Los cheyenes
2. Las migraciones cheyenes
CAPÍTULO 2
LAS MIGRACIONES CHEYENES
Cuando se menciona por primera vez a los cheyenes en documentos históricos, en el siglo XVII, se dice que vivían justo al oeste del río Mississippi en Minnesota, en el área entre Mille Lacs y el río. Sin embargo, trazar su migración desde la localización en las Grandes Llanuras es muy difícil debido a dos tipos de problemas que todos los etnohistoriadores deben afrontar. El primero de ellos, que las tribus, naciones y etnias con frecuencia cambian sus nombres para reflejar una nueva orientación geográfica, o cambio cultural, o condición política. Esto es universalmente cierto. Por ejemplo, los colonos británicos en Norteamérica se convirtieron en «americanos» en el siglo XVII y luego en «canadienses» o «yanquis», mientras que los ciudadanos del país de origen algunas veces dudaban entre ser ingleses, británicos o escoceses, dependiendo de la ascendencia y el contexto social. El segundo problema es que frecuentemente una nación es conocida con diferentes nombres por sus diferentes vecinos. Por ejemplo, el pueblo que los anglófonos llaman «Germans» los franceses lo llaman «allemand», los holandeses «duitser», y los polacos «niemiecki», mientras que los propios alemanes se llaman a sí mismos «Deutsch». En el caso de los cheyenes, el nombre con el que se denominan a sí mismos, a menudo escrito «tsistsistas», no aparece en forma escrita hasta 1884, doscientos años después de que se los mencionase en documentos históricos.
«Cheyén» es una transcripción aproximada del término que los dakotas (a los que frecuentemente se menciona por su despectivo nombre Chippewa de «siux», que quiere decir «serpiente») aplicaban a las naciones que hablaban una lengua extranjera pero a las que no se consideraba enemigas. Así, a aquellas tribus cuya lengua entendían las llamaban «hablantes blancos», y a las que no entendían las llamaban «hablantes rojos». Al servir como intérpretes y anfitriones de los primeros viajeros europeos, los dakotas se refirieron a sus aliados y vecinos algonquinoparlantes como «cheyenes» o «hablantes rojos», en lugar de utilizar los tipos de términos despectivos que las tribus reservaban para sus enemigos, tales como «mentirosos», «ladrones», «pestosos» o «incestuosos». Incluso en la época actual los dakotas se refieren a sus vecinos cri y Chippewa, que ya no son enemigos, como «cheyenes», aunque la práctica histórica y oficial utilice el nombre para referirse exclusivamente a los
tsistsistas.[3]
Los nombres tribales, étnicos y de banda utilizados mutuamente por los pueblos de los Grandes Lagos y de las praderas norteamericanas no sólo fueron confusos en una época determinada, sino que además cambiaron con el paso de los siglos, de forma que literalmente existen cientos de nombres utilizados entre 1680 y 1880 para describir a los pueblos de esa área. Con toda esta complejidad de lenguas, etimologías e historia, no es de extrañar que haya surgido una ciencia especial, la etnonimia, para ayudar a mantener un control especializado y sistemático de los nombres que los grupos han utilizado para referirse unos a otros. Aunque aún se discuten algunos temas de etnonimia en lo referente a los cheyenes, expondré aquí la que considero la mejor prueba de los nombres utilizados por los pueblos que se convirtieron en los cheyenes, y describiré la prueba documental de los movimientos tribales desde alrededor de 1680 hasta la época en la que se estableció un contacto permanente entre los euroamericanos y los cheyenes de las Grandes Llanuras, alrededor de 1833.
