Boulevard. Libro 2 (edición revisada por la autora)

Capítulo 17

Qué se siente cuando uno está en paz?», le había preguntado a Rose en una ocasión. Fue en una de nuestras primeras sesiones, pero lo recordaba muy bien. Le conté por encima lo que había pasado con Luke y ella me dijo que para conseguir sentirme mejor debía experimentar primero paz interior.

—Todos los humanos somos diferentes, Hasley —empezó a decirme—.

Percibimos la paz interior de distintas formas: en un sentimiento, en una imagen mental, en un paisaje o en no forzarnos demasiado. Llegará un momento, cuando estés floreciendo como un árbol y te sientas grande, viva y fortalecida, en el que estarás de pie, sentada o acostada y sentirás una tranquilidad inmensa dentro de ti. Pero eso lleva su tiempo, tendrás que regarte todos los días, nutrirte para crecer… Y entonces descubrirás lo que sientes estando en paz contigo misma.

—No sé si alguna vez podré sentirme así —contesté.

—No dudes que lo harás —me aseguró Rose—. Hay que darle tiempo al tiempo. Imagino que es algo que te habrán dicho muchas veces, pero es que es una gran verdad. El tiempo puede llegar a transformar el dolor en fortaleza y también puede sanar las heridas. No te rindas nunca, todo irá bien.

Descubrí que me aterrorizaba la idea de nadar con delfines cuando Luke me dijo que quería hacerlo. Había leído en internet que eran animales muy inteligentes y simpáticos, pero que también tenían su lado oscuro y podían llegar a ahogarte si se lo proponían. Tal vez fuera mentira, pero… ¿morir ahogada por un delfín? Eso me parecía aterrador.

Así que en ese momento me arrepentía de estar donde estaba: a punto de sumergirme en el agua para nadar entre delfines. Me planteé negarme a hacerlo. No me importaba tener que pedir disculpas a Harry por ni siquiera intentarlo.

Él se acercó al entrenador para hablar de nuestra inmersión con los delfines, y eso hizo que se me erizara la piel.

Estaba de pie mirándolo mientras me mordía el interior de la mejilla. Con lentitud ladeé la cabeza para poder observar mejor sus movimientos. Movía los brazos tratando de explicarle algo al hombre que tenía delante. No oía lo que le decía, pero en realidad no me importaba. No en ese momento. Una sonrisa se escapó de sus labios y automáticamente yo también sonreí. Llevó una mano hasta su cabello y negó con la cabeza manteniendo aún aquella sonrisa. Entonces alzó la vista y se tropezó con mi mirada, tan descarada.

Rápidamente, mi sonrisa se desvaneció. Él arqueó una ceja a la vez que soltaba una risa coqueta. Me rasqué la barbilla, avergonzada por cómo lo había estado mirando; sin embargo, Harry parecía encantado. Le gustaba ver cómo me sonrojaba o me ponía nerviosa por su culpa.

«Tonta», pensé.

Me abracé a mí misma y me mordí el labio inferior. Me sentía tan estúpida por la conversación telefónica que habíamos tenido ayer. Ninguno

de los dos habíamos dicho nada al respecto, pero yo me sentía avergonzada.

Además, me dolía muchísimo la cabeza. Era como si alguien estuviera golpeándome el cráneo con un martillo… Realmente, había bebido demasiado. No sé cuánto bebí, pero desde luego debió de ser muchísimo, porque ahora lo único que me apetecía era tumbarme en la cama y dormir un día entero.

Alcé la vista y vi que Harry venía hacia mí con pasos vagos y algo serio.

No dijo nada, solo abrió los brazos y me abrazó, atrayéndome a su pecho.

Cerré los ojos y solté todo el aire que había contenido desde que vi cómo empezaba a acercarse.

Ambos nos quedamos en silencio, sin decir nada, de pie, rodeados de un gran alboroto de gente. Sentía cómo su respiración hacía revolotear mi pelo.

Comenzó a moverse de un lado a otro e hizo que soltara una pequeña risa.

Su mano tocó mi barbilla para alzar mi rostro, y sus ojos miel conectaron con los míos al instante.

—Cuando quieras, puedes lanzarte al agua —dijo. Su voz había sonado tan cálida y ronca. Era suave y firme al mismo tiempo—. Solo tienes que cambiarte.

Me quedé observando sus ojos varios segundos sin responder a su indicación. Deleitándome con su cercanía y las posibilidades de que él se siguiera aferrando a mi cuerpo, rodeándome con sus brazos.

—¿Tú te bañarás conmigo? —dije.

Harry entrecerró los ojos y no dijo nada. No sabía qué ocurría en ese momento, pero por cómo me abrazaba y me miraba podía jurar que era capaz de desnudar mis propios pensamientos.

—¿Segura? —preguntó.

—¿Pensabas dejarme sola?

—No. Ellen también va a bañarse con los delfines —me recordó.

—Sí, mira…, es que yo, yo no confío mucho en los delfines. He visto muchos vídeos sobre ellos y… ¿Sabes que pueden hundirte con la intención

de matarte? ¿Y si alguno de estos delfines lo intenta conmigo?

Él soltó una fuerte carcajada.

—Nadie matará a nadie. Además, los cetáceos que suelen hundir a los humanos son las orcas.

—Ah…, las orcas.

—De acuerdo, me bañaré con vosotras.

—Gracias —suspiré.

Se separó de mí y elevó su mano, estrechándomela hasta la altura de mi pecho, sin abandonar el contacto visual.

—Vamos.

Esbocé una sonrisa diminuta, la comisura de mis labios apenas se curvó.

Acepté su mano con gusto y nos dirigimos a los vestidores para cambiarnos.

