Las amigas
La Bestia perseguidora
Soñaba en voz alta muchas noches Antonella y el rostro mojado en lágrimas que también humedecían su cabellera en las sienes me conducía a compararla con las imágenes devotas de las iglesias y con unas señoritas vírgenes de Siena.
De nuevo otra vez debo confesar que me comporté mal insistiendo en introducirme en la vida pasada de Antonella y robarle secretos pero ya lo hice y bueno hasta el sueño de ella revelo ahora: gritaba antes de despertar azorada y pálida de toda palidez cierta o inventada por el romanticismo que prefería lo enfermizo y magro lo muerto y que siempre o casi siempre loaba defunciones. Antonella emitía gritos y grititos de no por favor como una heroína calcada del deber romántico… La Bestia de cara verde y ojos amarillos… mamá… no… ay no mamá… sacalo de mi cama… la Bestia…
Cuando pronuncia esas palabras noto que la domina furia incontenible y una noche llegó a decir de corrido cuando lo tenga a mano cuando salga de la barriga lo mato… y la casi declaración de un suceso ya expresado me llevó a mí misma a un oscuro recinto sucio y maloliente del país espantoso de los miserables donde también estuve yo.
Anoto las palabras en mi libretita y agrego y son frases de Antonella por ejemplo mi papá me sacó un nene y ato las puntas de un lazo negro para duelos y sé no todo pero sí una parte de la tragedia vivida de esta criatura.
Yo tan desprovista de humanidad aceptable tan vida muerta encima de su propia tumba vacía he llegado al punto en que se funde el metal del odio tras mi aparente indiferencia. La búsqueda de los por qué de las infamias y los tapujos sociales me convertirá en ruina total desde afuera adentro y los recuerdos de lo vivido caerán sobre mí como lluvia de granizo vítreo y me lastimarán más aún con puntas aguzadas y malignas por infecciosas y finalmente quedaré peor que Antonella y seré de nuevo por mi apenas curada minusvalía que ahora me acomete en estos momentos sin comas ni puntos ni signos ortográficos ni suspensivos una criatura abandonada en la fría avenida del más allá que ya estoy andando y veré o ya estoy viendo solo puertas cerradas y al caer las sombras me abrigaré y me abrigo entre harapos malolientes de un acaso buscado o no buscado destierro.
Cazo al vuelo las palabras de la soñadora y armo un puzle infernal donde me espanta la Bestia que anoto con mayúscula porque sé de quién se trata que no es otro que el progenitor-violador de Antonella en las distintas edades cumplidas bajo la Bestia impune hasta llegar al horrendo embarazo y veo a Antonella casi niña embarazada de la Bestia y convertida en asesina de su hijo-hermano y creo que fue lo mejor que pudo hacer aunque la sangre es sagrada dicen por ahí pero la sangre producto del crimen creo debe ser lavada con sangre.
Antonella es inocente de toda inocencia. Ella ha elegido la razón a su accionar delictuoso como elemento sustancial de su orfandad y pobreza de su rica pobreza mancillada. Porque la juventud es riqueza y al mancillarse no sirve para nada. Y al culpable hay que denunciarlo pero para este caso ya es tarde. Justicia ejercida contra el violador traería consecuencias por averiguaciones y demás… Dejemos las cosas como están después de todo tanto Antonella como yo Yuna Riglos (porque adopté Riglos por conveniencia tirando por la ventana de la casa de mi existencia el vulgar) López somos un estropicio social. La náusea y el olor sexual que ella percibió y yo también una vez a través de una prima a la cual no nombro por miedo al retroceso en el sendero vivencial ese olor ningún perfume amengua.
Uf… me fatigo y voy a dejar que Antonella duerma pobrecita entre harapos heredados y salgo al patio y voy a cebarme mate (hábito que adquirí de compañeros de bohemia).
La bohemia la adquirí en mi primer viaje y en el galpón de Montmartre donde los argentinos compraban yerba y tomaban mate y como todo es extravagante en relación a mi persona aprendí el vicio matero en París…
Aprendí muchas cosas en mis viajes a París menos el amor aunque no por falta de oportunidades que en fiestas y exposiciones pictóricas más de una vez alguno atropelló pero no he sentido el calor del amor. Tengo una piedra en el pecho que late porque es mi pobre corazón atormentado una piedra atormentada que deslía piedrecitas heladas a lo largo y ancho de mi torrente sanguíneo. Nunca me acosté con nadie he dormido y despertado entre famélicos fantasmas he trabajado y trabajo seguiré haciendo y renaciendo pinturas y acaso me recuerden las reses animales por mis cuadros que se presentan con alaridos de color-dolor y sin piel ni ojos porque soy pintora del inmenso desafuero de los diferentes y de los malditos. Mi inmundicia infanto-adolescente no me llevó al suicidio como a Alejandra que murió por cuenta propia en su vestido azul y cantando pero ya pocos la recuerdan igual que pasará conmigo.
Estoy en el patio del fondo mateando amargos y aprovecho para regar unas macetas con malvones y mientras riego las lajas del patio converso conmigo misma y me digo que sé que poseo la gracia de la mundanidad del que anduvo y anda por el ancho mundo y pasa de continente a continente por agua o por aire ya que soy inquieta itinerante y sigo regando y ruego al altísimo que Antonella me responda lo suficiente como para confiarle la casa y las cuentas ya que no puedo con todo y con los viajes que realizo cumpliendo con expositores y así hablo conmigo misma y me digo que cómo puede ser que no me aguanto más de dos años sin abandonar el sitio por otro sitio y otro… Y bueno… soy viajera vocacional y no echaré raíces porque no las tuve nunca.
El indudable encanto que envuelve mi personalidad como un manto de seda invita a más de un prójimo a acercarse con intenciones diversas. Yo atiendo al que sufre y desea confesarse en mi confesionario inocente aunque debo reconocer que escucho como indecente a quien le agrada enterarse de lo ajeno a fin de inmiscuirlo en los temas pictóricos de una tela y ahora en este apunte. Estoy sola en el patio regando y con sonrisa de gato y voz de una niña vieja deslío un cantar.
María Chucena
su ostra pintaba
y un pescador que por ahí pasaba
le dijo: María Chucena
refrescas tu ostra
o peinas la ajena…
y ella contestó (batiendo sus manazas):
Yo no…