Cabeza caliente

Damon Suede · Capítulo 15 de 20

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Cabeza caliente

Capítulo XIII

Cuando volvió la camarera y Griff pidió, Dante se comportó como un perfecto cabal ero. Casi como si fuera una cita y estuviera mostrando su mejor comportamiento. Cuando Griff y la camarera terminaron de decidir lo que iban a comer (fideos, calamares y bol os de cerdo), Dante levantó su cerveza Kingfisher como si fuera a brindar, pero no dijo nada. No había necesidad de decir nada; los dos estaban pensando en lo mismo:

Gracias, amigo… Prácticamente sano y salvo; fuera de la locura de… No se ha destruido nada en el rescate… Todo está como tiene que estar, como tiene que ser… Y, ah, sí, eres la persona que más me gusta de esta tierra.

Griff levantó su cerveza. Jamás había estado tan dispuesto en toda su vida a reírse de nada en especial con la única persona que siempre sería especial para él.

La cena estuvo más o menos a la altura de la compañía.

CAPÍTULO XIII

Dante estaba bastante animado cuando se reunieron con Alek ese miércoles. Deambulaba por el estudio de CabezaCaliente como si fuera un viejo amigo y saludó a Alek con un abrazo.

Griff iba pegado a él. Llevaba al hombro el petate con el equipo de trabajo. Una mitad de él quería que terminase ya el día; la otra no quería que se acabase jamás.

Alek se mostró tan educado como siempre, disculpándose por el frío que hacía en el local y ofreciéndoles bebidas.

Griff no se tomó ni un trago de whisky, pero solo porque eran las 11 de la mañana y se estaba empezando a sentir como un alcohólico. Optó por un botel ín de agua. En realidad, el aire fresco le parecía agradable en contraste con el calor de su piel. Lo cierto es que los focos del plató de la sala de estar estaban calientes, y Griff sabía que acabarían todos sudando antes de que terminase el día.

Alek estaba cambiando los muebles de sitio y colocando el equipo. Volvió a acercarse con las carpetas para que los dos amigos pudieran firmar los contratos para ese día. Asintió en señal de aprobación.

—¿Y los análisis?

Dante chasqueó los dedos y rebuscó en la trenca, sacando dos impresos médicos arrugados.

Griff se puso rojo. Él y Dante habían ido a una clínica de Chelsea para hacerse un frotis y un análisis de sangre, como si fueran una pareja de novios que iba a solicitar una licencia de matrimonio. Eran hombres sexualmente activos, por lo que no se fiaban del todo. De todas formas, era exagerado; los dos se hacían controles regulares para los bomberos de Nueva York. Era parte del trabajo.

Sin embargo, cuando se apuntaron para la filmación de ese día, Alek había insistido en el o; «para su registro», dijo. Esos papeles decían que no tenían VIH, ni hepatitis, ni gonorrea, ni síndrome respiratorio agudo severo ni nada: estaban limpísimos y listos para la pelea. Alek asintió mirando los impresos y se los l evó a su mesa.

Mientras esperaban a que Alek terminara en la mesa, Dante le dio un codazo a Griff.

—Así que estamos sanos para lo que sea. Quiero decir… que no tienes que preocuparte por si pudieras pil ar algo en tu piel o en tu boca. —Dante hizo una especie de mueca como si estuviese haciendo un chiste. No estaba haciendo un chiste—. No quiero que tengas miedo.

—No tengo miedo, D. Soy un chico grande.

—Sí, hombre. —Dante se agachó junto al petate y sacó los uniformes. Habló susurrándole a Griff—. Lo importante hoy son esas actividades extra. Para los bonus. Tú sígueme.

—Sí. Está bien, D. Lo que tú digas. Terminemos con esta mierda. —Griff cogió sus pantalones doblados de la mano de Dante tratando de aparentar que no le hacía mucha gracia tener que hacer esas actividades ampliadas con Dante.

—Vale. Genial. —Dante se quitó la camiseta y al hacerlo se despeinó el negro cabel o. Sacudió la cabeza y le guiñó un ojo a Griff.

Griff le devolvió el guiño.

—Tienes un plan, ¿verdad? Sabes qué cosas quieres que hagamos.

Dante asintió.

—Todo está calculado. Y todo es de lo más inofensivo; no quiero que tengas miedo.

Griff se dio cuenta de que Dante pensaba que su resistencia era repulsa. Eso le ayudaría.

—No tengo miedo. Vamos a hacerlo y ya está, tío.

—He seleccionado las actividades por las que se pagan bonus extra considerables… sin l egar a…, ya sabes… a tener que hacer el maricón totalmente.

Dios nos libre.

—Claro. —Griff se quitó la camisa y los pantalones, quedándose de pie en calzoncil os. Parecía bastante natural. Es increíble cómo las cosas empezaban a parecer normales con el tiempo. Esta mierda del CabezaCaliente había hecho que se soltara muchísimo. Eso ya es algo. Tal vez cuando todo esto terminara, Griff sería capaz de pensar en quedar con un chico.

Dante sacudió los pantalones para estirarlos.

—Haga lo que haga, haz como si te gustara de verdad.

—Sin problema. —Y ciertamente no sería ningún problema.

—Gracias, tío. Te compensaré por esto. Te lo juro.

Cualquier día.

Griff se dirigió a Alek, que estaba al otro lado de la sala.

—¿Qué quieres que nos pongamos?

Alek miró hacia el techo un momento.

—Umm. Creo que solo los pantalones. Con los tirantes sobre vuestro pecho desnudo. Y tal vez las botas.

—¿Casco? —Dante se inclinó y agarró los cascos, sosteniéndolos con las dos manos como si fueran marionetas rígidas—. Por fin me he acordado de traerlos.

—¡Genial! —Alek sonrió en señal de aprobación—. Podéis quitároslos cuando queráis, pero para empezar sí, con casco, sin duda.

Griff cogió el suyo; Dante había tapado todo lo que se pudiera identificar. Al í de pie con los pantalones y el casco, y a pecho

descubierto parecía exactamente como...

—Es como posar para el calendario. —Dante se rio entre dientes y le lanzó una mirada.

