Besos robados

Debbie Macomber · Capítulo 2 de 17

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Besos robados

Capítulo 2

 

 

—¡Cuatro días! —gritó Rorie. Sentía que el color se esfumaba de su rostro—. ¡Pero eso es imposible! No puedo esperar tanto tiempo.

—Me parece —expresó Clay con su suave acento— que no tiene alternativa. George me dice que podría tener la bomba del agua en un día, si no fuera un auto extranjero.

—Sin duda hay alguien más a quien pudiera llamar.

Clay pareció cavilar sobre eso; luego encogió los hombros.

—Adelante, inténtelo si quiere, pero no creo que tenga caso. Si la tienda de Riversdale no puede conseguir el repuesto hasta el sábado, ¿qué le hace pensar que alguien puede hacerlo más rápido?

Si se quedaba cuatro días ahí, perdería la conferencia de escritores, programó sus vacaciones alrededor de ella. Había hecho arreglos para viajar a Victoria, en la isla de Vancouver, en Columbia Británica después de la conferencia de regreso tomaría un viaje de descanso por la costa de Oregon.

Clay le entregó la guía telefónica; con actitud derrotada, Rorie hojeó las breves páginas amarillas hasta que llegó a la sección titulada Composturas de Automóviles. Solo un puñado estaban listados y ninguno de ellos prometía un servicio rápido.

—No parece haber ninguna ayuda —desanimada, dejó la guía sobre la mesa—. Usted y su hermano han sido muy acomedidos y quiero que sepan cuánto aprecio todo lo que han hecho. Ahora, si pudiera recomendarme un hotel en… ¿cómo dijo que se llamaba el pueblo?

—Nightingale.

—Correcto —repuso ella y le ofreció una sonrisa vacilante, que era la mejor que podía brindar en ese momento—. En realidad, cualquier lugar limpio servirá.

Clay se frotó un lado de la mandíbula.

—Me temo que eso va a representar otro problema.

—¿Ahora qué? ¿El gerente se fue a pescar con el viejo Joe? —Rorie hizo un esfuerzo por mantener el sarcasmo fuera de su voz, pero era difícil.

—El viaje de pesca del viejo Joe no es el problema esta vez —explicó Clay, pensativo—. Nightingale no tiene hotel.

—¿Qué? —explotó Rorie, golpeando las manos contra sus piernas en indignada frustración—. No hay hotel… pero debe de haber alguno.

—No viene mucha gente por aquí, la mayoría usa la carretera principal.

Si insinuaba que ella debió hacer eso, Rorie no podía haber estado más de acuerdo con él. ¡Podría haber visto algún bonito paisaje, pero a dónde la había llevado este viajecito! Sus vacaciones enteras estaban a punto de arruinarse.

—¿Y en Riversdale? Sin duda tienen un hotel.

Clay asintió.

—Lo tienen, es uno muy bonito, pero sospecho que está lleno.

—¿Lleno? Acaba de decirme que la gente no toma esta ruta a menudo.

—Los turistas no.

—¿Entonces cómo puede estar lleno el hotel?

—La familia Jerome.

—¿Perdón?

—La familia Jerome tiene una gran reunión. Los parientes vienen de todo el país. Jed me decía el otro día que un primo suyo iba a conducir desde Boston. Es muy probable que llene el único hotel de Riversdale.

Una llamada telefónica confirmó la sospecha de Clay.

—Estupendo —murmuró Rorie, con la mano todavía sobre el auricular.

La puerta de atrás se abrió y entró Skip, al parecer complacido por algo. Se sirvió un vaso de té helado y se inclinó contra la mesa, mirando de Rorie a Clay.

—¿Qué sucede? —preguntó, cuando nadie le ofreció información.

—No mucho —respondió la chica—. Conseguir la bomba del agua para mi auto va a tardar cuatro días y parece que el único hotel en un radio de noventa kilómetros está lleno por las siguientes dos semanas y…

—Oh, ese no es problema. Puedes quedarte aquí —interrumpió Skip con rapidez, con los ojos azules relampagueando de entusiasmo—. Nos encantaría hospedarte, ¿verdad, Clay?

Rorie habló antes que el mayor de los Franklin tuviera oportunidad de contestar.

