Besos robados
Capítulo 15
Ninguna emoción reveló el rostro de Clay, pero Rorie podía percibir el rígido control que ejercía sobre sí mismo. Las palabras de Dan lo habían afligido.
—¿Es verdad eso, Rorie? —preguntó después de un momento.
Los dedos de Dan se apretaron dolorosamente sobre los hombros femeninos.
—Esta noche hablábamos acerca de casarnos, dile, querida.
La mirada de Rorie se negaba a separarse de la de Clay. Dan sabía que ella estaba enamorada de otro hombre. Pero nada lograría diciéndole a Clay que siempre lo amaría, en especial si iba a casarse con Kate en unas cuantas semanas.
—Sí, Dan me lo propuso.
—Estoy loco por Rorie y lo he estado por meses —anunció Dan, mirando de frente a su competidor. Habló por unos cuantos minutos más, delineando sus metas. En diez años más, planeaba tener asegurado su porvenir, económicamente hablando, y esperaba retirarse.
—Dan tiene un brillante futuro —repitió Rorie.
—Ya veo —Clay dejó su taza de café sobre la bandeja, luego miró el reloj y se puso de pie—. Supongo que debo volver al Cow Palace.
—¿Cómo… cómo te va en la exhibición? —preguntó Rorie, perturbada, no queriendo que se fuera.
—Voy exactamente como esperaba —las palabras estaban recortadas, como si estuviera impaciente por irse.
—Te acompaño —dijo Rorie, consciente de que no podría retenerlo más.
—Voy contigo —expresó Dan.
Rorie lo miró.
—No, no lo harás.
—Me dio gusto verte de nuevo —manifestó Clay, con la mano sobre la puerta. Avanzó un paso y estrechó la mano de Dan.
—Fue un placer —expresó Dan en un tono que indicaba exactamente lo contrario.
—Para mí también —Clay dejó caer su mano.
—Me alegra que hayas venido —pronunció Rorie con tranquilidad—. Fue… agradable verte —las palabras sonaban vacías, sin significado.
El asintió bruscamente, abrió la puerta y caminó hacia el pasillo.
—Clay —llamó ella, siguiéndolo, con el corazón martilleando con tanta fuerza que parecía hacer eco en las paredes.
Clay se detuvo y se volvió con lentitud.
Ahora que tenía su atención, Rorie no sabía qué decir.
—Lamento el modo en que se comportó Dan.
—No te preocupes por eso.
—¿Te veré de nuevo?
—No lo creo —miraba más allá de ella como si pudiera ver a través de la puerta del apartamento—. ¿De verdad amas a ese tipo?
—El… ha sido un buen amigo.
Clay avanzó dos pasos hacia ella, luego se detuvo. Como si fuera contra su sensatez, levantó una mano y le acarició ligeramente el rostro. Rorie cerró los ojos para disfrutar de las sensaciones que provocaba esa sencilla acción.
—Sé feliz, Rorie. Es todo lo que quiero para ti.
La lluvia no cesaba durante la última semana de septiembre y las melancólicas tardes oscuras combinaban con el humor de Rorie. Normalmente, el otoño era un tiempo productivo para ella. Se sentó ante su escritorio, la computadora zumbaba alegremente mientras la chica leía la acumulación del trabajo de un fin de semana completo: un solo párrafo.
Hubo un tiempo en que podía escribir cuatro o cinco páginas por noche después de regresar de la biblioteca. Quizás el problema radicaba en la historia que había elegido. Quería escribir acerca de una joven potranca llamada Nightsong, pero cada vez que comenzaba, sus recuerdos de la verdadera invadían sus pensamientos, entorpeciendo el flujo creativo.
Era lunes por la noche y estaba mirando la pantalla, convencida de que nada que escribiera tenía mérito. La única razón por la que seguía intentándolo era que Dan la había presionado. El parecía creer que el mundo de Rorie se normalizaría una vez que esta volviera a producir cálidos y alegres cuentos infantiles.