Los primeros relatos
Nuestro mejor testigo para la situación de los cheyenes en el período histórico temprano sea probablemente Louis (o Lewis) Hennepin, un franciscano francés compañero de Robert de la Salle (al que normalmente las fuentes inglesas se refieren simplemente como La Salle), que en 1680 partió del campamento francés de Crèvecoeur, en Illinois, para explorar el noroeste, donde los dakotas, también llamados issati, vivían en aquella época. Según los mapas preparados por Hennepin, y según dos mapas preparados por Franquelin aproximadamente en la misma época, y que incorporaban información de Joliet, la «nation du chien», o «chaiena», vivía entre los dakotas y ocupaban parte del área entre el Mississippi y el «Lago Issati», también llamado «Lago Buade», el actual Mille Lacs (Moore, 1987: 78-84; 1981). Sabemos que los grupos a los que los dakotas se referían con estos términos no eran cris ni chippewas, porque en esa época los dakotas estaban en guerra con los cris, que vivían hacia el noroeste, y los chippewas eran socios comerciales ampliamente conocidos por los franceses, a los que se hace referencia como saulteurs en los primeros textos. Es posible que el término chaiena, tal como lo utilizaban los dakotas en esa época, incluyese también a los arapahoes algonquinoparlantes, pero el lingüista Ives Goddard hace derivar a los arapahoes de los miamis, que vivían por lo menos a 480 kilómetros hacia el sudeste (1967). Hennepin comentaba lo siguiente sobre la diversidad lingüística del área:
Es muy raro que cada nación de los salvajes de Norteamérica posea un
idioma peculiar; pues aunque algunos de ellos no viven a más de diez leguas
unos de otros deben utilizar un intérprete para hablar entre sí… suelen enviar
a uno de sus hombres a cada uno de sus aliados, para aprender su idioma, y
permanecer con ellos como su huésped, y cuidar de sus asuntos (1698: 141).
Según los mapas preparados por Hennepin y Franquelin, los poblados cheyenes estaban situados entre aquellos de los dakotas, y aunque no poseemos descripciones de los poblados etiquetados exactamente como «chiene», podemos hacemos una idea de lo que era la cultura cheyén interpolando las descripciones que Hennepin hace de los dakotas. Estos dos pueblos vivían en la misma zona geográfica y ecológica, y presumiblemente poseían economías y estilos de vida parecidos. En realidad no hay nada en las pruebas arqueológicas que nos permita diferenciar entre los cheyenes y los dakotas en esta época (Aufderheide et al., 1994: 256). En la tradición cheyén se recuerda este período como la época en que «vivían cerca de un gran lago» (Will, 1914: 69).
En lo referente a un nivel tecnológico general, Hennepin dice: «Ignoraban totalmente las armas de fuego y cualquier otro instrumento y herramienta de hierro y acero, sus cuchillos y hachas estaban hechas de sílex, y otras piedras afiladas…» (1698: 142). Utilizando esta tecnología, los pueblos del área estaban ocupados en dos actividades recolectoras principales: la recolección de arroz silvestre y la caza. Sobre el arroz silvestre (Zizania aquatica), Hennepin dice:
Este tipo de grano crece en tierra pantanosa sin sembrarse. Recuerda a la
avena pero sabe mejor y no tiene tallo ni ramitas. Los indios lo recogen
durante la estación, atando las mujeres muchos tallos juntos con corteza de
tilo para evitar que las bandadas de patos y cercetas que se encuentran en la
región se lo coman todo. Los indios lo guardan en un almacén durante parte
del año, para comerlo cuando acaba la estación de caza (1938: 91).
Aunque Hennepin describió la caza y consumo de varios animales de los bosques, el principal objetivo de sus anfitriones indios era al parecer el bisonte cuya presencia, en aquella época, se extendía por el sur de Minnesota hasta las praderas de los actuales estados de Illinois e Indiana. En esta área mixta de pradera, campos salpicados de árboles y bosques fluviales, se mataba a los bisontes acechándolos, conduciéndolos a ríos o a una emboscada mediante el fuego. Hennepin dice que la carne se conservaba cortándola en tiras que conservaban colgándolas en parrillas expuestas al sol o ahumándolas sobre el fuego:
Algunas veces secan su carne al sol. Con frecuencia conservan carne
durante tres o cuatro meses; pues aunque no tengan sal, curan la carne tan
bien que no se malogra en absoluto. Cuatro meses después de que la carne
haya sido preparada de esta forma, al comerla uno diría que acababa de matar
al animal (1938: 126).
