
Prosas profanas y otros poemas
Rubén Darío tenía veintinueve años cuando publicó en Buenos Aires, en 1896, el libro con el que el modernismo dejó de ser una promesa. La poesía cívica cede el sitio al lujo y al mito: una princesa que se aburre en su palacio, cisnes, marquesas dieciochescas, jardines afrancesados y centauros que discuten sobre la belleza y la muerte. Se abre con unas «Palabras liminares» en las que el poeta se niega a escribir un manifiesto y reclama para cada quien su propia música. Y de música se trata: Darío rescata metros antiguos, le mueve la cesura al alejandrino, busca el verso que suene antes de significar. Esta edición sigue la versión ampliada de 1901, con «Cosas del Cid», los «Dezires, layes y canciones» y los sonetos de «Las ánforas de Epicuro», donde el juego se vuelve más grave.






