Boulevard. Libro 2 (edición revisada por la autora)
Capítulo 3
Al final de la semana, los proyectos no terminaron conmigo, pero sí con mis horarios de sueño, y no fui la única a la que le pasó. Neisan tuvo que entregar una maqueta y se las ingenió para terminarla en el último momento. Aunque yo le ayudé, al ver lo malhumorado que estaba.
Después de tanto estrés y tazas de café, las vacaciones ya habían empezado. La primavera ya estaba terminando, una de las épocas favoritas de mamá, pero a la que Neisan era alérgico. Siempre que pasábamos por un parque lleno de flores, se tapaba la boca y la nariz con cualquier cosa que tuviera a mano. Se le ponía la nariz roja y no paraba de estornudar.
Era divertido verlo maldecir.
Miré de reojo la hora que marcaba el reloj digital que se encontraba al lado de la tele y me dejé caer en el sillón resoplando. Mi madre no tardaría en llamar para volver a preguntarme si iría a Sídney.
Me relamí los labios y pensé que quizá pasar el mes de diciembre con ella no estaría tan mal. Las dos sabíamos que tampoco quería estar sola ese mes. Tal vez podríamos celebrar Nochebuena y Año Nuevo. Los últimos dos años habíamos evitado hacerlo.
«Es hora de que demuestres que puedes hacer el jamón navideño».
— Sé por qué estás así — dijo Neisan, sentándose a mi lado en el sillón.
Me giré hacia él para mirarlo. Sus labios eran una fina línea y sus ojos estaban ocultos detrás de esas gafas oscuras.
Sabía a qué se refería. A veces estar sola podía ser una tortura. Solía darles vueltas y vueltas a las cosas y traer recuerdos a mi mente que me atormentaban, pero que hacían que me sintiera todavía cerca de él.
— Pronto se cumplirán tres años — murmuré. Entrelacé los dedos de mis manos y me dediqué a observarlos.
— Lo sé, Hasley. — Suspiró —. Me preocupas, no quiero que vuelvas a pasarte el cinco de diciembre encerrada en tu habitación sin comer en todo el día. Deja de hacerte daño.
Los dos guardamos silencio.
Me vino a la mente la sesión con Rose y todo lo que hablamos.
— Esta vez será diferente — dije —. Iremos a Sídney, tengo algunas cosas que hacer allí. Personas que ver y lugares que visitar.
—Eso estará bien — aseguró —. Lo mejor será que pases el día con tu madre. Ha estado llamando últimamente para saber cómo estamos y para asegurarse de que aún no nos estamos muriendo de hambre. — Se rio —.
Siempre le acabo preguntando por qué piensa que podemos morir de hambre, y ella siempre me contesta que somos capaces de no hacer el esfuerzo de cocinar aun estando al borde de la inanición.
Junté mis cejas y reí.
—Me duele el concepto que tiene mi madre de mí. Es obvio que haría algo si tuviera hambre, quizá comprar una pizza y agua. La mayoría de las personas sobreviven con agua, ¿no?
—Supongo… Pero ¿y si no tuviésemos dinero?
—Pues podríamos mezclar cualquier cosa que hubiera en la nevera, desde verduras hasta lo más grasiento — respondí —. O tomar pan y beber gaseosa; si te inflas con el gas, puedes estar sin tener hambre durante un
rato.
— Eso jamás lo he probado — musitó, jugando con los dedos. Se mantuvo en silencio un rato y luego soltó —: También podríamos hacer lo que hacen algunas modelos.
—¿El qué? — pregunté desconcertada.
—Mojar una bolita de algodón en miel y comérnosla. Por lo visto, se digiere muy lentamente y eso hace que puedas estar sin comer varios días.
Fruncí el ceño.
—Me parece de lo más tóxico y asqueroso que he escuchado. ¿Quién te ha contado eso?
A menudo, Neisan hacía comentarios extraños que me dejaban completamente confundida; estaba segura de que la mayoría de las cosas que decía las leía en internet.
