Abzurdah
Conversaciones compulsivamente legibles
Clara14: tenés novia? Hablando en serio, de hermana a hermano. Hogweed: corté hace un par de semanas Clara14: ¿por? Hogweed: porque no se decidía qué hacer con su vida. No sabe nada de nada. Clara14: ¿y cómo estás?
Hogweed: no estoy mal. No estaba súper enamorado, estábamos bien, la pasábamos bien, pero fue. Clara14: nueve de cada diez hombres dicen “la pasábamos bien pero”. Hogweed: la pasábamos bien en todo sentido (no solo en el sentido que pensás, niña!). Clarita, de hermano a hermana: sexo podés tener con cualquiera, pero no vas a sentir con cualquiera. Clara14: bueno, yo de eso no sé nada. Soy re tonta. Hogweed: eh? No digas eso. Mirá, te cuento algo. Yo mi primera novia la tuve a los quince años (ella tenía catorce). Nos amábamos mucho. Esperamos casi dos años antes de tener relaciones. Cada uno tiene sus tiempos. Lo importante es saber respetar. No sos más viva por tener sexo.
Clara14: bueno, qué sé yo… Hogweed: cuando llegue tu momento te va a salir solo. Y depende mucho también de la persona que tengas al lado tuyo en ese momento. Clara14: y a esta última vos la querías tanto como a la primera?
Hogweed: la quería, pero distinto.
Clara14: ¿por qué distinto? Hogweed: porque a medida que pasan los años/relaciones uno se pone duro para no sufrir. Entonces querés, pero con resguardos.
12 de octubre de 1999
Clara14: ¿cómo estás? Hogweed: bien, no puedo estar de otra manera cuando estás vos Clara14: me derrito Hogweed: dejame derretirte Clara14: me dejo. Hogweed: ¿segura? Clara14: si… no me lo digas así si no querés que me derrita! Hogweed: la próxima vez te lo digo en vivo y en directo Clara14: mmm… ¿me lo vas a decir? Hogweed: te vas a derretir? Clara14: ¿querés que me derrita? Hogweed: quiero que seas real y sincera Clara14: se sincero vos…
me lo vas a decir? Hogweed: soy sincero, hermanita. ¿si te lo digo vamos a dejar de ser hermanos? Clara14: no sé Hogweed: entonces no sé si te lo voy a decir Clara14: bueno, tenés tiempo para pensarlo. Hogweed: sí, como tres años, no?
Clara14: ni lo digas… Hogweed: de acá a tres años no creo que te derritas Clara14: por qué decis eso? Hogweed: porque es así… cuando te acostumbres a que te lo digan tantos… Clara14: por qué siempre pensás lo mismo? No tenés que ser tan cerrado Hogweed: no soy cerrado; soy realista, niña. Tengo algunos añitos más que vos vividos Clara14: ya lo sé y ese es el problema Hogweed: no es tan grave tampoco. Por más años que nos llevemos, te quiero igual. Clara14: yo también te quiero MUCHO pero esos años existen y no puedo hacer nada Hogweed: los años existen, y no podemos hacer nada, pero en algún momento me vas a dar la razón y vas a ver que no son impedimento para nada Clara14: por qué decis que no son impedimentos? Hogweed: te vas a dar cuenta de que hay gente que jamás crece, que la edad del dni es mentira, gente que jamás madura. Y otra lo hace tan rápido… tan! Clara14: puede ser Hogweed: es lógico
y lo entiendo, hermanita, que con quince no pienses lo mismo. la diferencia te parece abismal. Estoy pensando… Clara14: ¿qué estás pensando? Hogweed: evaluando. Evaluando cuántos años de prisión me corresponden Clara14: ¿si hacés qué? Hogweed: si empezamos. Pero vale la pena. Clara14: entonces quiero que estés preso Hogweed: y que empecemos? Clara14: ya sabemos cómo son las cosas… Hogweed: insisto.
Clara14: me gustas. Digo… me gusta eso de vos Hogweed: sabés qué voy a hacer la próxima vez que te vea? Clara14: qué? Hogweed: te voy a sampar un beso de primera… después hablamos Clara14: me comunica con Alejandro, por favor? Hogweed: partió en un tren rumbo a tu ciudad. Dijo que iba a ver al amor de su vida. Clara14: eso dijo? Hogweed: así es Clara14: decile que lo quiero.
Hogweed: hermanita, un día jugando con fuego te voy a quemar Clara14: sí?
Espero ese día Hogweed: bueno, la próxima vez que nos veamos Clara14: mientras tanto dejame jugar Hogweed: siempre podemos jugar Clara14: entonces? Qué sábanas querés? Hogweed: cuando seas grande vas a ver qué lindas son las de seda Clara14: ¿Por qué no puedo verlas ahora? Hogweed: porque voy preso.
