La otra

Inma Bretones Martínez · Capítulo 1 de 32

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La otra

Dedicatoria

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A las mujeres de mi familia,

la de sangre y la de corazón.

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CAPÍTULO 1

 

—¡Qué fuerte me parece! ¿Quién me lo iba a decir a mí? —me dijo Sonia sentada junto a mí en el sofá de casa.

—Pues anda que a mí… Imagínate, ¿cómo iba yo a pensar que, a estas

alturas de la película, me iba a dejar? ¿Y sabes lo que más me fastidia? — respondí girándome hacia a ella.

—Me lo puedo imaginar —respondió mi amiga encendiéndose un

cigarro.

—Lo peor de todo es que me ha dejado él y por otra persona. Sí, digo

otra persona y no otra mujer, porque es… ¡un tío, nena, un tío! —le dije levantando la voz.

—Es muy fuerte, nena…

—Increíble, ¿verdad? Después de llevar quince años juntos y con todo

lo que hemos pasado…, va y me dice eso. La verdad es que me resulta difícil de creer… Por lo visto, dice que se ha enamorado… De un tal Noel, sí. Y no es Papá Noel, que ya sé que lo estás pensando —dije a Sonia, que sabía que iba a soltar cualquier barbaridad de un momento a otro.

—Vaya nombrecito… —dijo levantando las cejas. —¿Verdad?

—Ya te digo… —resopló.

—Pues sí —continué—, el tal Noel es un profesor de prácticas que le ha

estado acompañando en el aula los últimos meses. Por lo que me ha dicho, es un chaval de 22 años que justo ha acabado la carrera. Imagínate, Pablo tiene 45, le saca 23 al susodicho…

—Pues debe estar alucinado de que un chaval tan joven quiera algo con

él.

—Imagínate… Pero cada vez que pienso que Pablo, mi pareja durante

los últimos quince años, es bisexual, porque dice que no es gay, ¿eh? — aclaré alzando las cejas—, que es bisexual porque también le gustan las mujeres…, me entra un no sé qué por la boca del estómago que me pongo malísima.

—Él, que siempre ha presumido de ser tan macho y que siempre ha

criticado a los de la otra acera, como él los llamaba —añadió Sonia riendo.

—Será hipócrita, no me lo puedo creer, pero él sabrá lo que hace con su

vida —bufé levantando los hombros.

—Sí, nena, ya se apañará… —me respondió dando una calada a su

cigarrillo y expulsando el aire hacia arriba.

—Sí, sí, pero mientras tanto, aquí estoy con una manzanilla delante y

mirando fotos de los dos en el móvil como una tonta y echando más lágrimas de las que se merece.

—Hombre, Emma, normal, tú no te esperabas nada de esto —respondió

pasándome la mano por el brazo.

—Me ha engañado como a una pardilla… Y la verdad es que me siento

enfadada, o quizá no, enfadada no, estoy sorprendida, desilusionada, aunque también, en parte, desahogada, no te creas… Siento, aunque sé que es muy fuerte decirlo, pero es la verdad…, que me he quitado un gran peso de encima. Pablo se había convertido en un lastre que llevaba arrastrando hacía muchos años. Pero la rutina, la costumbre y la inercia del día a día hicieron que no me llegase a plantear que hubiese vida más allá fuera de nuestra pareja. Y así he llegado a la situación de tener una relación de mierda, que me ha amuermado la vida durante todos estos años —bufé después de la parrafada que había dicho sin apenas tomar un respiro.

—Pues quédate con eso, nena, y no le des más vueltas —respondió

Sonia apagando su cigarro en el cenicero de la mesa que había justo delante del sofá.

—Así que al final, si soy sincera, esta salida del armario de Pablo, a

quien realmente ha liberado ha sido a mí y no a él. —Reí—. Solo espero que, algún día, yo pueda llegar a sentir por un hombre lo que dice Pablo que siente por Noel.

