Los cheyenes

John H. Moore · Capítulo 10 de 13

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Los cheyenes

9. Las interacciones sociales

CAPÍTULO 9

LAS INTERACCIONES SOCIALES

Los occidentales están acostumbrados a pensar de forma dualista al explicar su propio comportamiento y el comportamiento de los demás pueblos. Pensamos en términos de correcto e incorrecto, bien y mal, moral e inmoral. Consecuentemente es difícil para nosotros entender la forma de pensar cheyén sobre la moralidad y las relaciones sociales, que se basan en nociones completamente diferentes de cómo funciona el mundo y de la motivación de los seres humanos. En este capítulo intentaré explicar los giros y el vocabulario cheyén tradicional para hablar de interacciones sociales, y cómo estas nociones son diferentes de las ideas occidentales. Quizás lo mejor para empezar sea describir cómo sería un mundo perfecto desde el punto de vista cheyén.

La cosmología explica, y las ceremonias reiteran, que el mundo material es inerte y sin vida, y de que todo poder, energía y vida provienen de las bendiciones que emanan de Maheo. No existe otra fuente. No existen diablos o demonios en la tradición cheyén, que seduzcan a la gente y les proporcionen poderes malignos, y la cosmología cheyén no posee lugar para la brujería, mediante la que los malvados intentan dañar a los demás. Las cosas malas suceden, de acuerdo a los estándares cheyenes, cuando los canales legítimos del poder de Maheo no se respetan, y el poder y la energía creadas por éste están fuera de control.

El poder legítimo fluye de Maheo a los seres humanos a través de varios tipos de canales correctos. Primero, existe una jerarquía descendiente de espíritus, maiyun, aves, y animales, tal como se ha explicado con anterioridad, con espíritus superiores y personajes que dan poder a los espíritus y criaturas inferiores. Las relaciones poderosas entre los espíritus y maiyun son muy complejas y misteriosas, pero se dice que los pájaros y animales observables reciben su poder de la misma manera que los seres humanos: a través de la danza, canto, ingestión de ciertas hierbas y la pintura corporal. Por ejemplo, los símbolos, del sol, de la luna y de las estrellas que exhiben varios pájaros, son emblemas de su relación especial con estos espíritus. (En la lengua cheyén, se refieren a los colores y señales de las aves y de los animales como sus «pinturas»). Las manifestaciones y danzas de apareamiento d las aves y animales de las praderas les proporcionan otro método para obtener las bendiciones de Maheo, y el canto de los pájaros, el chillido del águila, y el aullido de los lobos, coyotes y otros animales, también constituyen las canciones de aves y animales utilizados para obtener poder de Maheo, ya sea directamente o a través de la intercesión de las criaturas a las que imitan. Para ser legítimo, el poder adquirido d< las aves y animales debe obtenerse con su permiso, por medio de un encuentro real, un sueño o una experiencia visionaria.

El tabaco le proporciona a las personas un medio especial para obtener las bendiciones de arriba a través de varios canales legítimos. En las búsquedas de visiones, los hombres cheyenes le ofrecen una pipa a los espíritus con los que se encuentran y a los que hacen demandas. Los hombres que participan en ceremonias de pipas de varios tipos también le ofrecen directamente pipas y plegarias a Maheo o a sus espíritus subordinados. También se le ofrecen pipas a los pájaros y animales a los que se encuentra casualmente en las praderas. Por todos estos medios el poder de arriba se trae al dominio y control de los seres humanos.

Las bendiciones que se reciben a través de las ceremonias están bajo el control de los sacerdotes, y también aquí el poder se recibe y transmite por medio de las pipas y el tabaco. Los sacerdotes ofrecen oraciones a Maheo a través del humo del tabaco, y reciben su poder bien directamente de Maheo, o por medio de la montaña sagrada, las flechas sagradas, o quizás el poste central de la danza del sol. Transmiten su poder a los sacerdotes subordinados, comprometidos, y danzarines al fumar con ellos. En un momento especial de la danza del sol, los sacerdotes le comunican las bendiciones de Maheo a todas las familias al fumar las pipas familiares en su nombre. En el seno de la familia el poder se transmite a las mujeres y los niños por el contacto físico, y al compartir los alimentos y otros regalos.

Ésta es la imagen ideal de la transferencia de poder, energía, y bendiciones de las fuentes sobrenaturales a los cheyenes, y de un cheyén a otro. Si todo va bien en esta transferencia descendente de poder en la cadena jerárquica, entonces todas las familias estarán sanas, con un techo, felices y bien alimentadas. Pero muchas cosas pueden ir mal, puesto que dicha transferencia está sujeta a manías humanas que pueden hacer que la energía se pierda o sea mal dirigida, causando la enfermedad y la muerte. La red de relaciones humanas para transferir poder es muy frágil, y depende de que cada persona se comporte de forma desinteresada y ritualmente perfecta. Si lo hiciesen, entonces nadie estaría enfermo o infeliz. Pero como sucede que la gente se comporta frecuentemente de forma egoísta o malentiende su papel y su deber, la existencia humana está llena de problemas, peligro, enfermedad y muerte.