06 de noviembre de 1999
Hogweed: estoy con las defensas bajas Clara14: pobrecito Hogweed: si… vas a tener que cuidarme, hermanita Clara14: siempre te voy a cuidar, pero ¿quién te cuida de mí? Hogweed: mmm… moriré contento Clara14: bien, bien. No voy a matarte. Hogweed: haceme lo que quieras Clara14: entonces preparate! Hogweed: lo estoy. Yo diría que te prepares VOS.
Clara14: ¿Qué me vas a hacer? Hogweed: si te digo pierde emoción Clara14: buenísimo, amo descubrir Hogweed: mmm… tanto para descubrir… Clara14: bueno, la próxima. Hogweed: la próxima te enseño algo. Una muestra. Clara14:
¿muestra de? Hogweed: muestra de lo que vendrá Clara14: ¿Qué vendrá?
Hogweed: ¡Pierde emoción si te cuento! Clara14: bueno, espero entonces. Pero no te arrepientas ¿eh? Hogweed: te puedo asegurar que no me arrepiento, por ahora. Detrás de los barrotes, veremos.
08 de noviembre de 1999
Hogweed: un desastre la noche
Clara14: hagamos que deje de ser un desastre Hogweed: para eso me conecté Clara14: querés venir a casa? Hogweed: no tengo problemas, pero no sé qué dirán tus padres Clara14: no hay problema, están todos durmiendo Hogweed: lo pensaste ya, no? Clara14: ¡cuántas veces! Vos no hermanito? Hogweed: no conozco tu casa Clara14: te gustaría conocerla? Hogweed: yo te sigo. Clara14: mejor que no me sigas Hogweed: ¿por qué no? Clara14: porque para el jacuzzi
compré velas aromaticas afrodisiacas Hogweed: mostrame, a ver? Clara14: no, tenés que venir acá. Sentis el olor que dejan en la piel? Hogweed: ok, voy. Me tenés “extasiado”. Hermanita ¿cuándo te veo? Clara14: cuando quieras Hogweed: ahora? Clara14: ahora no porque estoy semi-desnuda Hogweed:
¡hermanita! Clara14: perdón! Te prometo volver a ser la inocente y pura estudiante de colegio de monjas Hogweed: no… para mí no, eh? Clara14: entonces? Venis? Hogweed: cielito, quiero verte. No sé si soy claro.
Clara14: yo necesito verte. Hogweed: reservame tu viernes. Y tratá de no contarle a nadie… prefiero que no se sepa Clara14: que no se sepa qué?
Hogweed: mmm… después del viernes te digo. Clara14: jaja… te apreté con una pregunta, siempre sos vos el que me aprieta Hogweed: todavía no tuve el placer, ejem. Clara14: vamos a ver si personalmente me respondés así Hogweed: vamos a ver si personalmente tenés tiempo de preguntar. Clara14: después vemos cómo nos encontramos Hogweed: vos buscá un twingo rojo y yo busco a la más linda Clara14: vos buscá a alguien que… no sé qué me voy a poner!
Hogweed: no te pintes, te prefiero natural la primera vez. Sos linda naturalmente. Arreglate, sino en tu casa no te van a creer que salis a bailar con tus amigas (y llevate algo para el post-desarreglo) Clara14: me llevo todo Hogweed: te saco todo
Finalmente, días más tarde se concretó el encuentro. Alejandro viajó a mi ciudad y nos encontramos a escondidas. Me parecía surrealista y divertido tener que esconderme como una vendedora de cocaína. No entendía que era tan grave salir con un tipo que me manejaba con astucia.
Les dije a mis padres que saldría con amigas y afortunadamente me creyeron. Ese 19 de noviembre Alejandro me esperó dentro del auto. Subí en el twingo rojo y me saludó, me preguntó a dónde quería ir y contesté “no sé”.
Mientras miraba el cielo de aquella noche, sentí que me perforaba con la mirada, giré y lo encontré sus ojos serios y fijos en mí. Se acercó y me dio un beso, el más dulce que recuerdo.
A continuación Alejandro manejó sin rumbo, mientras me preguntaba reiteradamente si me sentía cómoda y si estaba bien. Cuando por fin, después de media hora de manejar, paró el auto estábamos en la puerta de su departamento de Avellaneda.
Confieso que me sentí un poco desubicada, sorprendida y por qué no desorientada. No tenía idea de qué estaba haciendo ahí, pero confiaba en ese hombre más que en mi misma y estaba segura de lo que él estaba haciendo. No podía hacerme daño, era mi hermanito.
Entramos en su departamento: prolijísimo, como si no viviese nadie adentro.
Mesa, sillas, computadora, cocina, baño, un dormitorio y un balcón. Me acerqué hasta el balcón y contemplé la ciudad: ruidosa y desprolija. Me di vuelta y ahí estaba él, preguntándome si quería tomar algo. Cuando le dije que no, se acercó despacio hasta mí y me dio un beso que me hizo acelerar el corazón.
“Cielo, ¿querés ser mi novia?-preguntó mientras me abrazaba y acariciaba
“sí”-dije yo con lo poco que me quedaba de aliento “¿Y mi mujer?”
