Yo fui a EGB

Javier Ikaz · Capítulo 10 de 56

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Yo fui a EGB

2. Enamorado de la moda juvenil

Antes de la llegada de Zara, Pull and Bear y todas esas grandes cadenas de moda low cost podríamos pensar que cada uno de nosotros vestía de una manera muy diferente y sin embargo íbamos todos exactamente igual. Eso sí, la ropa no se compraba, directamente se heredaba de tu hermano mayor.

Lo de ir a una tienda de ropa era algo tan excepcional que, al pasar por caja, nuestras madres no podían evitar soltar un «me regalarás unos pañuelos, unos calcetines o algo…», y la frase misteriosamente siempre funcionaba.

La cuestión era que la ropa duraba más que las pilas del conejito de Duracell, por lo que las tallas tampoco tenían tanta importancia. Las niñas comenzaban en el cole con la falda del uniforme hasta los tobillos y seguían con ella hasta que se convertía en una minifalda y llegaba ese día en el que las monjas les daban el toque por enseñar demasiada pierna.

Las marcas de los dobladillos en los bajos del pantalón eran tan habituales como las coderas y rodilleras con las que se te acababa lo de deslizarte por el pasillo porque te quedabas totalmente plantado. Aunque, sin duda, lo que peor llevábamos eran aquellos calcetines y jerséis de lana (de la que picaba) que nos hacían nuestras madres, tías o alguna vecina. ¿Quién no tenía a alguien cercano con unas agujas de punto preparadas?