Otros animales que los pueblos alrededor del Mille Lacs cazaban para alimentarse eran, según Hennepin, ciervos, osos, pavos, castores, puercoespines y alces (1938: 167). También menciona que se le sirvió pescado y huevas de pescado mientras estuvo en Mille Lacs, concretamente bremas, siluros, espátulas y carpas (pp. 116, 118, 120, 121). Al final de su narración, al hablar sobre las especies de las que se alimentaban en los Grandes Lagos en general y no sólo de las del área dakota en Minnesota, menciona la importancia del salmón, la «trucha salmón», corégono, la anguila, el esturión, el lucio y el róbalo (pp. 140, 171-172). Sin embargo, en esas páginas no dice qué especies capturaba cada uno de los grupos, de forma que no está claro qué otros tipos de pescado puedan haber sido capturados por los dakotas y presumiblemente por los asociados cheyenes en ese período.
En lo que se refiere al alojamiento, Hennepin dice que los pueblos del área de Mille Lacs vivían en wigwames o «cabañas», a diferencia de las casas largas de los iroqueses. No dice si estos wigwames eran redondos, rectangulares o cónicos como los tipis de las praderas, aunque menciona que algunos de ellos tenían «palos» (1938: 104-113). Cuando se utilizaba un armazón cónico, el material preferido para cubrirlo en los Grandes Lagos era la corteza de olmo, en lugar de las pieles de bisonte que llegarían a ser típicas para los indios de las praderas (Nabokov y Easton, 1989: 60-64; Wedel, 1961: 171).
El estado general de la ecología cheyén de este período y sus oportunidades para emigrar a las praderas puede entenderse mejor mirando los mapas de los recursos ecológicos realizados por Elden Johnson y Helen Tanner, combinados aquí en el mapa 2.1. Obviamente, el área de Mille Lacs estaba situada óptimamente para crear una economía que estacionalmente recogiese arroz silvestre y cazase bisontes: arroz silvestre en verano y bisontes en primavera y otoño. Situada en el borde del hábitat pantanoso de los Grandes Lagos, que era favorable para el arroz silvestre, el área de Mille Lacs estaba a sólo unos cientos de kilómetros de las verdaderas praderas, no la simple pradera salpicada de árboles, con oportunidades para capturar un importante número de bisontes.
Mapa 2.1. Línea del Bosque y del maíz en el área de los Grandes Lagos (en Tanner, 1987; Aufderheide
et al., 1994).
Durante la época de Hennepin, los chippewas estaban aliados con los dakotas, sirviendo como fuente de bienes comerciales franceses que se cambiaban por pieles de castor. En su papel de intermediarios y aliados, los chippewas fueron invitados, hacia finales del siglo XVIII, a compartir los territorios de caza de los dakotas, entre el Lago Superior y Mille Lacs, y a establecer poblados en la orilla sur del Lago Superior, en las penínsulas Chequamegon y Keweenaw. Pero pronto los chippewas, enriquecidos por su papel en el comercio de pieles de castor, aspiraron a poseer el control exclusivo de la rica área entre Mille Lacs y el Lago Superior, guerreando contra los dakotas entre los años 1736 y 1765 (Hickerson, 1962: 65-72). Con las superiores armas de fuego que recibieron de los franceses condujeron a los dakotas al sur y al oeste, a una línea próxima al borde de los bosques (véase el mapa 2.1), una línea que fue estipulada en un tratado negociado en Prairie du Chien bajo la supervisión de los Estados Unidos en 1825 (Hickerson, 1962: 28-29; Tanner, 1987: 123).
La guerra con los chippewas forzó a los dakotas y a sus aliados, los cheyenes, hacia el sur y el oeste, donde en 1766 Jonathan Carver los encontró acampados juntos en el río Minnesota, al que llamó río Saint Pierre, tal como aparece en el mapa 2.2 (Carver, 1956: 76-85). Carver encontró allí «un gran número de tiendas, y más de mil indios…». Los grupos que enumeró incluían a los «Schians», y le dijeron que otro grupo, los «Schianese», vivían más al oeste. En mi libro The Cheyenne Nation [La nación cheyén] (1987) he expuesto que éstos eran dos grupos separados de protocheyenes con diferentes alianzas, que posteriormente formarían parte de una nación cheyén unificada.