 

Las pipas cruzadas y el error en el ritual

Idealmente, cada transferencia de poder entre los hombres está simbolizada por una pipa y una promesa. Cada compromiso o promesa debe estar claro y no debe contradecir cualquier otra promesa. Por ejemplo, cuando un hombre decide comprometerse a la ceremonia de las flechas debe llevar una pipa a la casa del instructor que haya elegido y pedirle su ayuda, fumando con él la promesa de montar la ceremonia. Luego ambos deben ir al guardián de las flechas y comunicarle sus intenciones, fumando con él en el tipi de las flechas y estableciendo la fecha para la ceremonia. Pero supongamos que un segundo comprometido potencial haya ido mientras tanto a su instructor, se haya comprometido a la ceremonia, establecido una fecha diferente, y los dos hombres lo hayan fumado. Entonces se dice que las dos pipas sobre las que se han hecho promesas contradictorias están «cruzadas».

Las pipas también pueden cruzarse debido a la ambigüedad de algunas promesas. Por ejemplo, un hombre podría acercarse a un sacerdote de la danza del sol y prometer montar la ceremonia, queriendo decir que lo hará dentro del plazo acostumbrado de cuatro años. El sacerdote puede inferir, a menos que la promesa se haga de forma explícita, que la persona que se compromete está prometiendo montar la ceremonia al año siguiente, de manera que están fumando diferentes interpretaciones personales de la misma y ambigua promesa verbal. Dado que el compromiso o promesa que acompaña a la ceremonia de la pipa normalmente no se pone por escrito, se dan enormes oportunidades para los malentendidos. Por consiguiente, antes de fumar una pipa los jefes y sacerdotes cheyenes se esfuerzan mucho en discutir qué es lo que se promete exactamente. Si las pipas se cruzan, se necesita mucha discusión y ritual para enderezarlas. Todos los participantes deben estar presentes en la discusión, y todo debe fumarse otra vez, quizás en diversas ceremonias, para crear un sistema de promesas inequívoco, y, por lo tanto, una transferencia inequívoca de bendiciones entre los diversos participantes. Las promesas anteriores pueden borrarse con una corta ceremonia conocida como «cepillado», en la que un sacerdote utiliza manojos de salvia o ramas de sauce para cepillar por encima los cuerpos de las personas cuyas pipas se hayan cruzado, diciendo oraciones adecuadas que permitirán hacer nuevas promesas. Mientras tanto, una persona puede colocar cuatro plumas de la cola de un pájaro carpintero escapulario en su puerta exterior para desviar la energía incontrolada hasta que se resuelva el asunto.

Algunas veces existe un desacuerdo insuperable sobre quiénes han cruzado las pipas y quién prometió qué en una ceremonia de la pipa. En ese caso, una persona podría continuar adelante con el compromiso o promesa, corriendo el riesgo de que su pipa podría haber se cruzado realmente. Por ejemplo, si la persona que se compromete a una ceremonia ignora la reivindicación de otra persona que también se ha comprometido a ella, y lleva adelante la ceremonia, lo cheyenes creen que, si su pipa está cruzada, la ceremonia no le han bien, y de hecho, si se desencadena la energía mediante los rituales el poder no estará bajo control y podría matar a la persona que se h; comprometido o a algún miembro de su familia, o hacerlos enfermar.

De la misma forma que las personas que se comprometen desencadenan una energía incontrolada con las pipas cruzadas, también la desencadenan los comprometidos e instructores que cometer errores en la realización de las ceremonias. Se dice que los compro metidos y los sacerdotes que no son sinceros, que poseen malos motivos o falta de dedicación, son distraídos fácilmente de la conducta adecuada en las ceremonias, de forma que cometan errores. Por ejemplo, un sacerdote podría pasarle una pipa al hombre de su izquierda al tercer intento en lugar de al cuarto, poniendo en peligro de ese modo a los dos hombres. O un participante podría accidentalmente manejar mal o dejar caer algún artículo ritual. También esto exige el cepillado y quizás volver a empezar esa parte de la ceremonia. O una persona podría tener un acceso de tos, dolor de cabeza, o calambres en las piernas durante un ritual. También esto, para los estándares cheyenes, indica que algo va mal.

El error en el ritual a menudo es una materia de opinión. Por ejemplo, una vez me caí del cojín grueso mientras estaba sentado en el tipi durante una ceremonia de la pipa. Todos los presentes se lo tomaron a risa, y se hicieron comentarios sobre cómo los blancos no sabían cómo sentarse en el suelo. Pero más tarde, cuando alguien se enfadó conmigo por otra razón se mencionó el incidente como un error ritual, del que yo era responsable y por el que, consecuente mente, estaba en peligro. En otra ocasión, observé a un hombre que estuvo frotándose las piernas durante una ceremonia de la pipa, pero otra persona dijo que le picaban las piernas porque no era un cheyén de pura cepa y que no debería haber estado en el tipi.

Durante los rituales y las ceremonias, los sacerdotes, cantores, j las personas comprometidas, incluso aquellas mujeres y niños que llevan comida y agua a las casas ceremoniales, están sometidos a un duro examen por los errores y contratiempos. Por esa razón, algunos sacerdotes y cantores son realmente reacios a la hora de acometer un papel ceremonial, especialmente si su familia ha sido recientemente objeto de crítica en la comunidad. En dichas condiciones, todos los miembros de la familia saben que serán observados con más atención por los miembros de otras familias, quienes serán rápidos en criticarlos por los errores rituales que perciban.