Estábamos besándonos con lujuria y aparecimos casi mágicamente en su habitación. Me acostó sobre la cama y me quitó el vestido de a poco, con una suavidad desconocida para mí. Alejandro tenía manos de seda y sabía cómo y dónde acariciarme. En pocos minutos quedé desnuda. Me besó en todo el cuerpo, me dio masajes en los pies y en la espalda. Y él inmutable, completamente vestido, cosechaba placeres para el futuro. Más tarde, se acostó al lado mío y me dijo “me gusta verte, me gustas desnuda”.
Nos quedamos ahí, en la cama, acostados como dos amantes viejos. Yo estaba feliz, descubriendo nuevas sensaciones, olores, placeres, juegos. Para mi sorpresa, Alejandro se paró, y me alcanzó el vestido: “ya es tarde, tenemos que volver”.
Que me haga cuidado de esa manera, es lo único que le agradezco incansablemente. No sé cómo hubiera sido con otra persona, quizás menos trágico y con seguridad menos placentero, pero con Alejandro tuve la sensación de estar segura, de estar como en ningún otro lado. Querida, amada, respetada.
Cinco meses pasaron de encuentros sensuales y llegó el día. Volvimos a encontrarnos como siempre pero esta vez fue muchísimo más placentero para ambos. Fuimos a su departamento y mientras nos besábamos nos desvestimos uno al otro. Nunca había visto a un hombre desnudo, Alejandro era perfecto: piernas largas y flacas, panza de juventud cervecera y un sexo que me hacía temblar. Me acostó en la cama, con suavidad y me repitió que iba a llegar hasta donde yo quisiera. Yo quería; tenía miedo pero a fin de cuentas, Alejandro era excitante. A continuación, se acostó encima mío. Casi sin darnos cuenta, llevados por el calor y la urgencia premeditada, terminamos haciendo el amor.
Me dijo que no me iba a doler, porque iba a hacerlo despacito. Le creía, le creía cualquier cosa. Si me hubiera dicho que después de violarme iba a aparecer Papá Noel con una bolsa llena de Barbies para mí, también le hubiera creído. Lo cierto es que no me dolió demasiado (no tanto como me habían contado que dolía) a pesar de que Alejandro era enorme.
Que Alejandro me haya esperado durante cinco meses me hizo tener la confianza suficiente como para amarlo sin tapujos ni resguardos, para dejar que
me ame libremente, mostrándome qué se hace y cómo.
No soy tan diplomático cuando me inflan
18 de Marzo de 2000
Hogweed: ah Cielo, estaba pensando en decirte algo cuando te viera HIEDRA: decímelo ahora Hogweed: pero te lo digo ahora. En cuatro meses ya te habrás dado cuenta, pero igual: no esperes de mí una típica relación de novios.
O sea: salir todos los viernes, cumplir todos los horarios, cumplir todos los sábados a tal hora, etc, etc. Todo esto por una simple y sencilla razón: ya lo hice y me di cuenta de que no sólo no sirve para nada sino que aburre, cansa, crea rutina. Entonces decidí no volver a hacerlo. Vamos a salir, pero sin ataduras.
Entonces yo no te presiono y vos no me presionas, ok? Todos contentos.
HIEDRA: yo te presiono? Hogweed: por ahora no HIEDRA: si te sentis presionado decimelo Hogweed: lo mismo espero de vos. Tus padres no van a entender esta relación nunca. HIEDRA: ya sé… y no sé cuánto vamos a aguantar así, con el mundo en contra Hogweed: Cielo! Qué decís? HIEDRA: nunca pensaste en tirarlo todo a la mierda? Yo varias veces Hogweed: en serio me decis eso? Yo cada vez estoy más convencido de que estemos juntos HIEDRA: sí, pero es demasiada presión, me están apretando de todos lados, Ale Hogweed: me querés? HIEDRA: te amo
Hogweed: vas a dejar que hagan lo que quieran con vos? HIEDRA: no sé hasta cuándo voy a poder impedir que lo hagan Hogweed: Cielo, no me gusta esto. Si no estás segura, decimelo ahora. No quiero meterme hasta las orejas en algo que no va a funcionar así porque sí. Para mí no es sencillo, me la estoy jugando. No te pido nada solo que no te tires en contra mío vos también. Sos la única que tengo de mi lado. Si es TU decisión cortar, está bien; pero si es la de ellos, me mato. HIEDRA: te quiero Hogweed: Cielo, te estoy hablando en serio.
Si estoy con vos es porque creo en vos, en tu carácter. No quiero una persona débil, influenciable. No, no, no y no. Gorda, si vos aguantas, ellos se van a cansar antes. HIEDRA: eso me preocupa… no sé quién va a aguantar más Hogweed: Cielo!!! No aflojes!!! HIEDRA: veremos. Hogweed: nunca pensaste en hacer terapia? HIEDRA: terapia? Hogweed: no te trato de loca, si? HIEDRA: no? Hogweed: por lo que te conozco, te noto un tanto “reprimida” HIEDRA: cómo? Hogweed: como que necesitas demostrar cosas que no son reales y que te cuesta expresarte y mostrarte como sos; te mostras como quieren que seas. Los americanos lo llaman “acting”. No te enojes. HIEDRA: no me enojo. Pero qué cosa te parece que no es real?