—No sabría… —Griff se encogió de hombros, sin saber muy bien cómo calmar la situación.

—Bueno, salvo por las mamadas.

Griff hizo una mueca y agachó la cabeza. Se concentró en desvestirse.

—Eh, Alek, ¿quieres que quitemos la maleza? —Dante tiró de su vel o púbico—. Que nos afeitemos los rizos.

—Uf, no. Nuestros miembros prefieren el vel o natural. ¿Los dos estáis...?

—¿Depilados? —Dante sonrió—. Soy un puto italiano; me recorto el temita desde que tenía trece años. Me enseñaron mis hermanos.

Jesús.

—Yo no. —A Griff se le salían los ojos. Nunca se le había pasado por la cabeza recortarse ahí abajo.

—Griff es ya bastante pulcro por sí solo. ¡El típico seto escocés! —Dante le lanzó una mirada a la entrepierna y soltó una risotada.

Griff no se rio.

En cuanto tuvieron puestos los pantalones y los cascos, Alek les hizo gestos para que se pusieran en el plató; ya estaba tomando fotogramas y filmándoles desde un trípode. Lo había hecho la última vez con fines legales, filmando cómo firmaban los contratos y cómo se identificaban. Entonces les hizo mirara a cámara para que dijeran

su nombre y su edad y cómo daban su consentimiento para que les grabara.

—¿Han sido objeto de coerción o amenaza de alguna manera?

Griff se rio.

—Apenas.

Dante habló en voz alta.

—No. Hemos venido a filmar una escena de una mamada para CabezaCaliente. Y estamos encantados.

¡Yuju!

De repente Griff tuvo una sensación extraña, como si fuera una pieza de un juego y estuviera en un tablero enorme, ridículo, con parques de bomberos y peleas en bares y corridas. Intentó recordar los pasos que habían dado para terminar este día en esta habitación, haciendo estas cosas para esa página web.

La vida es muy extraña.

Alek miró por encima los papeles.

—¿Y usted ha acordado realizar una felación al señor Muir?

Dante asintió y dio un golpecito a una página de su contrato.

—Eh. Sí. Y vamos a intentar hacer alguna cosil a más, si le parece bien.

—Eso es maravil oso, señor Anastagio. Siempre y cuando ustedes se sientan cómodos.

Griff estiró el cuel o y trató de relajar los hombros. Dentro de un par de horas todo esto habría terminado y la casa de Dante estaría a salvo, y las cosas volverían a la normalidad, si es que eso era aún posible.

En el plató de la sala de estar, la mesita había desaparecido y la zona de la alfombra estaba vacía. Alek sacó más fotos.

—Quería daros más espacio para que os movierais mejor: asientos, suelo, pared. —Alek señaló a dos cámaras que estaban en unos stands elevados orientadas hacia abajo.

—Esas grabarán todo el tiempo, y yo estaré moviéndome con esta otra. —Levantó su cámara de vídeo compacta.

Alek señaló un montón de revistas, con imágenes de mujeres estupendas.

—Si necesitáis revistas. Para manteneros bien excitados.

Dante puso los ojos en blando.

—¿Estás de broma? Mi pol a es como el acero, tío. Una vez que se viene arriba no es tan fácil hacerla bajar.

—A menudo cuando trabajan juntos dos modelos heteros puede surgir algún un problema. —Alek les estaba dando permiso para perder sus erecciones.

Griff decidió justo entonces que lo intentaría, que intentaría perder su erección en algún momento, si es que podía. Puta oportunidad de mierda. Se ajustó el casco en la cabeza.

—Lo más importante es que estéis lo más relajado que podáis.

Lo filmaremos en distintas fases. Cuando cualquiera de los dos necesite hacer un descanso, por favor, decídmelo. —Alek les miró.

Griff asintió con la cabeza—. Podéis dirigiros a mí en cualquier momento. Sentíos libres para cambiar de posición o hacer sugerencias. Puedo editarlo todo menos vuestras eyaculaciones.

Alek se subió a una escalerita para ajustar un papel de aluminio cuadrado que reflejaba luz en el plató. Sacó un par de fotos desde al í, y después reanudó la grabación.

Dante se inclinó.

—Eh, G. Tienes que hablar todo lo que puedas. ¿Vale? Si decimos guarradas también nos dan más.

—Ah, sí. Claro. ¿Qué quieres que…?

—Lo que sea, dime lo que sea. Realmente asqueroso. Dime cómo quieres que te la chupe. Háblame.

Griff asintió.

—Lo intentaré.

—Lo más sucio que se te ocurra, tío. No seas educado; no seas amable. Lo soportaré. Todo está bien, ¿eh? —Hasta con el casco y los viejos pantalones de faena, Dante parecía un príncipe: el perfil perfecto, las suaves ondas de su pelo.

Griff tragó saliva.

—Todo en orden.

Dante se acercó un poco más de forma que estaban casi cara a cara con sus pantalones y sus tirantes.

—No sé hasta dónde podré l egar, pero si me obligas, seguro que puedo ir más lejos. Y eso significa más dinero. Estoy dispuesto,

¿de acuerdo? Empújame todo lo que puedas.

—Me siento raro haciendo esto, obligándote a hacer ese trabajo. —Como Tommy.

—Te lo estoy pidiendo. —Dante parecía incómodo.

Entonces Alek avanzó hacia el os y les pidió que se colocaran en el plató. Les dio la bienvenida al sitio y les pidió que se presentaran.

—¡Vamos, chicos!

Dante actuó con afectación ante la cámara, inclinándose para entrar en el cuadro. Estaba a horcajadas en el brazo de la mul ida butaca en la que estaba sentado Griff, de forma que sus piernas

estaban sobre las de su amigo. Dio un golpe rudo en el hombro de Griff.

—Aquí, mi colega tiene un problema.

Griff sabía que su boca mostraba una línea tensa e incómoda, pero saludó con la mano.

Alek se arrodil ó para captar una toma lateral de la butaca y le hizo una seña a Dante para que bajara.

Dante también saludó e introdujo la escena para los fans desde el brazo de la butaca de Griff.

