Donde mueren las olas
Staffordshire.
–Porque han asesinado a su esposa, y estamos intentando averiguar quién la ha matado. Lamento que la situación le resulte difícil, pero no tengo alternativa.
–Pues hablemos aquí. ¿Qué quiere saber?
El inspector miró hacia la calle, donde se estaba reuniendo un grupo de curiosos.
–Los periodistas vendrán antes de lo que imagina, William -dijo-.
¿Quiere que hablemos de su supuesta coartada delante de ellos?
Sumner, nervioso, miró a la gente que había delante de la verja de su casa.
–Esto no es justo. ¿Por qué tiene que ser todo tan público? ¿Por qué no los echa de aquí?
–Si me deja entrar se marcharán. Pero si insiste en tenerme aquí, en la puerta, se quedarán. Así somos los humanos.
Sumner, atribulado, agarró al policía por el brazo y lo metió en la casa.
Galbraith pensó que Sumner estaba empezando a ceder ante la presión, y que ya no era el mismo hombre seguro de sí mismo, aunque cansado, del lunes. De todos modos, eso no significaba nada. La conmoción inicial tardaba en desaparecer, y los nervios siempre empezaban a debilitarse cuando un caso tardaba en cerrarse. Galbraith lo siguió hasta el salón y se sentó en el sofá.
–¿Qué quiere decir con eso de supuesta coartada? – preguntó Sumner, que prefirió quedarse de pie-. Yo estaba en Liverpool, por Dios. ¿Cómo quieren que estuviera en dos sitios a la vez?
El inspector abrió su maletín y sacó unos papeles.
–Les hemos tomado declaración a sus compañeros de trabajo, a los empleados del hotel Regal y a los bibliotecarios de la universidad. Nadie ha podido confirmar que estuviera usted en Liverpool el sábado por la noche. –
Le entregó los papeles y agregó-: Creo que debería leer esto.
Declaración de Harold Marshall, Campbell Ltd, Lee Industrial Estáte, Lichfield,
Staffordshire.
Recuerdo haber visto a William el sábado 9 de agosto de 1997 a la hora de comer. Hablamos de un artículo sobre úlceras de estómago aparecido en el Lancet de la semana pasada. William dice que está trabajando en un
nuevo medicamento que superará escandalosamente al producto puntero actual. Yo me mostré escéptico, y mantuvimos una charla muy acalorada.
No, aquella noche no lo vi en la cena, pero eso no me extrañó. William y yo hace años que asistimos a estas conferencias, y sería rarísimo que William se uniera al resto de nosotros para pasarlo bien un rato. El domingo estuvo en la comida,
porque volvimos a discutir sobre las úlceras.
Declaración de Paul Dimmock, director
científico de Wryton's, Holborne
Way,
Colchester, Essex.
Vi a William sobre las dos de la tarde del sábado. Me dijo que iba a la biblioteca de la universidad a buscar cierta información, lo cual es habitual en él. Nunca va a las cenas de las conferencias. Sólo le interesa el aspecto intelectual de estas convenciones, y no soporta el aspecto social. Mi habitación estaba dos puertas más allá de la suya. Recuerdo que vi el letrero de no molestar en la puerta cuando subí a acostarme, hacia las doce y media, pero no tengo ni idea de a qué hora volvió él. El domingo tomé una copa con él antes de comer. No, no parecía cansado. Lo cierto es que estaba mejor de lo habitual. Muy contento, me atrevería a decir.
Declaración de Anne Smith, directora
científica, Bristol University,
Bristol.
Elsábado no lo vi, pero el domingo por la mañana tomé una copa con él y con Paul Dimmock. William leyó una ponencia el viernes por la tarde, y a mí me interesaban algunas de las cosas que había dicho. Está investigando con medicamentos para la úlcera de estómago, y por lo visto va por buen camino.
Declaración de Carrie Wilson,
camarera, hotel Regal, Liverpool.
Me acuerdo del caballero de la número 2235. Era muy ordenado, deshizo la maleta y lo guardó todo en los cajones. Casi nadie se molesta en hacerlo. El sábado yo terminé hacia mediodía, pero hice su habitación cuando él bajó a desayunar y después no lo vi. Eldomingo por la mañana había un letrero de no molestar en su puerta, así que le dejé dormir. Si no