Los seres queridos
Nota de la autora
El tulipán que planté en diciembre en una maceta de tierra en la repisa de la cocina, o, más propiamente, la flor de ese tulipán, se asomó al mundo durante los primeros días de marzo. Su tallo era breve y lo corté cuando los pétalos comenzaban a abrirse. Lo puse en un vaso alto sobre la mesita de noche.
En el momento de poner flores en agua dejo siempre una aspirina partida en el fondo del florero. Me dijo mi abuela que hay que hacerlo así para que se conserven vivas unos pocos días más. Poner flores en agua es algo que me conmueve, pero me conmueve más la aspirina. Me produce tristeza el aspecto que tienen los tulipanes fuera de la tierra, sin estar vinculados a nada, sin nada que los amarre, hasta que desfallecen por completo. Es desolador que les cortemos los vínculos a las flores para que sean hermosas a nuestro lado.
Terminé de escribir este libro el segundo día de mayo, primer domingo del mes. Mi hijo me trajo, por el Día de la Madre, un dibujo que hizo en la escuela. En el dibujo estamos él y yo, y hay una línea en la mitad del folio que lo atraviesa de arriba abajo. Al otro lado están Miguel y Carlos. En el aire dibujó un círculo que parece una pelota y sobre mi cabeza un corazón torpe, pintado de rosa. Señaló el centro del dibujo y dijo: «Estamos jugando al voleibol». Después me explicó: «Esta es nuestra red». Le dije que sí, que esa era nuestra red.
La depresión posparto es la primera causa de muerte de las madres durante el periodo perinatal en la mayor parte de los países occidentales, por encima de los trastornos hipertensivos y hemorrágicos.
He escrito este libro porque estoy viva.
Terminaste Los seres queridos
Berta Davila
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Después del libro
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