Perros de paja

John Gray · Capítulo 3 de 89

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Perros de paja

El espejismo de una evolución consciente

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Los seres humanos somos las más adventicias de todas las criaturas: un resultado del ciego devenir evolutivo. Pero, gracias al poder de la ingeniería genética, ya no tenemos necesidad de estar gobernados por el azar. La humanidad —o, al menos, eso es lo que se nos dice— puede configurar su propio futuro.

Según E. O. Wilson, el control consciente de la evolución humana no solo es posible, sino inevitable:

[…] la evolución genética está a punto de hacerse consciente y volitiva, y

de dar paso a una nueva época en la historia de la vida. […] La perspectiva de

esta «evolución volitiva» —la posibilidad de que una especie decida qué

hacer con su propia herencia— confrontará a la humanidad con las decisiones

intelectuales y éticas más profundas que nunca haya tenido que tomar […] la

humanidad tendrá la capacidad casi divina de controlar su propio destino

final. Podrá incluso, si así lo desea, modificar no solo la anatomía y la

inteligencia de la especie, sino también las emociones y el impulso creativo

que componen el núcleo mismo de la naturaleza humana.

El autor de este pasaje es el mayor darwiniano contemporáneo. Ha sido atacado por los biólogos y los científicos sociales que creen que la especie humana no se rige por las mismas leyes que los demás animales. En esa guerra, Wilson está sin duda en el bando de la verdad. Pero la perspectiva de una evolución humana consciente que él invoca es un espejismo. La idea de que la humanidad se haga cargo de su destino solo tiene sentido si atribuimos conciencia e intención a la especie; pero Darwin descubrió que la verdad es que las especies son solo corrientes en el fluido de los genes. Pensar que la humanidad puede modelar su propio futuro es presuponer que los humanos hemos sido eximidos de esa verdad.

No deja de ser factible, al menos en apariencia, que durante el próximo siglo la naturaleza humana sea remodelada científicamente. Si algo así se produce finalmente, no seguirá ningún designio preconcebido, sino que será el resultado final de una serie de luchas en ese terreno turbio por cuyo control pugnan las grandes empresas, el crimen organizado y los sectores encubiertos de los gobiernos. Si la especie humana es finalmente modificada, no será como resultado de la asunción por parte de la humanidad de un control divino de su destino: será otro de esos giros inesperados en los designios del hombre.