También es necesario mencionar los bastones para señalar que utilizan los religiosos cheyenes y que se malentienden incluso en el seno de la comunidad cheyén. Puesto que se cree que los hombres con un estatus religioso poseen un gran poder, no deben señalar a nadie con el dedo por miedo a dañarlos. Para evitarlo, tales hombres llevan bastones cortos que usan para gesticular y señalar. A los no entendidos no les gusta que los señalen con dichos bastones y piensan que de alguna manera están siendo «embrujados». Pero lo han entendido mal, pues el uso del bastón no intenta dañar a la gente, sino protegerla.

 

Alimento

De la misma manera que el poder viaja de forma descendente por la jerarquía de sacerdotes, comprometidos y familias, el alimento viaja de forma ascendente. Las familias de los miembros recién elegidos de las sociedades guerreras deben alimentar a las familias de los miembros antiguos. Las familias de los danzarines del sol deben alimentar a las familias de sus instructores de danza. La familia del comprometido principal debe alimentar a la familia de su instructor. Cuando se elige jefe a un hombre, su familia debe alimentar a todo el mundo, simbolizando la posición del jefe como servidor de todos. En la cúspide de la jerarquía alimenticia, los comprometidos, sacerdotes y buscadores de visiones ofrecen un poco de comida a las fuerzas espirituales, dejándola fuera con el acompañamiento de oraciones. Una ofrenda de alimento es parte de muchos rituales y ceremonias.

De la misma forma que puede haber pipas cruzadas, también puede haber comida que esté espiritualmente contaminada. Por ejemplo, si una promesa entre el comprometido y el instructor es defectuosa, la comida que el comprometido le da al instructor podría causar la enfermedad. En las ceremonias anuales, las familias comparten gran cantidad de comida entre ellas, pero todo el mundo quiere saber de dónde procede toda la comida. Normalmente, la gente no come alimentos que provenga de personas con las pipas cruzadas, que hayan sido culpables de errores rituales, o que hayan sido elegidos jefe bajo circunstancias cuestionables.

Puesto que la comida y el cocinar están en gran medida bajo el control de las mujeres, éstas pueden utilizar dicho control para influir en la realización de las ceremonias, y también en el resultado de los acontecimientos políticos. Por ejemplo, si un hombre es elegido jefe o caudillo de una sociedad guerrera, debe llevar a cabo una donación de regalos y alimentar a todo el mundo para confirmar su elección. Para alimentar a todos, tres o cuatro mujeres de su familia deben emplear un día o dos cocinando y almacenando alimentos tradicionales. Pero supongamos que las mujeres de su familia lo desaprueban por alguna razón. Supongamos que él haya estado bebiendo o quizás descuidando o abusando de su esposa o de sus hijos. En ese caso, podrían rehusar cocinar para él, de forma que su elección como jefe o caudillo no pudiese confirmarse.

De la misma manera, un hombre no puede comprometerse a la danza del sol o a la ceremonia de las flechas, o ir en busca de una visión, sin el favor de un grupo de mujeres que estén deseosas de cocinar para él. En la práctica actual, las mujeres normalmente indican su veto a los planes de un hombre con mucho adelanto, a menudo como forma de presionarlo para que se comporte. Por ejemplo, una esposa, su hermana y su madre, podrían dejar claro que cocinarán para que un hombre se comprometa en la búsqueda de una visión sólo bajo ciertas condiciones: que deba, por ejemplo, conseguir un empleo, dejar de beber, estar en casa, arreglar la casa, o lo que sea. Por otro lado, las mujeres en su papel de cocineras poseen dentro de su poder el mejorar enormemente el estatus de un hombre, mediante la realización de una comida memorable con ocasión de su elección para un cargo, o de su compromiso para una ceremonia.

 

Teoría de la enfermedad

Los tradicionalistas cheyenes no poseen una teoría de la enfermedad, sino varias. Creen que la salud y el bienestar general dependen de la participación en las actividades religiosas de una forma adecuada y legítima, de manera que las bendiciones se dirijan a todos a través de los canales legítimos. Creen que la gente que no participa, o que cruzan sus pipas o cometen errores rituales enfermarán y morirán. El error ritual de una persona, destacaría yo, se extiende a su familia, y no está limitada al actor. La consecuencia de dejar caer una pipa ritual, por ejemplo, podría ser la muerte o la enfermedad de la persona que la deja caer. Estos errores rituales causan la interrupción de la transferencia de poder, de forma que algunas personas y algunas familias, por así decirlo, se marchitan en la parra. Un fumador de pipa es el conducto de la energía a su familia, de forma que todos sufren sus errores.

A menudo suceden disputas irreconciliables entre los religiosos y sus familias, y no siempre está claro para las otras familias cuál de éstas, en disputa, se ha comportado adecuadamente y cuál no. Tales disputas se dejan normalmente a la prueba del tiempo: es decir, se cree que los miembros de la familia culpable pronto empezarán a enfermar y morir. Si uno de los protagonistas principales muere, entonces está claro que él era el culpable.