Hogweed: si te digo esto es porque quiero que estés mejor con vos. Me parece que (sobretodo tu mamá) te presiona para que seas LA mejor en TODO.
Y TODO no es posible. La mejor en danzas, la mejor en tennis, la mejor en piano, la mejor en el cole, la mejor. Es demasiada carga. Está bien intentarlo pero es mejor asumir la realidad. Yo te quiero como sos, seas la mejor o no.
De: Cielo Para: Alejandro Enviado: martes, 23 de mayo de 2000
¿Qué está pasando? ¿Qué mierda pasa entre nosotros? No quiero parecer pesada, no quiero que pienses que sos todo en mi vida, no quiero que te des cuenta. Pero ¿Cómo hago cuando estoy sola en mi casa y tengo ganas de abrazarte? ¿Qué hago cuando siento que no te intereso nada? ¿Cómo hago?
¿Cómo hago cuando sé que sos todo lo que tengo?
Si me quisieras una milésima parte de lo que te amo, sería feliz.
Cielo
De: Alejandro Tacoune Para: Cielo “HIEDRA” Recibido: 23/05/00
A tus repentinos y constantes cambios de humor intento acostumbrarme. No veo por qué vos no podés hacer el intento para bancar un mal día mío ¿no? Si sumamos mi mal día a cuánto te celo, resultan algunas de las contestaciones de ayer.
Entre nosotros no pasa “mierda”, todo lo contrario. Creo que si aguantamos juntos seis meses es porque pasa algo más que mierda. Y otra cosa, ¡pendeja egocéntrica! Cuando tenés que serlo no lo sos! ¿Sabés qué es lo más importante que tenés? ¡Sos vos! Yo soy un condimento, a lo sumo un motivador; nada más.
Te habrás dado cuenta de que no pienso ser todo lo que tenés, pero sí estoy contento porque me contás tus cosas, porque te expreses, porque cambies, porque pienses (y quizás algo de culpa tenga en eso). Además, si yo me muero mañana ¿qué vas a hacer? O sin ser tan trágicos, si me voy dos meses de viaje?
Entendés? No soy todo lo que tenés, solo una parte quizás importante, pero reemplazable. No soy único ni irrepetible.
Hay muchos alejandros dando vueltas, pero solo un Cielo Baby, relajate.
I love you.
De: Cielo Para: Alejandro Enviado: 30 de mayo de 2000
No me gusta que tus amigas me desplacen, es más: me pone histérica. Los sábados para salir conmigo estás cansado y además tenés que jugar partido de fútbol el domingo a la mañana. Pero para tu amiga es distinto. Para ella el sábado sí estás. Y por ella no te interesa tu partido del domingo.
No me gusta nada, nada, NADA. Cielo
De: Alejandro Para: Cielo Recibido: 30 de mayo de 2000
A ver si ponemos en claro algunas cuestiones: mis amigas no te desplazan.
Los sábados jamás salgo. No es que no salgo con vos porque “estoy cansado”
(de hecho estoy más cansado los viernes, por ejemplo). Es cierto que los
domingos me levanto temprano, por eso salimos nosotros los viernes (y porque vos cenás con tus padres también). Además sabés que paso los fines de semana con mis viejos en Monte Grande.
Pero hay un detalle: mi amiga viene muy poco a Buenos Aires y de esas muy pocas veces solo alguna se decide a salir (de hecho la vi una sola vez en años) y lo único que falta es que para verla, yo le arme la agenda. “Cecilia, vení el lunes a la tarde que es mi día libre”.
Cielo, por favor, no sé por qué me hacés estos planteos.
Hogweed: no sé qué te pasa, realmente no lo entiendo. HIEDRA: qué es lo que no entendés?
Hogweed: tenés celos de Cecilia? HIEDRA: no, de tu perro. Hogweed: Cecilia está casada, vive a más de 1500kms, la vi una sola vez en i vida. Es increíble la escena que me hacés. HIEDRA: increíble? Mi novio que no lo veo nunca va a salir con una chica que vio una sola vez en su vida, un sábado, cuando se supone tiene que estar cansado y descansando para el partido del domingo. Hogweed: mi amiga viene dos veces por año a Buenos Aires y tengo que darte explicaciones por eso???!!! HIEDRA: no des un cuerno y chau.
Hogweed: las cosas son así, vos lo sabés. A mí no me conformas con un “chau”
HIEDRA: no me interesa conformarte. Hogweed: si esta es la nueva Cielo, no me gusta definitivamente. HIEDRA: no mezcles las cosas, no estamos hablando de mí sino de vos. Hogweed: vos estás hablando de mí y yo de vos. Sabés que no me gustan las presiones. No te presiono y no soporto presiones de ese tipo.