—Uff, hola chicos. Pues sí, la novia de Duff se le ha estado resistiendo, pero él no puede engañarle con una piba, ¿vale? Y

como somos amigos… —Dante se deslizó del brazo de la butaca y bajó al suelo—. He pensado que tal vez yo podría, ya sabéis, ayudarle.

Sus hombros se veían del color de las aceitunas bajo los tirantes granates. Entonces se puso de cuclil as entre los muslos abiertos de Griff, y miró hacia arriba a través de sus pestañas con un bril o de chico malo mientras se quitaba el casco. Despacito, puso sus manos sobre las rodil as de Griff y esperó a que le diera permiso.

—¿Te parece bien, tío?

Griff emitió un gruñido de asentimiento y entonces recordó que Alek prefería que hablara.

—Me parece de puta madre. —Se lamió los secos labios.

Dante se inclinó hacia adelante sobre su torso, lo suficientemente cerca como para sentir el calor meciéndose entre los dos.

Griff observó con ojos entrecerrados cómo Dante levantaba una mano y la pasaba por encima de su pecho con vel o pelirrojo.

Frotó los pezones rositas para que se pusieran duros y en punta.

Podía sentir la respiración de Dante en su clavícula. Se sentía como drogado por el placer creciente, como si estuviese atado a la sil a, como si fuese el prisionero de Dante. Su pol a se hinchó dentro de los pantalones. Movió el culo en la butaca, disfrutando del delicioso dolor. Ni siquiera podía culpar de la sensación al whisky que corría por sus venas.

—Esto es una puta locura —murmuró Griff.

Dante levantó la vista hacia él, sorprendido, y después torció la boca en una sonrisa lasciva. Asintió y se apoyó para chupar suavemente una teta de Griff.

Alek se puso a un lado, con la cámara enfocando hacia abajo a Dante que estaba arañando las colinas esculpidas de los pectorales de Griff. Les dio su visto bueno alzando el pulgar.

¡Cling! Griff casi podía escuchar el pulgar de Alek tintineando como si fuera una caja registradora. Si decían guarradas conseguirían más pasta. Todo el mundo conseguiría lo que quería solo con que Griff se abandonara a la tentación.

Quédate con él. Muéstrate agradecido. Sé valiente.

Así que Griff sujetó la cabeza de Dante con su enorme mano, pasando sus dedos por los rizos y empujándole para que esa boca tan oscura como el vino se dirigiera a su otro pálido pectoral. Pensó en Tommy, maltratado en aquel cal ejón y le apretó más fuerte, tirando del pelo de Dante.

Gimiendo de placer, Dante le olía y le chupaba las tetas, dando pequeños mordiscos y lamiéndole los sensibles pezones hasta que

se pusieron duros y rosados bajo los tirantes rojos. Griff dejó que Dante levantara su brazo y chupara su axila. Dante presionó su cara contra los pelos bril antes al í enterrados y lamió con fuerza la sensible piel. Griff se estremeció.

—Es diferente a estar con una tía, ¿eh? —La boca de Dante le hizo temblar de placer como si estuviese teniendo un ataque.

Dante siguió con la nariz metida al í, chupándole hasta que Griff tiró de su cabeza hacia el otro lado y levantó ese brazo, ofreciéndole el otro hueco muscular para que le realizara el mismo tratamiento. Dante se sumergió al í con avidez. Cuando levantó sus ojos oscuros, Dante estaba jadeando y su boca, hinchada, estaba mojada.

—Tan diferente. Tan jodidamente fuerte.

Alek se acercó, haciendo un zoom en la lengua húmeda de Dante, después en el pelo bril ante que se veía bajo los macizos brazos de Griff, y en los enormes bíceps.

Griff veía actuar a su amigo con ansia.

—Me estás comiendo, tío. ¿Sabe bien?

Dante presionó su cara húmeda contra el pecho musculoso de su amigo, restregándose contra el vel o rojo y acolchado como si fuera un gato. Hablaba en voz baja.

—Pensaba en esto. En el parque. En la ducha, en la litera, en el camión…

Más gilipol eces porno. Griff casi podía escuchar el metrónomo invisible que iba contando los pluses: cling, cling, cling.

De todas formas, dejó escapar un gemido. No le importaba si era de mentira, y su pol a tampoco conocía la diferencia. Agarró

violentamente la mano de Dante y la arrastró hasta el tronco de carne que ardía bajo su bragueta.

La voz de Griff sonaba ronca y apremiante.

—Estoy aquí, tío. No tienes que pensar en nada. —Entonces se puso en pie mirando a su mejor amigo, obligando a su cabeza a que se reprimiera, y empezó a recitar de memoria capitales de países en silencio para frenarse un poco y que no se le pusiera dura demasiado rápido.

Piensa en otra cosa. No le mires. No te corras en sesenta segundos.

Dante apretó su paquete con cuidado, como si estuviera trazando un mapa a través de la tela acolchada. Sus ojos estaban clavados en los pelos color canela que rodeaban el ombligo de Griff y caían fuera de la vista.

—Joder, colega. Carne con patatas.

Alek se arrodil ó para capturar un perfil más ajustado de Dante adorando al monstruo.

Puedo hacerlo.

Griff empezó a ponerse rojo. El rubor subía caliente atravesando sus hombros y su pecho, afortunadamente fuera del cuadro, y haciendo que su rostro le ardiera de la espantosa timidez.

—Vamos, amigo. No seas tímido.

Dante soltó un botón con dedos temblorosos.

—No, así no. Usa tu puta boca. —Volvió a tirar de la cabeza de Dante.

Dante levantó sus ojos y le miró. Un imperceptible asentimiento con la cabeza le dijo a Griff que estaba haciendo justo lo que quería que hiciese.

Buen chico.

Dante presionó su perfil romano contra la entrepierna de los pantalones, buscando la cremal era con la lengua. La encontró y la mordió, tirando de el a hacia abajo con sus dientes relucientes. El pene grueso y encapuchado se movió hacia adelante, chocándose contra la mejil a de Dante.

—Buen chico… —Griff dejó caer uno de sus tirantes, con lo que sus pantalones solo se mantenían sujetos por un tirante, su erección, y la elevada curva de sus nalgas.