Los cheyenes creen que la gente puede enfermar por razones diferentes a su errónea participación o falta de participación en los acontecimientos religiosos. Se dan cuenta de que los europeos trajeron consigo enfermedades que nunca antes habían conocido y a las que los cheyenes eran vulnerables, tales como la diabetes, la tuberculosis, y el alcoholismo. En años recientes también añadirían la locura y la demencia senil a la lista de enfermedades traídas por los blancos. Aunque los cheyenes hayan tenido médicos y tratamientos para muchos tipos de enfermedades y heridas durante siglos, no han poseído una respuesta tradicional a las enfermedades concretas que trajeron los europeos, dependiendo así de los médicos blancos para la curación. Es interesante notar que el cristianismo, en la forma de la Iglesia Americana Nativa, se considera más una casa de la medicina que lo que los blancos llamarían una «iglesia». Y de hecho la enfermedad más frecuente que se lleva al tipi del peyote para ser tratada es el alcoholismo. La lógica es que si el hombre blanco trajo la enfermedad, también debe haber traído el medio de tratarla: la plegaria cristiana.

Mientras que los cheyenes no poseen una respuesta tradicional específica a algunas enfermedades modernas, creen, sin embargo, que la participación en las grandes ceremonias puede proporcionar alivio de tipo general a cualquier tipo de enfermedad. Así, algunas veces la gente se compromete a las ceremonias si a uno de los padres, por ejemplo, se le ha diagnosticado un cáncer terminal o alguna otra enfermedad incurable. Los religiosos cheyenes señalan con orgullo a personas cuya aparente enfermedad incurable ha desaparecido después de la realización de la danza del sol o de otra ceremonia en su nombre. Se hacen reivindicaciones similares para la religión del peyote.

 

El lado negativo del familismo

El lado más sombrío y oscuro de la sociedad cheyén, en mi opinión, es el familismo algunas veces brutal y destructivo que prevalece, especialmente entre las grandes familias extensas tradicionales e importantes. Una y otra vez, los planes de líderes jóvenes inteligentes, funcionarios tribales progresistas, y desconocidos bienintencionados, naufragan en las rocas de la rivalidad y la envidia interfamiliar. Tan pronto como se ha introducido una organización entre la gente, las familias empiezan a pelearse por controlarla, especialmente si hay dinero en juego. Durante años, todo tipo de programas de salud, idiomas y educación han sufrido estas disputas internas. Por consiguiente, se ha dedicado más energía a las disputas interfamiliares que a la finalización con éxito de los proyectos.

Con frecuencia, los giros y el vocabulario de la disputa consisten en acusaciones sobre acontecimientos religiosos tales como los descritos arriba. Las familias intentan descalificar a las otras familias que forman parte de las organizaciones o comités porque se han comportado mal en las ceremonias, como evidencian las enfermedades o muertes recientes en esas familias. Algunas veces las acusaciones son orales y explícitas, ya que las familias en realidad intentan hacer salir a las otras familias del lugar de reunión. Ingenuamente, el gobierno y otras organizaciones continúan intentando organizar nuevos proyectos convocando reuniones a las que «todos están invitados». En años recientes, el resultado ha sido a veces los empujones y los insultos.

Las acusaciones sobre la mala conducta religiosa entre las familias se ve complementada por todo tipo de cotilleo sobre otros tipos de mala conducta. Dicho cotilleo tiende a caer en ciertas historias recurrentes que poseen un estilo apócrifo. Digamos que las acusaciones sean sobre una persona ficticia, el Sr. Oso Malo; el cotilleo podría ser así:

1. No he visto al Sr. Oso Malo durante dos semanas. Supongo que

simplemente se queda en casa y bebe.

2. Vi al Sr. Oso Malo conduciendo un coche nuevo. Dice que es el coche

de su hijo, pero en realidad es suyo. Pasó justo por mi lado en la carretera y no

me llevó.

3. Se suponía que el Sr. Oso Malo tenía que ir a Los Ángeles a una

reunión gubernamental. En lugar de eso se reunió con el Sr. Ciervo Malo en

Las Vegas, jugaron con el dinero de la tribu y se lo pasaron bien. La Sra. Oso

Malo no sabe nada.

4. El hijo del Sr. Oso Malo está en la cárcel en el estado de Washington. Él

dice que está en el ejército, pero yo lo sé bien.

5. El Sr. Oso Malo tiene una cuenta en Suiza para el dinero que obtuvo de

aquel programa. Mi nieta vio el cheque que salía para Suiza.

Durante los últimos veinte años he oído contar el mismo tipo de historias sobre muchísima gente diferente. En la mayoría de los casos sabía en esos momentos que las historias no eran verdaderas. Sin embargo, poseen una función, que es mantener las fronteras de las familias extensas. Las personas del interior de una frontera tienden a creer las historias sobre miembros de otras familias, mientras que niegan y refutan los mismos tipos de historias que se cuentan sobre sí mismos.

Tradicionalmente, ha existido en el seno de la cultura cheyén un reconocimiento del potencial destructivo del familismo ilimitado, y durante los años se han elaborado métodos para tratar con él. Por ejemplo, para evitar las confrontaciones con otras familias, los tradicionalistas cheyenes no van a una reunión a menos que sepan qué familias van a ir y qué es lo que se va a decidir. Si no están seguros, circulan en torno al lugar de reunión a la hora de ésta para ver los coches de quienes están allí. La reunión cheyén ideal comprende familias que saben de qué trata la reunión y que ya están de acuerdo antes de ir allí. El propósito de la reunión, pues, es expresar un consenso y adoptar algún tipo de acción. Los cheyenes tradicionales no están cómodos en una situación en la que los temas serios están en desacuerdo, y en la que hay discusiones. Sus tradiciones no incluyen la expresión pública de ideas irreconciliables entre iguales, y el dominio de una mayoría sobre una minoría.

