
Peregrinaciones
En 1900 el diario La Nación de Buenos Aires mandó a su corresponsal a cubrir la Exposición Universal de París, y el corresponsal era un poeta: por eso estas crónicas se detienen menos en las cifras del certamen que en el Gran Palacio, en la sala donde Rodin exhibía su Balzac o en el viejo Kruger, llegado del Transvaal y aclamado como un patriarca. Escribe con la orfebrería de sus versos. Entre esas páginas está la que dedicó a Oscar Wilde al morir en París, mitad compasión y mitad reproche. La segunda parte es un diario italiano: Turín, Génova, Pisa, Roma y Nápoles, con el Vaticano del año santo al fondo y la mano de León XIII un instante entre sus dedos. El viaje acaba a la sombra del Vesubio, con Nápoles todavía más de Zeus que de Cristo.