Deberíamos notar que el área del río Minnesota donde Carver conoció a los cheyenes estaba más allá de la zona del arroz silvestre y bien adentro de las praderas. Igualmente, Carver menciona que la gente vivía en «tiendas», y no en cabañas o wigwames. De aquí podemos deducir que los cheyenes y los dakotas, o una parte de estos grupos, vivían, al menos durante parte del año, en tipis cubiertos por pieles y que estaban realizando una transición hacia una nueva forma de vida que era más móvil y que ponía más énfasis en la caza del bisonte. Desde entonces hasta mediados del siglo XIX los cheyenes y la rama más oriental de los dakotas, los lakotas o tetones, abrazaron y elaboraron este tipo de economía.
Sin embargo, en algún punto del camino, parte de los cheyenes adoptaron un estilo de vida radicalmente diferente, que incluyó la agricultura y vivir en casas de barro rodeadas por fortificaciones. La prueba de esto se halla en los nombres de lugares, la arqueología y las tradiciones orales de los dakotas, chippewas y los propios cheyenes. Dado que estas tradiciones, cuando se publican, no siempre poseen referencias cuidadosas en lo que concierne a sus fuentes y son algo contradictorias, parecen indicar que a finales del siglo XVII los cheyenes, o algunos de ellos, vivían en
casas de barro a lo largo del río Minnesota.[4] George Grinnell identificó dos poblados tradicionales cheyenes en la cuenca del río Minnesota, uno cerca de Mankato en el mencionado río y el otro en el Yellow Medicine, un afluente del Minnesota a unos 160 kilómetros río arriba de Mankato (1918: 377).
Mapa 2.2. Ubicación de los cheyenes entre Mille Lacs y las Colinas Negras (en Moore, 1987: 83).
Como Waldo Wedel ha señalado, la existencia de cabañas de barro y, especialmente, de fortificaciones, presupone un asentamiento agrícola productivo (1961: 168-169). Sin esa base, un grupo no puede vivir en el mismo lugar lo suficiente para justificar el trabajo de construcción de estructuras de madera y de barro permanentes. Aunque Hennepin informa sobre la existencia de algunos jardines indios en el área de Mille Lacs, la horticultura no era suficientemente fiable como para alentar una verdadera dependencia; sólo se contaba entre algunas otras actividades que aseguraban la alimentación, y él indica que la cosecha de arroz silvestre y la caza de búfalos eran económicamente más importantes.
Sin embargo, en el río Minnesota los cheyenes se ubicaron al sur de la «línea del maíz», una línea que los geógrafos dibujan sobre el mapa definiendo una región donde habitualmente se dan los suficientes días sin heladas como para permitir que el maíz madure cada año. En esta región más al sur la agricultura era una actividad hegemónica sobre las demás. Es decir que, si era necesario, las demás actividades económicas y culturales quedaban restringidas, de forma que pudieran plantar, desherbar y cosechar el maíz en el momento adecuado.
Otra ventaja de trasladarse hacia el sur y plantar maíz fue que el grupo podía vivir mucho más cerca de la zona del bisonte. Hennepin cuenta que la gente de Mille Lacs tenía que viajar muchos kilómetros en canoa y a pie para encontrar bisontes, pero en el río Minnesota los cheyenes vivían en los bosques fluviales o «ribereños», que atravesaban el mismo corazón de la pradera. Incluso aunque pasasen la mayor parte del tiempo atendiendo sus huertos, cuando llegaba el momento de cazar bisontes, la pradera se hallaba directamente a mano.