Escuchó un ronroneo debajo de él. Dante estaba haciendo un ruido sordo de placer en el pecho. Entonces, sin avisar, Dante le empujó fuertemente de forma que volvió a caer en el trono de piel, con las rodil as abiertas, y los huevos contra el cuero. Se le había soltado el caso y estaba caído en la alfombra como si fuera una tortuga dando vueltas del revés.

—¡Eh!

—Sí, muy bien. —Dante se puso de rodil as y gruñó—. No puedes soportarlo. Y yo tampoco puedo.

Griff se tocó su enorme erección.

—Estás como una puta cabra.

—No te haces ni idea, tío.

En algún punto detrás de Dante, Alek cambió de posición, pero todo se resumía a el os dos. Solo el os. Griff se agarró a los brazos de la butaca.

Dante estiró el brazo y apretó la pol a de Griff hasta que se le marcaron las venas en relieve azul. Abrió la boca y se dirigió hacia el a, con su cabeza oscura inclinándose hacia el regazo de Griff.

Me encantaría poder ver sus ojos.

Durante un minuto el único ruido que se escuchó fue el zumbido de los focos y la mamada sorda, que sonaba tan bien como Griff la sentía. Este tenía abiertos los ojos y la boca como en señal de aviso. Dante empezó a ponerse rojo, tratando de respirar alrededor del intruso.

Griff le empujó hacia atrás, mirando fijamente a Alek.

—Espera. Espera. ¡Un momento! Tiempo muerto.

Justo así, Dante tosió. Se retiró y miró hacia arriba parpadeando. Lleno de babas, se balanceó sobre los talones, con los ojos desorbitados. Se puso en pie, sosteniendo todo su peso.

Griff suspiró aliviado. Había estado a punto. Demasiado cerca.

Dejó caer el otro tirante y tomó aliento.

Dante deambulaba por la habitación. Parecía que sentía desequilibrado y que estaba muy nervioso.

Uff, ¿eh?

Dante se desabrochó sus propios pantalones y se bajó la cremal era. Su propio pene estaba medio erecto. Volvió a zancadas adonde estaba Griff y volvió a ponerse de rodil as entre los fuertes muslos. Le hizo un gesto con la cabeza a Alek para que continuara y le quitó las pesadas botas a Griff. Siguió con los pantalones, desnudando a Griff y dejándole en pelota picada sobre la butaca negra.

—Rodando. —Alek estaba quieto, dándoles mucho espacio, como si fueran animales en peligro de extinción en su zoo.

Griff formuló con los ojos una pregunta cal ada a Dante. ¿Estás bien?

Dante agarró las manos pecosas de Griff, y las puso por detrás de su propia cabeza rizada.

¿Qué estaba haciendo? ¿Qué quería?

En respuesta, Dante empujó los dedos de Griff dentro de su cabel o alrededor de la parte posterior de su cabeza y presionó hacia adelante, poniéndole la pol a rosa en su cara.

Quiere que me fol e su boca. Que le obligue.

Griff se puso rojo y miró hacia abajo a su amigo. Su pol a de neandertal no veía ningún problema en el o.

Abajo, en el suelo, Dante esperaba que él tomara el mando, chupando el pene de Griff con húmedo abandono… pero él necesitaba que Griff le obligara a hacerlo.

Griff apretó la cabeza de Dante con las manos extendidas, sujetando con sus anchos dedos la seda de sus cabel os rizados.

Dante asintió ligeramente y tomó aire. Como si estuviese preparándose para entrar en un incendio.

Griff flexionó sus fuetes brazos y tiró de la hermosa cara de Dante hacia su vel o púbico rojo. Entró en un calor resbaladizo.

En un lateral, un grito sofocado le hizo mirar a Alek, que sujetaba la cámara sobre sus rodil as tratando de recoger lo que estaba pasando. El ruso tenía la pol a toda dura en sus pantalones chinos.

Griff sacudió la cabeza e intentó ignorar la presencia del otro hombre. Era obvio que Dante podía ignorarlo. Siguió empujando más y más.

Dante emitió un gruñido de aprobación, y la vibración atravesó el grueso pene que se tensaba cada vez más dentro de su boca.

Respiraba por la nariz y parecía que todo iba bien, hasta que el pol ón le tocó el fondo de la garganta. Sorprendido, dio una sacudida y se retiró.

—Lo siento. —Griff sabía que era imposible.

—No digas gilipol eces, tío. Eres muy fuerte. —Dante abrió la boca como si fuera a gritar y sacó la lengua como si no le cupiera en la boca—. Solo que no me esperaba…

—No quiero ahogarte, tonto.

—Soy resistente. Métemela. Tengo una boca enorme.

—No, ¿de verdad? —Se rio Griff.

Dante también se rio.

—No vas a hacerme daño. He estado practicando.

¿Cómo?

—¡Los cojones!

—¿Bromeas? No soy retrasado. Después de la última vez, sabía qué tipo de castigo iba a caerme. Puedo soportarlo. Oblígame.

—Dante miró de reojo a la cámara.

Como era de esperar, desde el lateral Alek asintió e hizo otro gesto con el pulgar hacia arriba (cling). Había captado todo con la cámara.

¡Mierda! ¿Tal vez lo suprimiría?

Improbable, idiota.

Entonces Dante se la volvió a tragar, hasta adentro, y Griff cerró los ojos.

No te corras. No te corras.

Tras un ratito, Griff se dio cuenta de que Alek había dejado de filmar y que les estaba observando mientras se cubría su propia erección con una mano.

—Si queréis intentar algo más, tengo ya mucho metraje de la felación.

Pero Dante se sentó sobre los talones y su pol a se arqueó escapándose de su bragueta.

—¡A tomar por culo! No hemos terminado. ¿Eh, G? —Parecía cabreado y tenía los ojos l orosos. Tosió y se aclaró la garganta—.

Estoy bien. Solo que no estoy acostumbrado. Creo que puedo hacer que se corra así. Sin manos. Eso estaría bien, ¿no?

—Desde luego, pero iba a proponeros.

