Besos robados

Debbie Macomber · Capítulo 7 de 17

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Besos robados

Capítulo 7

 

Sin saber qué esperar, Rorie decidió ponerse un vestido para su salida con Kate Logan. Aunque se levantó temprano, Skip y Clay ya habían desayunado y salido de la casa. Lo cual estaba bien, pensó Rorie.

Mary estaba ante la estufa, friendo pedazos de carne para el asado para la comida.

—Hablé con Clay acerca de que tú preparas la cena esta semana. Dice que no hay problema si todavía estás aquí, pero que es muy probable que te dirijas al norte en unos dos días.

Rorie se sirvió una taza de café.

—Estaré feliz de hacerlo, si sigo aquí. De otro modo, sé que Kate Logan aceptaría, encantada.

Mary se volvió a verla, con la boca abierta. Sus ojos se abrieron evaluándola.

—Oh, oh, te veo lo suficiente bonita para amarrar el corazón de un hombre.

—Gracias, Mary —contestó Rorie, sonriendo.

—¿Me equivoco si pienso que tienes novio allá en San Francisco? — preguntó examinándola de cerca—. Una muchacha como tú debe atraer muchos hombres.

Rorie hizo una pausa para considerar su respuesta. Pensó mencionar a Dan, pero con rapidez decidió que no. Dan siempre sería un amigo especial… pero nada más.

—La pregunta no debería requerir pensarlo una semana —gruñó Mary, revolviendo una gran olla de carne hirviendo.

—Lo siento… solo estaba cavilando sobre algo.

—¿Entonces hay alguien especial?

—No.

—¿Cuándo dijiste que ese lujoso coche iba a funcionar de nuevo?

La abrupta pregunta tomó a Rorie por sorpresa. Mary estaba abiertamente preocupada por la atracción entre ella y Clay.

—El mecánico de Riversdale dijo que debería estar listo pasado mañana.

—¡Bien! —proclamó Mary con vehemencia y volvió a su estofado.

Kate Logan llegó a las diez. Vestía jeans ajustados, blusa a cuadros y una pañoleta de seda blanca anudada al cuello. Su largo cabello rubio estaba peinado en dos gruesas trenzas que caían sobre sus hombros. A primera vista, Kate parecía más cercana a los dieciséis que a los veinticinco años.

Kate le brindó una cálida sonrisa.

—Rorie, no había necesidad de usar algo tan bonito. Debí decirte que te vistieras con ropa informal.

—Traje más vestidos que jeans. ¿De veras voy demasiado elegante? Podría cambiarme —preguntó vacilante.

—Oh, no, estás bien… más que bien —por primera vez, Kate parecía preocupada. La duda que había aparecido en sus rasgos le habría parecido divertida si Rorie no se sintiera culpable.

—Uso muchos vestidos por mi trabajo en la biblioteca —se apresuró Rorie a explicar—. También salgo bastante. He estado viendo a alguien… Dan Rogers… por meses. De hecho, el auto que conducía es de él.

—¿Sales con alguien en especial? —preguntó Kate, con alivio.

—Sí.

Mary tosió ruidosamente y dirigió a Rorie una mirada acusadora; Rorie la ignoró.

—¿No deberíamos irnos?

—Oh, seguro, cuando estés lista.

Una vez afuera, Kate se volvió hacia Rorie. Pareciendo incómoda, deslizó las manos en los bolsillos traseros de sus jeans.

—Te avergoncé y te ofrezco disculpas. No quise implicar que no confío en ti y en Clay.

—No hay necesidad de disculparse. Estoy segura de que sentiría lo mismo si Clay fuera mi prometido.

Kate movió la cabeza.

—Considero que yo debería disculparme. No voy a ser la clase de esposa que Clay quiere, si no puedo confiar en él cuando está cerca de una muchacha bonita.

Si la tierra se hubiera abierto en ese momento, Rorie hubiera caído gustosa. Eso sería mejor que ver a Kate y sentirse atraída por Clay Franklin.

—No te preocupes por mí —comentó con ligereza—. Estaré fuera de la vista de todos en uno o dos días.

—Oh, Rorie, por favor, no es mi intención que apresures tu ida porque tuve un tonto acceso de celos. Ahora me siento terrible.

—Por favor, no. Tengo que irme… quiero irme. Mis vacaciones están suspendidas hasta que el auto funcione y hay muchas cosas que había planeado ver y hacer —hurgó en su bolsa buscando un folleto que llevaba consigo—. ¿Has estado en Victoria o en Vancouver?

