La otra
Capítulo 8
El detalle que tuvo Xavi de ir a comprar mi libro me llegó al corazón. Para mí fue toda una prueba de amor que no dejaba lugar a dudas de que él quería empezar algo de verdad conmigo y que deseaba que olvidase sus mentiras.
Pese a mi desconfianza inicial respecto a los hombres, creí que había
llegado el momento de volver a confiar en alguien y atreverme a tener pareja. Aunque durante todos aquellos meses que hacía que lo había dejado con Pablo, había sido algo que ni siquiera me había llegado a plantear.
Estaba tan ilusionada y feliz que no pude resistirme y esa misma tarde
quedé con mis amigas para tomar un café y explicarles lo que me estaba pasando.
—Chicas, tengo algo que contaros —les anuncié con una media sonrisa. —Cuenta, cuenta… —dijo Silvia emocionada dando pequeñas
palmadas.
—Estoy conociendo a un chico… —le respondí con una sonrisa. —Lo sabía, lo sabía… —gritó Sonia entre risas—. Cuenta, va, ya
tardas…
Entre sorbo y sorbo de café fui explicándoles cómo había ido mi
historia con Xavi, las fotos que me había enseñado en un principio y quién era realmente después. Su edad, nuestra química sexual bestial y que había comprado una de mis novelas en una de las librerías de nuestro barrio.
—Jo, tía, ¡qué suerte! —dijo Silvia emocionada por mí—. Disfrútalo y
vívelo, que ya te toca, te lo has ganado después del episodio de Pablo…
—Ni que lo digas… ¡Te lo mereces, Emma! —añadió Sonia sacando
una bocanada de humo del cigarrillo y sin parar de sonreír.
—Después de separarme de Pablo, se me habían ido las ganas de volver
a tener pareja, ya lo sabéis… Estaba desilusionada, decepcionada…, harta de todo, vaya. Pero conocer a Xavi…
—Pero mira qué carita se te pone de enamorada —me dijo Silvia
mirando a Sonia, que no dejaba de sonreír.
—Es que Xavi es mucho Xavi, chicas…
—Y eso que todavía no le has visto en persona —añadió Sonia. —Me muero de ganas de conocerle, aunque ya os digo que vamos tan
cachondos que podemos entrar en combustión y prender…
A lo que Silvia y Sonia no pudieron reprimir unas sonoras carcajadas. —Pero, a ver, enséñanos una fotografía de él, pero del de verdad, ¿eh? Les mostré la imagen en la que aparecía con una camisa negra, una
chaqueta de piel del mismo color y con mi libro en la mano justo delante del escaparate de la librería.
—Joder, nena, está buenísimo…
—¿A que sí? Es que me encantaaaaa —dije poniendo cara de tonta.
Y mis amigas no pudieron evitar reírse sonoramente ante mi gesto.
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