Yo fui a EGB

Javier Ikaz · Capítulo 46 de 56

Páginas del PDF

Yo fui a EGB

En las peluquerias

Uno de los traumas que solíamos tener cuando nos llevaban a cortar el pelo (lo de ir a cortarse el pelo ya era de por sí traumático) era el tema de las revistas. Porque aunque tuvieses hora siempre tenías que esperar un montón: «Quédate aquí y no te muevas que luego vengo a buscarte». Más de uno habrá pensado que nuestros mayores utilizaban en ocasiones la peluquería como el lugar donde dejar al niño o a la niña un rato cuando ellos tenían que hacer algún recado. Y claro, si tenías que esperar tanto tiempo, lo de hojear una revista o tebeo era primordial, y no siempre encontrabas lo que querías.

 

Si eras chica y te llevaban a la peluquería de tu madre, allí solo había revistas de esas de cotilleo; Garbo, Pronto (con aquellas impactantes portadas de titulares dudosos), Lecturas, ¡Hola!, y demás, y ni rastro de Esther y su mundo, ni Jana, ni Lily ni nada por el estilo, y todo estaba lleno de mujeres con rulos hablando de lo que veían en aquellas revistas. «Mira qué guapa está la reina de tal país». «Qué caradura es tal torero…». Bufff, ni siquiera un tebeo de Mortadelo y Filemón, dando por hecho que a una niña tenían que gustarle las revistas del corazón o de decoración y moda…

Por otro lado, si eras chico y te llevaban a la barbería de tu padre, podías encontrarte dos montones de publicaciones bien diferenciados: en uno de ellos (el nuestro) había viejos y destrozados tebeos de la editorial Bruguera que no los cambiaban aunque pasase una década, y alguno, también destrozado, de superhéroes que parecían haber pertenecido al propio peluquero cuando tenía nuestra edad; en cambio, en el otro montón (el de los mayores), las publicaciones se renovaban constantemente, ya fueran los periódicos (Marca, Ya, El Mundo, El País, Cambio 16, As…), que no nos interesaban lo más mínimo, como la Interviú, que traían cada semana y que mirábamos de reojo sin atrevernos jamás a cogerla, por lo que finalmente acabábamos leyendo por vigésimo quinta vez el mismo tebeo roto. En alguna ocasión encontrábamos una de Esther y su mundo. «Pero si esto es para chicas…».

 

© Ana Portnoy