser para su esposa de haber él querido. Destrozaron algo que seguramente se hubiera roto por sí mismo antes o después. Aun así, también me pertenecía a mí, no era sólo suyo: no tenían todos los derechos sobre

ello. <<

[4] amigos: Lord Byron tenía una curiosa superstición. Creía que si estaba peleado con alguien que le importaba, esa persona corría peligro, o podía correrlo, hasta que

arreglaran las cosas y volvieran a ser amigos. <<

[5] Tierra del Ocaso: Siempre existe un Poniente al que se dirigen los héroes de la Antigüedad. Bajo esta palabra, en el modesto diccionario de que dispongo, encuentro otra, Abentreuer, que significa, en términos generales, Aventura, aunque más preciso, o impreciso, es decir que se trata de un viaje a Poniente. Allí donde cae la noche, por supuesto, como acaba por hacerlo en todas partes. El viaje a Poniente no se acaba

hasta que quienes viajan, llegan allí, finalmente. <<

[6] he tachado con la pluma: El párrafo no está tachado, ni por supuesto el autor pretendía hacerlo, aunque aún está por saberse si verá la tinta de la imprenta en el futuro.

Se me ocurre algo extraño en este momento. ¿Podría haber sucedido que este manuscrito no fuera recibido de manos de Lord B., ni perdido ni extraviado por él, sino confiado a alguien en quien confiara que lo preservaría, así como el mensaje libertario que contiene? ¿Podría haber pensado que acabaría en Inglaterra, que su hija, por ser su hija, podría aprender a amar la libertad como él había hecho, trabar amistad con esos italianos en Londres, y adquirir de este modo aquello que él había intentado transmitirle? No, no, divago. ¿Por qué no me escribió directamente una carta para contármelo? Tuvo que haber un modo. Nunca lo sabré. Daría toda esta

historia por ello. <<

[7] manzana: Estas páginas no han encontrado un destino tan ruin como ése, pero sí cuentan con «enemigos» —no sobrevivirán para ser encontradas. Algunas de ellas debieron de ser infundidas con sales de cobre u otros fulminatos durante su manufactura, pues ardieron con un fuego azul y verde—. Se dice que la luz arde baja y azul cuando hay cerca espectros. Las palabras se volvieron blancas en la negra superficie antes de desaparecer. No quise mirar. Tan sólo salvé una de ellas, William

no pudo negarse a ello. <<

[8] Tenía una última cosa que decir a todo aquel que lea esto No puedo decirla. Finis

<<

[*] Benjamin, Woolley, The Bride of Science, 1999. <<