— Oh, ¿te acuerdas de Nessa? — Me miró divertido —. La chica castaña con ojos de color miel que usaba gafas y siempre olía a manzana, aquella que te encontraste en la cocina con tu toalla en la mano…
Neisan solo había salido con dos chicas y con un tipo llamado Carlo, y Nessa fue con la que estuvo más tiempo. Llegó a darle a entender que podía estar en nuestra casa como si viviera en ella, así que usaba todo lo que quería, mientras que yo tenía que hacer grandes esfuerzos para guardarme mis opiniones sobre ella.
Todavía recordaba el día en el que se había mostrado celosa porque Neisan y yo vivíamos juntos. Me molestó tanto que terminé encerrándome en mi habitación hasta que los dos dejaron de discutir.
Puse los ojos en blanco y lo empujé por el hombro.
—Vale, con una sola frase acabas de estropearme la tarde.
— No será para tanto — le restó importancia —. El caso es que Nessa hacía lo de la bolita de algodón con miel. Vi cómo se comía una en dos ocasiones.
Juro que le llamé la atención y le dije que no estaba bien, pero no me hizo caso. Triste, ¿no?
— Tristes son tus relaciones raras, ¿lo sabías?
—Oh, vamos… Solo abres la boca para meterte con mis relaciones. Casi mejor no digas nada.
—¿Ya has probado tus trucos de origami con alguna chica? — me burlé.
—Hasley, no empieces… — murmuró él avergonzado.
—¿Por qué te da vergüenza? — reí —. Vamos, es muy tierno de tu parte.
Deberías intentar…, no sé, regalar flores de papel cuando tengas una cita.
— Es estúpido, no quiero quedar en ridículo en una primera cita —renegó.
Su actitud me hizo mucha gracia y me empecé a reír a carcajadas, lo que le molestó bastante. Neisan prefería mantener escondida su afición al origami. En esos momentos no estaba saliendo con nadie, pero yo lo animaba a que, cuando lo hiciera, sacara partido de su habilidad con la papiroflexia. Desde hacía años podía hacer cualquier figura con una hoja de papel, y yo le insistía en que no era algo de lo que avergonzarse, sino todo lo contrario; pero él se negaba a aceptarlo. De todas formas, yo no pensaba tirar la toalla. Estaba segura de que algún día Neisan sería capaz de mostrarse a otros tan abiertamente como lo hacía conmigo.
Le dediqué una sonrisa.
—¿Sabes? La persona que te quiera de verdad va a amar cada detalle de ti sin importarle que tú lo consideres ridículo.
Él me observó durante unos segundos y añadió:
— Y yo estaré encantado, pero por ahora — se puso de pie y suspiró — me reservo para mí mis figuras de origami.
— De acuerdo — me rendí. A veces era un poco cabezota. Preferí cambiar de tema de conversación, retomando el anterior —. Hablábamos sobre mi madre, ¿no?
— Sí, piensa que todavía eres una pequeña niña indefensa. Y, la verdad…, a veces creo que tiene razón, ¿no?
Le saqué el dedo de en medio y él me respondió con un guiño.
Pasar la tarde con Neisan era algo normal desde que vivíamos en el
mismo piso. Aunque a veces él salía con dos amigos que había hecho en la universidad y que también estudiaban Arquitectura, y otras veces los invitaba a casa a ver partidos de rugby. Cuando lo hacía, yo los miraba desde el pasillo cada vez que celebraban un punto de su equipo.
Uno de ellos, Luigi, intentó tener una cita conmigo, pero lo rechacé de la manera más respetuosa que pude.
Yo, sin embargo, no solía salir. Prefería quedarme en la cama viendo alguna serie o alguna película en mi portátil. Además, por las noches tenía videollamadas con mi madre. Ella me hablaba de su trabajo y yo le contaba lo bien que me iban las clases. Creo que eso ya era suficiente para ella; se había dado cuenta de que todavía luchaba por ver el lado bueno de las cosas.
Subí los pies al sofá y flexioné las rodillas para poder abrazarlas mientras miraba a Neisan. Me percaté de que no se movía. Estaba pensando, demasiado.
—¿Qué ocurre? — le pregunté.
Él sacudió la cabeza resoplando.
— Sabes que aún mantengo el contacto con Zev, ¿verdad? — empezó a decir. Noté una pequeña presión en el pecho cuando escuché ese nombre —.