HIEDRA: hacé lo que te plazca, no te presiono. Hogweed: no me gustan tus contestaciones de pendeja. HIEDRA: son contestaciones de pendeja porque soy una pendeja. Lo supiste siempre, siempre. No pretendas que tenga contestaciones de adulto porque tengo quince años y razono como alguien de quince años. Hogweed: tenés quince cuando querés y te conviene. HIEDRA: siempre tengo quince. Hogweed: no me vengas ahora con que “tengo quince años” HIEDRA: los tendré hasta dentro de catorce días.
Hogweed: me voy a dormir. Suficiente.
Siempre odié mis cumpleaños. Supongo que porque es el festejo del día en que nací y últimamente estoy en contra de ese día. Desde chica, los detestaba.
Me pasé la vida psico-somatizando cumpleaños y demás situaciones desfavorables para mi sanidad mental. Que quede claro: odio mis cumpleaños, los ajenos me divierten. Cuando era muy chica, Mamá quería festejarme todos los cumpleaños con compañeritos a los cuales no me unía ningún lazo de ningún tipo. En cada uno me pasaba algo antes de que llegasen los invitados: en los
últimos vomité y volé de fiebre. Y como el ave fénix, cuando se iba el último invitado se me pasaba todo y me sentía espléndida.
Siempre me la agarré con mi cuerpo para mostrarle a la gente lo que pensaba, lo que sentía o lo que no me animaba a decir (así también como lo que decía sin ser escuchada). Mi cumpleaños número dieciséis fue diferente del resto. No lo festejé, como es un clásico en mi vida, pero Alejandro y mis amigas fueron a visitarme. Pocas veces había estado tan contenta en un cumpleaños: Alejandro me condimentaba la vida con dulce veneno. Aunque estábamos peleados por la venida de Cecilia y otros temas, Alejandro viajó y me vino a ver.
Yo estaba feliz y aún así, no estaba conforme. Algo muy fuerte pasaba adentro mío: el estúpido sentimiento de desesperación, de abandono. Alejandro no me estaba abandonando, pero en cada uno de sus emails yo lograba decodificar la misma frase “me estoy peleando con vos despacito, casi sin que te des cuenta y cuando abras los ojos ya no voy a estar”. Miedo al abandono. Soy abandonada por todos: amigas, padres, novio, profesores. Todos me abandonan, ¿por qué Alejandro no lo haría? Estaba esperando amargamente el día en que no volviera jamás.
Eventualmente llegó ese día, pero antes, algunas codificaciones más.
20 de junio de 2000
Hogweed: por qué te portás así? HIEDRA: porque no soporto más todo esto, tu indiferencia; no quiero más esto, no así. Hogweed: no creo que la culpa sea enteramente mía HIEDRA: buenísimo, llegamos a la etapa de echarle la culpa al otro. No me tomás en serio. Hogweed: no te echo culpas. ¿No te tomo en serio?
Me parece que te falta aprender algunas cosas, pero es normal. HIEDRA: me falta aprender mucho, pero no tiene nada que ver, no viene al caso. Hogweed: sí viene al caso, porque vos no sabés valorar nada de nada HIEDRA: ahora tus actitudes son valiosas? Hogweed: chau, no voy a soportar que me digas esas boludeces, Cielo HIEDRA: no son boludeces, pero si querés olvidate de todo Hogweed: no me voy a olvidar. Olvida vos si querés, no me digas lo que tengo que hacer. HIEDRA: nunca te digo lo que tenés que hacer, por eso te fuiste a mar del plata todo un fin de semana mientras sabías que yo necesitaba hablar con vos porque estaba mal. Estoy cansada de arreglar los problemas superficialmente, no quiero más de esto; no estamos bien. Hogweed: si estás cansada de arreglar “superficialmente” pensá en arreglarte vos antes de intentar hacer algo conmigo. HIEDRA: no intento nada con vos y conmigo hago lo que quiero. Sé hasta dónde llega
mi libertad, no intentes interceptarla.
Hogweed: bueno, pensá qué hacés con tu vida, cómo te fue, cómo te va y cómo te va a seguir yendo si seguis así. HIEDRA: es cosa mía, no estamos hablando de mí, sino de nosotros. Hogweed: esta relación tiene que ver con vos, Cielo. No puedo separar a la Cielo- persona de la Cielo-novia. Sos una sola. Si estás mal en tu vida, estás mal conmigo. HIEDRA: no estoy mal con mi vida.
Hogweed: entonces no te conozco nada y estoy muy equivocado. Lo único que puedo decirte es que haberme ido ese fin de semana no me hizo bien. Y que quiero sentarme a charlar tranquilo con vos. Te interesa seguir conmigo?
HIEDRA: es lo que más quiero pero no es lo que mejor me hace. Entonces si estoy mal con o sin vos prefiero estar mal sin vos; porque estando con vos el problema es doble: porque seguimos peleando eternamente.
De: Cielo Para: Alejandro Enviado: 19 de julio de 2000
Hoy hace mucho frío fuera y dentro de mí. Pienso que tal vez siempre fue así pero estaba ciega, entonces ahora sí puedo darme cuenta porque ciertas cosas me fueron abriendo los ojos de a poco.
