Dunkerque
Agradecimientos
Hay mucha gente a la que debo dar las gracias. En primer lugar, a Chris Nolan,
Emma Thomas y Andy Thompson por prestarme generosamente su apoyo y aliento.
Admiro su habilidad y su energía, y he disfrutado compartiendo su visión de
Dunkerque.
Para mí ha sido una enorme satisfacción trabajar con el equipo de William
Collins: Joseph Zigmond, Iain Hunt, Tom Killingbeck y Steve Gove. Me encantaban
nuestras charlas matutinas, a pesar de las apreturas que imponía el tiempo. Mis
agentes de United Agents, Jim Gill y Yasmin McDonald, me guiaron con gran
destreza a través de este proyecto tan poco corriente.
Son muchas las personas que me han brindado su tiempo y su consejo. Paul Reed,
cuyo conocimiento tanto de la historia como del paisaje no tiene rival, ha sido tan
generoso como de costumbre. Peter C. Smith sabe más que nadie sobre los Junker 87;
nuestra correspondencia ha sido un placer para mí. Pasé un día fascinante con Clive
Kidd, conservador de la HMS Collingwood’s Heritage Collection, que me mostró
equipos de radio y comunicaciones de todas clases. Giles Milton fue muy amable por
compartir conmigo sus conocimientos acerca del desgaussado, al igual que Dan
Wybo, que me habló del rey Leopoldo. Esta incursión en el mundo del cine me ha
permitido entrar en contacto con personas tan maravillosas como Desiree Finnegan,
Con Gornell y Jason Bevan.
Muchas gracias a Terry Charman, Steven Broomfield y Peter Devitt; gracias
también a los National Archives, que me han proporcionado parte de los documentos
más importantes e interesantes recogidos en este libro y al National Maritime
Museum, que me ha resultado tremendamente útil, igual que el Dunkirk 1940
Museum. Asimismo, también quiero darle las gracias a los archivos de audio e
imagen del Imperial War Museum, que han sido, como de costumbre, un magnífico
venero de información.
Del IWM quiero mencionar en particular a Richard McDonagh, Richard Hughes,
Jane Rosen, Madeleine James y a la agente del museo, Barbara Levy, quienes me
permitieron muy amablemente utilizar citas significativas de la colección de
entrevistas recogidas en los archivos de audio. Estas estaban relacionadas con
William Harding (6323), Edward Watson (7194), Thomas Myers (10166), John
Williams (11939) y Leon Wilson (20137).
Deseo expresar asimismo mi agradecimiento a la Asociación de Pequeñas
Embarcaciones de Dunkerque por la ayuda que me han prestado. Su archivero, John
Tough, contestó a todas mis preguntas, y el excomodoro Ian Gilbert me honró con su
compañía mientras viajábamos por el país para hablar con diversos veteranos de
Dunkerque.
Este libro ha sido escrito en muchos lugares diferentes. La London Library (es
especial la quinta planta, junto a la ventana; guárdenme el secreto) es un lugar excelente para trabajar, así como una mina de oro de libros acerca de esta época.
También he invertido muchas horas en la British Library y otras cuantas, bastante
más inesperadas, en la evocadora biblioteca del Queen Mary 2 mientras navegaba por
el océano Índico. Asimismo, también he llevado a cabo episodios de escritura
frenética en otros lugares como el Quatermain’s Camp, en la provincia oriental del
Cabo, en la habitación de invitados de los Brook o en el ala de maternidad del
University College Hospital; lugares en los que debía haber centrado mi atención en
los asuntos propios de cada momento y no tanto a la escritura.
Este último año he tenido la buena fortuna de conocer a un buen número de
veteranos. Dos de ellos, a los que visité junto a Ian (Eric Roderick, del Cuerpo de
Intendencia Militar Real, y Harold «Vic» Viner, de la Marina Real) han fallecido
desde entonces, al igual que Philip Brown (que sirvió en el HMS Sabre y al que me
presentó su hija, Joanna Wortham) y Charlie Searle (del Cuerpo Médico Real del
Ejército, al que me presentó Nic Taylor).