—No, de verdad aprecio el ofrecimiento, pero no puedo causarles más inconvenientes.

—Ella no sería una inconveniencia, ¿verdad? —una vez más Skip dirigió su atención a su hermano mayor—. Dile que no lo sería, Clay.

—Eso ni se discute —repuso Rorie sin dar a Clay oportunidad de hacer eco a la invitación de su hermano.

Clay la miró a los ojos y una lenta sonrisa levantó las sensuales comisuras de sus labios.

—Como quieras, Rorie. Eres bienvenida en Elk Run si quieres quedarte.

—Ustedes ya han hecho bastante. En realidad no podría…

—Hay suficiente lugar —anunció Skip con ardor.

Esos ojos azules derretirían la resolución más fuerte, meditó Rorie.

—Hay tres dormitorios vacíos arriba. No tendrás que preocuparte por quedarte con dos solterones, porque Mary vive aquí.

Le parecía inconcebible a Rorie que esa familia la aceptara con tanta facilidad. Pero, dadas las circunstancias, sus argumentos para negarse se hacían más débiles cada minuto.

—Ustedes ni siquiera me conocen.

—Conocemos lo esencial, ¿verdad, Clay? —una vez más Skip miró hacia su hermano mayor, buscando apoyo.

—Eres bienvenida a quedarte aquí, si quieres —repitió Clay, mirando fijamente a Rorie.

De nuevo se encontró atrapada por la atrayente personalidad de ese hombre. Tenía una mandíbula prominente y ella dudaba que hubiera muchas confrontaciones en que saliera perdedor.

—Estaría muy agradecida —dijo, conteniendo un inesperado acceso de lágrimas ante la amabilidad de los Franklin hacia una desconocida—. Pero, por favor, déjenme hacer algo para compensarlos por todas las molestias que les he causado.

—No es molestia —dijo Skip, mirando como si quisiera saltar y chocar sus tacones.

Clay frunció el ceño al observar a su hermano menor.

—De verdad —enfatizó Rorie—. Si hay algo que pueda hacer, estaría más que feliz de cooperar.

—¿Supongo que nada sabe acerca de computadoras?

—Un poco —admitió ella, vacilante—. Hemos estado usándolas en la biblioteca desde hace varios años.

—¿Es bibliotecaria?

Rorie asintió y quitó un mechón oscuro de su frente.

—Me especializo en literatura para niños —algún día esperaba tener publicado algún trabajo propio. Esa había sido la razón de asistir a esa conferencia en Seattle. Tres de los mejores autores del país estaban programados para hablar y Rorie ansiaba conocerlos—. Si tienen una computadora, estaría feliz de hacer algo… si puedo resolver cómo funciona.

—Clay compró una el último invierno —informó Skip con orgullo—. Dice que es la onda del futuro, el modo como registra la cría de caballos y hace sus pedigrees hasta la cuarta y quinta generación.

Una robusta mujer que Rorie asumió era el ama de llaves, entró en la cocina, llevando un trapo y una cubeta. Se detuvo a inspeccionar a Rorie con una mirada rápida y pareció reprobarla. Gruñó algo acerca de las muchachas citadinas mientras pasaba frente a Skip.

—No sabía que habían decidido tener una convención en mi cocina.

—Mary —dijo Clay—, ella es Rorie Campbell, de San Francisco. Su auto se descompuso, así que se quedará con nosotros unos cuantos días. ¿Podrías ver que la cama esté lista para ella?

El amplio rostro de la mujer se convirtió en una red de líneas.

—Oh, por favor, puedo hacer eso yo misma —aseguró Rorie con rapidez —. No se moleste, Mary.

La mujer asintió.

—Las sábanas están en el armario, al final de la escalera.

—Rorie es nuestra invitada —Clay no levantó la voz, pero su disgusto era evidente en cada sílaba.

Mary encogió los hombros, murmurando.

—Tengo cosas que hacer. Si la muchacha dice que puede encargarse de una cama, entonces déjenla.

Rorie no pudo contener una sonrisa.

—Si quieren invitar a una farsante de la ciudad a quedarse, está bien, pero yo tengo cosas más importantes que hacer antes que ocuparme de su cama — dicho eso, Mary salió de la cocina.

—Es como de la familia —explicó Skip—. Es insolente por naturaleza.