—Un segundo. Es brutal. Déjame que lo intente… —Dante se inclinó sobre el brazo de la butaca y presionó sobre la erección desde arriba, el ángulo más fácil, aparentemente. Canturreó en señal de triunfo. Maniobró hasta que se quedó atravesado entre el brazo y el respaldo de la butaca de cuero orientado hacia el torso de Griff, de forma que podía mantener su boca en el punto donde haría más daño.

Griff sintió como un codazo en la oreja y se dio cuenta de que las caderas de Dante estaban junto a su cara. Los huevos sueltos colgaban sobre un muslo leonado, la curva de su pene erecto se inclinaba en el aire justo a 20 centímetros de los labios de Griff. Las caderas de Dante se movieron.

Poco hecha. La pol a de Dante era exactamente del color de la carne poco hecha. La cara de Griff se acercó a su capul o. Un par de centímetros más y estaría en su boca. Sabía que Dante podía sentir su aliento como un fantasma por encima de el a; la piel bril ante era como hipnótica. Lo único que tenía que hacer era abril la boca y podría tocarla con su lengua, saborearla. Casi… Levantó la mano con indecisión y la acarició suavemente.

Dante se retorció para mirar a través de sus espesas pestañas negras a su pol a que estaba a unos pocos centímetros de la boca

rosácea de Griff, asegurándose de que Griff estaba de acuerdo.

Griff sacudió la cabeza y se mordió el labio, pero no se soltó.

—Bueno… me siento un poco extraño aquí sentado sin hacer nada.

Alek volvió a levantar el pulgar: ¡cling! ¡Cling, cling, cling!

—No tienes por qué hacerlo —le susurró Dante.

—No pasa nada. Quiero decir… es más pasta, ¿no? — Sí, eso parece lógico. Griff se sentía como un cabronazo, pero tenía que saber cómo sabía ahora que tenía la oportunidad.

Dante asintió y gruñó dándole permiso.

Griff agarró la pol a tiesa y recorrió con la lengua toda su longitud, hasta pararse a saborear la salada corona. El sabor a almizcle explotó en su boca.

Perfecto.

—Ahhh. —Dante apretó los dedos gordos de los pies y dejó caer su cara de nuevo hacia el paquete de Griff.

En algún punto del lateral, se escuchaba a Alek de pie moviéndose en círculos a su alrededor, captando tomas. Se acercó y se puso de cuclil as para filmar desde el nuevo ángulo para no perderse nada.

La pol a se hinchó en la boca de Griff con las venas sobresaliendo en bien marcadas. Parecía que estaba a punto de…

¿Dante se iba a correr ya? ¿No era demasiado pronto? Griff sintió una ráfaga de aire frío en su propio pene cuando Dante se incorporó un poco para respirar.

—¿Alek?

—Estoy aquí. Hazlo. —Alek se agachó inclinándose sobre el os.

Dante se giró en la butaca, dejó caer la cabeza hacia atrás, de forma que su pelo colgaba hacia el suelo. Movió las caderas hacia adelante, poniendo duros los abdominales… y después descargó su lefa sobre su torso desnudo. El semen se deslizó hacia la hendidura de su cuel o hasta que se sentó sonriente.

Confundido, Griff miró a Dante a los ojos para tratar de pensar que cojones se suponía que debía hacer él. ¿Ya habían terminado?

Dante le guiñó el ojo.

—No podía parar, tío. No te preocupes; Puedo seguir. Te lo prometo.

Iba a por el dos por uno. Puto chulo. Iba a tener otro orgasmo para conseguir otro bonus. El pecho subía y bajaba fuertemente.

Dante se pasó los dedos hacia abajo rozando un poco de la lefa de su torso y después se chupó los dedos para limpiárselos. Parecía que le encantaba el sabor, o al menos lo fingió ante la cámara.

En su mente, Griff casi podía imaginarse cómo corría el porno-taxímetro. Cling. El juego del placer: ¡Me grabaré comiendo semen por otros doscientos!

Pero no todo.

Dante tenía en mente algo más guarro. Juntó el resto de su leche y la utilizó para lubricar el propio pene erecto de Griff. La sensación fue indescriptible. Y entonces, santo Dios, Dante empezó a chupar su propia lefa caliente de la pol a de Griff.

¡Se lo estaba comiendo! ¡Comiendo!

Griff se volvió loco con esa visión y ese olor. Empezó a retorcerse en la butaca, deslizándose en el cuero por su propio sudor. Rodeaba con los brazos la espalda flexionada de Dante para impedirle que se escapara de al í. Bien pegado a él. Griff no podía

parar de fol arse la cara de Dante, obligándole a comérsela, clavándosela en la boca.

Y Dante le siguió, inclinándose sobre el brazo de la butaca, gruñendo y baboseando su pol a, y guiándole cuando se dejó caer en el suelo, deslizándose de la butaca.

Por fin, el culo de Griff estaba en la alfombra, sus rodil as abiertas, los mechones negros de Dante flotando y haciéndole cosquil itas entre el os.

—Eso es. Cómete todo lo que has soltado, tío. Limpia tu mierda. —¿Había dicho eso en alto?

Y Griff le imitó, limpiando la pol a mojada de Dante.

Dante hizo un gesto de aprobación y le animó a seguir. Bajó sus piernas del pecho de Griff al suelo, de forma que podían chuparse el uno al otro.

Lo único que se oía eran susurros y los sorbos que daba cada uno saboreando el placer del otro. Como si estuvieran solos. Como Griff hubiese querido. Como si estuvieran juntos. Como si todo fuese real.

¡Cling, cling! Alek levantó otra vez el pulgar.

Me l evo el típico 69 y el clásico intercambio de semen por 300

dólares.

Dante se movía agitado.

—¡Tranquilo! Estoy sensible… —Agarró la pol a dura de Griff y la ordeñó—. Parece que se ha puesto más gorda.

—Tú me la estás poniendo más grande, tío —gruñó Griff.

No deberían estar haciendo esto aquí. Griff levantó los ojos y vio a Alek detrás de la cámara.

El ruso estaba sudando, de pie, completamente inmóvil.

Obviamente estaban dando un espectáculo que se les estaba yendo de las manos. ¿Cuánto tiempo l evaban?

Dante abrió la boca y se metió dentro la pol a enrojecida de Griff, canturreando mientras la iba chupando.