No debería darse por sentado que los cheyenes, en su período temprano, no sabían nada de agricultura, de hacer tipis o de construir casas de barro. Como todos los humanos, en cada momento utilizaban sólo parte de su inventario mental de conocimiento cultural. Por ejemplo, en 1985 me sorprendió ver a una extensa familia cheyén construir por sí misma una casa de barro tradicional en Oklahoma, al denegarle una vivienda la autoridad del gobierno. Después de consultar a los ancianos, esta familia cheyén construyó su casa sin dejar en el interior un espacio para los animales. Hacer esto, dijeron los ancianos cheyenes, significaría «vivir como pawnís». También es interesante observar que muchas de las técnicas para construir casas de barro se conservan en la construcción de la moderna casa de la Danza del Sol (véase el capítulo 8). La familia cheyén que construyó la casa ya conocía, por su participación en la Danza del Sol, cómo colocar los postes para proporcionar una estructura y soporte a las paredes.
En general, los actuales ancianos son los depositarios de gran parte del conocimiento cultural latente sobre materias tradicionales. Saben cómo domar caballos a la manera de los indios, y cómo hacer huertos indios, aunque no los hayan hecho durante muchos años. En los años setenta, una mujer cheyén, ya fallecida, me explicó cómo recoger arroz silvestre y cómo atrapar patos con redes hechas con cabello humano, según le había contado su abuela materna, que nació alrededor de 1840. Lo que quiero demostrar es que cualquier persona sabe hacer muchas más cosas de las que hace en un momento determinado. Así que no debería sorprendernos si los cheyenes, después de trasladarse al sur de Mille Lacs se adaptaron rápidamente a nuevos estilos de vida tanto como cazadores que vivían en tipis o como granjeros residentes en casas de barro, actividades que conocían de sus observaciones de las otras tribus.
La horticultura y el yacimiento de Biesterfeldt
Dado que en la época aborigen los indios no tenían forma de abrirse camino a través del suelo cocido por el sol y de los gruesos terrones de las llanuras, cultivaban en su lugar a lo largo de los cursos de agua, donde los bosques ribereños proporcionaban sombra y cubrían el húmedo suelo del bosque con un humus de hojas (Wilson, 1917; Holder, 1970). Al seleccionar los lugares para sus huertos a lo largo de los ríos, los agricultores indios intentaban hallar suelos arenosos, que eran más fáciles de trabajar que los suelos arcillosos. En un área adecuada, los hombres normalmente ayudaban a las mujeres a cortar anillos en los troncos de los árboles para matarlos y dejar pasar la luz del sol. Después se reunía la maleza, la hierba y las ramas caídas con rastrillos, y se quemaba, mientras que aquellos lugares entre los árboles con un suelo adecuado se aflojaban y se amontonaban con el rastrillo para formar montículos, utilizando el tipo de herramientas que se muestra en la figura 2.1.
Fig. 2.1. Herramientas utilizadas por los horticultores indios de las llanuras (en Wilson, 1917,
redibujadas por Wenqiu Zhang).
Luego se plantaban estos montículos con maíz, judías y calabazas, de forma que las raíces de los cultivos formasen una gruesa masa que sujetase el suelo, y el nitrógeno producido por las judías pudiese servir para fertilizar los demás cultivos. En las corrientes principales, cada familia plantaba varios huertos en terrazas fluviales a diferentes alturas, de forma que si las terrazas inferiores se inundaban, o si había sequía y las terrazas superiores se secaban, al menos quedase aún una cosecha de uno de los huertos. En las corrientes menores normalmente sólo había una terraza, por lo que los huertos se disponían a lo largo de dicha terraza en un área adecuada cerca del poblado. En ambas situaciones, algunos huertos se plantaban antes y otros después, como protección contra una helada extrema.
Muchas de las llanuras fluviales estaban flanqueadas por áreas de suelo arenoso a lo largo de las terrazas en las que podían hacerse huertos. Cerca de tales lugares con huertos potenciales, los indios tenían que hallar la localización para un poblado nuevo que fuese fácil de defender. Estos poblados se situaban normalmente en la cima de una ribera escarpada, donde los guerreros enemigos tendrían que esforzarse colina arriba para atacar desde la orilla. En los otros lados del poblado podían construirse barreras de maleza, fosos y empalizadas, para ralentizar el avance de los atacantes y proporcionar a los defensores la ventaja de la ocultación y la protección contra los proyectiles.