El teléfono sonó y, contenta por la interrupción, Rorie corrió a contestar.
El inconfundible zumbido de una llamada de larga distancia se oyó.
—¿La señorita Rorie Campbell?
—Sí, soy yo.
—Le llama Devin Logan.
Hizo una pausa, como si esperara que ella reconociera el nombre. No lo reconoció.
—¿Sí?
—Devin Logan —repitió—, del Ayuntamiento del Pueblo de Nightingale, Oregon —hizo una pausa—. Creo que conoce a mi hija Kate.
—Sí, recuerdo a Kate —si su corazón continuaba a ese paso, Rorie pensó que se desmayaría—. ¿Sucedió algo?
—No que yo sepa. ¿Usted está enterada de algo que yo ignoro?
—No lo creo —esa conversación la estaba volviendo loca.
Devin Logan aclaró su garganta y cuando habló, su voz adquirió un tono más profundo.
—Le estoy llamando por un asunto oficial. Votamos en la junta del Ayuntamiento para contratar una bibliotecaria de tiempo completo.
—Felicidades, Kate mencionó que la biblioteca la atendían voluntarios de medio tiempo.
—Se acordó ofrecerle a usted el puesto.
Rorie casi deja caer el auricular.
—¿Perdón?
—Mi hija logró convencer al Concejo de que necesitamos un bibliotecario de tiempo completo para nuestro nuevo edificio. También nos persuadió de que usted era la mujer indicada.
—Pero… —apenas podía creer lo que escuchaba y Rorie se dejó caer contra la pared de la cocina. El siguiente comentario de Devin fue aún más sorprendente.
—Igualaremos lo que le pague la biblioteca de San Francisco y le proporcionaremos una casa en el pueblo… sin pagar renta.
—Yo… —la mente de Rorie zumbaba. Kate obviamente pensó que le estaba haciendo un favor, cuando de hecho, estar tan cerca de Clay sería un tormento.
—¿Señorita Campbell?
—Me siento honrada —repuso con rapidez, todavía tambaleándose por la sorpresa—, pero voy a tener que negarme.
Siguió un momento de silencio.
—Está bien… estoy autorizado para aumentar el ofrecimiento un diez por ciento sobre la cantidad que está ganando actualmente, pero esa es nuestra última palabra. Estaría usted ganando lo mismo que el jefe de bomberos y él no va a permitir que el Concejo le pague a una bibliotecaria más que a él.
—Señor Logan, por favor, el salario no es la razón por la que estoy declinando su generosa oferta. Quiero que sepa cuánto aprecio que me ofrezca el puesto. Se lo agradezco y dé las gracias a Kate en mi nombre, pero no puedo aceptar.
Otro silencio, aún más largo, vibró a través de la línea, como si él no pudiera creer lo que escuchaba.
—¿Está segura? Señorita Campbell, estamos siendo más que razonables… más que generosos.
—Me doy cuenta. De hecho, estoy muy sorprendida y halagada por su propuesta, sin embargo, no puedo aceptar.
—Kate tenía la sensación que daría un salto al trabajo.
—Estaba equivocada.
—Ya veo. Bien, entonces, me dio gusto hablar con usted. Lamento que no hayamos tenido oportunidad de conocernos cuando estuvo usted en Nightingale. Quizá la próxima vez.
—Quizá —solo que no habría una próxima vez.
Rorie mantuvo la mano sobre el auricular mucho tiempo después de haber colgado.
Había recuperado un poco la compostura cuando sonó el timbre. Una mirada al reloj de pared le indicó que era Dan, quien prometió ir esa noche. Se irguió esforzándose por sonreír y caminó con lentitud hacia la puerta.
Dan entró, llevando una bolsita blanca.
—¿Qué es eso? —preguntó Rorie.
—Yogurt congelado. Lo indicado para una chica con un teclado caliente. ¿Cómo va tu escrito? —se inclinó hacia adelante para besarla en la mejilla.