—Pues claro que sí, eso ni lo dudes…

—¿Sabes? Me contó que el chico este había despertado algo dentro de

él que nunca había sentido antes y que no podía resistirse a vivir algo así.

—¡Qué fuerte! ¡Y tiene la cara de decírtelo y quedarse tan tranquilo! —Bueno, eso es lo de menos a estas alturas… Ya me gustaría a mí que

me tocase vivir algo así y que me empujara a atreverme a dejar a mi pareja. Aunque, por ahora, el único valiente entre Pablo y yo ha sido él. Es él quien lo está disfrutando; aunque no te creas, yo no pierdo la esperanza. Sé que algún día encontraré a una persona que me despierte lo que Pablo nunca ha conseguido hacerme sentir. Quiero un hombre que me haga vibrar, como dicen en las novelas eróticas esas que lees tú, y que me haga saber lo que es estar enamorada, porque ahora me doy cuenta de que, quizá, no lo he estado nunca de él o, al menos, no como debería haberlo estado.

—Joder, Emma…

—Sí, sé que es una pena haber vivido a medias, pero no he podido hacer

otra cosa, me he dejado llevar por el día a día y por lo que me tocaba vivir, y no he podido hacer nada más o, tal vez, no he sabido hacerlo. Sé que es un error, pero ahora ya no puedo cambiarlo y me toca apechugar con lo que he tenido. Solo me consuela pensar en que, a partir de ahora, me esforzaré en cambiarlo y, espero, en mejorarlo.

—Y lo vas a conseguir, eso no lo dudes —me dijo Sonia pasándome la

mano por el brazo.

—Nuestra relación ha durado quince años, ha sido un tiempo de

estabilidad, de cariño, pero sin pasión…

—Pues es algo básico entre un hombre y una mujer… —Ya te digo, pero yo eso no lo he tenido. Hace años que me habitué a

vivir así, y lo peor de todo es que me había acostumbrado a esa rutina y a la estabilidad y la seguridad, estaba resignada y aburrida pero conformada. Era lo que me había tocado y no pensaba hacer nada para cambiarlo, a pesar de que fuera a costa de mi felicidad.

—Pues, hija, te ha hecho un favor…

—Sí, ni que lo digas… Además, tampoco conseguimos tener hijos,

aunque lo intentamos durante años, ya lo sabes…

—Con todas las pruebas que os hicisteis y la pasta que os gastasteis…

—bufó Sonia.

—Y tanto, y siempre nos decían que todo estaba bien, que ninguno de

los dos teníamos problemas de fertilidad, pero igualmente nada de nada…

—¡Qué mal me sabe!

—No, no, si me alegro. Imagínate ahora qué habría pasado con los

niños… Además, si te soy sincera, siempre supuse que la razón por la que no logramos tener hijos era por el miedo de Pablo a ser padre, sus inseguridades y su miedo a la responsabilidad que suponía que alguien dependiese de él.

—Toda la puta vida ha sido un inseguro… —respondió Sonia negando

con la cabeza.

—Sí, estoy segura de que esa fue la razón que inconscientemente nos

impidió tener hijos. Aunque, ya te digo, ahora me alegro de no haberlo conseguido. A pesar de que tengo cuarenta años y cada día que pasa se reducen las posibilidades de poder ser madre.

—Bueno, eso no lo pienses. Ahora lo importante es que seas feliz… —Ya… Lo que llevo fatal es que Pablo me deje por otra persona y que

encima sea un hombre. ¿Quién me iba a decir a mí que Pablo iba a ser capaz de meterse en la cama con un tío? Con lo que siempre había criticado a los gais.

—Es muy fuerte, nena, todavía alucino. —Sonia rio. —En fin, después de quince años viviendo con él, me doy cuenta de que

no tenía ni idea de quién era realmente. Supongo que él también tendrá esa sensación de mí, y que por eso habrá decidido lanzarse a la piscina…

—Y a los brazos de Noel. —Sonia volvió a reír y yo no pude evitar reírme

con ella.

 

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