La pareja imperfecta

Araceli Samudio · Capítulo 31 de 43

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La pareja imperfecta

Capítulo 30: Nuevo plan

Capítulo 30

 

Nuevo plan

 

Gabriel observaba a Morgana sin encontrar palabras para convencerla, llevaba dos horas intentando hacerla entrar en razón, pero ella estaba en medio de una crisis histérica —o algo similar—. Durante dos semanas se había obsesionado con conseguir información sobre Milena —la supuesta novia de Luciano— y sobre un tal Gerardo —el que había inventado todo aquello de la pareja perfecta para salvar la reputación del modelo—. Morgana no solo había conseguido descubrir que no era la primera vez que el tal Gerardo intentaba sacar provecho de alguna persona con poder —al parecer, de esa misma manera había conseguido hacía muchos años el puesto que ocupaba en la actualidad—, sino que también logró averiguar que el hombre tenía planeado exigirle una fuerte cantidad de dinero antes de que el trato llegara a su final. Ese dinero no era parte del trato original, pero Gerardo exigiría aquello fingiendo haber sido chantajeado por un periodista que había descubierto la treta y amenazaba con sacar todo a la luz. Entonces él y la chica huirían a otro país donde el hombre pensaba abrir una agencia de modelos.

Sobre Milena, no había encontrado mucho, parecía una muchacha de campo que había venido a vivir a la ciudad y que se veía como otra víctima más del ambicioso Gerardo, sin embargo, ella era la novia del hombre, así que era obvio que estaba de su lado y era parte de la estafa que harían para finalizar el trato; de hecho, Morgana estaba segura que ella estaba al tanto y, por eso, había intentado enamorar a Luciano como parte del plan que había organizado con su prometido.

—¿Qué es lo que pretendes hacer? —preguntó Gabriel con cansancio. De pronto sintió que ya no era algo que pudiera manejar, que ya no había nada que hacer por ella y, aunque le dolía con intensidad, decidió que lo mejor era alejarse de una vez por todas.

—Voy a ir a encararlos —respondió Morgana con aquella fotografía en la mano.

Era una entrevista que habían hecho en una de las revistas más importantes de la farándula en donde había un montón de fotos de Luciano y Milena disfrutando de las playas y lugares turísticos de la ciudad que habían visitado hacía unos días.

—¡Lo está timando! —añadió nerviosa.

—¿Y a ti eso en qué te afecta? Él ya no es nada tuyo, Morgana, por Dios —exclamó Gabriel con desespero. Era obvio que ella no podía manejar aquello. Era la primera vez que Luciano estaba saliendo con alguien que parecía ir en serio y eso la desesperaba. Y es que, por más que supiera que todo era un engaño, algo dentro de ella le decía que Milena era para él mucho más que eso.

—Lo conozco, sé que esta vez va en serio. Puede haber comenzado como un engaño, pero estoy segura de que a Luciano esta chica le importa —añadió y Gabriel volvió a negar. Se acercó a ella y la tomó de la mano.

—Morgana, ha pasado mucho tiempo, él ya no es el mismo, no lo conoces. Además, si eso fuera cierto, ¿qué ganarías con descubrir la verdad? ¿Crees que sus sentimientos cambiarían si tú haces público esto?

—No… o no lo sé, pero estoy segura de que él sufrirá si lo hago. Si Luciano está enamorado de ella y se entera que ella solo quiso burlarse de él, que ella lo enamoró a propósito para luego dejarlo, sacarle más dinero y largarse con su novio, el corazón de Luciano se romperá, ¿lo comprendes? Experimentará un poco de su propia medicina, sabrá como duele la traición —añadió y Gabriel negó con la cabeza.

—No voy a ayudarte con esto, Morgana —suspiró vencido—. No puedo más seguirte el paso. Te amo y lo sabes, he intentado por todos los medios que no terminaras con la poca luz que aún te queda. Considero que eres una mujer hermosa por dentro y por fuera, que a pesar de que el dolor te ha cegado todavía vale la pena luchar por ti y lo he intentado con todas mis fuerzas. Pero no puedo hacer nada si tú no quieres salvarte, no puedo hacer más nada si tú no quieres luchar por ti —añadió y salió de la habitación.

