Besos robados
Capítulo 5
—Tú y Clay están comprometidos —murmuró Rorie sin poder ocultar su sorpresa. De algún modo, Rorie logró sonreír, incluso pudo felicitarla. Nadie sabría que aquellas sencillas palabras habían destruido una noche que planeaba atesorar toda la vida.
—Espero que tú y Clay sean muy felices —murmuró Rorie… y lo decía en serio.
Aunque acababa de conocer a Kate Logan, Rorie sabía que esta dulce y amigable mujer era exactamente la que necesitaba un hombre como Clay.
—Skip está apresurando las cosas un poco —indicó la rubia, mas el brillo del amor en sus ojos contradecía sus palabras—. Clay no me ha dado todavía un anillo de compromiso.
—Tú y él han hablado acerca de casarse, ¿o no? —presionó Skip—. Y tú estás loca por él.
Kate se ruborizó.
—Amo a Clay desde que tenía diez años. Escribí su nombre en todos mis libros cuando estaba en quinto grado. Por supuesto, él nada tenía que ver conmigo, pues ya cursaba la segunda enseñanza. Yo solo era la molesta niñita de al lado. Le tomó un tiempo fijarse en mí… como diez años —emitió una risita—. Hemos salido desde hace dos años.
—¿Pero tú y Clay van a casarse, correcto? —continuó Skip, queriendo probar su punto.
—No hemos fijado una fecha, aunque estoy segura de que será pronto — contestó Kate, lanzando una mirada aguda a Rorie.
El nudo en la garganta de esta se aflojó, y pudo mantener intacta su sonrisa. Era casi imposible que no le simpatizara Kate, sin embargo, eso no aminoraba el dolor de su corazón.
—La boda es inevitable —declaró Skip con espontaneidad—, así que no exageraba cuando te presenté como la prometida de Clay.
Kate sonrió.
—Supongo que no. Nos amamos, lo hemos hecho por años. Solo estamos esperando el tiempo preciso —continuaba mirando con fijeza a Rorie, evaluándola, pero no parecía preocupada por la competencia.
—Iba a llevar a Kate a ver a Nightsong —explicó Skip a Rorie.
—En realidad vine a Elk Run a conocerte —manifestó la otra mujer—. Clay se detuvo anoche y me contó acerca de tu auto. Sentí horrible por ti. Tus vacaciones arruinadas, debes de estar muy molesta.
—Estas cosas suceden. El enfadarme nada soluciona. Lo único que puedo hacer, es aceptar los hechos.
Kate asintió, condoliéndose.
—Skip iba a mostrarme la potranca. Vendrás con nosotros, ¿verdad?
Rorie asintió, incapaz de disculparse sin parecer grosera. Si hubiera habido un modo, se habría retirado a lamer sus heridas en privado.
Skip las guio hacia el granero, que estaba en plena actividad. Clay había explicado que Elk Run empleaba a cinco hombres de tiempo completo. Dos que limpiaban las casillas, hicieron una pausa cuando Skip y las chicas entraron en el edificio. Skip presentó a Rorie y ellos tocaron las puntas de sus sombreros como saludo.
—No entiendo a Clay —manifestó Skip mientras se aproximaban a la casilla de la yegua—. Cuando compramos a Star Bright hace unos cuantos años, todo lo que Clay hacía era quejarse de ese nombre tonto. Hasta contempló la idea de que le cambiaran el registro.
—Star Bright es apropiado —insistió Kate, con los ojos azules fijos en la potranca recién nacida, que estaba mamando.
Nightsong estaba ahora parada sobre sus nudosas y flacas piernas que amenazaban con doblarse.
—Oh, de verdad es encantadora, ¿verdad? —susurró Kate.
Rorie no pudo dejar de mirar la potranca desde el momento que se aproximaron a la casilla. Al terminar su desayuno, Nightsong miró a alrededor, fascinada por todo lo que veía. La joven potranca devolvió la mirada a Rorie, como si reconociera a la mujer que estuvo allí durante su nacimiento.
—Lo que no puedo comprender —murmuró Skip—, es porgué Clay le puso Nightsong. Insiste en que fue idea suya. Yo no le creo.
—Pero el nombre le queda. Suena romántico, ¿no crees? —suspiró Kate.
—Tú sabes lo que Clay piensa del romance y eso lo hace todo más confuso. Nightsong está destinada a proporcionarnos buen dinero en un año o dos. Su padre fue un caballo árabe y con la estirpe de Star Bright, Nightsong proporcionará buen dinero en la Exhibición Nacional Equina.
—Skip —la voz cortante de Clay los interrumpió.