Uno de los poblados fortificados mejor conocidos en las llanuras nororientales resulta ser un poblado cheyén —no es de extrañar que se halle en el río Cheyén en Dakota del Norte—, conocido en la literatura arqueológica como el yacimiento de Biesterfeldt (Wood, 1971: 55). Aunque el río Cheyén es un afluente del Red, que fluye en dirección norte, hacia la Bahía de Hudson, en este punto se sitúa tan sólo a 240 kilómetros del Missouri. Este poblado nos proporciona la primera visión directa y adecuada de la cultura cheyén, que no proviene sólo de los restos del propio yacimiento, sino también de documentos históricos concurrentes que describen la economía y política de los cheyenes en esa época, y sus motivos tanto para trasladarse al río Cheyén como para emigrar posteriormente hacia el oeste.
La fecha más temprana que puede asignarse de forma fiable a Biesterfeldt se basa en pruebas astronómicas. Según las tradiciones cheyenes recogidas por George Will, en algún momento una partida de guerra cheyén que partió de Biesterfeldt se encontró con un eclipse de sol en el que «el sol se ocultó en pleno día» (1914: 70). Un calendario de eclipses solares indica que esto debió suceder en 1724, cuando se dio un eclipse solar justo al norte del yacimiento de Biesterfeldt (Wood, 1971: 55).
El papel de este específico poblado cheyén en la economía y comercio de las llanuras nororientales se puso de manifiesto en tomo a 1798 en una frase del jefe Chippewa Sheshepaskut, que había conducido la partida de guerra que destruyó Biesterfeldt varios años antes. La razón de que los chippewas hubiesen tolerado el poblado durante tanto tiempo, dijo, era que «tenían maíz y otros vegetales, que nosotros no teníamos, y que apreciábamos mucho, y comerciábamos con ellos…» (Wood, 1971: 56). El comerciante Alexander Henry contó que en aquellos años los cheyenes «eran una tribu neutral entre los siux y los saulteurs… pero esta última, que es de actitud celosa, sospechaba que favorecían a los siux» (Wood, 1971: 56). El cálculo más exacto de cuándo se atacó y quemó el poblado indica una fecha no posterior a 1790.
Situado en el actual condado de Ransom, Dakota del Norte, en su auge Biesterfeldt fue un poblado de unas setenta casas de barro en una ladera escarpada en la orilla sur del río Cheyén, protegido por empalizadas y rodeado por un foso en sus lados sur, este y oeste. El mapa 2.3 muestra los alrededores del yacimiento en la época en que éste estuvo habitado, mientras que la figura 2.2 muestra la disposición de las casas de barro en el interior de las fortificaciones del poblado (basada en las excavaciones del yacimiento realizadas por William Duncan Strong en 1938, tal como narraron Strong y W. Raymond Wood). Dado que el yacimiento fue incendiado y luego estuvo sujeto a ciento cincuenta años de erosión antes de que fuese excavado, se desconocen algunas de las características superestructurales. Por ejemplo, no sabemos lo altas que pudieron haber sido las empalizadas, excepto por comparación con otros yacimientos dibujados por artistas gráficos en sus visitas a los poblados de Missouri central en el siglo XIX, lo que indicaría una altura de unos tres metros.
No sólo se construyó Biesterfeldt al borde del terraplén de un río para defenderse, sino que también estaba situado entre dos depresiones que servían para reforzar los sistemas del foso y la empalizada, tal como aparece en el mapa 2.3. Un arroyo cercano proporcionaba agua al poblado, y la situación de los huertos en el mapa (cada campo se compone de huertos individuales) se basa en la disponibilidad de suelos margosos y arenosos, en este caso marga arenosa empedrada siux y marga fordville.