Una vez allí, entramos.

Su hermana ya estaba lista. Los nervios comenzaron a invadirme. No sabía nadar. Mi madre y yo habíamos ido muy pocas veces a la playa, y eso que siempre habíamos vivido en un lugar donde ir a nadar era una rutina para muchos.

Empecé a cambiarme rápidamente y agradecí al cielo que no me hubiera venido la regla, porque en el fondo estaba emocionada y no habría querido perderme esa experiencia por nada del mundo.

Guardé todas mis cosas y salí para encontrarme con Harry y Ellen, que estaban esperándome fuera.

—¡Será divertido! —exclamó la chica entusiasmada.

—Lo será —afirmó él. Su mirada se dirigió a la parte interna de mi brazo y me fijé en cómo sus cejas se juntaron—. Tienes un tatuaje. ¿Qué es?

Lo elevé un poco para que pudiera verlo mejor. Ellen dio unos pasos hacia mí para observarlo de cerca. No solía ponerme camisetas de tirantes, siempre había preferido las mangas de tres cuartos, y no era porque no me gustara el tatuaje, al contrario, era algo de lo que jamás me arrepentiría, aunque prefería mantenerlo oculto porque, después de todo, era de Luke y

mío.

—Es un punto y coma, pero la coma está representada por una pluma de ave —expliqué—, y el fondo es una capa de los colores del arcoíris.

Representa una parte muy importante de mi vida.

Harry asintió, comprendiendo mis últimas palabras.

—Es muy bonito —dijo Ellen—. Yo quiero hacerme uno. Quiero que me dibujen una jaula con algunos pájaros saliendo, porque me siento como uno de ellos. Libre.

Todavía ninguno de los dos me había contado nada sobre el pasado de Ellen, y obviamente mi madre tampoco, pero yo sabía muy bien por qué decía eso. La miré enternecida. Me alegraba de que por fin pudiera volar, de que ya no se sintiera encerrada en una relación tóxica, una que la consumió demasiado y la llevó a tener que hacer sesiones psicológicas.

Ellen era libre y así debía ser siempre.

—Tienes unas hermosas alas para volar —le dije, sonriendo.

—Todas tenemos un par de ellas, Hasley —señaló—. Solo hay que aprender a volar y jamás dejar de hacerlo.

Asentí. Y podrá sonar ridículo, pero sus palabras me dejaron con un nudo en la garganta. Los pájaros aprenden a volar muy pronto, pero ¿qué pasa cuando alguno tiene miedo de abrir las alas y saltar al vacío?

Necesitan un empujón.

—Pequeñas aves, justo ahora hay que nadar con un delfín —nos recordó Harry—. Hay que sacudir esas alas.

—¡Vamos, vamos! —gritó Ellen, echando a correr delante de nosotros.

Intranquila, me puse al lado de Harry, quien me agarró de la mano para darme la seguridad que no tenía. Me mantuve aferrada a él todo el tiempo hasta que nos metimos en el agua.

—Se llama Flipper. Es muy juguetón y le gusta mucho reír —nos explicó el entrenador—. Es inofensivo, no tengáis miedo.

Miré al delfín y me dije a mí misma que no debía ser tan cobarde como

acostumbraba. El entrenador nos miraba divertido. Pensé que nosotros, más que el delfín, éramos quienes estábamos dando un espectáculo.

Me reí y cerré los ojos durante unos segundos para después volver a abrirlos y acercar mi mano al animal. Automáticamente una sonrisa de satisfacción se formó en mi rostro y me sentí genial.

—Bien, ahora vas a nadar con él —dijo Harry alejándose de mí. Abrí los ojos y lo miré asustada—. No lo aprietes porque te puede morder.

—¡¿Qué?! —grité.

Él soltó una carcajada estrepitosa.

—Es broma. —Me acarició la mejilla—. Solo disfruta, Hasley, hazlo.

Esta es tu oportunidad, y tengo la certeza de que la experiencia te va a encantar. Vamos.

—Confío en ti, Beckinsale. —Me reí—. Estoy muy emocionada, pero nerviosa.

—Bien. —Alzó los pulgares—. Vete a por todas.

Al principio me sentía muy incómoda y nerviosa, como si estuviera fuera de sintonía, pero Harry y Ellen comenzaron a hacer bromas y los tres acabamos riéndonos a carcajadas. Ella decía que mi risa era contagiosa y yo pensaba que la que de verdad era contagiosa era la suya.

Me sentía feliz. Fue alucinante, ni siquiera sabía cómo describirlo. Las nuevas experiencias siempre te proporcionan sorpresas. ¡Estaba nadando con un delfín y me sentía tan bien!

Disfruté cada segundo. No dejé que ningún recuerdo se apoderara de mí.

Quería sentirme muy bien, y lo estaba logrando. No iba a permitir estropearme el día. No iba a dejar que la nostalgia o la tristeza me dañaran de nuevo.

Cuando acabé de bañarme con Flipper, estaba agotada, así que me senté en el borde de la piscina mientras Harry y Ellen seguían con el delfín y el entrenador.

Me quedé mirando la escena. Sabía que si Luke hubiese estado allí, como

alguna vez soñó, se habría fumado un porro antes de venir. La experiencia le habría gustado tanto como a mí. Estaba segura. Si algún día lo volvía a ver, podría decirle que los delfines eran unos seres maravillosos.

La mirada de color miel de Harry se tropezó con la mía. Me guiñó un ojo para después regalarme una sonrisa de oreja a oreja y permitirme ver sus hoyuelos.

Entonces, en ese momento me di cuenta de algo.

Después de tanto tiempo, recordar a Luke ya no me dolía.

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