
Azul…
Un nicaragüense de veintiún años publicó en Valparaíso, en 1888, un libro breve que terminó cambiando el rumbo de las letras en español. Casi todo el libro es prosa: un rey coleccionista que pone al poeta a dar vueltas a la manivela de una caja de música hasta que el invierno lo mata, un muchacho del muelle al que le cae encima un fardo que se zafa del gancho mientras lo izan, unos gnomos indignados porque la química ha conseguido fabricar un rubí, y una docena de estampas chilenas. El verso queda para las últimas páginas: los cuatro poemas de las estaciones y los sonetos que Darío añadió en la segunda edición. Debajo de los mármoles y las telas caras hay algo más áspero: al artista nadie le paga y el mundo burgués no sabe qué hacer con él.