Caminó desde el ruedo conduciendo una yegua baya. El pelo del animal brillaba de sudor, volviendo su color del tono de una hoja de roble en otoño. El hombre del establo se aproximó a tomar las riendas. Entonces, Clay se quitó el sombrero, limpiando su frente con su antebrazo, y Rorie notó el vendaje que aplicó la noche anterior. No, esa mañana.
Miró ansiosa el rostro bronceado de Clay.
Este se detuvo en seco al ver a Kate, y sus ojos se entrecerraron.
—Buenos días, Kate.
—Hola, Clay.
Luego, su mirada se movió con lentitud hacia Rorie.
—Espero que hayas dormido bien —fue todo lo que dijo.
—Bien.
—Solo estábamos admirando a Nightsong —explicó Kate, con expresión tierna.
—Hablábamos de ella y no puedo comprender por qué le pusiste ese nombre —dijo Skip, con la boca torcida por la risa apenas suprimida—. Te gustan nombres como Brutus o Firepower, ¿pero Nightsong? Creo que estás sintiendo afecto por nosotros —pensando que era chistoso, Skip rio y añadió —: Supongo que así afecta el amor a un hombre.
Kate sonrió, complacida.
—¿No te pedí que les dieras agua a los caballo desde hace varias horas? —Clay preguntó en un tono que habría podido hacer trizas una roca.
—Sí, pero…
—Entonces, hazlo. El herrador estará aquí en cualquier momento.
El humor escapó de los ojos de Skip; estaba claramente molesto por la ira de Clay. Sus ojos se movían de su hermano a las dos mujeres y de nuevo a Clay.
—Está bien —murmuró—. Discúlpenme —salió del granero, golpeando el sombrero contra su muslo en un estallido de cólera.
Kate esperó hasta que Skip se alejó.
—¿Clay, qué sucede?
—Debía haber hecho lo que le ordené desde hace rato. Esos caballos en el pastizal están sedientos por su incompetencia.
—Conmigo debías enfadarte, no con Skip —la voz de Kate era contrita—. No debí venir sin llamar primero, pero… quería conocer a Rorie.
—Tú has estado aquí unos cuantos minutos —insistió Clay—. Skip tuvo tiempo suficiente para completar sus tareas antes que tú llegaras.
Rorie lanzaba dagas invisibles a Clay. Skip le había presentado a la prometida de Clay. Eso era en realidad lo que le disgustaba.
—Vinimos aquí a ver Nightsong —continuó Kate—. Me alegra que le hayas puesto ese nombre, no importa lo que piense Skip —le rodeó la cintura con un brazo y apoyó la cabeza contra el amplio pecho de Clay—. Solo estaba bromeando y sabes que le encanta hacer eso.
Clay le dirigió una sonrisa distraída, pero su mirada se clavó con perturbadora serenidad en Rorie. La súplica de paciencia y comprensión que le enviaba era tan obvia, que Rorie se preguntaba por qué los demás no se percataban de lo que sucedía.
Como si de pronto recordara algo, Kate dejó caer su brazo y miró con rapidez su reloj. Vaciló y luego gruñó.
—Le prometí a papá que lo acompañaría a comer hoy. Se está reuniendo con los demás miembros del ayuntamiento en una de esas juntas horriblemente aburridas. Me necesita como excusa para salirse —se detuvo de pronto, con una expresión de tristeza—. Supongo que eso explica lo informal que es todo en Nightingale, ¿verdad, Rorie?
—El pueblo parece progresar —no sabía si era verdad o no, pero sonaba bien.
—Odia estas cosas, pero le gusta el prestigio de ser miembro del ayuntamiento… algo de lo que siempre bromeo.
—Te acompañaré a tu auto —ofreció Clay.
—Oh, no hay necesidad. Estás ocupado. Además, quería hablar con Rorie para verla mañana y mostrarle el pueblo. Espero que tú hayas recordado invitarla al baile de mañana en la noche. Estoy segura de que a Luke le encantará acompañarla.
—Oh, no podría entrometerme —expuso Rorie.
—Tonterías, eres más que bienvenida. Y no te molestes por no tener la ropa adecuada para una contradanza, porque yo tengo más atuendos de los que necesito. Somos más o menos de la misma talla —dijo Kate, mirándola —. Quizás estés más alta, pero no tanto para que no puedas usar mis faldas.
Rorie sonrió con suavidad.
—Conociéndote a ti y a Skip —increpó Kate a Clay—, la pobre de Rorie estará metida en Elk Run por los próximos cuatro días volviéndose loca de aburrimiento. Lo menos que puedo hacer, es encargarme de que se entretenga.
—Qué amable de tu parte —dijo Rorie, pensando que cuanto más pronto volviera a la carretera, más a salvo estaría su corazón.
—Pensé en llevarte a un pequeño recorrido por nuestro pueblito en la mañana —continuó Kate—. Es chico, pero la gente es amigable.