Deberíamos notar que en un contexto cheyén tradicional, tal como el gran campamento ceremonial, el trabajo se divide por familias extensas, que no necesitan trabajar codo con codo con otras familias extensas. Es decir, la familia es la unidad que trabaja para reunir los suministros para el comprometido, monta las tiendas y tipis, y cocina para él. Cuando los representantes de diferentes familias se reúnen, tales como los danzarines, o los sacerdotes y el comprometido, siempre es bajo el control de un líder designado. En este tipo de reunión, la atmósfera se establece por la ideología y los valores de dichos líderes, que son siempre estrictamente panfamiliares y tribales. Se comprometen a superar el familismo y respaldar los valores tribales compartidos, y hacen dichos valores muy explícitos, aunque de una manera moderada y discreta. En 1972, el Guardián de las Flechas Edward Red Hat le dio el siguiente consejo a su gente para trabajar juntos y olvidar sus diferencias familiares:

Voy a deciros algo

que es bueno,

y quiere decir que es algo que es bueno saber.

Me gustaría que todos pensaseis así.

Sería realmente bueno

que escuchaseis la sabiduría

de lo que es bueno saber.

Me gustaría que todos estuvieseis juntos,

y que agradecieseis las cosas buenas.

Estaríamos pensando en las cosas buenas,

pero algo nos ha desviado,

algo ha apartado nuestros pensamientos

de nuestra forma de vida cheyén.

Pero dejémoslo ir,

aunque debamos sufrir los resultados de ello.

Así es la forma,

la forma que nos enseñó nuestro profeta.

Ésta es la forma en la que la ley nos fue entregada en esta tierra.

Intentemos vivir en buenos pensamientos,

de esa forma todos estaremos juntos.

Esto es lo que realmente es importante para nosotros… Todos somos uno,

nunca hubiéramos llegamos hasta aquí diciéndonos mentiras unos de otros.

Simplemente dejémoslo ir de esta forma,

nuestra única forma: conoce siempre la verdad… Ésta es la forma que Maheo nos proporcionó.

Discursos como éste y el de Dientes citado en el primer capítulo están hechos por buenas razones. Durante la mayor parte del año, los cheyenes viven en una constante atmósfera de riñas y hostilidad entre las familias. Pero a otro nivel, la mayoría de los cheyenes se d cuenta de que si quieren tener éxito en las ceremonias anuales, y en administrar el gobierno tribal, deben superar el familismo y trabaja juntos. Por este motivo, los hombres como Ed Red Hat en el sur Ted Rising Sun entre los cheyenes del norte son profundamente admirados, ya que intentan superar el familismo que paraliza sus planes colectivos. Por esta razón, se define al jefe cheyén como una persona a la que le es imposible enfadarse, alguien que no participa en el cotilleo, alguien que trata de mantener la paz entre las familias De esta forma existe una tensión constante en la sociedad cheyén entre el ideal del familismo, y el ideal del jefe. Uno exige una absoluta devoción a la familia contra las demandas de otras familias. El otro exige una objetividad e imparcialidad con todas las familias, lo que puede socavar la solidaridad de la propia familia. En muchas ocasiones he visto a jefes cheyenes comportarse como jefes a pesar de las objeciones de su propia familia. Es por esto que el camino del jefe es un camino duro.

 

El parentesco y el familismo

Definiría a una familia extensa cheyén de la época actual como un grupo de gente emparentado, que aunque realmente no vivan juntos, comparten los recursos de forma regular. También actúan juntos políticamente, en sus actitudes expresadas hacia los asuntos ceremoniales, la elección de los jefes, y las elecciones tribales. Cada familia extensa tiene uno o más ancianos que actúan como líderes del grupo, y cuyas opiniones se solicitan sobre cada tema.

Una familia extensa normalmente tiene como núcleo a una pareja casada y a varios de sus hijos adultos casados. Para establecer una familia extensa fuerte, pueden buscarse antepasados extras y parientes políticos para que vivan con ella y la apoyen. Las mayores familias extensas cheyenes se establecen en tomo a dos padres cincuentones, algunos de los padres, hermanos y hermanas de éstos, una gran cohorte de hijos, cónyuges de los hijos, y quizás los hermanos y hermanas, y nietos y nietas de los dos padres. Una familia tal puede llegar a las cincuenta o sesenta personas.

El estatus de tales familias entre las otras familias de la comunidad tradicional viene determinado por el número de jefes y sacerdotes en la familia, su visibilidad como comprometidos de las ceremonias y danzarines del sol, y su generosidad hacia las otras familias. En contraste con las familias angloamericanas, su estatus no depende del tipo de empleo que tengan sus miembros y de sus ingresos, aunque se espera de los miembros adultos de una familia que encuentren un empleo si pueden, y si el empleo no interfiere en sus obligaciones religiosas y ceremoniales.