Hemos hablado últimamente.
— Ajá. ¿Y?
—Quiere arreglar las cosas.
—¿Arreglar las cosas? — dije con ironía —. ¿Arreglar qué? Zev y yo ya hablamos. Lo perdoné, Neisan, acepté sus disculpas por la amistad que llegamos a tener, porque no quería sentir rencor ni odio hacia nadie, pero eso no significa que lo quiera de nuevo a mi lado. Se lo dije cuando hablamos y sigo pensando lo mismo. Él me abandonó cuando más lo necesitaba.
—Hasley…
— No, Neisan — lo interrumpí —. Me ha costado mucho cerrar esa herida,
y no voy a permitir que nadie la abra de nuevo.
Mentía, esa herida no se había cerrado aún.
Mi madre siempre me había dicho que era mejor dejar los malos momentos a un lado y tomar un camino donde el odio y el rencor ya no existieran. Eso ayudaba a sanar las heridas.
En el pasado, Zev había sido mi mejor amigo durante más de siete años.
Compartimos muchas cosas, amigos, música, travesuras y aventuras vergonzosas… Sabíamos cosas el uno del otro: yo sabía que él era fan de Adam Sandler, y él sabía que las comedias de Sandler no eran precisamente mis películas favoritas. Estuve a su lado, prestándole mi hombro, cuando sus padres se separaron… Yo creí que nuestra amistad era real.
Hasta que me dio la espalda.
Jamás traicioné a Zev. Siempre lo apoyé y le aconsejé cuando me pidió que lo hiciera, a pesar de que nunca he sido la mejor dando consejos.
Siempre me esforcé para que sintiera que no estaba solo. En cambio, él me despreció por el rencor que sentía hacia Luke. Estaba desarmada, y aun así él me disparó. Muchas noches intenté comprender por qué se mostraba tan distante y poco tolerante con Luke, y siempre quise creer que fue porque sabía lo era que te engañaran, e intentó ayudar a Matthew. Pero me dolía que siempre buscara justificar a las personas que me hacían daño.
—Comienzo a estar en paz, quiero seguir así.
— Está bien… Está bien, Hasley. Te apoyo.
—Gracias — murmuré.
Neisan apretó mi rodilla, dibujando una gran sonrisa en su rostro.
—¿Cuándo compraremos los billetes para ir a Sídney? — me preguntó.
Lo pensé un momento.
—La semana que viene.
— De acuerdo — asintió —. Me voy al súper. ¿Quieres que te compre algo?
— Unas galletas de chocolate. — Le sonreí.
—Bien, enseguida vuelvo.
Me revolvió el pelo, haciéndome sentir como un cachorro.
Me quedé mirando al frente, a ningún punto en específico. Escuché la puerta principal cerrarse y supe que me había quedado sola.
Había estado intentando evitar mis recuerdos con Luke, pero me resultaba difícil. Me gustaba recordar su sonrisa, su cabello, su piercing, su olor, su mirada…
Tenía miedo de despertar un día y haber olvidado el sonido de su voz.
Quizá mirábamos en la misma dirección y por eso ninguno de los dos vio el barranco al que nos aproximábamos. Ninguno se dio cuenta de que la felicidad que creímos tener solo era una parte de nuestra adolescencia. Nos encontrábamos perdidos en nuestro presente. Pero es lo que ocurre cuando dos adolescentes están completamente enamorados. No ven más allá de lo que tienen, y desde luego no piensan que su relación pueda acabarse.
¿Cómo vas a pensar algo así cuando lo único que quieres es comerte el mundo junto a la persona que más amas?
Los dos queríamos demasiado.
Recuerdo que una vez dije que lo nuestro se acabaría en algún momento, pero nunca pensé que sería tan rápido, y mucho menos que Luke se alejaría de mí. No a kilómetros, sino a una vida. A un lugar donde no existe el dolor y donde su sufrimiento ha terminado. Tal vez eso era lo que me reconfortaba, que Luke estuviera lejos de todo lo malo.
Porque Luke Howland era un chico que se estaba ahogando en su miseria, y la mayoría de las personas — incluida yo — hicimos que se hundiera.
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