Mientras escribía el libro, me llegó la noticia de que Colin Ahsford, del
Regimiento de Infantería Ligera de Highland, se estaba recuperando de una caída y
Les Gray, de los Ingenieros Reales, de una neumonía. Me alegra poder decir, en
cambio, que Arthur Lobb, del Cuerpo de Intendencia Militar Real, Arthur Taylor, de
la Real Fuerza Aérea, Robert Halliday y George Wagner, de los Ingenieros Reales
Ted Oates y George Purton, del Cuerpo de Intendencia Militar Real, y Norman Prior,
de los Fusileros de Lancashire, se encuentran con buena salud. Igual que Jim Thorpe,
casi con toda seguridad el último superviviente de los civiles que llevaron pequeñas
embarcaciones a Dunkerque, y que ahora vive en una residencia de Maryland. Doy
las gracias a Dave Wilkins, de la Universidad de Maryland, por hablarme de él. Les
debemos mucho a esos hombres. Ojalá vivan aún muchos años.
Visité recientemente a dos pilotos de la Batalla de Inglaterra, Tim Elkington y
Tom Neil, que me describieron con enorme viveza la realidad del combate aéreo. Doy
las gracias a ambos, así como a Margaret Clotworthy y a Patricia, la esposa de Tim,
por su estupenda hospitalidad. Gracias también a Louis van Leemput, oficial retirado
de la Fuerza Aérea belga, quien en mayo de 1940, siendo todavía un niño, formó
parte de la marea de refugiados que huía de los alemanes y que me hizo partícipe de
sus conmovedores recuerdos. Hubo también otras personas que compartieron
conmigo sus recuerdos familiares. Susan Cooper, por ejemplo, me refirió los
recuerdos de su padre, Jim Baynes, y Lorraine Gill me habló del suyo, Cyril Roberts.
En un plano personal, hay muchas personas con las que me siento en deuda.
Quisiera dar las gracias a Keith Steane, mi profesor de Historia en el Lyndhurst
House School, que se ha jubilado recientemente. Era un profesor magnífico que
conseguía comunicar su entusiasmo por la historia a los alumnos hace tantos años.
También quisiera dar las gracias al director actual del colegio, Andrew Reid, por
mostrarme tanta generosidad a principios de este año.
Quiero mencionar asimismo a Santo Massine, experto en numerosos aspectos de Dunkerque, cuya paciencia y buen humor me han servido de inspiración. Vaya
también mi agradecimiento para las siguientes personas: Osian Barnes, Turtle
Bunbury, Will, Anna, Beau y Gracie Brooks, Lucy Briers, Alexandra Churchill,
Richard Clothier, Marshall Cope, Victoria Coren Mitchell, Ruth Cowan, Bob y
Susannah Cryer, Simon Dinsdale, Ian Drysdale, Bill Emlyn Jones, Bridget Fallon,
Megan Fisher, Simon, Robert, Gillian y Lionel Frumkin, Tanya Gold, Edward Grant,
Meekal Hashmi, John Hayes Fisher, Nigel Hobbs, Mishal Husain, Simon Irvine,
Katie Johns, Edward, Mollie, Olivia, Rosalind y Lillian Keene, Suzy Klein, Paul
Lang, Lionel Levine, Judy Levine, Kim Levine, Marshall y Sue Levine (y James,
Katie y Georgie), Mhairi Macnee, Charles Malpass, Emily Man, Dru Masters, Jon
Medcalf, Paul Miller, David Mitchell, Harry Mount, Duncan Neale, Fred Perry, Jess
Redford, Dora Reisser, Andy Robertshaw, Malcolm Rushton, los Rowe (Chris, Sara,
Charlie y Matti), Dorothy Sahm, Tanya Shaw, Michael Sparkes, Chris Spencer, Prem
Trott, Orlando y Miranda Wells, David Weston, Mike, Annabel, Henry y Arthur
Wood, y a todos aquellos a los que me dejo bochornosamente en el tintero.
Por encima de todo, quiero dar las gracias a Claire Price, que ha compaginado
gran cantidad de trabajo (no remunerado) en este libro con una estupenda carrera
como actriz, al tiempo que llevaba en su vientre a nuestro primer hijo. Eso sí que es
ser polifacética.
En la página web de Joshua Levine, joshualevine.co.uk, pueden encontrarse notas
y fuentes adicionales.