Las amigas

Aurora Venturini · Capítulo 7 de 26

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Las amigas

Gallinero

La media lengua de Antonella oscurece las palabras y su significado. La tartamudez aumenta y el llanto ahoga la voz de la muchacha que ya ha saciado su hambre y su sed de alimento. Superada tal situación espantosa por cierto tanto como el embrollo que me ataca al poner signos ortográficos en mis escasos escritos y menos mal que no soy escribidora sino pintora de otro modo no saldría a flote de mi condición de minusválida que sin la cultura los viajes y llamémosle amistades aunque dudo haber cosechado de eso tan del espectro de lo social nada habría logrado o estaría al fin finalísimo de la cola de escribidores y escribidoras y hasta habría oído bromas y chanzas a causa de mi extravagante y heredada personalidad. No escribo. Solo escribo para tener memoria de lo vivido pero después suelo quemar los papeles que me retrotraen a los tiempos y espacios gastados y estropeados por el correr del Tiempo y el Espacio. Aunque el Espacio aparentemente no corre yo tengo para mí que sí dadas las modificaciones que dentro de su esencia ocurren. Pero qué tremendamente difícil es analizar esas entidades que son metafísicas es decir que exceden lo fácil de aprehender. Y ustedes criteriosamente opinarán que la Yuna de ayer cambió porque se mete a tratar sobre estos temas altos de altura intelectual. Pero si profundizan en capacidad de criterio palparán que el cogollo de la monstruosidad de Yuna niña y adolescente insiste en perdurar y en más de una ocasión domina a la personalidad adquirida con esfuerzo y trabajo (léase diccionario).

Estamos Yuna y Antonella las manos apoyadas en la mesa y ya hemos almorzado y ninguna de las dos levanta vuelo porque algo ata el interés de ambas que después de todo aún son dos desconocidas entre sí.

Le digo a Antonella que hay que confiar y destrabar la lengua si ella cree conveniente relatarme quién es y de dónde viene porque las villas y sus ocupantes difieren entre sí como las ciudades y sus habitantes y que el principio de identidad no vale en estas cuestiones y a ver si consigue… Y ella me pide perdón porque considera que hablo diferente y por momentos no me entiende y vuelve a disculparse y yo le digo que así como ella nació tartamuda yo nací con dificultad en la palabra hablada y por lo tanto pinto para darme a conocer ampliamente y Antonella me dice que miró mis pinturas y que le gusta más la del almanaque con gatitos y perritos. Yo le contesto que también son muy bonitos y que puede llevarse uno a su habitación. Antonella exulta y salta a descolgar el cartoncito de los meses y dice que es lo primero que le regalaron en la vida y ahora yo tengo un maremoto de lágrimas que se empujan y voy al baño a dejarlas en libertad.

Me viene a la mente y llego a ver en mi interior un paisaje rural en vigilia y es el mismo que ocupa mis sueños cuando duermo inquieta y me levanto de la cama a tomar agua y vuelvo y al minuto retorna el paisaje donde canta un gallo emperifollado de plumas de faisán cresta roja y muy roja y cuello nervioso moviéndose de un lado a otro y canta tres veces como el gallo que Jesús prometió a san Pedro tres veces cantaría y después el derrumbe y la traición. Este sueño no me gusta pero vuelve a menudo.

Antonella sirve el té y ya parece animada y tal vez me cuente cosas y para amenizar el diálogo traigo a colación mi sueño y sus motivaciones.

Dice Antonella que sí y que en la villa había gallinas y gallos y no hacía falta cuidarlos y ponían huevos parece ser que con sus hermanos sorbían del huevo practicándole un orificio del que chupaban le pregunto si no hacían tortillas o huevos fritos y dijo no pues carecían de cocina.

Quiero llegar hasta saber de la pareja humana o humanoide o lo que sea es decir como se dice en general y sin pensar «padres de la criatura» y noto un desvío cada vez que la intención asoma en el diálogo. Pero no me desanimo.

Nombro gallinas batarazas de Borneo cochinchinas gallo inglés las gallinas ponen huevos y sacan pollitos entonces Antonella pega un grito o alarido y me asusta en atropellada dicción de un suceso que tal vez la marcó tartamuda y algo bobalicona pero lo último apenas se le nota y dice mi papá me sacó un nene. Y entra en un marco de silencio espantoso borrascoso y es otra la criatura enfrentada otra cara otras manos… Vamos Antonella que ya bastante miedo padecí y no quiero más.

