Las amigas

Aurora Venturini · Capítulo 24 de 26

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Las amigas

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Me levanté de la alfombra oído alerta y fui a espiar como siempre. Casi había olvidado a las señoras que tocaron a la puerta vestidas de negro y observándolas descubrí bajo la umbría a las dos mariposas que hacía varios años se casarían y se irían en viaje de boda y reconocí a Flavia y Fulvia y recapacité mejor les abro para quitarme alguna duda penosa porque estas señoras sabían todo de todos. Entraron no en tromba como hacía años sino ceremoniosamente. Apenas ubicadas empezaron la cantinela de Matilde la nombran y nombraron ellas que no yo que juré ya nunca y principiaron la historia con que Matilde está algo dispersa de razón es decir como vieja chocha y a veces no está porque vive en la casa del hermano y la cuñada ya no quiere… y el hermano piensa que con vos… y grité no aquí no cabe nadie más que yo y basta y ellas siguieron con lo que sufrió Matilde con Relicario y peor con Relicarito que con la plata que ella dejaba en la mesa de luz el sobrino adquirió una camioneta y después un departamento y vivía tanto ahí como en la casa de Relicario que había puesto además a nombre de Relicarito por si Relicario espichaba antes que de eso solo dios sabe y seguían que Relicarito llevaba a la casa chicas y muchachos y tocaban músicas horrendas y ponían llave al baño del lado de ellos para que Matilde diera toda la vuelta y la pudieran ver pasar y entonces los bestias hacían comentarios indecentes delante de Matilde y también adelante de Relicario que se hacía el estúpido mientras manoseaba a una muchacha. Además fumaba todo el día y a veces tocaba el trombón y ella sufría. Y por qué no se iba si nadie la ataba y las damas responden porque estaba enamorada y si es que no lo está todavía.

No puede ser opiné cuidando de no nombrar a la innombrable por el juramento de no hacerlo que me había hecho a mí misma. Y ellas vertieron situaciones inconcebibles como por ejemplo que cuando se casaron el sobrino no habitaba ahí que vino después apoderándose de casi toda la casa y que Relicario se iba días enteros y ella tenía que preparar las clases de arte que todavía dictaba entonces y que le resultaba difícil pensando en Relicario. Que además supo que andaba de amores con una a la que Matilde llamaba simplemente «la uña sucia del Bajo». Les contó que Uña Sucia brindaba en los actos públicos alzando la copa de vino ordinario en dirección a Relicario y él cazaba al vuelo el brindis y que era asqueroso para la pobre que fue mi amiga ver que los uñas sucias habían nacido el uno para la otra y viceversa. Todo esto les contó y bastante más a Flavia y Fulvia. Relicario chupaba como una esponja y sufría del vino malo y que ella muchas veces tuvo miedo de que llegara a más y que él quiso estrangularla y después pidió perdón y otra vez le tiró el pelo y ella sintió el ruidito del cuero cabelludo separado del cráneo y otra vez la pateó y le pidió perdón y en una de esas veces fue cuando se fue.

Son cosas entre matrimonio dije no hay que meterse ustedes también tendrán encontronazos con los maridos que no tienen. Ya entendí dije por decir y Flavia y Fulvia expusieron rápidamente que Yuna por favor que no hay tales maridos y me callé. Se pusieron de pie las dos y ofrecí café y no las noté molestas por mi negativa a entender pero que los muertos entierren a sus muertos. Antes de irse dejaron una tarjetita que después pensé yo tal vez miraría para ver de qué se trataba y cuando partieron cerré con llave y regresé al atelier.

En lugar de pintar me dormí sobre la alfombra y soñé un cuadro extraño aunque correspondiendo a mi estilo archiconocido y archirreconocido. El motivo es una cala albísima flor nacional de Egipto que ya conté la vi en relieve exactamente fue en El Cairo y en el sueño leí un poema de donde deduzco que quien lo escribió habrá podido admirar la ciudad desde el aire viajero como yo quisiera apreciar lo que me toca ver: «Sagrada y misteriosa / ciudad / a las puertas del sueño. / Desierto ser a oscuras / que en ardiente silencio / alumbra al lirio de alminares / arriba y abajo / brillando como faros / en juego de amor sobre el cuerpo dolorido de la noche. / Son espinas. Profundas espinas / que guarda una herida que no sangra, / mientras la arena disuelve / en el signo su sombra: / nuestro azar infinito de vida y agonías. / Estos fueron los años / que la ciudad de la tierra / vivió a las puertas del sueño / junto a serena luz adormecida / entre esperas y miradas».

Rodeo la cala de minaretes y agudos piramidales y mastabas próximas a los hipogeos de las agonías dado que son tumbas y va iluminado el tema con luz que aprisiono y vuelco con la delicadeza con que el escultor esculpe tules que permiten ver detrás. Toda mi vida buscando en el diccionario… ahora busquen ustedes.

No es tarea fácil que significa empinarse sobre un pararrayos por lo menos o caminar sobre un finísimo hilo de seda salvando la profundidad del abismo o no cumplir la palabra empeñada y mientras pintaba leí la tarjeta que dejaron Flavia y Fulvia. Un domicilio de Adrogué de un geriátrico llamado Las Abuelas donde al final ubicaron a Matilde después de mucho no encontrar qué hacer con esos restos.

Como nunca me quedo con nada ajeno diré que los versos de El Cairo proceden de un libro delgadísimo cuyo autor Oscar Monesterolo tituló Poemas egipcios y cuyo prólogo se le debe a Manuel Mujica Lainez escritor importante que dio a conocer las estatuas monstruosas de Bomarzo que visité a propósito y eran tal cual.

Terminé el cuadro y ahora que lo miro me hubiera gustado que ese poeta lo viera pero no sé dónde vive si es que vive ojalá sí. Las cosas son como son y no siempre como esperamos y aunque parezca increíble me ha entrado curiosidad por ver el geriátrico donde pernocta la examiga que no nombro porque para qué.

No sé si salir a comer algo o solicitar por teléfono. Mejor salgo así me despabilo porque cuando termino un cuadro en tiempo récord quedo exhausta. Salgo después de ducharme. Luego veré si resuelvo el problema de ir o no. Y no es fácil ese problema porque hace mucho que no veo a mi amiga que ya no sé si es mejor decir mi ex pero igual impresiona. Tendríamos sesenta cuando dejamos de vernos y ella cumplió varios años más de castigo por casarse con el que ustedes saben y las dos por contemporáneas tenemos setenta y cinco cada una como mínimo y la cosa es que veré con qué me encuentro…

Estoy en el bar de Bellas Artes y miro a los jovencitos y a las jovencitas muchos y muchas me reconocen pero mi actitud de frialdad no los ni las anima a acercarse y la disyuntiva que tengo me endurece más a la vista hasta que de pronto reacciono y de golpe decido ir cueste lo que cueste y sé que puede costarme demasiado si aflojo pero no hay que aflojar. Termino la colación y regreso a paso lento previa sentada en Plaza Moreno.