
Mala hierba
Manuel Alcázar tiene dieciocho años al empezar esta segunda parte de la trilogía madrileña de Baroja, y todavía cree que el trabajo va a salvarlo. Lo primero que le sale es una estafa: papeles falsos, un nombre prestado y una baronesa que lo hace pasar por el hijo perdido de un viejo rico. Después el oficio de cajista, el asilo, una mañana en la estación esperando a que alguien le deje llevarle la maleta. Nada le dura. Su primo Vidal le da cincuenta duros y una tarjeta con las horas a las que apostar: en el garito lo quieren de gancho. Le tienden la mano Roberto Hasting y la Salvadora, costurera de una entereza que a él le queda grande. Baroja avanza en escenas cortas y secas, sin sermonear y sin compasión fácil. No hace falta haber leído La busca.