Las manos de Griff volvieron a colocarse en la parte posterior de su cabeza agarrándola fuertemente. Empujó hacia adelante, hacia la garganta de Dante, tratando de no sentirse un cerdo.

Él me lo pidió.

Entonces, Griff sintió cómo su duro pene explotaba a lo bestia dentro de la garganta resbaladiza de Dante; los músculos de la pelvis sufrieron un espasmo. Empezó a contar hasta el mil, rezando por no acabar nada más empezar.

Uno, dos…

Respirando por la nariz, Dante seguía en el o, atravesado con la pol a de su amigo, presionando su cara contra el pelo rojo lo máximo que pudo… entonces se asfixió y se retiró.

—Guau. Hasta dentro.

—Perdona.

Pero Dante se la volvió a meter en la boca, resoplando y chupando a Griff hasta que dobló los dedos gordos del pie, totalmente centrado en el placer de Griff. O eso parecía.

—Su pelo. —Alek se asomó desde detrás de la cámara para hacerle un gesto con la cabeza a Griffin.

—Ah. —Griff tomó un mechón de los rizos de media noche y los apartó para que los miembros no se perdieran a Dante chupándole la pol a bril ante y mordisqueando sus prietos huevos rosados. Podía ver el pene tieso de Dante sacudiéndose en el aire,

sin que nadie lo tocara y volvía a estar tan duro como el mango de un hacha… como si no se hubiese corrido.

Claro.

Griff empujó hacia arriba con la espalda apoyada en la butaca de cuero y se relajó un poco, dejando que sus musculosos muslos se abrieran un poco mientras Dante reptaba hacia él con una sonrisa perversa. La cabeza de Dante bajó hacia la maleza rojiza bajo su pene e inhaló.

¿Me acaba de oler?

Y entonces Dante volvió a hacerlo, le olió de forma deliberada con los ojos medio entornados… tomando una profunda bocanada de su aroma antes de volver a meter su nariz bajo el mul ido bulto rosa de sus huevos y antes de empezar a lamerle de nuevo. Dante enganchó los brazos bajo los fornidos muslos de Griff y los levantó, haciendo que su culo quedara levantado.

¿De verdad va a…?

De cerca, Griff miró su pene flexionado y vio cómo el prepucio se deslizaba hacia atrás desprendiéndose del capul o. Detrás, la cabeza oscura de Dante hurgaba más abajo, entre sus piernas, por encima de la cresta dura de detrás de los huevos, y entonces esa larga lengua atacó el prieto iris de su ano.

¡Gracias, dioses de las actividades ampliadas!

Cayeron gotas de líquido pre-eyaculatorio que bajaban por la pol a de Griff según se le ponía más y más dura, agitándose con el latido de su corazón, y orientada hacia su cara enrojecida.

Intentando reprimir una risita como de loco, a Griff le vino a la mente una instantánea de una pelea entre Dante y él hacía algún tiempo:

—¡Bésame el culo, tío! Bésamelo.

Sí, por favor.

Y entonces, Santa Madre de Dios, lo hizo. Dante presionó con toda su lengua, firme, en su agujero, dando una larga lamida al surco pálido.

Los ojos de Dante se veían humeantes al otro lado de su verga rosita.

—Tan suave. Tu piel sabe… —El final de la frase se perdió en el músculo apretado de su ano.

Alek se cambió a la izquierda para que la cámara pudiera captar la lengua de Dante, el agujero, y la gorda pol a de Griff goteando en su ombligo cubierto de pelusa cobriza.

¡Demasiado pronto! ¡Demasiado pronto!

—¡Espera! —gritó Griff con voz ahogada.

Pero Dante no oía, no le escucharía; estaba separando las firmes nalgas con esas manos tan fuertes; presionó su lengua dentro de Griff.

Griff clavó los ojos en su cabeza, aparentemente tratando de captar una visión de esa lengua perfecta que investigaba su interior.

El fuego corría por todo su cuerpo. Tenía la boca abierta, como en estado de shock, y de el a salían sonidos locos.

—No puedo… No puedo… —Las piernas de Griff empezaron a temblar y de su boca salieron sinsentidos. Su pol a se estaba poniendo de color morado claro y, ay, Dios, soltó como un aul ido en el momento que su placer explotó y salió a chorros de dentro de él y húmedas espirales de semen caían sin parar sobre su torso sudoroso, deslizándose por sus pectorales y por los surcos de sus abdominales. Su rápida respiración le silbaba entre los dientes mientras jadeaba y trataba de recuperarse.

Alek dijo algo en ruso en voz baja y se sentó para colocarse bien el paquete bajo sus pantalones de pana. Tenía una mancha húmeda. Habría empapado sus pantalones solo por verles juntos.

—¿Estás bien? —Dante levantó la vista hacia él desde entre sus muslos, y su voz sonó amortiguada por el culo y los huevos de Griff.

—Ufff. —A Griff le daba miedo decir algo que pudiera cambiar las cosas. Asintió y le lanzó una sonrisa pequeña y nerviosa.

La pol a de Dante estaba rígida y jugosa. Debía haber estado frotándosela mientras le chupaba para que pareciera que le gustaba meter la cara en el agujero de Griff.

—Déjame comértela un poco más. Vuelvo a estar a punto.

¡Joder! ¿Qué plus venía ahora?

Dante se dio la vuelta para poder l egar a la pol a de Griff, que se iba reblandeciendo, mientras amasaba la suya. Apretó para que saliera una última gota de semen de Griff y la chupó con un golpecito de su lengua.

Griff aul ó. Tenía el glande hipersensible.

—Con cuidado.

Dante aflojó un poco, retirando el semen de su pene, absorbiendo despacito, pero sin parar.

Griff sintió una sacudida por el éxtasis intranquilo que le producía su amigo, deseando que Dante parara y al mismo tiempo deseando que no acabara jamás. Unos pocos minutos más así y se le pondría otra vez dura. Alargó el brazo y agarró la pol a dura y curvada de Dante.

Dante liberó su boca.

—Gracias, tío. Tu mano es mucho mejor que la mía. ¡Eso es!

Sí. Vas a conseguir que me corra otra vez.

