Besos robados

Debbie Macomber · Capítulo 17 de 17

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Besos robados

Capítulo 17

 

Rorie se hallaba atrapada entre los brazos de Clay, y por un momento no pudo respirar. Pero eso no importaba. Lo que importaba era que estaba con el hombre al que amaba y que él la estrechaba como si no pensara liberarla.

Clay la besó una y otra vez, vacilante al principio, con ansia después. Las palmas de las manos de Rorie presionaban el pecho de Clay, y sintió el rápido palpitar de su corazón.

—Rorie… Rorie, no creo que estés aquí.

Clay exhaló un profundo suspiro, enmarcó el rostro de Rorie y la miró fijamente.

—Mary no estaba bromeando, ¿verdad? ¿Eres la nueva bibliotecaria?

Rorie asintió, sonriéndole; la felicidad brillaba en sus ojos.

—No voy a regresar a San Francisco. Dejé mi apartamento, guardé todas mis pertenencias y renuncié a mi trabajo, avisándoles apenas con dos días de anticipación.

Rorie se había enamorado de Clay, atrapada en la magia de una noche especial en que nació una potranca. Pero sus sentimientos se extendían mucho más lejos que los eventos de una sola noche y de los días que pasaron juntos. Su amor por Clay se había convertido en una parte esencial de ella. Clay frunció el ceño y sus facciones se contrajeron brevemente.

—¿Y Dan? Pensé que ibas a casarte con él.

—No pude —contestó ella, luego sonrió con ternura, dibujando el rostro de él con sus manos.

—Pero…

—Clay —interrumpió ella—, ¿por qué no me dijiste aquella noche en San Francisco que habías roto tu compromiso con Kate? —sus ojos se nublaron por la angustia del recuerdo—. ¿No te dabas cuenta de lo infeliz que me sentía?

Una mueca de dolor transformó el rostro viril.

—Todo lo que noté fue que estaban juntos tú y el corredor de bolsa. Ambos hablaban sobre su brillante futuro. Yo no podía darte las cosas que él te ofrecía. Y si eso no fuera suficiente, era obvio que Dan estaba enamorado de ti —con gentileza, Clay retiró el cabello de la sien de Rorie—. Podía comprender lo que significaba amarte y entre nosotros, él parecía el mejor candidato.

Rorie bajó la cara y gruñó de frustración.

—¿Cómo pudiste pensar tal cosa, si te amo tanto?

—Rorie… —se detuvo y un músculo saltó en su mandíbula—. Dan puede darte mucho más que yo. En unos cuantos años, va a ser muy rico… tiene el éxito escrito en él. Además es un buen hombre.

—El es una buena persona y probablemente será un buen esposo, mas no el mío.

—El podría darte cosas que yo nunca podré…

—Clay Franklin, ¿me amas o no?

Clay exhaló lentamente, observándola.

—Ya sabes la respuesta.

—Entonces deja de discutir conmigo. No amo a Dan Rogers, sino a ti.

—Tú perteneces a la ciudad.

—Te pertenezco a ti —repuso ella.

El no habló durante un largo momento.

—No puedo discutir eso —susurró al fin, con voz ronca por la emoción —. Que Dios me ayude, no tengo fuerzas para dejarte ir una segunda vez.

Clay la besó de nuevo, su boca se deslizó sobre ella como si todavía no pudiera creer que estaba en sus brazos. Rorie se estrechó contra él.

El sonido de alguien entrando en la habitación se filtró en la conciencia de la chica, pero no pudo apartarse de los brazos de Clay.

—¡Rorie! —gritó Skip, con voz aguda y excitada—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Al fin soltó a Clay y se volvió hacia el adolescente que la rescató aquella tarde de agosto.

—Hola, Skip —saludó con suavidad.

Clay deslizó un brazo alrededor de su cintura y ella le sonrió.

—¿Volviste para quedarte? —quiso saber Skip.

Ella asintió, pero antes que pudiera contestar, Clay dijo:

—Te presento a la nueva bibliotecaria de Nightingale —su brazo se apretó alrededor de Rorie.

La sonrisa que iluminó los ojos del adolescente era muy reveladora.

—¿Así que vas a quedarte esta vez? —exhaló un suspiro—. Qué bueno, porque mi hermano ha sido tan difícil de soportar como una víbora de cascabel.

—Yo diría que es un poco exagerado —murmuró Clay, sin aprobar la descripción de su hermano.

—No debiste partir —dijo Skip, suspirando de nuevo—. En especial, antes de la feria del condado.

—¿Nunca me vas a perdonar por perdérmela?

—Debiste estar aquí, fue estupenda.

—Estaré aquí el próximo verano —prometió.

—Rorie se va a quedar aquí toda una vida —informó Clay a su hermano —. Vamos a casarnos tan pronto como podamos arreglarlo —la miró a los ojos, dudoso.

