Nunca Digas Te Amo

Veronica Murillo · Capítulo 12 de 16

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Nunca Digas Te Amo

Capítulo 12

El amor también es un asesino despiadado que espera el momento oportuno para darte el golpe de gracia.

12 de febrero. 6:00 pm

Hacía un frío del demonio. Rina estaba parada afuera de Walker & Basham esperando a Jackson porque pensó que era injusto que siempre fuera él quien esperaba por ella. Llevaba diez minutos parada en el mismo lugar y la desesperación ya hacía su aparición.

“Podríamos esperar dentro del auto”.

“No es lo mismo”.

“¿Por qué tarda tanto?”.

Si una cosa sabía era que esa nueva voz era muy impaciencia y hacía que las ansias se desbocaran con solo pensar en él.

—Rina, ¿verdad?

Un joven de cabello castaño apareció frente a ella. Vestía el perfecto traje característico de todos los abogados de la firma y un maletín con el logo de esta.

—Sí… —respondió dudosa, le parecía familiar, pero no recordaba de dónde.

—Soy Mathew, ¿me recuerdas? Era compañero de Jackson en la universidad. ¿Lo estás esperando?

—Ah, hola. Sí, ¿lo has visto?

—No vino a la oficina hoy.

—¿No? ¿Po qué?

—No lo sé, se fue temprano desde ayer con su novia.

—Perdona, ¿con quién?

—Rebeca, vino ayer y se fueron juntos y hoy no vino a la oficina.

—Ah, ok. Gracias, adiós.

Se metió al auto que Lily le había prestado y condujo. Y condujo, y condujo por muchas horas sin saber exactamente a dónde quería llegar.

“¿Nos dejó? ¿Sin decir nada? ¿Se fue con ella? ¿A dónde? ¿Por qué?”.

“Contrólate. No puede habernos hecho eso, tiene que haber una explicación”.

“¡No hay explicación para esto!”. Corazón comenzó a bombear tan fuerte y deprisa que el cerebro se preocupó seriamente.

Rina aparcó. No sabía dónde estaba. Una calle, como muchas. Edificios, como muchos. Gente pasando, música romántica proveniente de una tienda con globos en forma de corazón.

“¿Cómo vamos a sobrevivir a esto? No quiero seguir así”.

“Deja de decir estupideces. Vamos a suponer por un momento que es así, Jackson se dio cuenta que está mejor con ella. ¿En serio crees que lo primero que haría sería fugarse?”.

—Él no es así —murmuró para sí misma.

“Lo primero sería hablar con nosotros y decirnos la verdad”.

—Pero entonces, ¿qué pasó?

“La única explicación lógica es que algo le ocurrió”.

“¡Oh, no!”.

—Hay que averiguar dónde está.

Volvió a encender el auto. Se fijó dónde estaba y tomó una carretera para volver al centro de la ciudad. Primero iría a su apartamento.

En el camino fue tratando de calmarse a sí misma.

“¿Quieres dejar de caerte a pedazos? Tenemos que estar centrada para encontrarlo”.

“¡No puedo! Tengo mucho miedo”.

Subió corriendo las gradas en lugar de tomar el ascensor y sacó la llave que él le había dado. La tiró dos veces porque le temblaban las manos y al fin pudo abrir.

Todo estaba intacto. La alfombra aspirada, las repisas limpias, los libros en orden, la cocina brillando.

—No ha estado aquí.

“¿Y ahora?”.

“Es lógico: la casa de Becky”.

Volvió a bajar y subió al auto. Temblaba tanto que sintió que se iba a derrumbar.

—No puedo… no puedo hacer esto sola… —Sacó el teléfono y comenzó a marcar—. Lily…

—Rina, ¿qué te pasa?

Le contó todo y luego fue a la casa de su amiga. Juntas decidieron ir a la casa de Becky. Lily condujo.

Pararon justo delante de la puerta. Un caminito que parecía haber tenido flores a los lados en algún tiempo lejano conducía directo a la entrada.

—¿Voy contigo?

Rina quiso sonar valiente y decir que tenía que hacer eso sola, pero si lo hacía sola estaba segura de que cometería una locura.

—Sí, por favor.

Ambas caminaron de la mano por el sendero y al llegar tocaron el timbre, a pesar de que parecía que no había nadie porque todas las luces estaban apagadas y hasta el porche estaba a oscuras.

Rina insistió con el timbre varias veces.

—No hay nadie Rin, será mejor que nos vayamos.

Por alguna razón Rina siguió insistiendo y para apoyar a su amiga, Lily comenzó a golpear la puerta con el puño.

—¡Váyanse! ¡Fuera de mi propiedad!

Se quedaron congeladas un momento ante aquel grito que parecía el rugido de un animal salvaje.

—Necesito hablar con Becky.

—¿Otra vez tú? —La puerta se abrió y pudieron ver a un hombre muy alto, corpulento y con varios tatuajes. Tenía la cara deformada por la ira y la borrachera—. ¡Lárgate!

