Perros de paja
El fetiche de la libre elección
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Para nosotros, nada es más importante que vivir del modo que elijamos vivir. Esto no se debe a que valoremos la libertad más de lo que se valoraba en épocas anteriores, sino porque hemos equiparado la vida buena con la vida elegida.
Para los griegos presocráticos, era el hecho de que nuestras vidas estuvieran delimitadas lo que nos hacía humanos. Nacer mortales, en un lugar o época determinados, siendo fuertes o débiles, ágiles o lentos, valientes o cobardes, bellos o feos, siendo víctimas de la tragedia o librándonos de ella… todas estas son características de nuestras vidas que nos vienen dadas y no podemos elegir. Si los griegos pudiesen haber imaginado una vida sin ellas, no la habrían reconocido como humana.
Los antiguos griegos tenían razón. El ideal de la vida elegida no se corresponde con el modo en que vivimos. No somos los autores de nuestras vidas; no somos siquiera artífices parciales de los hechos que nos marcan más profundamente. No hemos podido elegir casi nada de lo que tiene mayor importancia en nuestra existencia. El momento y el lugar en que nacemos, nuestros padres o la primera lengua que hablamos, son resultado de la casualidad, no de la elección. El devenir casual de las cosas es el que da forma a nuestras relaciones más trascendentales. La vida de cada uno de nosotros es un capítulo de accidentes.
La autonomía personal es fruto de nuestra imaginación y no del modo en que vivimos. Pero hemos sido puestos en una época en la que todo es provisional. Las nuevas tecnologías cambian nuestras vidas a diario. Ya no se pueden recuperar las tradiciones del pasado. Pero, al mismo tiempo, tenemos muy poca idea de lo que nos deparará el futuro. Estamos obligados a vivir como seres libres.
El culto a la libertad de elección es un reflejo de la necesidad que tenemos de improvisar nuestras vidas. El hecho de que no podamos obrar de forma diferente es, por sí mismo, sintomático de nuestra falta de libertad. La libertad de elección se ha convertido en un fetiche; pero si por algo se caracteriza un fetiche es por el hecho de que no podemos escogerlo.