[5]
La gran cantidad de molinillos encontrados en el yacimiento da testimonio de la dependencia del maíz y de otros alimentos vegetales que la gente de Biesterfeldt tuvo en ese período, tal como se menciona en el relato del jefe Sheshepaskut. Además, los restos de cultivo en el yacimiento confirman que las plantas procesadas fueron de hecho predominantemente domésticas en lugar de silvestres. También se hallaron restos de otras herramientas agrícolas, que incluían azadas hechas con escápula de bisonte. Otros muchos huesos de bisontes indican la intensidad de la caza de dicho animal en ese período, aunque también se encontraron restos de alce, ciervo y oso, al igual que ejemplos de puntas de flecha utilizadas para cazar, y herramientas domésticas para procesar la carne, las pieles y los huesos. Las herramientas domésticas también incluían mazas de madera y martillos de varios tipos, al igual que un número de pequeñas herramientas de piedra para moler y de sílex. Sólo se encontraron unos pocos artefactos de origen europeo procedentes del comercio. En suma, las pruebas físicas demuestran que hacia mediados del siglo XVIII los cheyenes, o parte de ellos, habían adoptado una estrategia económica muy común y exitosa, dedicando gran atención a sus huertos, pero organizando cacerías de bisontes en las praderas circundantes cuando los deberes agrícolas lo permitían. Pero la señal más fascinante de Biesterfeldt son los restos de caballos, que indican que durante ese período los cheyenes ya habían adquirido algunos conocimientos sobre su doma. El jefe Sheshepaskut observó —confirmando lo anterior— que su ataque se realizó después de que «los cheyenes habían recogido sus caballos y los habían llevado al poblado» preparándose para cazar, luego «gran número de hombres y mujeres se habían marchado a cazar, y quedaron unos pocos en el poblado». Así sabemos que, durante este período, la variedad económica de los cheyenes incluía los medios y el conocimiento de la agricultura intensiva, al igual que los de la caza de bisontes asistida por caballos.
Mapa 2.3. El yacimiento de Biesterfeldt y sus alrededores (compilado de Wood, 1971; Grinnell, 1918, y
de mapas topográficos y de suelos actuales).
El yacimiento de Biesterfeldt también es informativo en lo referente a la organización social de los cheyenes en esa época. El tamaño de las casas individuales, de entre seis y nueve metros de diámetro, indica que cada una estaba ocupada por una familia extensa, que comprendía quizás entre veinte y treinta personas. Tomando quince personas como término medio para los miembros de una familia, podemos calcular la población total de Biesterfeldt en unas novecientas personas aproximadamente. Puesto que durante los siguientes cincuenta años los viajeros y comerciantes calcularon el total de la población cheyén en unos tres mil, podemos confirmar que no todos los cheyenes de este temprano período vivían en Biesterfeldt.
Fig. 2.2. Distribución del yacimiento de Biesterfeldt, un poblado cheyén del siglo XVIII (en Wood, 1971:
7).
Otra característica del yacimiento de Biesterfeldt indica una jerarquía en su estructura social: el hecho de que una de las casas de barro centrales (la casa 16) sea más grande y mejor construida que las demás. Comparándolo con otros pueblos de Missouri central como los mandan y los hidatsas, esto indicaría la presencia de una familia dirigente, que quizás también fuesen los líderes religiosos. La casa 16, con un diámetro de doce metros, podría fácilmente haber acomodado a todos los hombres mayores del poblado en una reunión, o podría haber servido como lugar de actividades religiosas, o ambas cosas. La casa 16 también se encuentra junto a un área abierta, de unos 18 por 30 metros, que podría haber servido para fines sociales y ceremoniales.
En lo referente a las creencias religiosas, generalmente es peligroso hacer deducciones en tales materias partiendo de los restos arqueológicos, a menos que haya confirmación etnográfica, pero varias características de Biesterfeldt sugieren la religión cheyén de épocas posteriores. Como se ha mencionado anteriormente, la estructura básica de las casas, que aparece en la figura 2.3, es la misma que la de la moderna casa de la Danza del Sol, excepto en que ésta no está cubierta de ramas y barro. La orientación de la mayoría de las casas en Biesterfeldt es la misma que en los modernos tipis cheyenes, con la entrada orientada en una dirección semicardinal, el sudeste, a excepción de la casa 16.