—Solo queremos hablar con ella un momento.

—¡No está aquí! La muy hija de puta se fugó con su amante.

—¡Eso no es cierto!

Fue tan rápido que no supieron en qué momento el hombre le propinó a Rina una patada en el estómago, haciéndola doblarse de dolor. Lily lo

golpeaba con sus puños mientras le gritaba, pero parecía echo de piedra.

Tomó la roja cabellera y arrastró a la chica al auto, lanzándola contra este.

—¿Quieres hablar con ella? ¡Búscala en un motel de mala muerte! Deben estar revolcándose los muy malditos, pero te juro que los voy a matar. ¡Los voy a matar!

Lily abrazó a su amiga para protegerla, mientras el hombre entraba de nuevo a la casa.

—Rin, Rin por amor de Dios, ¿estás bien?

Todavía boqueaba por aire y trataba de reponerse del terrible dolor.

—Lily… —jadeó—. Hay… hay… que llamar al abuelo…

Llamaron al abuelo y les dijo que esperaran en su apartamento. Lily aprovechó para obligar a Rina recostarse un rato, aunque no pudiera dormir, ya que estaba lastimada por los golpes del energúmeno.

Rina estuvo tendida en la cama un rato para luego levantarse para bajar una caja de arriba de la estantería.

Cuando encontró lo que buscaba se tendió de nuevo. Le dio cuerda y lo puso en el buró para contemplarlo. El pequeño carrusel daba vueltas mientras la caja de música en su interior desgranaba aquella dulce y nostálgica melodía.

Lo atesorarás toda la vida…

Por supuesto que lo había hecho. Era de los objetos con más valor para ella, si su apartamento se quemaba algún día, sabía que era lo primero que salvaría. Le dolía haber dejado pasar todos esos años negándose a aceptar lo que realmente sentía.

“¿Qué es lo que sentimos?”.

“Tú no sabes nada de esas cosas”.

“Solo nos protejo”.

“Ah, ¿sí? Mira cómo estamos, ¿a esto llamas proteger? ¡Yo solo quiero que seamos felices, maldita sea!”.

“Cálmate o nos va dar algo antes que podamos enterarnos de nada”.

“¿Y si realmente nos dejó?”.

“Que ya no digas estupideces”.

“Preferiría que fuera eso a…”.

“¡No lo digas!”.

“¡Ya no puedo más!”.

Fue ahí que Rina colapsó y, encogiéndose en la cama, se desmoronó, comenzando a llorar desconsoladamente.

La puerta se abrió, ella no levantó la cabeza, avergonzada por su debilidad.

—Ya, ya. Tranquila. Dime todo lo que pasó y lo encontraremos.

Rina se calmó lo suficiente para contarle todo al abuelo.

—Sé que Becky está ahí y ese tipo lo negó.

—¿Cómo sabes que está ahí?

—El auto de Jackson estaba en el estacionamiento de la firma y el de ella estaba afuera de la casa. Ella está ahí y eso quiere decir que él también.

—Bien. Cálmate y ven conmigo.

—¿A dónde?

—A la estación de policías.

—Esto es un atropello —estalló Thomas Walker ante las palabras del oficial—. ¿Quiere que me quede tan tranquilo durante setenta y dos horas sin hacer nada mientras mi nieto sigue desaparecido?

—Lo siento, no podemos hacer nada antes de ese tiempo.

—Vayan a esa casa.

—No podemos allanar la casa sin una orden, podría ser solo una fuga pasional y su nieto ya es mayor de edad.

Si no fuera porque Lily la detuvo, Rina se hubiera lanzado sobre el mostrador para darle una lección al apático oficial.

—¡Cálmate!

—¡Mire oficial! —dijo golpeando el mostrador después de soltarse de su amiga—. Tienen que ir allá porque… —Una idea le cruzó la mente—.

¡Porque ahí hay una mujer siendo maltratada por su marido!

El abuelo y Lily la miraron como si estuviera loca.

—¿Quiere levantar una denuncia!

—¡Si! ¡Una denuncia, eso es! Quiero poner una denuncia contra Víctor…

—¿Cómo se llama el maldito?

“¡Vamos! ¿Cómo se llama?”.

“No me acuerdo, solo lo escuchamos una vez”.

“¡Date prisa!”.

“Si me presionas menos voy a poder… ¡Ya me acordé!”.

—¡Samuels! Contra Víctor Samuels por… por… maltrato y violencia doméstica e intento de asesinato.

—¿En perjuicio de quién?

—De Rebeca Montenegro.

—Sígame señorita.

Thomas la acompañó en calidad de su abogado y lograron levantar una denuncia y que se ordenara ir a la casa para arrestarlo, ya que Rina tenía las pruebas en su cuerpo de la violencia del tipo y Lily fue testigo. Rina tuvo que inventarse unos moratones vistos en Becky y cometer perjurio, lo que claramente era un riesgo y un delito, pero ella no dudaba de que esos moratones hubieran existido, aunque ella no los hubiera visto con sus propios ojos.

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