
Los cuatro jinetes del Apocalipsis
Don Julio Madariaga hizo fortuna con ganado en la pampa y sus dos hijas acabaron casadas con inmigrantes: al francés lo aceptó de buena gana, al alemán lo echó de la estancia cuchillo en mano. Parece un detalle de familia hasta que estalla la guerra de 1914 y sus nietos van a parar a trincheras enfrentadas. Blasco Ibáñez sigue sobre todo a Julio Desnoyers, el nieto argentino instalado en París, que baila tango, pinta poco y anda enredado con una mujer casada; la movilización lo desordena todo. El título viene de la visión que le describe un vecino ruso a partir del Apocalipsis. Hay capítulos espléndidos: la estancia, el verano parisino que se apaga, el castillo ocupado, el Marne. El autor no disimula de qué lado está y a ratos carga la mano, pero su fuerza visual arrastra.