Fig. 2.3. Planta básica de una casa de barro cheyén en Biesterfeldt (en Wood 1971: 13).
Varios de los artefactos hallados en Biesterfeldt recuerdan también a objetos utilizados en la religión y ritual cheyén más reciente. De éstos, al igual que entonces,
las pipas de tabaco de catlinita[6] y los silbatos de hueso se usan aun ampliamente entre las tribus de las llanuras. Sin embargo, los fragmentos de concha de mejillón, que Strong y Wood interpretaron como raspadores, son más esotéricos. Strong los describe como sigue: «Hecho con concha, un tipo de artefacto muy abundante, pero hasta ahora único, es un cuchillo o raspador desgastado en creciente hecho con concha de mejillón de agua dulce que es muy común en este yacimiento. También se encuentran pequeñas formas triangulares y rectangulares. Estos últimos tipos parecen raros en las llanuras» (1940: 375). Sin embargo, este tipo de conchas se incluye en algunos paquetes medicinales cheyenes modernos, donde se los considera símbolos de la luna creciente. Estos fragmentos de concha en creciente se crean por la acción de los arroyos, que erosionan el resto de la concha, dejando sólo un trozo de la gruesa parte cerca de la chamela de la concha. En la lengua cheyén se conocen como máthōhevo (la «garra» o «escudo») y simbolizan la punta de los dedos, las garras animales, los escudos de guerra, la luna creciente y la protección contra los muertos. Hasta donde conozco, esta interpretación es propia de los cheyenes. Según Strong, se encontraron cincuenta y un objetos de concha en Biesterfeldt.
Además de Biesterfeldt, se han atribuido a los cheyenes los restos de otros varios poblados agrícolas del siglo XVIII en las llanuras del norte, todos ellos en la cuenca central del Missouri y ninguno de ellos excavado. De los seis yacimientos de poblados analizados por Wood, sólo uno, situado en la desembocadura del Porcupine Creek, cerca de la actual frontera entre Dakota del Norte y Dakota del Sur, estaba fortificado. Se dice que este poblado fue contemporáneo de Biesterfeldt, habiendo existido de 1730 a 1784. Según la tradición dakota, fue aquí donde se refugiaron los cheyenes de Biesterfeldt después de que su poblado fuese incendiado por los chippewas (Grinnell, 1962: vol. 1, 28). Tras permanecer aquí durante una temporada se trasladaron a unos treinta y dos kilómetros al sur, construyendo un poblado sin fortificar en la orilla oeste del Missouri. Ambos poblados cheyenes volvieron a trasladarse poco después hacia el sur y el oeste, lejos del Missouri, Grand River arriba, en el actual condado de Corson, Dakota del Sur. Según los dakotas, los descendientes del poblado de Biesterfeldt se trasladaron al lugar en el que el Dirt Lodge Creek desemboca en el Grand River, a unos setenta y dos kilómetros del Missouri, mientras que los anteriores ocupantes del poblado de Porcupine Creek se movieron a una posición a unos treinta y dos kilómetros río abajo de Dirt Lodge Creek, en el Grand River, tal como se muestra en el mapa 2.2.
Desde estos lugares, los cheyenes estuvieron listos para emigrar a las altas llanuras, pasando de agricultores que vivían en casas de barro a ser nómadas que sólo cazaban bisontes, debido al ímpetu de los acontecimientos económicos, políticos y militares expuestos en el capítulo 4. Pero primero será útil e interesante explorar la tecnología, organización del trabajo y conocimientos que hicieron posible este nuevo estilo de vida. Los elementos de este «nuevo tipo de cultura» se habían ido acumulando entre los cheyenes durante unos cien años, pero aún no se habían unido para permitir una transformación radical de la cultura que incluiría el abandono de la agricultura, las casas de barro y la aparente seguridad de la vida sedentaria.