—Una vez, pero tenía cinco años, demasiado joven para recordar algo — informó Kate, examinando el panfleto—. Esto parece un viaje divertido. Parece el lugar ideal para que Clay y yo vayamos de luna de miel.

—Sería perfecto para eso —murmuró Rorie. Su corazón se comprimió con un súbito destello de pena, pero controló sus emociones, rezando para que Kate no se diera cuenta—. Estoy ansiosa por visitar Canadá. A propósito, Mary va a ir a Riversdale a ver a su hermana dentro de unos días. Me pidió que me hiciera cargo de la cena si estoy todavía aquí. ¿Te gustaría ayudar? Podríamos divertirnos y conocernos mejor.

—Oh, eso suena estupendo —Kate deslizó su brazo alrededor de la estrecha cintura de Rorie y le dio un estupendo apretón—. Gracias, Rorie. Sé que estás tratando de tranquilizarme, y lo aprecio.

Esa había sido exactamente la intención de Rorie.

—Es probable que parezca egoísta —continuó Kate—, pero me alegro de que se descompusiera tu coche. Me parece que nos convertiremos en las mejores amigas.

 

Nightingale era un pueblito tranquilo. Los negocios se alineaban a ambos lados de la calle principal. Pocos lugares podían ser más diferentes a San Francisco, donde la gente siempre parecía tener prisa.

—La biblioteca está después de la escuela, sobre Maple Street —explicó Kate mientras estacionaba su Ford—. De ese modo, los estudiantes tienen fácil acceso al edificio.

Rorie bajó del auto, oprimiendo automáticamente el botón de la puerta.

—No necesitas hacer eso aquí. No han robado un vehículo en… oh, al menos veinte años.

Los ojos de Rorie debieron revelar asombro, porque Kate añadió.

—Tuvimos problemas en colocar nuestra última emisión de bonos para una nueva patrulla. La gente argumentaba que no se ha cometido un delito en más de dos años. Lo peor que sucede es cuando Harry Akerman se emborracha. Eso sucede una o dos veces al año y lo arrestan por perturbar el orden —se detuvo y sonrió con timidez—. Canta antiguas canciones de amor a Nellie a todo pulmón frente al café. Ellos al parecer fueron novios mucho tiempo atrás. Nellie se casó con otra persona y Harry nunca se recuperó de la pérdida de su único amor.

Rorie miró las tranquilas calles.

—Las estaciones de policía y bomberos están en el mismo edificio — indicó Kate—. Y el único restaurante agradable está en Oak. Si quieres, podríamos comer allá.

—Solo si me dejas invitarte.

—Ni pensarlo. Eres mi invitada.

Rorie decidió no discutir y formuló otra pregunta.

—¿En dónde obtienen provisiones los rancheros? —parecía que una tienda allí sería un gran negocio, sin embargo, no veía ninguna.

—En Garner’s Feed and Supply. Está en las afueras del pueblo… pasaremos por allí en el camino de regreso. Deberíamos dar una vuelta en el auto para que puedas ver un poco más del pueblo. La calle principal es solo una pequeña parte de Nightingale.

Cuando Kate y Rorie caminaron hasta la biblioteca en Maple, la cabeza de Rorie bullía con los nombres de toda la gente que Kate había insistido en presentarle. Al parecer, todos sabían de sus problemas con el auto y estaban ansiosos de hablarle. Varios mencionaron el baile de esa noche y que esperaban verla allá.

—De veras vas a quedar impresionada con la biblioteca —aseguró Kate mientras caminaban las dos calles hasta Maple—. Papá y los demás trabajaron mucho para que aprobaran las contribuciones para construirla. La gente aquí tiende a ser avara.

La biblioteca era el edificio más grande del pueblo, una estructura de un piso, con muchas ventanas. El horario estaba anotado en la puerta doble de vidrio y Rorie notó que la biblioteca no abriría hasta media tarde; faltaban todavía varias horas.

—No está abierta —declaró decepcionada.

—No te preocupes, tengo una llave. Todos los voluntarios tienen una — Kate buscó en su bolso y sacó un enorme llavero.

Abrió la puerta, empujándola para que Rorie entrara primero.

—La señora Halldorfson se retiró el año pasado, un mes después que se terminó el edificio —informó Kate, encendiendo las luces—, el presupuesto del pueblo no permitía contratar una nueva bibliotecaria de tiempo completo. Así que varios padres y maestros se turnan como voluntarios. Tenemos un horario de trabajo, a menos que alguien salga de vacaciones, lo cual, odio admitir, sucede todo el verano.