Rorie sonrió para que Clay y Skip supieran que no se sentía ofendida. Supuso que el ama de llaves de los Franklin no tenía una buena opinión de nadie de la ciudad y se preguntó por qué.

—Bajaré tu maleta del auto —ofreció Skip, dirigiéndose a la puerta.

Clay terminó el resto de su bebida y dejó el vaso sobre la mesa.

—Tengo que volver a trabajar —informo e hizo una pausa antes de añadir —: No te aburrirás sola, ¿verdad?

—En absoluto. No te preocupes por mí.

Clay asintió.

—La cena es a las seis.

—Estaré lista.

Rorie recogió los vasos vacíos y los puso en el fregadero. Mientras esperaba que Skip entrara con su maleta, telefoneó a Dan. Desafortunadamente, estaba en una junta y no podía ser interrumpido, así que dejó un recado, explicando que llamaría de nuevo. Estaba reacia a darle el número telefónico de los Franklin, pero decidió que no había razón para no hacerlo.

Skip regresó cuando colocaba el auricular en su sitio.

—Clay dice que puedes quedarte en la antigua habitación de papá y mamá —anunció el adolescente. Llevaba la maleta grande en una mano y el maletín en el hombro—. Su habitación está al otro extremo de la casa. Ellos murieron en un accidente hace varios años.

—Pero…

—Ese cuarto tiene la mejor vista.

—Skip, cualquier dormitorio servirá, no quiero la habitación de tus padres.

—Esa es la que Clay te asignó —subió la curva escalera con una energía reservada a los jóvenes.

Rorie lo siguió con lentitud. Deslizó su mano a lo largo de la pulida barandilla y miró la sala. Una enorme chimenea de roca natural dominaba una pared. Los muebles eran de roble, con cómodos cojines. Varias alfombras estaban colocadas estratégicamente aquí y allá sobre el pulido suelo de madera. Un piano con usadas teclas de marfil se hallaba a un lado. La colección de fotografías captó de inmediato su atención. Reconoció a un Clay mucho más joven; el retrato más grande en un marco de latón era de una pareja de mediana edad, obviamente el matrimonio Franklin.

Skip se detuvo al llegar arriba de la escalera, y miró sobre su hombro.

—Mi abuelo construyó esta casa hace cincuenta años.

—Es magnífica.

—Eso creemos —admitió él, con los ojos brillantes de orgullo.

El dormitorio principal que se hallaba al final del pasillo, tenía un balcón que presentaba un panorama del valle entero. Los verdes pastizales se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Rorie se sintió al instante atraída por esa belleza rural.

—A todos les encanta —afirmó Skip, atrás de ella.

—Puedo entender por qué.

—Bien, supongo que debo volver a trabajar —expresó con pesar, dejando las maletas sobre la cama matrimonial. Una colcha de colores estaba doblada al pie.

Rorie se volvió hacia él con lentitud, sonriendo.

—Gracias, Skip. Odio pensar qué me hubiera ocurrido si no apareces.

El se ruborizó y comenzó a retroceder a pasos pequeños.

—Te veré en la cena, ¿está bien?

Rorie sonrió de nuevo.

—Estaré esperando.

—Adiós por ahora —levantó su mano derecha en un ademán de despedida, luego giró y se apresuró a salir.

Le tomó a Rorie solo unos minutos colgar sus cosas en el ropero vacío. Al terminar, volvió a la cocina, donde Mary pelaba papas en el fregadero.

—Me gustaría ayudar, si puedo.

—Bueno —respondió el ama de llaves, mientras tomaba otro pelador de un cajón cercano, colocándolo sobre la mesa—. Supongo que es tuyo el auto deportivo que está allá en el patio.

—La bomba de agua tiene que ser reemplazada… creo —contestó Rorie, sin molestarse en mencionar que el MGB no era de ella.

—Jmf —fue la única respuesta de Mary.

Rorie suspiró y alcanzó una papa lejana.

—El mecánico de Riversdale dijo que hasta el sábado conseguiría el repuesto.

Por segunda vez, Mary respondió con un gruñido.

—El sábado o el próximo jueves o dentro de un mes, es igual para George. El hecho es que tal vez te quedes aquí todo el verano.