El estatus de una familia puede incrementarse buscando aliados entre los lazos de parentesco, y reconociendo públicamente dichos lazos en las ceremonias, pow-wows, e intercambio de regalos. De una u otra forma, casi todos los cheyenes están emparentados entre sí, y de este modo, una relación entre dos personas cualesquiera no es sólo probable, sino que lo más plausible sea que posea múltiples dimensiones. Es decir, el primo de una tía paterna también podría ser el sobrino del abuelo materno, y de hecho podrían existir cinco conexiones o más de este tipo. La tarea de crear una alianza consiste en trazar genealogías y hacer hincapié en las conexiones más cercanas, especialmente si esa conexión se realiza a través de un jefe famoso o de otro personaje histórico conocido. Como resultado de este trabajo genealógico, podría anunciarse en un intercambio de regalos que una familia particular quiere honrar al nieto de su abuelo, que es, como ellos, el descendiente de un jefe importante. Por tales medios, una familia puede incrementar su tamaño e influencia.

A diferencia de la mayoría de familias angloamericanas, las familias extensas cheyenes se esfuerzan en ser inclusivas, y en buscar tantos miembros como sea posible para que vivan con ella y la apoyen de algún modo. Los ancianos son especialmente apreciados como miembros de la familia, y frecuentemente se les solicita que se unan a una familia extensa particular en la que tienen parientes. La presencia de estos ancianos en la casa, especialmente si hablan cheyén y son entendidos en las tradiciones tribales, mejoran el estatus de la familia extensa. Igualmente, si los ancianos reciben una pensión o algún tipo de pago de la asistencia pública, su presencia se añade a los ingresos disponibles de todo el grupo.

 

Disposición de las viviendas

Cuando todos los cheyenes vivían en tipis, había dos tipos de familias extensas, las poligínicas y las monógamas. En esa época, los cheyenes no vivían tanto como lo hacen ahora, y ese hecho también influenciaba a la estructura de la familia extensa, en la que había más gente joven y menos ancianos. Las mujeres se casaban antes, entre los 16 y 18 años, y los hombres lo hacían entre los 18 y los 21. Para cuando tenían cuarenta, la mayoría de las personas tenían nietos, y poca gente vivía más allá de los cincuenta. Quizás fuese la escasez de ancianos en esa época lo que los hizo tan valiosos como guardianes de la tradición, una actitud que continúa en el presente.

Normalmente, un hombre que intentaba ser poligínico se casaba con la mayor de una cohorte de hermanas, y si era un buen proveedor y un buen esposo, se casaba entonces con la siguiente hermana más joven, o quizás con una prima que era una hermana clasificatoria, hasta que se había casado quizás con tres o cuatro mujeres emparentadas unas con otras como hermanas o primas. Habitualmente, eran sólo los hombres y mujeres de grandes y prósperas familias, con muchos caballos y muchos bienes comerciales, los que se casaban de esta forma. Un gran jefe podía tener varios hijos poligínicos viviendo con él, y además podía tener a varios hombres solteros o relativamente pobres en su banda, a los que les prestaba caballos y de los que recibía alimentos o servicios como pago por el alquiler de los caballos. Este grupo completo constituía el «grupo» del jefe o manhastoz. En invierno, dicho grupo vivía independientemente en algún área apartada, por seguridad y para conservar hierba para sus caballos. La disposición de las viviendas poligínicas en 1880 se muestran en la figura 9.1, utilizando símbolos genealógicos estándar con un círculo representando a una mujer y un cuadrado a un hombre; los números proporcionan sus edades. El propio Limpy, de 51 años, vivía en el tipi 3 con su esposa de 36 años en el momento del censo de 1880. En el tipi 1 estaba su esposa más antigua y presumiblemente la primera, con su hermana mayor. El tipi 2 albergaba a otra esposa, con su madre y su prima joven. El tipi 4 estaba ocupado por una mujer joven que se describió a sí misma como ex esposa, con algunos hijos. Los hijos que se muestran en los tipis no estaban necesariamente viviendo con sus madres biológicas, sino que estaban distribuidos entre las madres y sus tipis por varias razones prácticas. La fotografía 9.1 muestra a los adultos de otra familia poligínica del mismo período, pero sin la mayoría de los hijos.

Las familias monógamas vivían en grupos más pequeños, llamados «campamentos» o vestoz, en los que los cabezas de familia o sus esposas eran hermanos unos de otros. Los campamentos a mediados del siglo XIX comprendían alrededor de cuarenta y cinco personas; los grupos tenían alrededor de dos veces ese tamaño. En esa época, alrededor del cuarenta por ciento de todos los cheyenes vivían en familias poligínicas, y alrededor del sesenta por ciento vivían en familias monógamas. En verano, las diversas familias extensas se congregaban bajo el liderazgo de jefes prestigiosos, y se reunían para las ceremonias y para viajar por las praderas en varias combinaciones durante toda la estación.

Fig. 9.1. Disposición de las viviendas del jefe poligínico Limpy en 1880 (en Moore, 1991b: 328).

