Yo fui a EGB
A mi no me da miedo…
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Esa frase la decías cuando estabas cagadito perdido y no querías hacer el ridículo. Nos pasaba cuando teníamos que ir a la habitación de arriba en la enorme (y oscura) casa del pueblo, cuando se hacía de noche y no estabas cerca de casa y cuando veías una peli de miedo.
Jack Nicholson siempre ha tenido cara de loco, eso es así, y películas como Alguien voló sobre el nido del cuco o El resplandor no ayudan a que pensemos otra cosa. La versión que Kubrick hizo de la novela de Stephen King contiene escenas de esas que se te graban para toda la vida. Una película que hay que ver de niño, y sentir el miedo como algo vivo dentro de ti. Olvídate del doblaje, atento a las gemelas, al hacha, al laberinto… Bufff, es que solo recordarla…
Otra de esas para ver después de comer fue El exorcista con vomitonas verdes, cabezas que giraban y frases de guión que hacían que tus padres te mandasen a tu habitación del tirón. Fue una película muy famosa, musiquita de Mike Oldfield incluida y todo eso, pero la que nos dio miedo de verdad fue aquella peli italiana, mucho más cutrilla llamada Aquella casa al lado del cementerio. Un montón de niños viéndola en silencio y sin atreverse a ir solos al cuarto de baño…
Y luego llegó nuestra favorita; Posesión infernal que junto a Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas componían una extraña trilogía de terror, gore y muchas risas. Era más fácil verla, porque aunque daba miedo te reías y eso te relajaba. Y ver sangre y tripas siempre nos ha divertido mucho. Aunque, eso sí, tampoco nos atrevíamos a ir solos a mear…
Lo bueno de las pelis de terror es que nos han dado asesinos míticos, como el Jason de Viernes 13 o el Freddy Krueger de Pesadilla en Elm Street. Esos malos que nos encantaban y hasta nos caían bien. Nunca empatizábamos con las pobres víctimas, es más, esperábamos que apareciese el de la máscara o el de las cuchillas a poner orden.
«Mira, han traído al videoclub otra de John Carpenter». «¿John qué?». Siempre venía el típico listillo que se sabía todos los títulos y los nombres de directores, actores y demás. El caso es que cuando nos dijo que la misma persona había hecho Halloween, La niebla y La cosa empezamos a hacer caso a ese tal John Carpenter. Aquellas pelis nos gustaban mucho, como Posesión infernal, eran terroríficas y divertidas. Eso fue mucho antes de que adoptásemos la fiesta de Halloween e hiciésemos del noble arte del terror un carnaval. Atrás quedaban las pelis de tiros y las comedias. Donde esté una de miedo…