Dante alargó el brazo y estiró su escroto, tenso, pero Griff le apartó la mano y agarró más fuerte, haciendo que los huevos sobresalieran. No podía creer que no le doliera. Aparentemente no le dolía.

Dante jadeaba contra él, agarrándole la mano y esforzándose por alcanzar un segundo orgasmo mientras le suplicaba que le ayudara.

—Casi… casi… Puedo hacerlo. Ahhh. Solo tira de mis huevos.

Tira de el os. Más fuerte. Llévame al í. Síííí. —Dante se encorvó hacia adelante con sus marcadas caderas, y el suave capul o de Griff golpeó contra sus labios abiertos. Volvió a sacar la lengua para saborear la gotita de jugo que había en la punta. Dante apretó los ojos mientras se tensaba.

Griff se estiró y puso la cara sobre el paquete de Dante y dejó que su amigo se frotara con su mano mientras él apretaba sus huevos de seda con la otra; justo al límite del dolor. La cabeza de la erección perfecta de Dante l enó sus ojos. Apretó las pesadas bolas una última vez, tenía que dolerle. Dante silbó. Las venas sobresalían en todo su pol a. Muy lentamente, Griff arrastró el pene bril ante por encima de su mejil a con barba de tres días, milímetro a milímetro. Dulce tortura para los dos. Sus testículos se doblaron en la mano de Griff, y este los soltó para que pudieran activarse a tope y soltarlo todo.

Un grito salió de la boca de Dante que seguía abierta junto al enorme capul o rosa de Griff. Griff se recostó sobre sus talones para observar la explosión.

—¡Aaaaaaaaah! —Justo así, aul ando, Dante roció una l uvia cálida y acaramelada sobre su torso resbaladizo, mientras los espasmos recorrían su cuerpo y gruñía de satisfacción. Mientras Dante se movía en el suelo, una gota de semen salpicó en la mejil a de Griff y se deslizó hasta quedarse junto a su boca, pero no tuvo valor para chuparla. De repente consciente de la cámara que les estaba grabando, Griff mantuvo la boca cerrada a cal y a canto.

Un bonus que no compartiré. Mío.

Dante se estremeció, tembló y se fue relajando gradualmente.

—Corrida perfecta. —Le bril aba el tórax, que subía y bajaba mientras él trataba de recuperar el ritmo normal de su respiración.

Griff se incorporó sobre un brazo, consciente de la gota caliente que tenía en la cara y de Alek, que estaba asegurándose de que había grabado todo, y sacaba una cadena de fotogramas.

Una estela plateada se deslizó desde al lado de los huevos de Dante hacia la alfombra. Griff estuvo a punto de agacharse a limpiarlo.

Quieto.

—¿De qué te ríes, gilipol as de mierda? —Los ojos de Dante sonreían y su boca estaba curvada en una especie de mueca feliz.

Alargó el brazo y apretó fuertemente la pantorril a de Griff. Griff lanzó un aul ido y se rio antes de soltarse de esas manos cal osas.

Literalmente, desprendían vapor. Tenían la piel tan caliente que podía verse cómo el vapor salía de sus cabezas y se elevaba en el aire frío.

—Bien, cabal eros, —murmuró Alek enfocando con la cámara sus cuerpos húmedos, los charcos de semen, las pol as flexionadas de color rosa y dorado—, parece que han estado inspirados.

Griff casi se había olvidado de que tenían público. Se puso en pie y observó cómo Dante jugaba ante la cámara.

El chulo de él hizo gala ante la lente de todo su encanto al levantarse, humeante y resbaladizo.

—Estaba tan cachondo, tío… Y su chica se le resiste… ya sabes cómo va esto. Tío, no estarás enfadado, ¿verdad?, porque nos hayamos dejado l evar un poco.

—No. Más que un poco. Más de lo que me imaginaba que fuera posible. ¿Sí? Ha sido fenomenal. —Alek dejó que la cámara planeara entre los dos como si estuvieran conectados por unos hilos invisibles. Como si pudiera ver lo que Griff mantenía oculto—. No me habría esperado…

—¿Te refieres a la lamida de culo? —Dante se encogió de hombros—. Nunca había chupado el culo de un tío antes, pero un culo es un culo, ¿no? Quiero decir, ya había chupado antes el culo de una chica. A mi novia le encanta que le coma.

Griff no dijo nada. ¿Qué podría decir? No estaba seguro de sí debería sentirse halagado por el cumplido o celoso de las chicas que él había saboreado. ¿Qué cojones está pasando?

—Dios, me encanta el culo. —Dante apretó las caderas de Griff un instante mientras este estaba como paralizado—. Además, este no se quejaba. —Sonrió a su mejor amigo como si estuvieran hablando de la comida basura.

Alek giró la cámara hacia Griff; la mancha húmeda se oscurecía en sus pantalones de pana.

—Parecías disfrutar de lo lindo.

Griff se puso rojo y sacudió la cabeza.

—Nadie me había hecho eso antes. —No puedo creer que acabe de admitir eso. No puedo creer que lo haya admitido. El rubor se extendió por su cuel o y su cara.

—¿De verdad? —Dante parecía estupefacto—. Dios. Has estado saliendo con las chicas equivocadas.

Alek dio un paso atrás para poder sacarles a los dos juntos en pantal a.

—Así que parece que hoy los dos habéis traspasado un poco vuestros límites. Continúa vuestra educación con CabezaCaliente.

—¿Un poco? Supongo. —Griff no podía creer que estuvieran teniendo esta conversación. Y ante la cámara. Le ardían las orejas mientras miraba al suelo buscando su ropa de cal e.

—Te has sentido bien, ¿verdad? —La sencil ez de Dante no dejaba espacio para la vergüenza—. Mi culo también es muy sensible. —Entonces dijo al objetivo—: No sé a vosotros, chicos, pero a mí me vuelve loco.

—Sííí. —Griff seguían sintiendo las piernas como temblorosas; si se sentaba no podría volver a levantarse jamás.

—Así que tal vez los dos estarían dispuestos a volver y seguir experimentando. —Alek les estaba empujando hacia un final sexy.

