Ciudades de papel
Nota del autor
Me enteré de la existencia de las ciudades de papel porque me topé con una en un
viaje en coche durante mi penúltimo año de universidad. Mi compañera de viaje y yo
íbamos y veníamos por el mismo tramo desolado de una carretera de Dakota del Sur
buscando una población que el mapa aseguraba que existía. Si no recuerdo mal, la
población se llamaba Holen. Al final nos metimos por un camino que llevaba a una
casa y llamamos a la puerta. A la amable mujer que nos abrió le habían hecho la
misma pregunta en otras ocasiones. Nos explicó que la población que estábamos
buscando solo existía en el mapa.
La historia de Agloe, Nueva York —tal y como se describe en este libro—, es en
su mayor parte cierta. Agloe empezó siendo una ciudad de papel creada con la
intención de proteger los derechos de autor del mapa. Pero las personas que
utilizaban aquellos viejos mapas de Esso la buscaban, de modo que alguien construyó
un supermercado y convirtió Agloe en real. El negocio de la cartografía ha cambiado
mucho desde que Otto G. Lindberg y Ernest Alpers inventaron Agloe. Pero muchos
fabricantes de mapas siguen incluyendo ciudades de papel como trampas para
proteger el copyright, como atestigua mi desconcertante experiencia en Dakota del
Sur.
El supermercado que fue Agloe ya no existe. Pero creo que si volviéramos a
poner la población en nuestros mapas, alguien acabaría reconstruyéndolo.
Terminaste Ciudades de papel
John Green
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Después del libro
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