—Me encantaría conocer Nightingale.
—Clay —la brusca voz de un ayudante de la granja los interrumpió—. ¿Podrías venir un momento?
Clay miró al hombre y asintió.
—Es mejor que averigüe qué necesita Dan.
—Tendrán que disculparme —anunció Clay.
—Por supuesto —repuso Kate—. Te veré más tarde, cariño.
Clay asintió y partió con pasos firmes.
La rubia comenzó a caminar hacia el patio. Rorie la siguió, ansiosa de escapar del granero y de todos los recuerdos asociados con él.
—Clay nos contó que eres bibliotecaria —dijo Kate cuando llegó al Ford estacionado a la entrada—. Si quieres, puedo llevarte a nuestra biblioteca. Construimos una nueva el año pasado y estamos orgullosos de ella. Sé que es pequeña comparada con el lugar donde trabajas, pero creo que te gustará lo que hicimos.
—Me encantaría verla.
—Te recogeré alrededor de las diez mañana, si te es conveniente.
—Estará bien.
—El plan es pasar la tarde conmigo y nos reuniremos con Clay y Skip en el baile más tarde.
Rorie accedió, aunque su entusiasmo era decididamente escaso. Cómo se burlaría Dan de ella si alguna vez descubría que había pasado parte de sus vacaciones bailando contradanza.
—Adiós por ahora —se despidió Kate.
—Adiós —murmuró Rorie, despidiéndose con la mano. Se quedó en el patio hasta que él auto de Kate desapareció de su vista. Sin saber qué más hacer, vagó de regreso a la casa, donde Mary se ocupaba en la preparación de la comida.
—¿Puedo ayudar?
En respuesta, la señora abrió un cajón y una vez más le entregó un pelador. Rorie comenzó a quitar la cáscara a una manzana roja.
—Supongo que no sabes de cocina.
—Me las he arreglado para no morir de hambre los últimos años.
Un rastro de diversión relampagueó en el rostro de la mujer.
—Si juzgara tu talento en la cocina solo por tu apariencia, diría que matarías a tu esposo de hambre en una semana.
—Si insinúas que estoy delgada, cuidado porque puedo echarte los brazos al cuello y besarte.
La otra mujer sonrió ante eso. Unos cuantos minutos transcurrieron mientras acomodaban manzana tras manzana.
—Recibí una llamada de mi hermana —expresó Mary, fijando la vista en Rorie, luego en su trabajo—. Va a ir a Riversdale y quiere saber si puedo verla allá. Solo va a estar un día en Oregon.
Eso era lo máximo que Mary había dicho a Rorie desde su llegada. La mujer mayor estaba bajando la guardia y extendiendo una mano amistosa.
—Me gustaría visitar a mi hermana.
—Creo que deberías hacerlo —le tomó a Rorie otro minuto imaginar hacia dónde dirigía Mary esa tortuosa conversación. Luego, repentinamente comprendió—. Oh, estás buscando que alguien cocine mientras tú te ausentas.
Mary encogió los hombros como si eso no le preocupara.
—Es solo una comida, dentro de dos noches. Podría dejarla preparada antes de irme. Lo que me preocupa es la cena. Solo cenan Clay y Skip, los demás hombres van a su casa en la noche.
—Bien, relájate, porque estoy segura de que puedo preparar una cena sin matar a alguien.
—¿Estás segura?
—Como mis habilidades parecen preocuparte, ¿cómo te sentirías si invitara a Kate Logan a ayudarme?
Mary asintió y suspiró.
—Estaría más tranquila.
Rorie se quedó en la cocina hasta que los platos de la comida estuvieron lavados y en su lugar. Mary agradeció la ayuda, luego fue a su dormitorio a ver sus telecomedias diarias.
Sintiéndose un poco perdida, la chica vagó por el exterior y entró en el establo. Desde que Clay le mostró la computadora, decidió pasar la tarde trabajando en la oficina.
El área estaba desierta, lo que la tranquilizó.
Rorie se sentó a mecanografiar la información por alrededor de una hora, antes que su cuello y hombros comenzaran a acalambrarse. Hizo una pausa, flexionando los músculos, luego giró la cabeza para aliviar la tensión.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
La áspera voz masculina atrás de ella la asustó. Su mano voló a su corazón y suspiró.
—¡Clay! Cielo Santo, me espantaste.
—¿Cuánto tiempo? —repitió.
—Una hora, más o menos —miró su reloj y asintió.
Clay avanzó un paso hacia ella, su boca era una delgada línea de impaciencia.
—Supongo que estás esperando una disculpa.
Rorie no respondió. Había aprendido a no esperar algo de él.
—Vine a decirte que no vas a recibir ninguna —declaró tajante.