—¿No tienen una bibliotecaria de tiempo completo? —Rorie no podía ocultar su asombro—. ¿Por qué tomarse toda la molestia y gastos de construir un edificio moderno si no pueden pagar un bibliotecario?

—Tendrás que preguntarle eso al ayuntamiento —replicó Kate, encogiendo los hombros—. No tiene mucho sentido, ¿verdad? La señora Halldorfson solo trabajaba medio tiempo y el Consejo parece pensar que su suplente debería hacer lo mismo.

—Eso no tiene sentido.

—En especial si consideras que la nueva biblioteca tiene el doble del tamaño de la antigua.

Rorie tuvo que morderse la lengua para no decir más.

—Durante meses buscamos un bibliotecario de medio tiempo, pero hasta ahora no hemos encontrado.

—Una biblioteca es más que un lugar para registrar libros que entran y salen —la voz de Rorie se elevó—. Una biblioteca puede ser el corazón de una comunidad. ¿No la usan para eventos las organizaciones no lucrativas?

—Me temo que no —contestó Kate—. Todo mundo se reúne en Nellie’s cuando hay alguna junta. Nellie sirve pasteles —añadió como si eso explicara todo.

—Es un edificio muy bonito, y tienen toda la razón para estar orgullosos. No quise ser tan estricta.

—Tienes razón —dijo Kate con sensatez—. No usamos la biblioteca a todo su potencial, ¿verdad? Los voluntarios no pueden hacer mucho. Como están las cosas, la biblioteca solo abre tres tardes a la semana —suspiró expresivamente—. Para ser sincera, creo que papá y los otros miembros del ayuntamiento están esperando que la señora Halldorfson regrese en el otoño, pero es injusto para ella. Sirvió a la comunidad por espacio de veinte años. Merece retirarse en paz sin ser chantajeada para volver porque no podemos encontrar alguien que la reemplace.

—Espero que aparezca alguien, pronto.

—Yo también —murmuró Kate.

Comieron tranquilamente y como prometió, Kate llevó a Rorie a un breve recorrido por el pueblo. Después de señalar varias iglesias, la escuela donde ella daba clases a segundo año y algunas de las casas más bonitas de la colina, Kate terminó el paseo en las afueras del pueblo cerca de Garner’s Feed and Supply.

—Luke está aquí —explicó Kate, deteniéndose en el estacionamiento, al lado de una polvorienta camioneta.

—¿Luke?

—Nuestro capataz. No sé qué haría papá sin él. Lleva el rancho y lo ha hecho durante años… desde que yo estaba en la escuela. Papá está ahora en edad de retirarse y pretende dejar que Luke se haga cargo de todo.

Kate bajó del auto y se apoyó contra el parachoques de adelante, cruzando los brazos sobre el pecho. Sin saber qué más hacer, Rorie se unió con ella.

—Saldrá en un minuto —explicó Kate.

Fiel a su palabra, un hombre alto, muy bronceado, apareció con un saco de grano colgado sobre su hombro. Sus ojos eran tan oscuros que brillaban como el ébano. Era esbelto, musculoso y muy apuesto.

—¿Necesitas ayuda, forastero? —preguntó Kate con una risa ligera.

—¿Tú la ofreces?

—No.

—Eso pensé —Luke rio—. No querrías arruinar tus bonitas uñas, ¿verdad?

—No me detuve para ser insultada por ti —increpó Kate, disfrutando el intercambio de palabras—. Quería que conocieras a Rorie Campbell, ella es de quien nos hablaba Clay la otra noche.

—Ya recuerdo —por primera vez, la mirada del capataz se apartó de Kate. Arrojó el saco de grano a la parte posterior de la camioneta y usó sus dientes para tirar del guante de su mano derecha. Luego, presentó sus largos y callosos dedos a Rorie.

—Encantado de conocerla, señorita.

—El placer es mío —Rorie recordó donde había escuchado el nombre. Skip había mencionado a Luke Rivers cuando le contó acerca de la contradanza de la fiesta. Dijo algo acerca de que todas las muchachas se sentían atraídas hacia el capataz de los Logan. Rorie podía comprender por qué.

Intercambiaron un breve apretón de manos antes que la atención de Luke volviera de nuevo a Kate.

