
Belarmino y Apolonio
En la Rúa Ruera de Pilares, el Oviedo que Pérez de Ayala rebautizó para sus novelas, trabajan dos zapateros que no se hablan. Belarmino se ha fabricado un idioma propio: palabras corrientes con un sentido que solo él conoce. Filosofa mientras cose, aunque un usurero ya lo dejó sin taller. Apolonio, enfrente, escribe dramas en verso, vive como si estuviera en escena y descuida el negocio. La enemistad se les enreda con los hijos, porque Angustias y Perico se enamoran, se escapan y los separan a la fuerza. Los viejos acaban en el mismo asilo de caridad, y es allí, con todo perdido, donde por fin se hablan. Lo cuenta un huésped de una pensión madrileña que va juntando versiones ajenas, y un capítulo entero mira la misma calle desde dos lados. Cierra el volumen un diccionario del habla belarminiana.