 

En la época temprana de las reservas, diversos factores conspiraron para minar la estructura de estas familias extensas, ya fuesen poligínicas o monógamas. Primero de todo, hubo una gran extensión de las enfermedades mortales y un descenso de la tasa de natalidad, que disminuyeron el tamaño de la población y, por lo tanto, el tamaño de todas las familias, de forma que los restos de las diferentes familias se vieron forzados a formar nuevas unidades vivas. Segundo, los misioneros y los agentes indios en la época de las reservas utilizaron varios medios para proscribir y desanimar la poliginia, de forma que los grandes grupos de los jefes empezaron a desaparecer. Por último, después de que se asignase la propiedad individual de la tierra en 1891 se animó a los cheyenes a que dividiesen las familias extensas, de forma que cada familia nuclear ocupase una pequeña casa en su propia tierra. Con este propósito, el gobierno retuvo las raciones y utilizó al ejército para deshacer las familias extensas.

Fotografía 9.1. Caña Cabellera y su familia (foto de Christian Barthelmess, Archivos Antropológicos

Nacionales de la Smithsonian Institution).

Los cheyenes resistieron la disolución de las familias hasta los años treinta, cuando pudieron conseguirse empleos a través de los programas del Nuevo Trato en los campamentos del Cuerpo de Conservación Civil y en las ciudades pequeñas de Montana y Oklahoma bajo la Administración de Obras en Marcha y otros proyectos.

[40] Mucha gente dejó sus familia extensas para incorporarse a estos programas, y a este período le siguió la Segunda Guerra Mundial, que llamó a un gran número de hombres cheyenes al servicio militar. Después de la guerra, muchos cheyenes formaron familias nucleares y se trasladaron a la ciudad.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, las familias extensas cheyenes se han autorreformado en las ciudades de las áreas de las reservas, aunque algunas familias extensas continúan viviendo en áreas rurales. Desde los años treinta, la población cheyén ha aumentado espectacularmente, de forma que una vez más poseen grandes familias, y las personas jóvenes o de mediana edad tienen muchos hermanos y hermanas. Es alrededor de esta gran cohorte de hermanos y hermanas como se organizan las modernas familias extensas. Éstos son los grupos que actúan juntos ceremonial y políticamente, que buscan ancianos para vivir con ellos, y que intentan vivir juntos.

Fig. 9.2. Disposición de las viviendas de una familia extensa de cheyenes del norte en un proyecto de

vivienda.

Siempre que es posible, incluso en las ciudades, las familias extensas intentan vivir en la misma vecindad, en la misma calle. La figura 9.2 muestra la disposición de las viviendas de una importante familia extensa de cheyenes del norte en un proyecto de vivienda en Larne Deer, Montana. Las residencias de una familia extensa rural en Oklahoma se muestran en la figura 9.3 (esta vez los triángulos representan hombres).

En suma, las familias extensas son aún los bloques constitutivos fundamentales de la sociedad cheyén. Aunque se peleen y molesten unos a otros, a menudo en detrimento de toda la tribu, también han desarrollado un sistema para cuidarse unos a otros en el seno de la familia, y han creado alianzas con otras familias para conseguir objetivos más amplios. De la misma forma que en la época aborigen varias familias extensas se aliaban unas con otras para formar una banda, las modernas familias extensas en el seno de una comunidad cooperan en proyectos locales, tales como la organización de powwows o el mantenimiento de un centro comunitario. Y a gran escala, aún cooperan para producir sus elaboradas y complejas ceremonias anuales.

Fig. 9.3. Disposición de las viviendas de una familia extensa rural en Oklahoma (en Moore, 1987: 328).

 

Relaciones con la sociedad dominante

La solidaridad de las familias extensas también es el origen de muchos malentendidos entre los cheyenes y los no indios. Por ejemplo, los cheyenes a veces envían a otros miembros de sus familias —un hermano/a o primo/a— a trabajar en su lugar cuando deben ausentarse por enfermedad, ceremonias u obligaciones familiares. Algunos empresarios rechazan completamente esta práctica, puesto que desde su perspectiva individualista, han contratado a una persona para un trabajo, no a una familia. Pero otros empresarios en el país cheyén se han acostumbrado a esta práctica, y ponen a trabajar a cualquiera que aparezca.

Rindiéndose completamente al familismo en un momento dado, el gobierno tribal de los cheyenes del norte asignó cada departamento de las operaciones tribales a una familia extensa diferente. Si alguien en un departamento dimitía, era reemplazado por un miembro de la misma familia. Naturalmente que esto era completamente contrario a las reglas referentes al «nepotismo» que el gobierno federal mantiene para evitar que los políticos contraten a sus familiares, pero funciona con los cheyenes. Para mantener la ficción de que los empleados no eran parientes se les empleaba frecuentemente con nombres falsos. Para el gobierno esto parecía fraude, corrupción, favoritismo y nepotismo, pero para los estándares cheyenes ésta era una buena manera tradicional de organizar el trabajo, con cada familia asignada a un departamento, y toda la familia extensa hecha responsable del funcionamiento de ese departamento.

Los administradores de hospitales que no son indios y los directores de los institutos tampoco entienden el familismo cheyén. Cuando algún miembro de una familia extensa está seriamente enfermo y es hospitalizado, es habitual para una gran parte de la familia ir al hospital para tranquilizar al paciente y atender sus necesidades. Consecuentemente, por cada paciente cheyén en una cama, hay cuatro o seis personas en la sala de espera, algunas veces más. Los hospitales diseñados al estilo angloamericano no están construidos para muchos visitantes. Se espera que cada persona sólo tenga uno o dos visitantes en un momento dado, y que algunas veces el paciente no tendrá ningún visitante. Sin embargo, las familias cheyenes se trasladan literalmente al hospital pan demostrar su preocupación por el miembro de la familia, creándose fricción con el médico, las enfermeras y el personal.

