
La nave de los locos
El prólogo es una pieza aparte: tres escritores discuten durante un viaje qué debe ser una novela, y Baroja le niega al ensayista del grupo que el género tenga un molde único. Después arranca la historia. Alvarito Sánchez de Mendoza, hijo de un hidalgo carlista, vive acogido en casa de Chipiteguy, un trapero de Bayona. Cuando se lo llevan secuestrado y piden treinta mil francos de rescate, cruza la frontera por Vera con Manón, la nieta, que se corta el pelo y viaja vestida de muchacho. Aviraneta, el conspirador que sostiene el ciclo, intriga entretanto a orillas del Bidasoa. El rescate es solo el arranque: luego viene un recorrido largo por Castilla y el Maestrazgo, entre partidas, curas y desertores. El título sale de los grabados de un viejo libro de Sebastián Brant que Alvarito ve en el almacén.