Quería que flirtearan con la cámara y dijeran más gilipol eces porno sobre cuánto les gustaba saber que había un montón de tíos desconocidos que se la habrían meneado mirándoles.

Dante parecía saber exactamente lo que quería. Se acercó a Griff, le pasó un brazo húmedo por la cintura y dijo saludando a Internet.

—Quizás vengamos. ¡Hasta otro día, CabezaCaliente!

Griff también se despidió con la mano, como si fuera un robot desnudo, pero no fue capaz de dibujar una sonrisa.

Por fin, Alek apagó la maldita cámara.

—Muy bien, cabal eros. Han superado ustedes mis expectativas más salvajes sobre ustedes. —Se volvió hacia la hilera de ordenadores de la pared delantera y colocó la cámara encima de la mesa.

—¡Joder! ¡Joder, tío! —Dante parecía enfadado y le pegó un golpetazo a Griff— Espera, Alek. ¡Vuelve a encender la cámara!

Queríamos besarnos. Mierda. Íbamos a…

—Lo siento. —Griff sacudió la cabeza, pero no lo sentía. El corazón, de hecho, le dio un vuelco del alivio. Algo que dejara que Alek les viera como hombres sensibles le parecía demasiado íntimo.

—La próxima vez, cabal eros. Si ustedes desean compartirlo.

—Alek no estaba nada decepcionado—. Eso es algo que a mí y a otros diez mil ones de hombres nos encantaría ver.

Aun desnudo, Dante se dirigió directamente a la mesa en la que estaba Alek.

—Pero hemos hecho bastantes cosas extras, ¿eh? Hay bonus,

¿verdad?

—¡Por supuesto! —Complacido, Alek soltó una risotada y asintió. Le pasó los sobres a Dante y sacó su cartera. Sin dudarlo, contó quince bil etes extra de 100 dólares—. Y los dos se merecen una propina aparte por la teatralidad. Ha sido…. mágico.

Los ojos de Dante se abrieron como platos y asintió mirando a Griff. Habían sacado casi un tercio más de lo que esperaban. Dante era libre. Estaba a salvo.

Griff dejó salir el aliento que no sabía que había estado manteniendo.

Para ti. Para ti.

—Ahora, ya que parece que no tienen ustedes ningún problema con el juego anal, me pregunto si estarían dispuestos a l evar las cosas un poco más lejos; ofrecería una bonificación considerable.

—¡No! —Griff no pretendía interrumpirle así. La palabra se le escapó de la boca.

—Ahora mismo no. —Dante suavizó la negativa abrupta—.

¿Sabes? Vamos a ver cómo van las cosas.

—Hay muchas opciones. Cualquiera de ustedes podría emparejarse con otro modelo, por supuesto. O si prefieren trabajar juntos de nuevo, podríamos hablar de cruzar algunas fronteras.

Dante sacudió la cabeza.

—Sí. No. Creo que hemos cruzados muchas fronteras hace un rato. Griff ha tenido mucha paciencia conmigo, pero creo que vamos a abstenernos.

—Muy bien. —Alek les miró como si fueran toros de raza en una subasta—. Ustedes dos son un activo excepcional para la web.

Héroes. Auténticos héroes.

—Qué va. —Dante guiñó un ojo y señaló a Griff—. Él sí es un héroe. Yo soy un desastre.

—Sí, más bien al revés, D. —Griff resopló muerto de la vergüenza mientras se ponía los vaqueros.

Alek estaba comprobando el material en las cámaras. Su cara estaba pensativa.

—Sea como sea, los héroes necesitan desastres, ¿no? Y

viceversa. También usted tiene algo de héroe, señor Anastagio.

—Casi nada. —Dante se estaba apagando como le había pasado después de la primera escena para la web. Su cara se endureció y se puso en guardia como si se arrepintiera de todo y supiera que había cometido un error que no podría solucionar. Elevó sus ojos hacia Griff con preocupación.

Cada uno mascaba su propia culpabilidad y su propia repugnancia.

Eso era lo peor para Griff, la vergüenza de Dante después, cuando él se sentía como un pedazo de carne sin ningún valor.

Incómodo, cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra.

Dante ya se estaba poniendo las zapatil as de deporte y guardando los uniformes en el petate, listo para largarse.

—Este enorme cabrón me salva la vida todos los putos días.

No sabes cuántas veces.

Alek se giró en la sil a y contempló a Griff.

—Y me imagino que usted habrá sufrido algunos momentos desastrosos en su joven vida, señor Muir. —Ladeó su cabeza rapada y evaluó a Griff, deteniéndose en las vetas de su pena y en su lealtad y en su deseo desesperado.

Lo sabe.

La tristeza sobrevolaba por la frente de Alek, nublando sus ojos azules.

—Es imposible ser nuestro propio héroe, ¿verdad?

En ese momento, Griff se dio cuenta de que Alek sabía exactamente lo que él había tratado de esconder, que había visto el

deseo y el dolor surgiendo entre el os como un rayo. Había visto el corazón abierto de Griff.

—Uf, sí. —Griff sabía lo que estaba tratando de decir, pero no tenía ningún interés en decirlo enfrente de Dante.

El hombre en cuestión estaba de pie esperando a Griff, muerto de ganas de largarse y darse una ducha de agua hirviendo para borrar ese día de su vida.

Alek presionaba.

—Los dos son muy afortunados por tener un amigo dispuesto y capaz de salir al rescate del otro. Y muchas personas dirían que hacer esto, es hacer un rescate. —Alek se rio.

El os no.

Hora de irse.

En la puerta, Dante vibraba de la ansiedad y estaba a punto de empezar a darse golpes a sí mismo. Se rio sin ganas.

—No. Yo soy el que se mete en líos, y él es que lo recoge todo.

Alek les sonrió a los dos con cariño.

—¿O tal vez usted sea el humo y él el fuego?

La risita de Dante cesó.

—Uf. Puede ser.

Antes de que nadie dijera nada más, Griff se puso el otro zapato y la camisa.

Cuando estaba l egando a la puerta, Dante ya estaba recorriendo el camino de vuelta a través de la locura de cajas que había fuera hacia el ascensor.

Griff se detuvo y se volvió para decir adiós, sabiendo que había visto compasión en la cara de Alek.