Quise escaparme un poco de la realidad pensando que todo iba a cambiar con el tiempo, pero ya ves: mañana van a ser ocho meses y todo sigue igual.
Mal. Este email puede parecerte muchas cosas, incluso un email como cualquier otro
de los cientos que te mandé durante meses. Pero este es diferente, es el de despedida.
No me voy por una semana o por dos, me voy de tu vida para siempre porque sé que estoy de más. No me necesitás tanto como yo a vos y muchas veces me dijiste que en las relaciones hay que dar y recibir por igual; no se está cumpliendo esa regla. Siento que siempre sentí más que vos.
Entonces digamos en nuestra relación no existe un equilibrio. O no nos vemos nunca, o estamos peleados… siempre hay un tema para discutir entre nosotros. No tuvimos ni una sola semana de paz en ocho meses. Creo que es importante un poco de relax, creo que llegó el día, ¿no?
El tema de vernos más seguido también quedó en la nada. Ya ves: durante el año te veo (si se te antoja) dos veces por semana. Ahora estoy en vacaciones, no te voy a ver ni una vez. Hoy no, Alejandro tiene una reunión de amigos. Mañana tampoco, viaja. ¿Qué tiempo me dedicas de tu vida? ¿Cuatro horas por semana?
¿eso es un noviazgo? “Con respecto a vernos más seguido, sabés que se complica un poco: mis horarios, los tuyos, estamos un poco lejos, etc; pero vamos a tratar”. No. No te creo una palabra más. Ahora ni siquiera nos vemos los días que supuestamente nos teníamos a que ver. Olvidate.
A los dos nos gusta que el otro nos diga cuánto nos quiere, pero ninguno de los dos obtuvo nunca lo que quiso. Nunca fue bastante, no nos alcanzó. Tal vez a vos sí te alcanzó, porque no necesitaste nunca verme. Pero no fue suficiente para mí, que te quise con el alma y no podía verte jamás. Tampoco tuviste en cuenta que además de escuchar “te quieros” hay que demostrarlos. Shakespeare dijo alguna vez: “no ama quien no lo demuestra”. Creo que describe perfectamente el
“amor” que me tenías.
“Pendeja, no lastimes a quien necesitás, tirá tu orgullo a la mierda alguna vez”. Me parece que te hice demasiado caso. Dejé que hicieras lo que quisiste, que vinieras cuando quisieras, que hicieras y deshicieras sin importarte nada de mí. ¿Pensás que sos el único que extraña?
Además, había muchas diferencias entre nosotros. Pero la más notoria era que yo no me quería nada y vos te amabas demasiado. Tanto que en vos no había lugar para mí. Tal vez encuentres a alguien a quien ames tanto como te amas a vos mismo y ese va a ser el amor verdadero. Es un consejo, si yo no lo aguanté, creo que nadie lo va a aguantar, porque yo con esas cosas soy bastante paciente. Es solo un consejo.
La pregunta es: ¿por qué no me dijiste desde el principio que te habías tomado nuestra relación de otra manera? ¿Por qué no me advertiste? Te hubiera amado menos, te hubiera dado menos. Ahora estoy atada a vos y es un infierno; por eso decido alejarme ahora. Porque si seguimos con esto que no tiene nombre, voy a amarte cada día mucho más y no es eso lo que quiero. Tal venzo tendríamos que haber desafiado a nada ni a nadie, y vos tendrías que estar con alguien de tu edad y yo con alguien de la mía. Mejor encuentro a alguien que pueda ver a los amigos todos los días, así ellos no me quitan el tiempo que me tiene que dedicar. Voy a tenerlo en cuenta a la hora de elegir la próxima vez.
Lo que más duele es que nunca tuve prioridad en tu vida. Tu felicidad era condición única para que yo estuviera bien. Siempre te tuve arriba, como el religioso tiene a Dios. Pero yo nunca te interesé demasiado, sino hubieses tenido más ganas de verme. Tal vez tantas como yo. Nunca tuve prioridad en tu vida, mientras que vos fuiste todo en la mía.
Ni como novio, ni como hermano, ni como amigo; me duele verte, escribirte o escucharte. Este es el último email, espero que sepas que no me adapté a tu estilo de vida, a tu filosofía de vida “Light”, cero obligaciones conmigo. No era eso lo que quería
para nosotros.
Yo escribo esto suponiendo que vas a entender porque se te un tipo inteligente. Así que a partir de hoy, voy a empezar de nuevo. No quiero hablar
con vos. No quiero verte, no quiero escucharte. No me gustó tu “manera”. Tal vez cuando sea más grande me acuerde de vos y entienda lo que me habías querido decir. Quizás ya lo entendí. Por eso hoy, Alejandro, hoy que quiero decidir, prefiero estar con alguien que me ame a mi manera.
Cielo. PD. Pero como te amé yo, no te va a amar nadie.
