Napoleón

Jean Tulard · Capítulo 127 de 181

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Napoleón

La depresión inglesa

propiedad, amenazada, y el desorden, general. Había que dar un castigo ejemplar. Se

eligió Caen. Napoleón envió allí al general Durosnel con numerosas tropas. Un

consejo de guerra se reunió el 14 de marzo, que pronunció ocho sentencias de muerte,

dos de ellas en rebeldía. Los seis condenados a muerte presentes, dos de ellos

mujeres, encajeras, fueron ejecutados el 15. Las tropas abandonaron la ciudad el 17.

«Los arrabales culpables quedaron consternados, temblaron, y ya, desde hace dos

días, los objetos robados fueron devueltos», escribía el prefecto. Por otra parte, se

reforzó la gendarmería. Pero si los disturbios se extendieron a unos cuarenta

departamentos, nunca pusieron en peligro al gobierno. Por eso la vuelta al orden fue

rápida. A finales de año, la agitación se había apagado.

La cosecha de 1812 fue satisfactoria, efectivamente, en la mayoría de los

departamentos. Especialmente abundante, la de 1813 favoreció el retorno a una

situación normal.

Fue en ese momento cuando una serie de quiebras debidas a la pérdida de salidas

comerciales en el norte y en el este, tomó el relevo de la agricultura. Los

contemporáneos tuvieron la sensación de haber vivido una misma y larga depresión

durante tres años, cuando se trataba en realidad de una sucesión de tres crisis

diferentes: una superproducción nacida de la especulación, una relativa mala cosecha

y una nueva superproducción provocada por la pérdida de la salida comercial

alemana.

Tenemos que reparar, de todos modos que el prestigio del Emperador salió

mermado de la crisis. Sin duda, el mundo rural y los obreros parisinos seguían

sintiendo, a pesar de todo, apego por Napoleón. ¿No mantuvo el precio del pan a una

tasa razonable en la capital y evitó desórdenes demasiado graves en el campo? En

cambio, la burguesía se desvincula definitivamente del régimen, mientras que en

Europa los rigores de los decretos de Trianon y de Fontainebleau le hacían perder la

simpatía de los alemanes y los holandeses, preparándose las revueltas de 1813.

 

La depresión inglesa

 

Nunca con todo estuvo Napoleón tan cerca de la victoria como en 1811. Iniciada

con la devaluación de la libra esterlina y la mala cosecha de 1809, una crisis

económica estalló en efecto al otro lado del Canal de la Mancha.

El refuerzo del Sistema Continental y las medidas enérgicas adoptadas en relación

con el contrabando inglés, unido a la saturación de los mercados continentales

después de las enormes exportaciones de productos coloniales en 1809, asestaron un

golpe importante al comercio británico. Por otra parte, para ganar nuevos clientes en

América del Sur, los hombres de negocios ingleses habían acordado plazos de pago

demasiado largos y saturado los mercados de productos que se vendían con pérdidas.