Rorie caminó de nuevo hacia la cocina y colocó el recipiente en el congelador.
—Igual. Si no te importa, comeré esto más tarde.
—Rorie —Dan la tomó de los hombros y estudió su rostro—, estás tan pálida como un gis. ¿Qué sucede?
—Yo… es que acabo de colgar el teléfono. Me ofrecieron otro trabajo como bibliotecaria en jefe…
—Querida, es maravilloso.
—En Nightingale, Oregon.
El cambio en la expresión de Dan fue casi cómico.
—¿Qué les dijiste?
—Me negué.
El exhaló un gran suspiro de alivio. Sus ojos brillaban y la abrazó impulsivamente.
—¿Eso significa lo que creo? ¿Al fin te olvidaste de ese vaquero, Rorie? ¿Al fin consentirás en ser mi esposa?
Rorie bajó la vista.
—Oh, Dan, ¿no comprendes? Nunca olvidaré a Clay. Ni la semana, el mes o el año próximo —su voz estaba llena de dolor y de convicción.
La sonrisa de Dan se desvaneció con rapidez y dejó caer los brazos.
—Ya veo —se apoyó contra el mostrador y después de un largo momento, suspiró pensativo—. Haría cualquier cosa en este mundo por ti, Rorie, pero creo que es tiempo de que afrontemos unas cuantas verdades.
Rorie había querido afrontarlas hacía largo tiempo.
—Tú nunca vas a amarme del modo en que amas a ese jinete. No podemos seguir así. No nos hace nada bien a ninguno de los dos fingir que tus sentimientos van a cambiar.
—Lamento lastimarte, es lo último que quería hacer —declaró ella con sinceridad.
—No es que yo no lo supiera —admitió Dan—. Fuiste sincera conmigo desde el comienzo. Ese campesino te ama. Lo supe desde el momento en que cruzó la calle sin notar siquiera el tránsito. Todo lo que tiene que hacer es mirarte para revelar sus sentimientos. Puede estar comprometido con otra mujer, pero es a ti a quien ama.
—Yo no encajaría en su mundo.
—Rorie, estás perdida y confundida en el tuyo ahora.
Se mordió el labio inferior y asintió. Hasta que Dan lo dijo, no se había dado cuenta de lo cierto que era. Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que Clay perteneciera a Kate. Ella iba a casarse con él al mes siguiente.
—Lo siento, Rorie —expresó Dan, completamente serio—, no nos casaremos.
Rorie casi se carcajea ante el anuncio de Dan. No se había planeado ninguna boda. El le había pedido que se casara con ella al menos diez veces desde que regresó de sus vacaciones, y cada vez, ella se había negado.
—No quise engañarte —se disculpó ella, genuinamente contrita.
Dan encogió los hombros.
—El dolor solo durará un poco. Supongo que es tiempo de pasar la voz de que estoy disponible —subió y bajó las cejas, esforzándose por hacer un chiste.
—Fuiste un buen amigo.
Dan tomó el rostro de Rorie y la besó.
—Sí, lo sé. Ahora, no desperdicies ese yogurt… ya estás muy delgada.
Ella sonrió y asintió. Cuando Dan salió del apartamento, Rorie cerró la puerta y se apoyó contra ella, sintiéndose exhausta, pero curiosamente calmada.
Dan tenía poco de haberse ido, cuando el teléfono de Rorie sonó de nuevo. Corrió a la cocina a contestar.
El sonido de la larga distancia la saludó una segunda vez.
—¿Rorie? Habla Kate Logan.
—¡Kate! ¿Cómo estás?
—Muy mal, pero no te llamé para hablar de mí. Quiero saber por qué te negaste a ser la bibliotecaria de Nightingale… después de todo lo que pasé. No puedo creerlo, Rorie. ¿Cómo puedes hacerle esto a Clay? ¿No lo amas?