Night School. Rebelión
Dieciocho
Cuando llegaron, minutos después, con las zapatillas aún por atar y alisándose la ropa negra, encontraron la sala de entrenamiento repleta de gente.
—Llegan tarde —ladró Zelazny.
—Perdone, señor Zelazny —recitaron a coro.
Allie se preparó para que les cayera un buen rapapolvo, pero el profesor no dijo nada más. Sin más quejas ni improperios, les dio la espalda y siguió con el entrenamiento de los novatos.
Allie y Rachel intercambiaron miradas de asombro. Estaba claro que últimamente los profes estaban muy raros.
Los estudiantes más antiguos se habían congregado al fondo de la sala, en el que se había reservado un espacio vedado a los alumnos nuevos. Las tres amigas se dirigieron hacia allí a toda mecha.
Entre guardias, instructores y el alumnado al completo, la habitación pequeña y cuadrada estaba a rebosar, por lo que Allie no reparó en Sylvain hasta que llegó al fondo.
Estaba cabizbajo y escuchaba algo que Lucas le decía.
Allie sintió una presión en el pecho.
Cuando el chico alzó la cabeza, ella, a pesar de encontrarse prácticamente de espaldas, siguió con los ojos sus altos pómulos y su rotunda mandíbula. Buscó en él algún signo de dolor o de depresión inminente, pero seguía siendo el mismo de siempre. Sin secuelas.
Al reparar en ella, Lucas le dijo algo a Sylvain y él alzó los ojos.
Por una milésima de segundo, sus miradas se encontraron.
Después Sylvain apartó los ojos y cambió de postura para que Allie no pudiera verle la cara.
La sangre acudió a las mejillas de Allie. Se quedó allí plantada durante unos segundos sin saber qué hacer. Al ver a Rachel, Nicole y Katie hablando en un rincón, se apresuró a ir con ellas.
—Eh. ¿Qué tal? ¿Qué pasa? —Las palabras le salieron en un tono exageradamente jovial, pero nadie pareció darse cuenta.
—Por lo visto esta noche nos toca patrullar. —Rachel sonaba descontenta.
—Jugaremos a ser profes. —Nicole tampoco parecía muy alegre.
Allie miró a Rachel y luego a Nicole.
—¿Qué quieres decir con jugar a ser profes?
—Tenemos que llevarnos a los novatos —explicó Rachel—. Será su primera patrulla.
No era de extrañar que estuvieran mosqueadas. Los novatos estaban muy verdes para exponerlos a ese peligro.
—¿Y por qué les ha dado por ahí? —preguntó Allie—. Pensaba que los guardias se ocupaban de la vigilancia.
—Parece ser que hay tantos guardias fuera buscando a Nathaniel que por aquí vamos cortos de personal —dijo Rachel en tono grave—. Nos necesitan para tapar agujeros.
—Joder —susurró Allie, incapaz de disimular su ira. Menuda noche había elegido para llegar tarde. Si hubiese llegado puntual, por lo menos habría intentado convencer a Raj y a Zelazny de que se lo repensaran.
Era el peor momento para dejar el colegio sin protección. Seguro que Nathaniel estaba al acecho, como un halcón con su presa.
—Todo el mundo atento. —La voz de Zelazny cortó la cháchara estudiantil como una sierra—. Raj Patel les entregará la misión que se les ha asignado. Él estará a cargo de las actividades de esta noche. ¡He dicho silencio!.
Raj avanzó hacia el charco de luz que había en medio de la lúgubre sala. Hasta entonces Allie no había advertido su presencia.
Era alto e imponente, fuerte pero no exageradamente musculoso, de piel morena y mirada penetrante. Su habilidad para ponerlos a todos firmes sin pronunciar una palabra y para desaparecer como un espectro cinco minutos más tarde, nunca dejaba de asombrarla.
—El protocolo de esta noche es bien sencillo —empezó a decir Raj—: Patrullaréis en equipos de tres. A todos los alumnos avanzados se os han asignado dos cadetes. Aquí tenéis los equipos. —Agitó una hoja de papel que crujió en el silencio—. Cada equipo tiene asignada una zona concreta. Tened en cuenta que mis guardias también harán su ronda, no estaréis completamente solos. Los jefes de los equipos estarán conectados por radio con la base. —Su mirada recorrió uno a uno a los presentes, como si buscara algún signo de flaqueza—. Pero no os confundáis, esto no es ninguna broma. La ronda de hoy va en serio. La Night School no es un juego.
Allie estudió las caras de los novatos que miraban al jefe de seguridad embelesados, con los ojos muy abiertos.
Cómo le hubiese gustado también a ella seguir creyendo que alguien poseía todas las respuestas. Anhelaba los viejos tiempos, cuando la Night School consistía sencillamente en carreras nocturnas y extraños acertijos filosóficos. En aquel entonces seguía pensando que los profes los podían proteger de todo mal.
Daba igual, pronto todo habría acabado. En cuanto Carter regresase.
Mientras Raj se dirigía a los novatos, Allie se sorprendió preguntándose cómo sería su vida cuando se mudaran. ¿Tendría el otro colegio unos terrenos tan extensos como los de Cimmeria? ¿Necesitarían patrullas de vigilancia?
Por mucho que se esforzara, le resultaba imposible imaginarse en otro colegio. Cuando intentaba visualizar su nuevo refugio, era exactamente igual que Cimmeria.
Al otro lado de la sala, Raj concluía sus instrucciones:
—Recordad lo que habéis aprendido. Quedaos con los estudiantes avanzados. Haced lo que os digan y sed prudentes.
Mientras Raj colgaba la hoja en la pared, Allie oyó cómo Katie decía para sí misma:
—Cielos, espero que no me toque ser alumna avanzada…
Allie y los demás se apiñaron en torno a la lista. Halló su nombre a la mitad de la página. «Allie Sheridan, Charlotte Reese-Jones, Alec Thomason. Zona 6».
—Genial —exclamó Zoe—. Esclavos.
—Aprendices, Zoe —la corrigió Rachel.
—Lo que tú digas. —Zoe atravesó la sala como una flecha y gritó—: ¡Stephen y Nadja, sois míos!
Rachel la miró con aire desesperado. Nicole, que la observaba, sonrió:
—Pobrecitos.
Desde el umbral, Zelazny gruñó:
—El tiempo es oro, señores. En marcha. Alumnos avanzados, aquí están los aparatos de radio.
Rachel, Nicole y Allie intercambiaron miradas de resignación.
—Y aquí las más motivadas de la sala —dijo Allie.