Rorie sofocó la emoción que se elevaba en su interior y asintió, diciéndole con una mirada que se casaría con él, cuanto antes. Skip cruzó los brazos sobre su pecho y los miró con presunción.

—Sabía que algo pasaba entre ustedes dos. Cada vez que yo me acercaba, casi recibía una descarga eléctrica.

—¿Éramos tan obvios?

Skip encogió los hombros con despreocupación.

—No lo creo, aunque yo no estoy muy enterado del amor y esas tonterías.

—Dale tiempo, hermanito —murmuró Clay—, porque cuando te llega, te golpea.

Mary entró en la habitación, llevando un platón con carne.

—¿Así que ustedes dos se van a amarrar?

La risa de todos señaló un alivio a la tensión de las últimas semanas. Clay sacó la silla de Rorie, luego se sentó a su lado. Su mano alcanzó la de ella, entrelazando los dedos.

—Sí —expresó él todavía sonriendo—, nos casaremos tan pronto como pueda conseguir la licencia y hablar con el pastor.

Mary empujó la canasta de pan hacia Skip.

—Bien, no necesitas lamentarte… voy a estar por aquí todavía un par de años hasta que pueda enseñar a esta niña la manera correcta de alimentar a un hombre. Puede ser muy bonita, pero no sabe cocinar una comida decente.

—Apreciaría eso, Mary —declaró Rorie—. Me vendrían bien unas cuantas clases de cocina.

La sonrisa del ama de llaves se amplió.

—Ahora, adelante y coman, antes que las papas se enfríen y la salsa se haga grumosa.

Skip no necesitaba mayor invitación. Alcanzó los rollos, apilando tres a la orilla de su plato.

Mary se estiró y le dio una palmada en la mano.

—Tengo pastel de manzana de postre, así que no te llenes con mis panecillos de mantequilla —su buen humor era evidente mientras supervisaba la mesa, mirando el plato de cada uno, luego volvió a la cocina.

Rorie hizo su mejor esfuerzo para probar un poco de todo. Aunque la comida estaba deliciosa, no tenía apetito.

Después de cenar, Skip desapareció. Mary llevó una bandeja con dos tazas de café a la sala; Clay y Rorie se sentaron en el sofá.

—Ustedes tienen mucho de que hablar, así que pueden beber esto mientras tanto.

—Gracias, Mary —expresó Clay, compartiendo una sonrisa con Rorie.

La mujer mayor dejó la bandeja, luego dio unos golpecitos sobre el cabello canoso a ambos lados de su cabeza.

—Quiero que sepan que estoy muy contenta por ustedes. ¿Ya fijaron una fecha?

—De eso estamos hablando ahora —contestó Clay—. Vamos a llamar a la familia de Rorie a Arizona esta noche, y lo discutiremos con ellos.

Mary asintió.

—No es la mujer que yo hubiera escogido para ti, por ser una chica de la ciudad, pero te hará feliz.

Clay tomó la mano de Rorie.

—Lo sé.

—Tienes un alma generosa —el ama de llaves miró a Rorie y su mirada se suavizó—. Llena esta casa de niños… y de amor. Ha estado tranquila mucho tiempo.

El teléfono sonó en la cocina y, con una mirada renuente, el ama de llaves se apresuró a contestar. Un momento más tarde, asomó la cabeza por la puerta de la cocina.

—Es para ti, Clay. Larga distancia.

El semblante de Clay era de disculpa.

—Es mejor que conteste.

—No necesitas pedirme que me vaya —bromeó Rorie—. Estarás atrapado conmigo por muchos años, Clay Franklin.

El la besó antes de ponerse de pie, luego se dirigió hacia la cocina. Rorie suspiró y tomó su taza entre las manos. Por casualidad, su mirada cayó sobre la fotografía de los padres de Clay, que descansaba encima del piano. Una vez más, Rorie sintió la atracción de los ojos de la señora. Sonrió, comprendiendo muchas cosas. Al momento de entrar en esa casa, Rorie perteneció a Clay y de algún modo, al mirar la fotografía de esa mujer, ella lo había presentido, en lo más profundo de su corazón. Pertenecía a esa casa y a esa familia. Clay regresó unos minutos más tarde, con el viejo Blue siguiéndolo.

—Era una llamada del propietario de uno de los caballos que alojo. Preguntaba sobre su premio —informó, mientras se sentaba al lado de Rorie y colocaba un brazo sobre el hombro femenino. Su mirada siguió la de ella hacia la foto—. Le habrías agradado a mamá.

Rorie dio un sorbo a su café y sonrió.

—Sé que yo la hubiera amado —dejó su taza, rodeó el cuello de Clay con los brazos y lo besó en los labios Tal vez era su imaginación, o una ilusión óptica, pero podía haber jurado que la elegante mujer de la foto sonrió.

Fin

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