Cuando un alumno cheyén tiene problemas en la escuela, una vez más se produce la asistencia de la familia cheyén y los frecuentes malentendidos. Cuando un director abre la puerta a una entrevista con la familia & un alumno, espera encontrarse a la madre, al padre, o quizás a anuos. En el caso cheyén, lo que podría encontrarse es a la abuela, al abuelo, y a unos seis u ocho miembros más de la familia, todos vestidos elegantemente y listos para hablar del asunto. Algunos directores creen que en tales situaciones la familia está intentando intimidarlos, y conozco un caso en el que el director llamó rápidamente a dos entrenadles de fútbol americano para que estuviesen detrás de él y apoyaran su bando, como si fuese a producirse una pelea a puñetazos.

Para conocer el clima general en el que deben vivir los cheyenes, durante años he hecho asunto mío hacer preguntas ingenuas a los no indios dentro de las áreas de las reservas cheyenes de Montana y Oklahoma. A menudo le pregunto a alguien en una tienda, restaurante, o gasolinera qué tribu vive cerca de allí, o qué hacen en un pow-wow o ceremonia, o simplemente qué piensan de los indios. Hago estas preguntas como las haría un turista, y nunca en la presencia de cheyenes.

Algunas de las respuestas que obtengo son muy groseras y sorprendentes, tales como: «no sé qué tribu es ni me importa». Cuando le sugerí a una mujer en una mercería que podrían ser cheyenes, dijo: «no conozco la diferencia entre Anas

Tímidas y cualquier otro tipo de Anas».[41] Al preguntar sobre las ceremonias en una fábrica de hielo, me dijeron: «primero comen carne de vaca cruda y luego hacen una orgía». Con frecuencia se caracteriza a los cheyenes como sucios o borrachos. Y de hecho se ven con claridad a los alcohólicos en las calles de muchas ciudades de las reservas. Naturalmente, la mayoría de los cheyenes ni son sucios ni borrachos, pero la impresión sigue viva como una caricatura racista.

Los enemigos más agresivos de la cultura cheyén son los misioneros fundamentalistas y el Ku-Klux-Klan. Los misioneros no sólo llaman a la puertas de los cheyenes constantemente, predicándoles, sino que también se dejan ver como una fuerza organizada en las ceremonias. En concreto, cuando las ceremonias se celebraron en la parcela de Mujer Caminante cerca de Watonga, Oklahoma, un grupo de misioneros con un camión con plataforma pararon en la carretera secundaria cerca del lugar y empezaron a predicar con altavoces sobre la religión pagana y el culto al demonio. Naturalmente, la parte que menos les agradaba de la ceremonia era el simbolismo fálico.

En el terreno de Mujer Caminante, se instalaron las habitaciones de descanso portátiles cerca de la carretera, lo que les dio a los misioneros una audiencia cautiva. Una mañana de 1979, temprano, me despertaron los altavoces; eché un vistazo fuera de mi tienda y vi a un predicador sobre la plataforma de un camión sermoneando a unos cuarenta cheyenes, la mayoría de ellos niños que se acababan de levantar, y que estaban haciendo cola en dos filas para el lavabo. Durante las dos semanas de las ceremonias, el camión volvió para ofrecer episodios de prédica y bombardeo bíblico, encontrándose principalmente con la amable paciencia de aquellos cheyenes que esperaban para utilizar los servicios.

Más inquietante fue una cruz ardiendo en el terreno de Mujer Caminante. En 1980, los sacerdotes se acababan de trasladar al lugar ceremonial, donde el cenador de la danza del sol de los años anteriores aún estaba en su sitio. Alrededor de las cuatro de la madrugada, los sacerdotes se vieron molestados por un ruido de hombres que corrían desde el viejo cenador hacia la carretera. Al mirar fuera, vieron varios coches acelerando y una cruz ardiendo cerca del cenador. Luther Black Bear (Oso Negro), conocido ahora como Lou White Eagle (Águila Blanca), un sacerdote de las flechas, tomó fotografías de la cruz al romper el alba, e hizo un dibujo del acontecimiento, mostrado aquí como la figura 9.4. Después de este incidente, las ceremonias se celebraron en otros lugares donde había menos oportunidad de interrupciones e interferencias.

Fig. 9.4. Dibujo de la cruz ardiendo en el lugar ceremonial cheyén de Lou White Eagle.

En general, la situación intercultural de los cheyenes del norte es diferente a la de los del sur. Los norteños han conseguido mantener su reserva casi intacta, y pocos no cheyenes viven allí. Sus interacciones con los no indios se dan principalmente en las ciudades que rodean a la reserva, tales como Ashland, Hardin, y Forsyth (véase el mapa 6.3). Pero los cheyenes del sur viven entre y alrededor de gran número de no indios. De hecho, los indios constituyen sólo alrededor del seis por ciento de la población en el área de los siete condados donde viven. Por lo tanto, están en constante contacto con los no indios, y sufren más el racismo y los malentendidos.