—Luke es como un hermano para mí —declaró Kate con cariño.

El frunció el ceño al escuchar eso, pero no hizo comentarios.

—Vamos a permitirte escoltarnos al baile esta noche —informó Kate.

—¿Y Clay?

—Oh, él irá. Pensé que los cuatro podíamos ir juntos.

—Kate, escucha —comenzó Rorie—, en realidad preferiría no asistir. Nunca he bailado una contradanza en mi vida…

—Eso no importa —interrumpió Kate—. Luke estará encantado de enseñarte, ¿verdad?

—Seguro —murmuró él, con el entusiasmo de un hombre que le dan a escoger entre morir fusilado o en la horca.

—¡Por favor, Luke! —Kate emitió una risa avergonzada.

—Escucha —dijo Rorie con rapidez—. Es obvio que él tiene planes para esta noche. Yo no quiero…

El la sorprendió volviéndose hacia ella.

—Estaré feliz de acompañarte.

—Lo más probable es que te pise los dedos… de verdad pienso que sería mejor que me quedara sentada.

—Tonterías —gritó Kate—. ¡Luke no te dejará hacer eso, ni yo tampoco!

—Nos divertiremos —insistió el capataz—. Déjamelo todo a mí.

Rorie asintió, aunque con poco entusiasmo.

—Bien, supongo que debo llevar a Rorie a Circle L y buscarle un vestido —expresó Kate, sonriendo. Arrojó sus llaves al aire y las atrapó con destreza.

Luke inclinó su sombrero cuando ambas regresaron al auto.

—De veras es atractivo, ¿no? —comentó Rorie observando de cerca a Kate.

La otra mujer asintió con energía.

—Me sorprende que no se haya casado. Hay muchachas en Nightingale que estarían más que deseosas, créeme. Yo desearía que Luke se casara… no me gusta la idea de que viva solo. Es tiempo de que piense en establecerse y comience una familia. Cumplió treinta el mes pasado, pero la última vez que se lo mencioné, casi me muerde.

Rorie mordisqueó su labio inferior. Inhaló profundamente y exhaló con lentitud. Adivinaba que Luke tenía el corazón puesto en alguien especial y que ese alguien estaba comprometida para casarse. Que Dios lo ayude, pensó Rorie. Ella sabía exactamente cómo se sentía.

 

La música ya estaba tocando cuando Luke, Kate y Rorie llegaron al salón en el auto de cuatro puertas de Luke. Rorie trataba de mostrar entusiasmo por esa salida, pero tuvo poco éxito. No había intercambiado más de unas cuantas palabras con el capataz de los Logan durante la ida.

El sitio era más grande de lo que Rorie supuso. En el escenario se hallaban el locutor y varios violinistas. Las mesas con refrescos estaban alineadas al lado de una pared y la pulida pista de bailar estaba tan atestada, que Rorie se maravillaba de que alguien pudiera moverse sin chocar con los demás. El salón de reuniones entero se hallaba vibrante de energía y música y, a pesar de sí misma, sintió que su ánimo se levantaba.

—Oh, mis pies ya se están moviendo —gritó Kate, moviéndose con ansiedad. Clay sonrió con indulgencia, pasó su brazo alrededor de su cintura y los dos se encaminaron hacia la pista.

—¿Bailamos? —preguntó Luke.

No parecía muy entusiasmado y Rorie no lo culpaba.

—¿Qué te parece si nos sentamos las primeras dos piezas? —preguntó ella—. Me gustaría acostumbrarme más al baile.

—No hay problema.

Luke parecía casi contento por la tregua, lo que no le inspiró a Rorie mucha confianza. Sin duda suponía que esa farsante citadina lo iba a dejar en ridículo… lo cual probablemente haría.

—Hola, Luke —una rubia con chispeantes ojos azules llegó hasta ellos—. No sabía si vendrías esta noche o no. Me alegra que lo hayas hecho.

—Betty Hammond, ella es Rorie Campbell.

—Gusto en conocerte, Betty.

—Oh, escuché acerca de ti en la farmacia. Tú eres la chica del auto deportivo descompuesto, ¿verdad?

—Soy yo.

—Espero que todo se resuelva bien para ti.

—Gracias —aunque Betty hablaba con Rorie, no dejaba de contemplar a Luke. Era obvio que esperaba una invitación a bailar.

—¿Luke, por qué no bailas con Betty? —sugirió Rorie—. De ese modo obtendré algunas instrucciones de ustedes dos.