Donde lo oscuro y el placer se mezclan
Se acabó. Se había acabado (y a decir verdad, aquí empieza la verdadera historia). Voy a hacer mis esfuerzos más calificados para intentar describir lo que sentía en ese momento. Una parte de mí, la más caprichosa, pensaba que haberlo dejado estaba bien, porque merecía más atención de parte de un hombre.
En cambio, mi parte más racional sabía que lo había dejado por miedo a que él me deje en primer lugar.
Sí, pensaba que necesitaba algo más de un hombre, pero todo lo que podía pensar ahora era: “necesito morirme”. Claro, eran solo fantasías. Era mi
“primera desilusión amorosa”, como decía la gente en general. Yo muy profundamente tenía la convicción de que no era simplemente una nena que dejaba a su primer novio e iba a superarlo en cinco o seis días, ni semanas, ni años. Sabía que Alejandro había marcado mi vida para siempre.
Antes de conocerlo, era una mujercita gris, pero autosuficiente, hermosa e inteligente. Ahora, dos años después era una versión pervertida de lo que solía ser. Me había convertido en una persona desdeñosa, alguien que no sabía gratificar a otros, que siempre buscaba el placer propio. Merecía placer, merecía dejar de sufrir… y por sobre todas las cosas: no podía parar de imitarlo.
Alejandro es la persona más egoísta y centrada en sí mismo que conozco, que conocí durante todos estos años. No puede parar de hacer maldades, no puede consigo mismo. Necesita, supongo, escarbar en lo más profundo de las personas en busca de un punto débil. Y va a usar sus tácticas de degeneración en cualquier persona que se le vuelva de pronto una molestia. Te va a pedir que te relajes, que no lo presiones y por último te va a tirar al basural comunitario para que te coman los buitres.
“Me niego. Me rehúso a que me coman los buitres, voy a pelear hasta que se muera”. Mentira, siempre digo algo y hago lo opuesto. Dejé que los buitres me comieran y peor que eso: dejé que Alejandro me siguiera comiendo compulsivamente. Es decir, seguramente tenía algún desorden alimenticio, o necesidad compulsiva de sexo conmigo, no lo sé. Si tengo que rescatar algo de esos ocho meses juntos es la atracción entre nuestros cuerpos. Nos veíamos y teníamos que tocarnos, hacernos el amor indefinidamente, sin tiempo, sin lugar, sin porqués. Una atracción que jamás desarrollé con otra persona y que sé que él
tampoco pudo experimentar. “Tenemos una atracción sexual innegable”-dijo alguna vez. Y era cierto. Yo no lo entendía hasta que empecé a estar con otros hombres: ninguno se comparaba con él. En ningún aspecto eran confrontables.
Maldito el día en que lo conocí.
Durante los meses siguientes Alejandro se mostró reticente a hablarme. No quería escribirme, ni hablarme, ni verme (justo como el email que le había escrito ese 20 de julio). Eso lo caracterizaba eternamente: su orgullo. Se amaba a sí mismo más que a otros, más que a su perro, a su madre, a mí, a nadie. Se amaba como no había amado a nadie en el mundo y por lo que sé, después de ocho años, sigue piropeándose fervientemente. Y yo simplemente supongo que está bien, es decir, lo de Alejandro recorrió límites insospechados; pero ha de ser divertido amarse a si mismo, como una eterna masturbación. Podría decirse que Alejandro era un pajero.
Esa devoción permanente hacia sí mismo hace que no haya lugar en sus prioridades ni en su mente ni en sus ganas para otra persona (ni nombro al corazón porque todavía no estoy segura de que posea uno; dato a confirmar).
Cuando vivís en Avellaneda y te crees inteligente y emprendedor y por sobre todas las cosas sos un garca, no hay portones ni barreras que te detengan.
Alejandro está convencido que es el hombre más inteligente y mejor dotado de Sudamérica (ya que no tuvo oportunidad todavía de viajar por los siete mares).
Y si es hora de sincerarme, Alejandro no es buenmozo. Quizás hasta podría decirse que es un hombre feo (nariz grande, lunar al costado de los labios carnosos de más, ojos pequeños, achinados, cejas cortas, morocho y en vías de calvicie mortal) y sin embargo su inteligencia te consume, te enamora, te pervierte, te desmorona. Alejandro es un gran orador, me convenció de cualquier cosa, le creí cualquier cosa y quizás hasta todavía le creo. Me pregunto qué pasará en caso de que lea estas páginas, en caso de que le lleguen comentarios, en caso de volver a verlo. No, no. Nada de eso. ¿No?
Sí, pienso que existe la posibilidad de seguir viéndolo, pero es prematuro hablar de eso ahora que faltan tantas anécdotas por contar. Por lo pronto voy a decir algo: mi obsesión alejandrística estaba desarrollada y Cocol al lado de Hogweed era una lágrima de duende enano, casi imperceptible.