Ella dice algo digno de tragedia griega horror de horrores. Las villas con su contenido son nidadas trágicas y el odiseoánico maremoto homérico apenas un laguito en proximidad al villorrio es nadita en la esperanza de que sea solo poema. Y ahí quede tiembla en mi capacidad de entender papá me sacó un nene y son las gallinas las que sacan nenes-polluelos las ponedoras… Las ponedoras sacan pollitos que antes estuvieron dentro del huevo y el huevo dentro de la gallina y entonces aunque no lo expreso traslado las posiciones al género y especie humana que para la reproducción ocurre igual no solo en género y especie humana sino en la creación total y absolutamente de manera que este planteo conduce a un suceso monstruoso en la villa del que escapando como es claro que acaba de escapar ha podido zafar ahora Antonella.

Nos hemos quedado mirándonos una a la otra sin explicitar pregunta ni respuesta ni proponer conclusiones que pudieran desarmonizar lo aparentemente armónico de una relación de dependencia reciente y así en la tarde avecinada seguimos mirándonos. Me dije a mí misma que tenía la obligación de empezar el diálogo por ser yo la mayor y empleadora de la casi adolescente criatura de la tragedia griega (no comparar con Electra que leí y vi en un teatro de París) y que no carecía de belleza aunque hubiera que palear tierra y basura encimadas a la belleza porque el tema Antonella y progenitor iba mucho más allá de la ficción rayano con la iniquidad y la desgracia de los protagonistas endiablados de neblinas corruptas y suciedades.

Me dije que tenía obligación moral de empezar el diálogo y lo hice pálida y distraídamente aunque mi interior desangrara penas y lágrimas y llanto contenido dije qué fue del nene… y Antonella tembló y dijo lo maté. Respondí y bueno… hay que olvidar. Ya vendrán tiempos mejores… Y ella dijo y sí.

Estoy muerta desfallecida de fatigantes puntos y comas aunque comas no puse ni pondré aunque me las pidan y sí puntos suspensivos que son más suaves… porque los signos de interrogación y de admiración me cuestan y los puntos menos… pero igual suspendo un ratito y vuelvo.

Antonella ha llorado después de gritar desaforadamente y me entero de que lloró porque se le nota pero lloró escondida en el lavadero y con razón de manera que no insistiré en el asunto y pintaré una tela inmensa del tamaño de «Las meninas» de Velázquez que está en el Museo del Prado en Madrid pero no ya en la rotonda frente al espejo sino junto a otros cuadros del mismo artista y considero que ha perdido prestancia y que debieran volverlo al salón de antes con espejo y todo.

Me entran unos deseos feroces de viajar a Madrid para ver «Las meninas» y «El Coloso del pánico» este último de Goya y opino que Goya representa el espíritu español tan agresivo y salvaje y reluciente como el segundo apellido de Goya Lucientes.

Salgo a ver cómo están las plantitas y regar el mínimo césped y cuando realizo tareas de campo que no son tales hoy que habito en la ciudad rememoro el campo de antes y me viene un llanto compulsivo como el de Antonella pero ella perdió más mucho más porque perdió la inocencia de la virginidad y entró en un pánico más robusto y horrendo que el que pintó Goya.

Bueno… así son las cosas y ya no me ocuparé del tema Antonella y si quiere quedarse que lo haga y que haga lo que quiera que bien merece alas para volar aunque no le crezcan.

Mientras pintaba el motivo inspirado por la tragedia que conté porque Antonella me la contó y no la repetirá de las figuras se desprendieron cosas y casos de mi infancia mejor dicho de mi casi adolescencia y uno o dos nombres de antes me hicieron temblar pero ya superé todo y que no olvide mi lector que soy Yuna y que no olvide lector o lectora de estos recuerdos que cuando yo no esté en vida seguro que por ser escrito por Yuna Riglos alguien lo publicará.

Repito que no soy escritora.

Van pasando los años con su carga de meses y días y horas en cuanto a lo que se refiere a Antonella nunca preguntaré nada más. El tema último me desbarata y arroja a un subterráneo oscurísimo y alquitranado que deben ser los muros del infierno bíblico.

Duele entender que nunca podré enviar a la muchacha a institutos de esos que dan escolaridad privados porque preguntarían por lo menos de dónde viene y quiénes son o fueron sus padres y la mar en coche que repito siempre para evitar aclaraciones que abundarían el párrafo que ya es dificultoso en cuanto a su comprensión por las condiciones propias de mi naturaleza que con el correr de los calendarios vuelve a una infancia y adolescencia temibles. Sé que mi intento de borrar y borrar y borrar ha cumplido su finalidad pero mi universo de fantasmas patéticos suele insistir en destapar el sésamo. Apretaré la tapa con todas mis fuerzas para que ni se asomen los monstruos con sus asquerosas monstruosidades además necesito los lugares que ocuparían los arcaicos para otros monstruos porque a mí monstrua solo me siguieron mis semejantes que son esos.