Ciudades de papel
Hora catorce
Una vez superado el shock inicial, limpiamos. Intentamos meter todos los trozos de
cristal de botellas de Bluefin posibles en hojas de papel y los dejamos en una bolsa de
plástico para tirarlos después. Las alfombras del monovolumen están pegajosas y
empapadas de Mountain Dew, Bluefin y Coca-Cola Light, e intentamos secarlas con
los pocos pañuelos de papel que tenemos. Pero el coche necesitaría una buena
limpieza, como mínimo, y no tenemos tiempo antes de llegar a Agloe. Radar ha
buscado lo que me costará cambiar el panel lateral: 300 dólares más la pintura. Este
viaje sale cada vez más caro, pero conseguiré devolver el dinero este verano,
trabajando en el despacho de mi padre, y de todas formas no es un rescate tan elevado
tratándose de Margo.
El sol empieza a salir por nuestra derecha. Sigue sangrándome la mejilla. Ahora
la bandera de la Confederación se ha quedado pegada a la herida, así que ya no tengo
que sujetarla.