Si bien Alejandro pretendía querer alejarse de mí, continuamos hablando todos los días. A veces con despecho, a veces con congoja por extrañarnos y muchas otras veces solo porque necesitábamos tocarnos y sentirnos. Así, terminábamos hablando de por qué nos habíamos peleado, de cuáles eran las fallas en esa pareja corrupta o teniendo charlas sobre sexo a niveles que play boy hubiera calificado como xxxx.
Tanto rogué, tanto lloré, tanto, que finalmente accedió. Nos encontramos en mi ciudad. Volver a verlo después de dos meses me provocó un colapso en el sistema nervioso. Me senté, solemne, en su auto y me preguntó qué quería hacer.
Le dije que teníamos que hablar, entonces manejó hasta una confitería. Una vez sentados en la cafetería encendí un cigarrillo. Estaba nerviosa, Alejandro no me tocaba, no existía el contacto físico. Los dos estábamos conmovidos por el encuentro. Entonces le pregunté si quería un poco de mi cigarrillo; sorpresivamente me dijo que sí (¡Alejandro no fuma!) pero un segundo más tarde entendí todo. La forma cómo tomó el cigarrillo, rozando suavemente mis dedos, era casi tan erótica como la manera en que me estaba mirando mientras lo hacía.
Aunque habíamos prometido no hacerlo, terminamos yendo a un cuarto de hotel. No era algo que pudiésemos decidir, vernos y no tener sexo estaba lejos de nuestra imaginación más remota. A partir de aquel día de abril, éramos adictos uno al sexo el del otro, era exageradamente placentero tocarnos y poseernos, por eso no era una opción dejar pasar la oportunidad. No era opción.
Entré primero, me quedé parada mirando alrededor. Una cama con sábanas de seda azules, una caja plástica que con seguridad era el control de las luces y los volúmenes de radios, televisores y demás; mesas de luz atiborradas de preservativos baratos, una alfombra maloliente y la sensación de que esa habitación acumulaba más polvo del que podía apreciar a simple vista. No me gustaban los hoteles, me gustaba él y estaba dispuesta a cualquier cosa, a cualquier lugar, a cualquiera.
Él entró luego (se quedó estacionando el auto y cerrando la cortina, en caso de que le diera vergüenza que alguien identifique la patente de su auto, quién sabe) y me miró casi sin detenerse. Dio una vuelta a la habitación con la mirada y se sentó en la cama con los brazos hacia atrás formando un triángulo con su espalda y la cama. Me miró. Empecé a desvestirme sola. Nunca me había desvestido sola, siempre esperaba a que él lo hiciera. Ahora me desvestía sola mientras hablaba de una amiga y los exámenes del colegio. Como si en vez de estar desvistiéndome para tener sexo con un hombre lo estuviera haciendo en un probador de una casa de ropa con una amiga de toda la vida (en el caso de que tuviera amigas de toda la vida).
Él seguía mirándome. Mientras, yo me despojaba de las botas negras y las medias de lycra. Me senté en la cama, pocos centímetros lejos de él y seguí hablando:
“no sé por qué nos fue mal en ese examen –mientras me sacaba el corpiño-habíamos estudiado. Lo cierto es que esa profesora nos odia”. Alejandro
entendió que mi charla acerca del colegio era producto de una negación sobrehumana que mi inconsciente estaba conjurando sobre mí. Me miró sonriendo y se tiró encima de mí casi sin que me diese cuenta. No me interesaba darme cuenta, necesitaba que estuviera adentro mío lo más rápido posible, quería olvidarme del colegio y de todo lo que había pasado con él; quería olvidarme de que estaba en un hotel y que en una hora nos tendríamos que ir, y que no iba a verlo en muchísimo tiempo. No quería pensar que lo único que nos unía era el sexo, pero… necesitaba ese sexo, aunque no fuese lo único que necesitaba.
Estábamos ya los dos desnudos y Alejandro estaba encima de mí cuando simultáneamente sentí placer y una opresión en el pecho, una angustia mortal, esclavizante, que aunque traté de disuadir me violó hasta lo más profundo. Se dio cuenta. Paró, me miró. Me preguntó por qué lloraba. Yo tenía los ojos rojos (lo sé porque me arden mucho cuando los tengo así) y las lágrimas parecían salir de la fuente de Salmacis, nunca paraban, no iban a parar, no pretendían hacerlo.
Me sentía horrible: quería sentir su piel, su cuerpo, pero no quería tener sexo. Necesitaba estar al lado suyo, abrazarlo, quizás hasta verlo dormir; pero tener sexo no era compatible con la angustia existencial que vivía dentro de mí en ese momento. Sí, claro que no iba a poder tenerlo desnudo al lado mío si no hacía lo que fuera por seducirlo y hacer que me lleve a un hotel, pero no era lo que yo quería. Simplemente necesitaba verlo tranquilo, con su tergiversada mente dormida.
Le dije que lloraba porque tenía mucho miedo de perderlo, de que esa fuera la última vez que hiciéramos el amor, que lo vería indefenso y entregado.
“Gorda, nunca me vas a perder. Nunca”.
Y ese año, no lo volví a ver.