—Qué buena idea —afirmó la rubia con energía—. Nos quedaremos a la orilla de la multitud para que puedas ver cómo se baila. Asegúrate de escuchar a Charlie, él es el maestro de ceremonias. De ese modo te enterarás de cómo se llaman los pasos.

Rorie asintió.

—¿Estás segura? —le preguntó Luke.

—Positivo.

Estudiando a los bailarines, Rorie aprendió con rapidez los términos do se do, allemande izquierdo y allemande derecho. Al final del baile, su mente zumbaba. Su pie llevaba el ritmo del animado compás de la música de los violines y una sonrisa se formó en su boca al escuchar las palabras perfectamente rimadas.

—Rorie —gritó Skip de pronto—. ¿Puedo tener el placer de este baile?

—Yo… no creo estar lista todavía.

—Tonterías —sin escuchar su protesta, le tomó la mano y la hizo ponerse de pie.

—Skip, te avergonzaré —protestó ella con voz baja—. Nunca he hecho esto.

—Tienes que empezar alguna vez —pasó su brazo por la cintura de Rorie y la condujo al escenario.

—Tenemos una recién llegada, Charlie —gritó Skip—, así que hazlo sencillo.

Charlie levantó los pulgares y alcanzó el micrófono.

—Iremos un poco más despacio esta vez —anunció a la feliz audiencia—. La señorita Rorie Campbell de San Francisco, nos ha acompañado y es su primera vez en la pista.

La aludida quería enroscarse y morir cuando cien rostros se volvieron a mirarla. Pero los danzantes gritaban sus bienvenidas y Rorie con timidez levantó una mano, sonriendo a la multitud.

Pasar por la primera serie de pasos fue lo más difícil, pero pronto, Rorie estaba a la mitad, dando pasos, girando… y riendo. Algo que siempre consideró como una actividad tonta y anticuada, resultó una gran diversión.

Cuando Skip la condujo de regreso a su silla, estaba sin aliento.

—¿Quieres ponche? —preguntó. Rorie asintió con energía.

Cuando Skip la dejó, Luke Rivers apareció a su lado.

—Lo hiciste muy bien —comentó con entusiasmo.

—Para una chica de ciudad, quieres decir —bromeó ella.

—Tan bien como cualquiera.

—Gracias.

—Sospecho que te debo una disculpa, Rorie.

—¿Porque no quisiste hacer el ridículo conmigo? —preguntó con una risa ligera—. No te culpo. Kate y Clay prácticamente me arrojaron a tus rodillas. Estoy segura de que tú tenías otros planes para esta noche.

Luke sonrió.

—Más de una docena de hombres estaría feliz de encontrarse en mi lugar.

Eso alimentó mucho su ego. Hubiera respondido, pero Skip regresó con un vaso de papel con ponche. Una adolescente se hallaba a su lado, sonriéndole embelesada.

—Voy a bailar con Caroline, ¿está bien? —dijo a Rorie.

—Sí —respondió ella sonriendo—, y gracias por desafiar la pista conmigo esa primera vez —Skip se ruborizó mientras abrazaba a Caroline.

—¿Bailamos? —le preguntó Luke.

Rorie no vaciló. Bebió el ponche de tres tragos gigantes y le dio la mano. Juntos se movieron hacia la pista atestada.

Al final de la tercera tanda, Rorie había girado con tantas parejas diferentes, que había perdido la cuenta de ellos.

Aunque apenas eran las diez de la noche, Rorie estaba exhausta y tan acalorada que el sudor corría por su rostro y cuello. Tenía que escapar. Varias veces había tratado de quedarse sentada, pero nadie escuchó sus excusas.

En un esfuerzo por recuperar el aliento y refrescarse, Rorie aprovechó un descanso entre tandas para ir afuera. El aire nocturno era ligero y refrescante. Muchas personas habían tenido la misma idea, pues el solar que servía como estacionamiento estaba atiborrado de grupos y parejas que paseaban.

Rorie se dirigió hacia el auto estacionado de Luke, decidiendo que era lo suficiente lejos para desanimar a cualquiera que la siguiera.

Cuando llegó al auto se apoyó en él y con lentitud aspiró el fresco aire del campo. Todas sus suposiciones acerca de esa noche resultaron equivocadas. Si le contara a Dan acerca del baile, se reiría de la idea.

—Pensé que te encontraría aquí.

El cuerpo entero de Rorie se tensó al reconocer la voz del hombre.

—Hola, Clay.