Morgana sintió que gruesas gotas de lágrimas se derramaban por su mejilla, otra vez estaba perdiendo, otra vez estaba sufriendo, otra vez la habían dejado. Quiso salir corriendo tras él, pedirle que no la soltara, que ella intentaría cambiar, darle lo que él se merecía. Pero no lo hizo, no podía. No iba a cambiar, no iba a poder ser lo que él se merecía, no iba a poder encender de nuevo esa luz de la que él hablaba siempre, estaba a oscuras, estaba perdida, vivía en un infierno interior que quemaba, que ardía, que dolía. Gabriel no lo entendía.

No iba detenerse hasta acabar con Luciano, hasta hacerlo sentir tan infeliz como él la hizo a ella, hasta que le quitara todo lo que le hacía sonreír, ya fuera su trabajo o la mujer que amaba. Hasta que le despojara de aquello de lo cual él la había despojado a ella: de la esperanza. Recién allí podría volver a vivir en paz, recién después de que se hiciera justicia y él pagara por todo el daño que le había causado, recién allí podría soltarlo.

Llevada por la euforia del momento, Morgana había decidido: al día siguiente era domingo y sabía que ese día Luciano permanecía en su hogar cuidando a la pequeña de su prima. Iría a su casa y le diría todo lo que sabía; primero había pensado publicarlo, pero eso le sacaría el regocijo de verlo sufrir. Se lo imaginó llorando, se lo imaginó experimentando el dolor que se siente cuando se parte el alma a causa de una traición. Y entonces, en ese momento, ella recobraría su alma, volvería a respirar y se sentiría finalmente libre.

 

Gerardo observó a Milena negar con la cabeza.

—¡No vamos a hacer eso, no lo vamos a hacer! —exclamó enfadada—. ¡No te lo voy a permitir!

—Vamos, cariño, para él no será nada. Solo es un par de billetes más. ¿No te das cuenta de que con eso podremos cumplir nuestros sueños? Viajaremos al país que tú elijas y podremos montar nuestra propia agencia, tú serás la modelo principal —prometió—. Comprende, para Luciano esto no será problema.

—Tú no entiendes, Gerardo. ¡Esto es un engaño, teníamos un trato y esto no era parte del trato!

—A la gente le ha encantado la pareja perfecta, Milena, pero yo ya me estoy cansando. Quiero estar contigo y no me gusta tener que visitarte a escondidas para que no nos descubran. ¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar? No podemos dar por terminada la relación que supuestamente tienen pues acaba de comenzar. Esta nueva idea podrá hacernos ganar dinero rápido y luego nos marchamos, así no perjudicamos a nadie. Él queda como que tú lo dejaste y muestra al público lo triste que está, la gente sentirá compasión y nosotros tendremos dinero y poder —explicó una vez más.

—¿Por qué quieres hacer esto? ¡Yo no voy a formar parte de este engaño! No voy a decirle a Luciano que alguien está estafándote para pedirle dinero cuando no es cierto. No quiero viajar, me gusta vivir aquí. No, no lo haré — dijo ella negando—. Además, estás mintiendo, tú no quieres estar conmigo, ni siquiera te importo, Gerardo. A ti no te importa nadie que no seas tú — exclamó con enfado.

—¡Eres una tonta! —gritó Gerardo levantándose de golpe y saliendo de aquel lugar—. Sabía que no podría contar contigo para esto, debí buscar a alguien más capaz para contratar —añadió—. Con esa mentalidad nunca llegarás a nada y siempre serás una muerta de hambre, Milena. Pero no te preocupes, voy a hacer esto contigo o sin ti, ya veré la manera. Solo que el dinero será todo mío y tú…, tú verás qué haces con tu vida, porque apenas esto salga a la luz Luciano te dejará tirada. ¿O crees que le importas a alguien como él? ¡Por Dios! Además de tonta eres una ilusa. Que conste que intenté que funcionara.

Dicho eso salió dando un portazo, Milena se sentó en la cama y suspiró. Las lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas y se preguntó qué debía hacer. Por supuesto no iba a formar parte del último plan de Gerardo, pero tampoco confiaba en él y no sabía de qué sería capaz con tal de salirse con la suya.